documentos de pensamiento radical

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martes, 4 de agosto de 2015

5 poemas del libro DE VIVOS ES NUESTRO JUEGO de CONRADO SANTAMARÍA




A VECES UNO PIENSA

A veces uno piensa,
                                   y se debate
entre el amor al látigo y el precio
en crudo del pesebre
y el desprecio sangrante
de sí mismo, del yugo y del estigma.

A veces uno piensa,
                                   y se percata
de la carrera atroz trampa adelante,
de la voraz subasta
con muerto en las vitrinas,
del púrpura antifaz de la impostura.

A veces uno piensa,
                                   y se deshace
la carne del temor con su harapienta
mortaja de silencio,
la ceniza sin fe,
el templo de la muerte y sus cimientos.





CARNE DE PROCESIÓN

Fueron tiempos de hechizos y deslocalizaciones,
de estiércol y fuegos artificiales.
No sé si os acordáis.

Nosotros,

encorvados y alegres,

procesionábamos delante de las oficinas del paro vestidos de nazarenos,
procesionábamos por la mañana y por la tarde,
entre el redoble de los tambores y el estruendo de las cornetas,
procesionábamos por las noches también,
cuando las puertas de las oficinas habían sido clausuradas
y en sueños sudorosos nos empeñábamos en procesionar.

Bajo la lluvia, bajo la nieve, bajo los arduos rayos del sol
procesionábamos.

Procesionábamos
con nuestros propios pies, que descalzos arrastraban las cadenas,
procesionábamos
con nuestras propias manos, que ensangrentadas manejaban la disciplina,
procesionábamos
con nuestra propia canción, que silenciada se adhería a la polvareda.

Éramos carne de procesión.
           
Nuestros capirotes señalaban arrogantes el cielo,
mas la luz les huía,
nuestros cirios encendidos apenas iluminaban,
nuestros sambenitos devolvían su amarillo festivo a los ojos agradecidos de los espectadores,
que deslumbrados apartaban la mirada.

Procesionábamos interminablemente,

delante de las oficinas del paro,
delante de los estadios,
delante de los cuarteles,
delante de las catedrales,
delante de los patíbulos,
delante de las grandes superficies,
delante de los cementerios,
delante de los concesionarios,
delante de los parlamentos,
delante de las fundaciones,
delante de los hospitales,
delante de las cajas de ahorro,
delante de las cárceles,
delante de las administraciones de lotería,
delante de las escuelas,
delante de los parques temáticos,
delante de los manicomios,
delante de las redacciones,
delante de los urinarios,
delante de los zoológicos,
delante de los paraninfos,
delante de las comisarías,
delante de los solares en construcción.

Y procesionábamos delante de nosotros mismos
que nos mirábamos galvanizados y sonrientes por debajo del capirote
sin querer comprender.

Sonámbulos durante el día
y durante la noche sonámbulos.

Procesionábamos y procesionábamos
y a nuestras espaldas
no se derrumbaban edificios en llamas,
ni las nubes descargaban torrentes de sangre,
ni surgían del fondo del mar serpientes emplumadas,
ni las mujeres parían entre gritos niños decapitados.

Éramos carne de procesión.

Aquellos tiempos
de  verbenas y capitulaciones.

No sé si os acordáis.



YO ME CAGO EN BOTÍN TODOS LOS VIERNES

Yo me cago en Botín todos los viernes,
y los lunes también, cuando amanecen
los números en rojo, la quincalla,
los muertos robacueros y chinchetas.

Yo me cago en Botín por las mañanas,
por las noches también y al mediodía,
lluevan hostias, granicen pelotones,
capen a escuadra el rabo de mi boina.

Yo me cago en Botín sin calendario,
en cuclillas, boca arriba, al tresbolillo,
en público, en privado, con soltura,
luego me voy silbando, y ahí queda eso.

Yo me cago en Botín con beneficio,
yo me cago en Botín puerta por puerta,
yo me cago en Botín ciento por ciento,
yo me cago en Botín diente por ojo.


PREGUNTAS DE UNA MUJER QUE LEE
                                                          
Para Bertolt Brecht

¿Quién amasó el pan de los que edificaron Tebas, la de las siete puertas?
En los libros no se menciona el nombre de ninguna.
¿Acaso reyes y canteros madrugaron por leña para encender el fuego?
Y en Babilonia, destruida tantas veces,
¿quién acarreó el agua para los que la levantaron otras tantas?
Y en Lima, resplandeciente de oro, ¿quién limpió las chabolas donde vivían los albañiles?
¿Quién les hizo la cena a los obreros la noche que terminaron la Muralla china?
La gran Roma está llena de arcos de triunfo.
¿Quién curó las heridas de quienes los erigieron?
¿Quiénes amortajaron a los vencidos por los soldados de los césares?
Bizancio, tan enaltecida,
¿acaso no tenía lavaderos para hacer la colada?
Incluso en la legendaria Atlántida, la noche que fue devorada por el mar,
hasta los esclavos que se ahogaban clamaban llamando a sus mujeres.

El joven Alejandro conquistó la India.
¿Quién amamantó y crio a sus soldados?
César venció a los galos.
¿No llevaba tras sus legiones siquiera unas prostitutas?
Felipe de España lloró cuando se hundió su flota.
¿Nadie más lloró la muerte de los marineros?
Federico II venció en la Guerra de los Siete Años.
¿Por qué siempre la guerra para resolver conflictos?

Cada página una victoria.
¿Quién fregó la vajilla del banquete del triunfo?
Cada diez años un gran hombre entre hombres.
¿Quién pagó los platos rotos?

Tantas historias,
tantas preguntas.



EL PRODIGIO DEL PAN

Y sin que ya esperáramos colores
después de tanto oscuro u otro gusto
distinto a la ceniza,
después de tanta hambruna a las espaldas,
¿quién nos iba a decir que esta mañana,
con palabras corrientes,
con los gestos más simples,
con los mismos pigmentos que antes despreciáramos,
íbamos a alcanzar lo que ahora toco?
¿Os acordáis? Un día
sacamos el mortero
y majamos al fin nuestra ceguera
hasta mudarla en harina de luz,
y la amasamos,
y de nuevo encendimos el horno de la plaza
para cocer alegres este asombro
de pan que ahora
compartimos,
compañeros sin más, al mediodía.



Conrado Santamaría. De vivos es nuestro juego. Ed. La Baragaña, 2015


lunes, 3 de agosto de 2015

8 poemas de NADA Y MENOS de Antonio Méndez Rubio






Mejilla sana, a ras de arena.
Fin
pero queda.
Las lámparas de aceite. ¿Dónde
separarnos? Y por momentos ¿cómo
dejar al menos rastro de hermosura
cuando la desabrida nieve, blancuzca, se despide en vapor
más cálido que olvidar? Vuelve el
día de otra
forma
antes de que se oiga
desde la sien, de vez
en cuando: “No van a resistir. No
van a resistir”. Van de hecho a desaparecer.
¿No? La verdadera señal, pues,
se ceba en esa certidumbre.
De nuevo por silbar: callado
vientecillo por los otros cristales, suelto,
entretenido tallo abajo,
ruin
dulzura
durante la derrota no servil de la noche.
Cigüeña en la orfandad
al cruzar la asumida
luz de la alberca.
Sol
del que hay quien todavía se acuerda.
De fijarse en la miel, de reflejarse
la mañana temida, madura por los muros,
lo libra.



La prontitud nos da aún más miedo.



Lepra o peligro
de la piel, gélida, del ardor acosado
que se recoge en caer
por amar, por limpiarse los ojos. Hay
aves que ahí no anidaron, voces.




OMNIA SUNT COMMUNIA

Nubes demasiado bajas
hacia cualquier otro sitio:
desde que la muerte es lo más
común
es así:
proteges su ilusión
con sólo el calor del momento,
con otra música;
                                      te vuelves
a un azar cargado de sentido,
de nuevo inútil,
igual que si para nada
todas las cosas ya se hubieran puesto
a huir
del sol.






LA EXPEDICIÓN

1/

¿Cuándo se deja de esperar
que la herida se cierre –no se vaya a romper
el sortilegio? ¿Cómo se tornan sonámbulos
los ojos libres, alcanzados por una sombra
que los cuida,
que los protegería incluso de las hojas
torciéndose hacia la luz? ¿Saben
algo que no esté ya previsto en la mudanza?

Aquí, entre tú y yo…






2/

Eso que con el tiempo pasa (¿se dice así?)
tiembla en las cuerdas sacudidas
suavemente, sin ningún esfuerzo, sonando
bajo un cielo que no parece posible
en un plano de eternidad.

Esa humedad atraviesa la tierra
desprevenida. Se pone esa condición
para que haya un secreto.
Quien no desee una paz sin olvido
que baje la vista, o que
levante la mano.






FALSOGRAFÍA

A lo lejos, tras el cristal,
ese lugar dio paso
a una especie de visión abandonada
a su propio destino.
                                      Por escrito
casi se vuelve transparente,
segura: sombra suave
de una amapola que no se toca,
de noche,
en la hondonada de nieve.

Todo es verdad
sin ella. Y esa verdad se entiende
por la misma falta de sueño.






EN OTRO MOMENTO, ELLA

A duras penas mira:
sabe que llovió de noche
-aunque ahora

el sol no nos
concede borrar la sombra
que dieron esas hojas.

Alza la vista; respira
sin el acecho de los ángeles.
Y vuelve luego a lamer nieve
por nosotros.

Mejor así. Lejos del tiempo
de aventar cometas:
nada ni nadie
desaparece.





ANTISALMO

Ni el cielo se equivoca
de sitio.

Hay que ver…

De ahí que lo
que nos pasa con la espera
es que esperamos dentro de un milagro
al que no se encuentra ninguna
razón. Hay que estar más lejos aún
para negarlo, callando o
en celo,
mientras abrimos las manos.






Entonces, si es así, mientras
tendemos
lo que esté en nuestras manos
por no asentir
en medio de lo que se acaba,
no van a poder decirte
que esperas, con la ropa encogida, sólo para llegar
a ver el milagro, de bruces, sanando
por sus ojos
de todo el desarraigo,
de las secuelas con que se calla la memoria
no acogida. Si tuvieras un sitio (¿verdad?)
debajo de una nube
o en cualquier secarral de colina
no se te escucharía en este momento,
aun sin estar de acuerdo,
dejar de respirar, sobreponerte
en un mundo posible,
sin nada parecido.




Un azar casi ciego es además algo que hacer
que ninguna voz se cambie por nada
con cada nueva raíz de las muchas posibles
no hacen ni siquiera ruido si es eso respirar
olor a sol cuerpos contra cuerpos durando
silenciosamente se levanta polvo de ala
de mariposa donde no haya que coger flores
no hablan para nosotros aunque si no es así
para hacer sombra en donde vivan pájaros
se juntan las palabras sin alcanzar el cielo.




 Antonio Méndez Rubio. Nada y menos. Ediciones Liliputienses. Cáceres, 2015



domingo, 2 de agosto de 2015

Son cosas de la vida…



Hay gente que a lo largo del día
acaricia más veces la pantalla táctil de su móvil
que a su pareja,
son cosas de la vida.
El mundo occidental
que presume de ofrecer
el mayor nivel de bienestar a sus habitantes,
es donde se encuentran
el mayor número de personas deprimidas y angustiadas,
son cosas de la vida.
En la última huelga general,
los antidisturbios no lanzaron ni una sola
bala de goma a los manifestantes,
sin embargo a mí me dio una en la pierna
y una chica se ha quedado sin vista en el ojo izquierdo,
son cosas de la vida.
“Prefiero no darle nada porque
se lo va a gastar en droga o en alcohol”,
piensa un usuario del metro,
que aún tiene entre los labios el sabor del porro
que se ha fumado al salir de casa
y está pensando en la borrachera que pillará esa noche
con unos colegas,
 ante la demanda de un destartalado pedigüeño,
son cosas de la vida.
El presidente de la patronal insiste en decir
que para generar trabajo
hay que abaratar el despido,
son cosas de la vida.
El sr. Boi Ruiz, conseller de sanitat
de la Generalitat de Catalunya
en una declaraciones acerca de la aplicación
de la tasa del euro por receta,
afirmó:
“crec en el concepte solidari d’aquesta mesura
 i no cumplir-lo será perjudicar al col·lectiu”,
son cosas de la vida.
El sillín donde apoltronan sus posaderas
miles de barceloneses para moverse por la ciudad
de forma ecológica y sostenible (bicing)
pertenece a una empresa norteamericana (clear Channel),
que entre otras cosas,
financió la campaña del Sr Bush a favor de la intervención militar en Irak,
algo muy ecológico y sostenible,
son cosas de la vida.
Para poder pagar la niñera o la guardería de tu hijo,
tienes que trabajar más
y al trabajar más,
estás menos con tu hijo
y más necesitas de una niñera/o
y para pagar una niñera/o tienes que trabajar más…
son cosas de la vida.
Te obligan a ser pacífico
a golpe de porra,
son cosas de la vida.
Aquellos que son culpables de generar
la mayor violencia estructural de los últimos tiempos,
es decir,
aquellos que echan a la gente de su casa,
aquellos que matan a gente a través de recortes en sanidad,
aquellos que aplauden la impunidad policial,
aquellos  que están empeñados en transformar
el contexto laboral en una moderna esclavitud
y aquellos que están llevando a la miseria
a cada vez más gente,
afirman que es muy grave y radicalmente violento,
que un grupo de gente se manifieste delante de su casa,
son cosas de la vida.
El otro día una amigo,
orgullosísimo de sí mismo,
me confesó que había logrado dejar de ver la tele
y esto me lo decía sin levantar la vista de su móvil,
aparato al que está conectado casi las veinticuatro horas
como un apéndice vital que le nace de la mano,
son cosas de la vida.
Y así sucesivamente
y casi sin fin,
la vida está repleta de cosas,
que tan solo son…
cosas de la vida.

Andreu Aisa Vázquez. Palabras de barricada: una recopilación de anarcoversos, Queimada Ediciones, Madrid, 2015

sábado, 1 de agosto de 2015

2 poemas de ABEL APARICIO en PALABRAS DE BARRICADA: UNA RECOPILACIÓN DE ANARCOVERSOS


#resistenciaminera



Todo era sombrío,
la resignación oteada
a escasos metros
y las rodillas,
con asiduidad,
eran convocadas
por la tierra.

Después de todo,
muy pocos se molestaron
en enseñarnos lo contrario.

Nos decían sí o no
y obedecíamos
obviando el derecho
a ser escuchados.

El botín estaba repartido,
las cartas –marcadas- boca arriba
y su amable displicencia
clavada en nuestras espaldas,
porque ya no nos quedan
más mejillas que poner.

Hasta que en las calles,
con vuestros focos,
iluminasteis el camino
y nos enseñasteis
a desterrar la derrota,

también
-y en mayor medida-
a ser dignos
de mirarnos
a la cara.



En el hospital


A mi abuelo Valentín

Diez días en un hospital,
boca arriba.
Diez días sin moverse
y sin poder operarse.
Su reloj marca 91 años
y una cadera rota.

Callado mira el televisor.
Hoy inauguran una línea de AVE,
dan la cifra oficial:
tres mil setecientos millones de euros.
Cierra los puños y mira al techo
como lleva haciendo diez días.
Diez días sin poder operarse.
Tres mil setecientos millones de euros.
Sus puños siguen cerrados.

Gira su cabeza y me mira,
no dice nada.
Sigue buscando respuestas.

Colegios con lecciones bajo cero.
Comedores cerrados y
contenedores abiertos.
Pueblos con urgencias
en estado de emergencia.
Pensiones con amenaza de jubilación.
Desahucios bajo el invierno.
Justicia con el juicio perdido.
Corrupción aprobada
por mayoría absoluta.

Y diez días.
Diez días con la cadera rota.
Noventa y un años.
Ojos clavados en el techo.

Tres millones setecientos mil euros.


Abel Aparicio. Palabras de barricada: una recopilación de anarcoversos, Queimada Ediciones, Madrid, 2015