documentos de pensamiento radical

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lunes, 27 de marzo de 2017

LIBERTAD




En mis cuadernos de escolar
en mi pupitre y los árboles
en la arena y en la nieve
escribo tu nombre.

En las páginas leídas en las páginas en blanco
piedra sangre papel y ceniza
escribo tu nombre.

En las estampas doradas
en las armas del guerrero
en la corona de los reyes
escribo tu nombre.

En la selva y el desierto
en los nidos en las retamas
en el eco de mi infancia
escribo tu nombre.

En las maravillas nocturnas
en el pan blanco cotidiano
en las estaciones enamoradas
escribo tu nombre.

En mis trapos azules
en el estanque de sol enmohecido
en el lago de viviente luna
escribo tu nombre.

En los campos en el horizonte
en las alas de los pájaros
en el molino de las sombras
escribo tu nombre.

En cada suspiro de la aurora
en el mar en los barcos
en la montaña desafiante
escribo tu nombre.

En la espuma de las nubes
en el sudor de las tempestades
en la lluvia menuda y monótona
escribo tu nombre.

En las formas resplandecientes
en las campanas de colores
en la verdad física.
escribo tu nombre.

En los senderos abiertos
en los caminos desplegados
en las plazas desbordantes
escribo tu nombre.

En la lámpara que se enciende
en la lámpara que se extingue
en la casa de mis hermanos
escribo tu nombre.

En el fruto en dos cortado
en el espejo de mi cuarto
en la concha vacía de mi lecho
escribo tu nombre.

En mi perro glotón y tierno
en sus orejas erguidas
en su pata contrahecha
escribo tu nombre.

En el quicio de mi puerta
en los objetos familiares
en la llama de fuego bendecida
escribo tu nombre.

En la carne que me es dada
en la frente de mis amigos
en cada mano que se tiende
escribo tu nombre.

En la vitrina de las sorpresas
en los labios expectantes
más allá del silencio
escribo tu nombre.

En mis refugios destruidos
en mis faros derrumbados
en los muros de mi tedio
escribo tu nombre.

En la ausencia sin deseo
en la soledad desnuda
en las escalinatas de la muerte
escribo tu nombre.

En la salud recobrada
en el peligro desvanecido
en la espera sin recuerdo
escribo tu nombre.

Y por el poder de una palabra
vuelvo a vivir
nací para conocerte
y nombrarte

Libertad.


Paul Eluard.
-versión de Antonio Orihuela-

domingo, 26 de marzo de 2017

Soñé que era un poema de Antonio Orihuela


Soñé que era
un poema
de Antonio Orihuela.
Un poema
hermoso
rebelde        
combativo
fraternal
místico
militante
disidente 
luminoso
certero
ecologista
sensual
utópico
dulce
cabal
digno
anticapitalista
libertario
y un poco loco. 
Era todo eso
y mucho más.
Era un poema
de Antonio Orihuela.

Rafael Calero Palma, Cuando atraviesas el fuego lamiéndote los labios, Ediciones enemigo público número uno, 2017. 

sábado, 25 de marzo de 2017

2 poemas de MARIA WINE




En algún lugar
tiene que haber un rayo de luz
que disipe las tinieblas del futuro
una esperanza
que no se deje matar por el desencanto
y una fe
que no pierda inmediatamente la fe en sí misma


En algún lugar
tiene que haber un niño inocente
al que los demonios no han conquistado aún
un frescor de vida
que no espire putrefacción
y una felicidad
que no se base en las desgracias de los demás.


En algún lugar
tiene que haber un despertador de la sensatez
que avise el peligro de los juegos autoaniquiladores
una gravedad
que se atreva a tomarse en serio
y una bondad
cuya raíz no sea simplemente maldad frenada.


En algún lugar
tiene que haber una belleza
que siga siendo belleza
una conciencia pura
que no oculte un crimen apartado
tiene que haber
un amor a la vida
que no hable con lengua equívoca
y una libertad
que no se base en la opresión de los demás.


***


Ámame
pero no te acerques demasiado
deja espacio para que el amor
se ría de la felicidad,
deja siempre que un fuego de mi rubio cabello
sea libre.

Maria Wine. 

PABLO GUERRERO. PUESTA DE SOL EN LA SERENA





En la línea débil de aquél valle perdido
el sol se queda suspendido un momento. 

Y, ya sin fuerza, parece que regala
la ingravidez a aquél que lo contempla. 

Ya somos luz desnuda, sin temores ni cuerpo. 


PABLO GUERRERO. Puesta de Sol en la Serena. 



DISCURSO DE BARTOLOMEO VANZETTI EN LA CORTE ANTES DE SER EJECUTADO




He estado hablando mucho de mí mismo
y ni siquiera había mencionado a Sacco.
Sacco también es un trabajador,
un competente trabajador desde su niñez, amante del trabajo,
con un buen empleo y un sueldo,
una cuenta en el banco, y una esposa encantadora y buena,
dos niñitos precioso y una casita bien arreglada
en el lindero del bosque, junto a un arroyo.

Sacco es todo corazón, todo fe, todo carácter, todo un hombre;
un hombre amante de la Naturaleza y de la Humanidad;
un hombre que lo dio todo, sacrificó todo
por la causa de la libertad, y su amor a los hombres;
dinero, tranquilidad, ambición mundana,
su esposa, sus hijos , su persona
y su vida.

Sacco jamás ha pensado en robar, jamás en matar a nadie.
Él y yo jamás nos hemos llevado bocado
de pan a la boca , desde que somos niños hasta ahora,
que no lo hayamos ganado con el sudor de la frente.

Jamás...

Ah, sí, yo puedo ser más listo, como alguien ha dicho;
yo tengo más labia que él, pero muchas , muchas veces,
oyendo su voz sincera en la que resuena una fe sublime,
considerando su sacrificio perpetuo, recordando su heroísmo.

Yo me he sentido pequeño en presencia de su grandeza
y me he visto obligado a repeler las lágrimas de mis ojos,
y apretarme el corazón
que se me atorozonaba, para no llorar delante de él:
Este hombre al que han llamado ladrón y asesino y condenado a muerte.

Pero el nombre de Sacco vivirá en los corazones del pueblo
y en su gratitud cuando los huesos de Katzmann
y los de todos vosotros hayan sido dispersados por el tiempo;
cuando vuestro nombre, el suyo, vuestras leyes, instituciones
y vuestros falso dios no sean sino un borroso recuerdo
de un pasado maldito en el que el hombre era lobo para el hombre...

Si no hubiera sido por esto
yo hubiera podido vivir mi vida
charlando en las esquinas y burlándome de la gente.
Hubiera muerto olvidado, desconocido, fracasado.
Esta ha sido nuestras carrera y nuestro triunfo. Jamás
en toda nuestra vida hubiéramos podido hacer tanto
por la tolerancia, por la justicia, porque el hombre entienda
al hombre como ahora lo estamos haciendo por accidente.
Nuestras palabras, nuestras vidas nuestros dolores-
--¡nada!
La perdida de nuestras vidas –la vida de un zapatero y un pobre vendedor de pescado-
¡todo! Ese momento final es de nosotros,
esa agonía es nuestro triunfo.


Bartolomeo Vanzetti. En El Anarco & La Lira. Ed. El rey desnudo. Bogotá, 2016.

viernes, 24 de marzo de 2017

UN DIA DE ESTOS NO PIENSO VOLVER




EL UNO

Un día de estos no pienso volver
me quedaré allí
me quedaré aquí
esperando a que amanezcan
los olvidados
los que se pasean medio muertos
por las tumbas del metacrilato
sobre los nichos ciudades
que hemos levantado
sobre las cenizas de una explosión.

Un día de estos no pienso volver
me quedaré con la luna tomando algo
en una silla de terraza
y la arena
la tierra
el polvo
serán mis testigos
se levantarán las olas del mar
y seremos plástico de petrolero
y nos quedaremos atrapados en rocas
y nuestras ciudades serán acantilados inermes.

Un día de estos no pienso volver
nos quedaremos indefensos
sobrevivirán unos pocos
en las copas de los árboles
volverán a ser monos
sobrevivirán los más fuertes
los que sepan hacer cumbre
sobre los picos de las montañas.

EL DOS

Un día de estos no pienso volver
me quedaré con los muertos
con los olvidados
los paseados
con todos los que se murieron
por una causa justa
me quedaré con ellos
con ellos me quedaré
allí
donde ya nadie nos pueda detener
encarcelar
matar
condenar
acallar.

Un día de estos
dejaremos de tener miedo
saldremos de las cavernas
que nos aprisionan en nuestras casas
en las fábricas
en las calles
un día de estos
dejaremos de exiliarnos
de nuestras vidas
un dia de estos
dejaremos de tener miedo
y ese será nuestro mejor homenaje
nuestro mejor tributos
a todos
y a todas las que murieron
por nosotros/nosotras.


Un día de estos...
dejaré de huir
de tener miedo
y me uniré a ellos/a ellas
y este será mi mejor tributo
mi mejor homenaje
a los paseados
a los olvidados
a los exiliados
porque el misterio de lo sagrado
es la vida; son nuestras vidas.  



Víctor Cuetos, Xixón, 2017 (inédito)

jueves, 23 de marzo de 2017

PARA TI MI AMOR

Fui al mercado de pájaros y compré pájaros Para ti mi amor

Fui al mercado de flores y compré flores Para ti mi amor

Fui al mercado de chatarra y compré cadenas Pesadas cadenas Para ti mi amor

Después fui al mercado de esclavos Y te busqué Pero no te encontré mi amor.




Jacques Prevert. En El Anarco & La Lira. Ed. El rey desnudo. Bogotá, 2016.

Pour Toi Mon Amour - Poème de Jacques Prévert - acoustic version - by fr...

miércoles, 22 de marzo de 2017

LOS ANARQUISTAS



No hay mas que uno entre cien y sin embargo existen;
la mayoría españoles, vete a saber por qué,
uno creería que en España no los comprenden: los anarquistas. 

Recibieron de todo: bofetadas y adoquines,
gritaron tan fuerte que pueden gritar aún,
tienen el corazón delante y sus sueños en medio, 
y el alma atormentada por locas ideas.

No hay mas que uno entre cien y sin embargo existen,
la mayoría hijos de nada o hijos de muy poco,
que no se los ve jamas sino cuando se les teme: los anarquistas.

Han muerto ciento diez veces, ¿por cuál cosa y por qué? 
Con el amor en el puño sobre la mesa o sobre nada,
con el aspecto terco que da la sangre derramada,
golpearon tan fuerte que pueden golpear aún.

No hay más que uno entre cien y sin embargo existen,
y si es necesario empezar por patadas en el culo
no habría que olvidar que eso ocurre en las calles: los anarquistas.

Tienen una bandera negra que se burla de la esperanza, 
y la melancolía para avanzar en la vida,
cuchillos para cortar el pan de la amistad 
y las armas enmohecidas para no olvidar
que sólo hay uno entre cien y sin embargo existen,
y que se mantienen firmes, codo a codo,
dichosos y por ello siempre en pie: los anarquistas.


Leo Ferrer.  En El Anarco & La Lira. Ed. El rey desnudo. Bogotá, 2016.

Leo Ferre Les Anarchistes

martes, 21 de marzo de 2017

En la anarquía del silencio todo poema es militante



El reloj
que después de las cuatro me enloquece
dice que te acercas
con la alegría de una marcha en primavera:
sólo tu boca es tan roja
como las banderas que luchan contra el viento.
Sólo tu piel tiene la luz
para los ángeles ciegos de mis manos.
Oh, camarada mía,
cuando haga saltar uno a uno
los botones de tu blusa
comenzaré por hacerte confidencias:
yo milito en la Liga de tus Medias
y más que discursos mi praxis será incendio
que arranque la raíz de la costumbre.

No hay capitulación:
sólo ocupar tu epidermis al milímetro,
chocar las molotov de nuestras bocas,
brindar en honor del viejo Hegel
y al tocarte los pechos confirmar
la irrevocable ley de los contrarios.



Vicente Quirarte.  En El Anarco & La Lira. Ed. El rey desnudo. Bogotá, 2016.

Escribir un poema



    Conducíamos, veloces,
    por la autopista,
    siempre
    hacia el sur.
    Las luces rojas y amarillas
    de los automóviles
    hacían añicos la espesura de la noche
    oscura.

    Encendiste un cigarrillo.
    Dijiste:
    Si lo vas a hacer,
    abre de par en par
    las puertas del poema.
    Sólo así puede ser verdad.
    Y luego:
    Si escribes pistola
    has de sentir el frío del metal
    en tu piel,
    igual que el miedo en tus entrañas
    si escribes tormenta.

    Sé a qué te refieres
    —dije yo—.
    Es como sentir que tus manos
    se mojan al escribir la palabra
    río.

    Porque nada es tan caluroso
    como los días de verano
    en un poema de Carver.
    Porque nada es tan cruel
    como la guerra española
    en un poema de Alberti.
    Porque nada es tan triste
    como Lorca
    en el amanecer de Nueva York.

    Apuraste tu cigarrillo
    y me dijiste:
    Escribir un poema
    es mancharte
    los dedos
    con el color rojo
    de la palabra sangre
    o escuchar el sonido melancólico
    de la palabra lluvia
    repiqueteando en los tejados.
    Los versos de tu poema deben
    contener todo el universo.


    Exactamente así es como es.

    Después continuamos en silencio.

    Y pensé en los últimos días
    de Machado,
    cruzando la frontera francesa,
    perseguido y derrotado.
    Y en Pavese,
    abriendo la puerta de un hotel de Turín
    decidido a quitarse la vida.
    Y pensé
    en el viejo Bukowski,
    tecleando su máquina de escribir
    como si fuese un piano desafinado
    en un apartamento solitario
    de la ciudad de Los Ángeles.

    Y entendí de qué estábamos hablando. 
     Rafael Calero Palma, Versos de alambre de espino, Editorial Alhulia, 2009.

domingo, 19 de marzo de 2017

Dos poemas de Rakel Rodríguez




Estalactitas

No vuelvas a hablarme
de esa forma,
porque podría clavarte
cada una
de mis lágrimas heladas.
Y no respondo
de lo que te pase...


Ella quería soñar con nenúfares

Quiero sonar con nenúfares
y flotar ahí
con la boca abierta las manos extendidas
el corazón latiendo bumbum
bien fuerte
bumbum
justo ahí, en ese centro...
dijo ella
mientras dejaba de respirar
sin darse cuenta.

Rakel Rodríguez, y si no hay viento, habrá que remar, ediciones RaRo, 2013. 

sábado, 18 de marzo de 2017

premios literarios


quedaros con la esencia
con los pensamientos puros
con la custodia del arte
con la belleza y otras lindezas
con la estética y la ética
con lo divino y lo humano
con la sabiduría, el reconocimiento
la gloria, la fortuna, el amor y las riquezas
yo vengo a llevarme la bolsa
de ropa sucia 

José Pastor González, alguien tiene que limpiar la mierda, ediciones RaRo, 2013.  

viernes, 17 de marzo de 2017

14 KM.




Hoy llegaron los reyes de Salvador,
un libro de poemas donde me recuerda
que cuanto más regale y más ayude
más me regalo y me ayudo, sí,
y también que, como dijo Juan Ramón,
nuestra tarea en este mundo
es hacer un diamante con el trozo de pan duro
que nos da Dios cada mañana.

Leo a Salvador y me alegro
porque leo el descortezado de un leñoso e intrincado árbol,
y leo la altura moral que anida en esta vocación de desbastado
y limpieza que mueve a mi amigo.

El otro regalo es una antología sobre su pasión por Marruecos,
en México se sorprendieron cuando les dije
que Marruecos está a 14 kilómetros de España.

-¿Sólo a 14 km?

Sí, ya, suena demasiado cerca de lo chungo,
y para ellos España es Europa,
es decir, dinero, progreso, civilización
y además te entienden, me dicen.

México antes también era así,
pero no saben qué es lo que ha ocurrido.

En México, todo lo malo del pasado es culpa de los españoles
y todo lo malo del presente es culpa de los gringos,
y ese atolladero donde viven no sólo tiene consecuencias históricas.

-¿Sólo 14 km?

Sí, en realidad somos los mismos,
mediterráneos gráciles mirándose con curiosidad
desde las dos orillas,
animándose a cruzar en precarias barcas
aprovechando los numerosos islotes emergentes,
intercambiándose regalos hace más de cinco mil años
los de Morón con los de M’Soura,
las mismas ciudades fenicias y luego púnicas
con sus casas de dos pisos
y sus suelos de tierra batida
pintados de rojo como en Huelva o Tamuda.

Las mismas ciudades romanas
que nada tienen que envidiar a Mérida o Itálica
que no sea el manto de arena que aún las cubre
y por donde voy, caminando sobre la muralla,
orientándome por el volumen de los escombros hacia el foro,
bajando por una colina en el extremo
que resulta ser el teatro
seguida de otro pequeño valle más allá
donde unos críos juegan al fútbol
y que es a todas luces el anfiteatro
y entre tanto, hombres que no sabes cómo ni de dónde
se acercan corriendo a venderte monedas
hasta que les dices que trabajas para el gobierno
y que eso es un delito.

-¡Me las encontré! Yo no roba, yo no malo nesrani,  dicen
mientras los ves desaparecer con la cabeza gacha,
disculpándose.

Bajar entonces también uno la cabeza,
para compartir un poco esa vergüenza que es tener dinero
donde muchos no tienen nada más que antenas parabólicas
y ver entonces esas mismas monedas ahí, a tus pies,
ases, denarios, sólidos, dracmas, monedas que, en efecto,
están aquí enterradas entre las piedras del cardo de Zilil,
en el fortín de Kuass,
en los qanats del campo de Pinete donde, siendo niña,
las encontró, sin ser mala, mi abuela Ángela,
descendiente directa de Yusuf Ibn Abas,
el último de los alarifes moguereños.

Monedas que yo di de curso legal a Hassouni,
el amable taxista
que también tenía una niña con nombre de ángel,
y a un guía que quería enseñarme una Tetuán
que yo conocía mejor que él.

-Esta es la puerta de Bab M’Kabar,
por aquí se va al cementerio
y hemos subido por l’Usáa, le decía,
¿no me estarás llevando a las curtidurías
o a la tienda de alfombras de tu primo
con esa magnífica terraza desde la que se ve toda la ciudad?

-No, no, nesrani, tu ver mercado bereber, único hoy,
solamente este día en semana, mercado bereber…
y con la cabeza gacha, excusándose, llevarme finalmente
a las curtidurías y a la tienda de su primo.

Agachar de nuevo uno la cabeza,
para compartir un poco de esa vergüenza que es tener dinero
donde muchos no tienen más que la gracia
que un día pasearon Rinconete y Cortadillo
enseñando Sevilla a otros cándidos turistas.

Levantarla poco después por encima de la ciudad para ver
cómo las monedas chinas
están construyendo el mayor puerto de África
y la autopista que cruzará el país de norte a sur.

-Europa lo hizo igual con nosotros y funcionó,
le digo a Suky.

-Pero esto no es España,
esto es un polvorín –me dice Hassouni,
mientras pasamos frente a una
de las cientos de residencias palaciegas
que tiene el rey en la costa,

Mdiq, Fnideq, Martil…

a su padre no le gustaba venir aquí,
en los años sesenta un grupo del norte separatista
atentó cinco veces contra él,
no conseguimos la independencia
pero por lo menos antes de aparecer se lo pensaba dos veces.

-¿Islamistas?
-No, entonces no había nada de eso,
más bien como la ETA.

Dinares argelinos, pienso entonces
financiaron esos sustos.

Monedas.

Cinco duros me dio el Generalísimo cuando me licencié,
me dice orgulloso el vendedor de cerámicas de Beni Said.

En Oued Laud, otro hauzi, aún más viejo,
me dice que él luchó en la guerra de España,
todos los magrebíes viejos dicen lo mismo,
yo creo que lo hacen por joder,
porque te ven las pintas
y ya saben de qué pie cojeas.

La guerra de España, sí,
ahora resulta que todos eran unos santos
menos a los que jamás quisieron en ninguna iglesia:
vosotros y los anarquistas.

-¡También me gusta mucho Zapatero!

Bueno, ellos son así de generosos o de inteligentes,
Franco, Zapatero… avellanas amargas
y después cáscaras vacías, ¿no?
mejor monedas,

monedas sin rostros de asesinos,
euros que, como sus dibujos de puentes,
te llevan al rojo esplendor decadente de Fez, volando
en un fin de semana todo incluido
hasta la mismísima Yemaa Fna
para que puedas hacer de voyeur asustado
desde la seguridad de la terraza de un café.

Monedas sin rostros de tiranos,
euros que, como sus dibujos de puertas,
te llevan hasta la desdichada Chaouen,
que cada vez parece más una sucursal de Torremolinos,
a la pegajosa Idrissi, transformada
en un mercadillo de chucherías volubilianas
fabricadas en Grecia,
o al lodo gris de cualquier barrio de curtidores
donde tan rápido se aprende la prístina lección kármica de
“de buena nos hemos escapado”
y llévese, para olvidarlo, esta chaqueta de cuero
hecha con el cáncer de piel de trescientos buenos musulmanes.

De puente a puente tiro euros y me lleva la corriente,
consumista y atroz,
y salto también sobre los pedigüeños,
sobre el cadáver de Don Sebastián
y los sonetos sin par de Francisco de Aldana
perdiéndose en la niebla de Al Qasr Al Kebir
tras el sueño de su señor

tras tanto acá y allá yendo y viniendo
cual sin aliento inútil peregrino…
…dó va, dó está, si vive o qué de él se ha hecho

perdiéndome también yo por el azul de la medina de Asilah,
buscando el misterioso lavabo del café de Haffa
o el bar del hotel Chellah de Tánger
lleno de putas a cien euros.

-¡Cien euros! –le digo pasmado.
-Mismo precio en España.

Sí, al fin y al cabo,
¿qué nos separa?

14 km.
14 km.

y una alambrada doble de seis metros de alto
electrificada.



Antonio Orihuela. Todo el mundo está en otro lugar. Ed. Baile del Sol, 2011