documentos de pensamiento radical

documentos de pensamiento radical

martes, 25 de octubre de 2016

PECES FUERA DEL AGUA de JORGE RIECHMANN (III)



contar cuentos

El viejo dar vueltas a la “ética de la responsabilidad” frente a la “ética de la convicción”, les mains sales… Pero por favor, señor catedrático de teoría política, si ya le han cortado una mano de ésas que pretendía usted ensuciarse, y van ahora a por la segunda…

Tendríamos que comenzar nuestras clases de teoría o filosofía política diciendo: hoy vamos a contar el cuento de la soberanía popular. Hoy, el de los derechos humanos. Hoy, el de la democracia representativa…

la democracia cuesta demasiadas tardes libres,
diríamos parafraseando a Oscar Wilde

Es una perfecta ilusión pensar que la “democracia liberal” –en rigor, poliarquías más o menos oligárquicas— tenga algo que ver con la democracia, porque ésta no es votar una vez cada cuatro o cinco años, sino participar en asambleas muchas tardes de cada mes. No se puede ser demócrata sin militancia cotidiana: la condición humana –y nuestra torturada relación con la jerarquía, la dominación y la igualdad— no da para mucho más.[1]

existe un antagonismo de fondo
entre capitalismo y democracia

El desarrollo sin trabas del primero lleva al desmedro de la segunda, y viceversa. La esencia del capitalismo es la acumulación de capital a través de la mercantilización generalizada; la esencia de la democracia consiste en autogobierno y autonomía colectiva (que cada uno y cada una participe en la elaboración de normas y en la toma de decisiones que le afectan). A más democracia, menos capitalismo, a más capitalismo, menos democracia.

El mismo Friedrich Hayek constataba la existencia de este antagonismo de fondo entre capitalismo y democracia:[2] sólo que él, con desenfado y donosura, optaba por el capitalismo.


modernidad líquida

Ironizaba Ernst Bloch sobre cómo la gran esperanza del individuo de su tiempo –el tiempo del capitalismo fordista— estaría en la gran corona de flores que enviaría la empresa donde había trabajado en vida… Hoy la sonrisa se nos hiela en los labios.[3] ¿Ubi sunt las empresas de aquel capitalismo estable y paternalista que aseguraba una larga, ordenada carrera profesional a sus trabajadores, y enviaba una gran corona al sepelio? Y sin embargo, se trata del tiempo de nuestros padres –apenas una generación atrás.

(Mais où sont les neiges d'antan?, en los tiempos del calentamiento climático, se nos ha convertido en una pregunta siniestra.)


¿maduraremos?

“Creer en patrias, y a mi edad, sería trágico”, reza un desplante del escritor y crítico literario –de 75 años-- Juan Antonio Masoliver Ródenas.[4] Trágico resultaría, en efecto, creer en patrias, en clubes de fútbol, en dioses personales barbudos y benevolentes, en la felicidad que proporciona la cocacola, en la salvación económica a través del IBEX y en la redención antropológica a través de la tecnociencia. Trágico, entonces, creer en lo que cree el 99% de nuestras conciudadanas y conciudadanos… ¿Maduraremos alguna vez?

                                       “ecofatiga”

Esa reacción de hastío y desdén frente al movimiento ecologista con la que topa uno tantas veces: “Ya sabemos que nos estamos cargando el planeta, no nos lo repitáis más…” Dejadnos disfrutar de nuestro sueño amniótico, no perturbéis nuestro querido autoengaño, y mirad que a menudo ni siquiera necesitamos autoengañarnos: ya sabemos que somos asesinos y suicidas, de veras que no queremos ser otra cosa…[5]


tres cuartas partes

Tres cuartas partes de la vida social, en casi todas partes, son jerarquía y mentira… Las relaciones de poder como dominación, y la “mentira social” (Kenneth Rexroth), campan por sus respetos. Las revoluciones constituyen intentos por reducir un poco ese porcentaje tremendo.[6]


democracia no sólo formal

La democracia no es un mecanismo formal (no son las elecciones para seleccionar a los miembros de una casta de gobernantes): es autogobierno, y es una forma de vida. Filosofía crítica, racionalidad científica, acogida del otro, proyecto de autonomía: todo eso va junto con la democracia. Sin virtud cívica en los ciudadanos y ciudadanas libres, no tendremos democracia.[7]


¿y qué haría falta para arreglar España?

En realidad poca cosa: que no hubiera tenido lugar la sublevación clerical-fascista en el verano de 1936, o en su defecto que la guerra civil la hubiera ganado la República; y que las raíces sánscritas/ hinduistas/ budistas del krausismo hubieran penetrado un poco más hondo en el alocado macetero de la conciencia nacional, aliándose allí con micorrizas de naturismo anarquista… Poca cosa, como se ve.

el otro uno por ciento

Hay que seguir defendiendo el uno por ciento. El uno por ciento de comportamiento racional en la conducta humana, el uno por ciento de la poesía en la suma de lo que lee la gente, el uno por ciento de las ideas igualitarias y ecologistas entre la masa de creencias políticas del personal... Hay que seguir defendiendo el uno por ciento, sin amargura y sin desmayo.





[6] ¿Qué es la Mentira Social –con mayúsculas— para Kenneth Rexroth? “Max Weber señaló hace mucho tiempo que el uso de una ideología trascendental para justificar las traiciones y los compromisos de la política y la economía es la mentira fundamental de la sociedad”, escribe en su magnífico ensayo “El jasidismo de Martin Buber”.

[7] Sostenía Albert Einstein que “lo que distingue una república verdadera no es sólo la forma de gobierno, sino los sentimientos profundamente arraigados de igualdad jurídica para todos y el respeto para todos los individuos” (de una declaración publicada en el día de su sexagésimo cumpleaños en Science; ahora en en Albert Einstein: el libro definitivo de citas, Plataforma Editorial, Barcelona 2014, p. 301).


[4] En El País, 16 de enero de 2015.

[5] Escribía yo: Acerca de las cuestiones ecológicas y ambientales, parece cundir el cansancio y un desengañado hastío entre la población –se habla de “ecofatiga”, lo que se manifiesta por ejemplo en la vigencia del estereotipo cultural del “ecologista coñazo” --, asunto que no deja de tener su punta de paradoja, pues la cultura que prevalece –la que se traduce en prácticas no discursivas-- es abrumadoramente productivista. Sin duda esto tiene que ver con la generalizada banalización y mediatización de lo ecológico en una cultura donde las prácticas del marketing tienden a invadirlo todo, de manera que también los discursos de sostenibilidad –por lo demás, como hemos visto, a menudo divorciados de las prácticas-- tienden a traducirse –muy reductivamente-- a marketing verde. (Jorge Riechmann, Autoconstrucción, Libros de la Catarata, Madrid 2015, p. 116)

[3] No puedo aquí dejar de recordar el final del ensayo de Jordi Maiso sobre Pasolini: “La conciencia que Pasolini articula, y que para nosotros es irrenunciable, es que ya no cabe esperar nada del desarrollo de la sociedad capitalista: nada que no sea destructivo. Pero las experiencias de resistencia en las que él aún pudo apoyarse no son para nosotros ya nada más que ruinas: la ausencia de un afuera es hoy un hecho difícilmente contestable. Desde Dubai a Detroit, desde Hong Kong a las banlieues parisinas, el capitalismo está a solas consigo mismo. Hoy, sin embargo, pocos pueden creer ya que la sociedad de la mercancía pueda traer bienestar para todos. Consignas como sostenibilidad revelan que no son ya accidentes, guerras o catástrofes naturales las que amenazan la vida sobre este planeta: sino el mero business as usual del capitalismo planetario. La capacidad del sistema de integrar a capas de población cada vez más grandes en el trabajo asalariado disminuye a ojos vista –y sin embargo no se tolera ninguna forma de supervivencia al margen de las relaciones monetarias. De ahí que nuestra nostalgia no se dirija tanto a tradiciones populares y plebeyas que apenas hemos conocido, sino al horizonte de vida que permitían los milagros económicos de posguerra, el horizonte del capitalismo keynesiano: derechos sociales, pleno empleo y consumo de masas. Ese pasado gris que, en su versión italiana de los años 60 y 70 fuera blanco de las más duras críticas de Pasolini, se nos aparece hoy como una arcadia perdida. Ante el recrudecimiento de las relaciones sociales, el sueño de la mayoría hoy es precisamente el ‘no quedarse fuera’ de una modernización que hoy se agota y se encoge, y se revela cada vez más demoledora. De hecho el mayor miedo hoy es quedarse fuera del sistema del trabajo y el consumo y el mayor deseo seguir formando parte de ese universo cuyo carácter destructivo Pasolini captara de forma tan incisiva.
Con esto no quisiera hacer una denuncia abstracta, ni tampoco hacer las alabanzas de una nueva frugalidad, sino plantear una reflexión sobre nuestra situación, sobre lo que hace hoy a Pasolini tan necesario y al mismo tiempo nos distancia inevitablemente de él. Nuestra situación es aún más asfixiante, y si Pier Paolo Pasolini era consciente de que con cada reconocimiento de la derrota se adaptaba a la degradación y aceptaba lo inaceptable, nosotros no podemos serlo menos. Lo que nos ha legado es en este sentido su duelo por las posibilidades perdidas, la conciencia articulada y aguda de una derrota histórica que no por ello desemboca en la resignación ni en la autocomplacencia. Este legado no puede sino estar a la base de la conciencia crítica del presente. Porque si algo nos queda de Pasolini es su herida: una herida que puede expresarse y articularse en la escritura y en el cine, pero que solo puede cerrarse en la realidad social e histórica. Mientras eso no pase, conmemorar a Pier Paolo Pasolini consiste en velar porque esa herida no deje de hacer daño.” Jordi Maiso, “La herida Pasolini”, revista Fakta –Teoría del arte y crítica cultural, 18 de diciembre de 2015; http://www.revistafakta.com/

[2] F. von Hayek, Nuevos estudios de filosofía, política, economía e historia de las ideas, Unión Editorial, Madrid 2007 (original publicado en 1978), p. 141-142. Se hallará un estudio pormenorizado de las doctrinas sociopolíticas de Hayek en Jorge Vergara Estévez: Mercado y sociedad –La utopía política de Friedrich Hayek, UNIMINUTO/ CLACSO, Bogotá 2015. Véase también Fernando Arribas, La evasiva neoliberal. El pensamiento social y político de Friedrich A. Hayek, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, Madrid 2002.


[1] “Toda apología actual de la democracia será pura demagogia mientras subsistan, como apunta Edward Said, estos tres elementos, que condicionan por completo y falsean las elecciones. Los comicios dependen de: 1) los mayores contribuyentes; 2) los medios informativos, que están vitalmente interesados en mantener el sistema; y 3) el sector empresarial en su conjunto.” Antonio Martínez Sarrión, Escaramuzas (Dietario III, 2000-2010), Alfaguara, Madrid 2011, p. 24.


Jorge Riechmann. Peces fuera del agua. Ed. Baile del sol, 2016

lunes, 24 de octubre de 2016

PECES FUERA DEL AGUA de JORGE RIECHMANN (II)



la política como desesperación

El ideólogo indio katarista Ramiro Reynaga (también llamado Wankar; uno de los fundadores, en 1978, del MITKA en Bolivia –Movimiento Indio Tupaj Katari) considera que “no conseguiremos liberarnos transitando caminos ajenos y la política es una actividad ajena a nuestra cultura. (…) La política funciona en base al individuo, en base al ego, a la ambición. (…) Por eso estoy cada vez más convencido de que el camino político no nos va a liberar”.[2]

Sin duda la política es una actividad desesperante, sisífica, muchas veces puro desgaste: un sinvivir. Y sin embargo no nos libraremos de ella: hay política hasta en las bandas de chimpancés, como bien nos enseñó Frans de Waal. Y desde luego la hay y la habrá en cada comunidad humana –mal que le pese al señor Wankar.


pero, pero…

Pero, pero, pero -todos estos eruditos, profesores, artistas, investigadores, escritores, intelectuales, científicos, expertos -¿no se dan cuenta de que ya no se trata de seguir expandiendo, desarrollando, añadiendo pisos al vasto edificio de la cultura? ¿Que no hay que seguir añadiendo retazos al extenso y sutil patchwork? ¿Que seguir haciendo eso equivale a tocar la lira mientras arde Roma? ¿Que nuestra tarea, ahora, es más tosca e imperiosa: esencialmente, tratar de evitar la caída en la barbarie?[1]


mirada distorsionada

Vemos fragmentos en vez de totalidades complejas; recursos, en lugar de seres con una vida por vivir; oportunidades de lucro en vez de redes de vínculos. Esta mirada distorsionada crea la cultura biocida con la que destruimos el mundo y nos autodestruimos. Urge, como decimos desde Ecologistas en Acción, cambiar las gafas para mirar el mundo.



[1] ¿Para qué sirve un excelente currículo académico en un mundo 4°C más caliente?, nos pregunta de forma pertinente Ferran Puig Vilar. Un fragmento de su discurso: “Los medios de comunicación mainstream son incapaces de llevar al público la severidad del problema climático (y energético, cabría añadir). Lo son estructuralmente, sistémicamente, de modo que no es cosa de esperar a que vayan cambiar en el futuro. (…) Hoy en día, el poder económico es, básicamente, el poder financiero. El poder financiero tiene una influencia decisiva en los contenidos de los medios, a tres niveles.
El primero, el estándar, el de más a corto plazo, es la contratación de publicidad en grandes cifras que, de ser retirada, podría suponer algo tan serio como la propia inviabilidad del medio o, como mínimo, su severa desestabilización. El segundo es la concesión, o no, de crédito a unas empresas que están financieramente agonizantes. El tercero es que los grupos mediáticos tienen a muchos bancos por accionistas. Y no sólo para controlar mejor el uso del crédito.
El producto central que el sistema financiero vende al mercado no es otra cosa que un futuro mejor. Vende expectativas de futuro. Sin ellas o no se otorgarían créditos, o no se podrían devolver los préstamos con intereses, que es donde reside su negocio. Ocurre en principio con casi todas las inversiones económicas: salvo excepciones, no se realizan si no se percibe un futuro próspero. Es una necesidad esencial del capitalismo. Pero en el caso del sistema financiero este hecho adquiere una importancia decisiva, y la banca (por citar solo un sector económico) no puede permitir que el futuro sea percibido como amenazante para ellos. Y desde luego lo sería si se detuviera el crecimiento económico por un menor uso de los combustibles fósiles, a pesar del imprescindible giro hacia las energías alternativas.
No hay mucha censura directa (aunque la hay), ni indicaciones explícitas (aunque las hay, siempre verbales). Lo que se provoca es la autocensura de los propios periodistas y meteorólogos, cuyos perfiles son a su vez elegidos por las empresas entre los más moderados. En definitiva, el sistema conspira para que el público no perciba el cambio climático como algo muy grave o severamente amenazante, y por tanto la presión popular resulta convenientemente acotada. En estas condiciones, el sistema no solo es una amenaza contra sí mismo, sino contra todos nosotros.
Hoy, los medios de comunicación no son otra cosa que instrumentos de propaganda de justificación del sistema, portadores de fe en las bondades y conveniencia del crecimiento del PIB, actual o futuro. Sea esta fe racional, o no lo sea. Esto lleva a que el negacionismo de baja intensidad, como acertadamente denominó Antonio Cerrillo a las presiones a las que está sometido el poder mediático, ejerza una influencia indudable, reconocible. Recordemos que el negacionismo no tiene como finalidad principal negar el cambio climático, aunque esto le sirva en ocasiones de manera instrumental para reducir la percepción de gravedad. Lo que pretende negar es su origen antropogénico, no vaya a ser que decidamos pedir responsabilidades a alguien. Su pretensión es retrasar las respuestas políticas y, por encima de todo, limitar y constreñir el espacio de respuestas posibles al fenómeno, ocultando de facto, por inconvenientes (para ellos a corto plazo), las que serían verdaderamente eficaces. Y es que cada día de retraso son muchos millones de dólares.
Así, de la misma forma que Warren Buffet afirma que la lucha de clases desde luego que existe, y que los ricos la van ganando por goleada, creo que es posible sostener que el negacionismo climático está triunfando, desde luego en sus objetivos centrales de paralización de la movilización ciudadana y de las necesarias acciones de política institucional al respecto. Los resultados a la vista están: los medios no hablan del cambio climático salvo ocasionalmente, y nada indica que el proceso político de la UNFCCC en curso vaya a tomar decisiones realmente efectivas para paliar el problema. En las pocas ocasiones en que los medios hablan de ello lo hacen, en el mejor de los casos, de una forma políticamente correcta, y siempre cosmética.
Otros actores de las sociedades democráticas se encuentran a su vez paralizados por el fenómeno y por el propio sistema. ¿Cuándo hemos oído hablar de cambio climático a Podemos, por ejemplo? ¿No estarán haciendo como Syriza que, como comentó el primer ministro griego Alexis Tsipras personalmente a Naomi Klein, alejó este asunto del discurso público tras la crisis de 2008?
Por si todo ello fuera poco, cabe añadir que la población no quiere saberlo. ¡Pero tiene que saberlo! Luego hay que decirlo más fuerte, y también mejor…” Ferran Puig Vilar, “Los deberes de Casandra”, entrada del 18 de marzo de 2015 en su blog Usted no se lo cree (http://ustednoselocree.com/2015/03/18/los-deberes-de-casandra-suplica-a-la-comunidad-cientifica-del-clima/ )




[2] Roberto A. Restrepo (comp.), Sabiduría, poder y comprensión. América se repiensa desde sus orígenes, Siglo del Hombre Eds., Bogotá 2002, p. 123.



Jorge Riechmann. Peces fuera del agua. Ed. Baile del sol, 2016

domingo, 23 de octubre de 2016

PECES FUERA DEL AGUA de JORGE RIECHMANN (I)




“Vivimos en sociedades espectaculares. Esto implica muchas cosas. Una de ellas es que estamos viviendo un proceso de degradación de las capacidades sociales para el raciocinio y el pensamiento colectivo. Marcuse nos advertía en los años sesenta que la sociedad industrial moderna era cada vez más irracional como totalidad. Guy Debord centró su mal comprendida obra teórica en analizar cómo tomaba forma esta irracionalidad. El espectáculo del que hablaba Debord es el capitalismo y su estructura impersonal de dominación sin sujeto, que se ha desplegado históricamente a través del desarrollo cancerígeno de la mercancía como relación social universal, el trabajo abstracto como mediación social y la acumulación de capital como proyecto civilizador de carácter tautológico y autodestructivo. Para Debord que esto sea posible implica un proceso histórico de irracionalización colectiva, en el que los significados de las cosas se mistifican y falsifican. Así, espectáculo debe ser entendido no como un dispositivo circense de manipulación de masas, sino como un nuevo oscurantismo ‘que brota espontáneamente de las condiciones de producción modernas’. A partir de esta idea de sociedad del espectáculo es posible entender que desde hace décadas, y a pesar de la ilusión de omnipotencia que pueda aparentar, el capitalismo sufre un progresivo deterioro en el grado de control sobre sus propias dinámicas.”[1]
Emilio Santiago Muiño

“El día que el presidente Nicolás Maduro declaró que el derecho a tener un televisor de plasma era un derecho que debería ser garantizado a todo el pueblo venezolano, bien podría ser considerado como el día que la revolución bolivariana dejó de existir. ¿Qué revolución socialista se puede sostener si la utopía sobre la cual se construye es nada más ni nada menos que la universalización del consumo de las mercancías que constituyen los grandes fetiches de las modernas sociedades de consumo? ¿Qué guerra económica se puede ganar a la derecha si no se tienen las armas ideológicas para enfrentar sus armas de consumo masivo...?”[2]
Julian Evelyn Martínez

“Ugo [Bardi] llega finalmente a desear (y yo empiezo a compartir con él esta visión) que hubiese realmente alguna oculta conspiración que estuviese dirigiendo el mundo: los alienígenas lagartos, los gnomos de Zurich o a mí se me ocurre que Bilderberg y los Illuminati, porque entiende que al menos habría alguien al timón a quien poder dirigirse, destituir o rebelarse contra él. Pero se teme y yo con él, que el problema es que al timón no hay nadie, que vamos en una nave a la deriva.”[3]
Pedro Prieto


“Dejan la tierra [los astronautas de la película Interstellar] para encontrar un lugar al que puedan escapar, o, si eso falla, un mundo en el que pueda depositarse un cargamento de embriones congelados. Hace falta un esfuerzo, cuando sales del cine, para recordar que esas fantasías se las toman en serio millones de adultos, que las consideran una alternativa realista a encarar los problemas a los que nos enfrentamos en la Tierra. (…) Reducir la cantidad de energía que consumimos y reemplazar los combustibles fósiles por otras fuentes (…) resulta inconcebible e indignante, mientras que el abandono masivo de buena parte de la superficie habitada del mundo es una petición realista y razonable. ‘No resulta contrario a la razón preferir la destrucción del mundo entero a rascarme el dedo’, hizo notar el filósofo del siglo XVIII David Hume y aquí vemos su contemplación cosificada.”[4]
George Monbiot

“Socialismo para los bancos, capitalismo para los pobres, se ha convertido en el modus vivendi del siglo XXI.”[5]
Slavoj Zizek



los tres asuntos ético-políticos fundamentales

Xenofobia, dominación y hybris. (Y si uno deseara ampliarlo a una lista de seis “pecados capitales”, añádase el autoengaño, la intolerancia frente a la ambigüedad y la indiferencia ante el dolor del otro.)[6]



desconexión

Only one Earth fue el lema de la primera “cumbre de la Tierra”, la conferencia de NN.UU. en Estocolmo en 1972. Pero el ascenso del neoliberalismo truncó la toma de conciencia sobre los límites del crecimiento que por entonces, en los años setenta, estaba teniendo lugar; y así hoy estamos usando los recursos de la Tierra como si dispusiéramos de un planeta y medio, y aún creciendo… (La huella ecológica conjunta de la humanidad supera hoy el 150% de la biocapacidad de la Tierra, según sabemos por los informes Living Planet que WWF internacional publica cada dos años.)

La desconexión con respecto a las bases biofísicas de nuestra existencia social, y la gravedad de la crisis ecológica, es alucinante. La humanidad está actuando como una gran reunión de gente que operase del siguiente modo: “Señores y señoras, nos hallamos ante el fin del mundo… Bien, pasemos al siguiente punto del orden del día.”

Vamos hacia una sucesión de crisis devastadoras; y no tendremos la sabiduría moral, la inteligencia social ni los recursos políticos para transformar radicalmente este sistema –saliendo del capitalismo, pues haría falta salir del capitalismo— y evitar lo peor.


¿por qué avanzamos hacia el abismo
sin cambiar de rumbo?

¿Por qué avanzamos ciegamente hacia el abismo sin cambiar de rumbo? La pregunta nos obsesiona, tratamos de contestarla una y otra vez… Yo diría que esencialmente hay que distinguir tres factores causales operando en diferentes planos, y retroalimentándose: el primero son los automatismos de la Megamáquina –especialmente el proceso ciego de la valorización del valor.

El segundo es la impresionante hegemonía cultural que el neoliberalismo ha construido en los últimos decenios. Como se ha dicho, el neoliberalismo ha supuesto sin duda un gran fracaso económico y ecológico… pero todo un éxito político y cultural.

El tercer factor, en el plano de las subjetividades, es la desconexión creciente entre los seres humanos y la naturaleza.[7] Apunta hacia ello el biólogo marino Sergio Rossi: “Are we going to the collapse? Esta frase la oí en un congreso internacional de ecología en 1998. No lo dudes lo más mínimo. El otro día lo hablaba con mi hermano. (…) Me decía que se acaba de leer un libro, La sexta extinción (hay varios de este tipo); me dice que es muy bueno, muy didáctico, ‘es como el tuyo, muy ilustrativo. ¿Pero qué es lo que pasa? ¿Por qué no reaccionamos?’. Y es que es cierto: los que estamos en primera línea de combate, en lo que es la frontera de los cambios del planeta, y entendemos lo que está sucediendo en muchos aspectos, nos estamos dando cuenta de que somos idiotas. Lo pongo muy suave en los libros, pero aquí te lo digo tal cual: he llegado a la conclusión de que somos profundamente estúpidos. A pesar de que se sabe que nos vamos al garete, no ponemos remedio porque hay una desconexión cada vez más grande entre nosotros y la fuente: la propia naturaleza”.[8]





[7] Sobre los fenómenos de desconexión respecto de la base biofísica que sustenta nuestras vidas reflexionaba yo hace unos años, al comienzo de mi libro Interdependientes y ecodependientes: “Logramos vivir en auténticas “burbujas culturales’, relativamente independizadas de las molestas intromisiones de la realidad exterior. A esta clase de burbujas pertenece la ilusión de que nos hemos independizado de la naturaleza (en el sentido de los ecosistemas y la biosfera, en este caso); así como el énfasis en el individualismo competitivo que hallamos en nuestra sociedad. Uno diría que tres entornos donde cada vez más gente vive tramos cada vez más amplios de sus vidas son especialmente importantes en la inducción de ignorancia acerca de nuestra ecodependencia (e interdependencia):
  1. La ciudad, el entorno urbano dependiente de un vasto territorio circundante para el abastecimiento de recursos y la absorción de residuos, pero cuyos sus habitantes tienden a desconocer esos nexos…
  2. El dinero, la economía crematística que se imagina poder reducir todos los valores, cualidades, bienes y males a la cuantificación dineraria… (Decía Lewis Mumford –y nos lo recuerda Emilio Santiago Muiño— que la simplicidad de las abstracciones económicas no es una forma de alcanzar la realidad objetiva, sino de apartarse de ella.)
3.       El ciberespacio y la realidad virtual, donde nos imaginamos desligados de toda existencia física.”

[8] Sergio Rossi entrevistado en JotDown, febrero de 2015 (http://www.jotdown.es/2015/02/sergio-rossi-nos-vamos-al-garete-pero-no-ponemos-remedio-porque-hay-una-desconexion-cada-vez-mas-grande-entre-nosotros-y-la-naturaleza/ ). El científico afirma también: “…estamos más lejos de la realidad que nos sustenta. No somos conscientes porque no hemos entendido que nosotros somos parte del sistema. Todo lo que nos rodea no es artificial. Todo sale de una fuente natural creada por un ser que está en la Tierra y que de alguna manera necesita de la Tierra para poder sobrevivir. Todo lo que creamos son estructuras, biomasas, etc., que nos sirven para vivir. No estamos siendo conscientes de que nosotros necesitamos acoplarnos a la naturaleza. Solo digo una cosa: la economía tampoco va, es absurda; tiene un concepto básico que es el crecimiento continuo. Nada en la naturaleza tiene un crecimiento continuo. No existe esto; llega a un clímax y cae. El planeta es finito, los recursos son finitos y la capacidad de carga es finita. No hay mucho más que entender…”



[6] Para los indígenas quechuas/ kichuas, las tres grandes faltas son la mentira, la pereza y el robo, a las que corresponden sus tres grandes principios: ama llulla (no ser mentiroso), ama quilla (no ser vago) y ama shua (no ser ladrón) (cf. Lourdes Marisol Alta Lima en Roberto A. Restrepo (comp.), Sabiduría, poder y comprensión. América se repiensa desde sus orígenes, Siglo del Hombre Eds., Bogotá 2002, p. 90). Y sin embargo, en el Siglo de la Gran Prueba esos tres altos principios no serán suficientes…


[4] George Monbiot, “Interstellar: película magnífica, idea descabellada”, en sin permiso, 16 de noviembre de 2014.
[5] En el seminario The idea of communism del Birbeck Institute, 2009.



[1] Emilio Santiago Muiño, ¡No es una estafa! Es una crisis –de civilización, Enclave de Libros, Madrid 2015, p. 233-234.
[2] Julia Evelyn Martínez, “Consumismo y revolución”, Rebelión, 22 de diciembre de 2015; http://rebelion.org/noticia.php?id=207078
[3] Pedro Prieto en comunicación personal (correo electrónico del 8 de noviembre de 2014). Antes, Pedro explicaba que “el problema es que las opciones políticas a determinados niveles, habitualmente se deciden consultando a los ‘expertos en política internacional’ (o similares definiciones de ‘relaciones internacionales’). Ugo confiesa haber tenido varias reuniones con ellos y cree que realmente viven en otro mundo y que eso es debido a que no pueden basarse en datos del mundo real. ¿Cómo podrían hacerlo? ¿Dónde podrían encontrar datos sobre lo que ya ha sido decidido -digamos- en las salas de la Casa Blanca o el Kremlin? Solo pueden apoyarse en los medios, que ya contienen los mensajes codificados de lo que los políticos del más alto nivel deciden sobre sus asuntos, que son los nuestros. Por tanto, estos ‘expertos’ tienden a confiar mucho más en la prensa que lo que hacemos nosotros. Y son fácilmente influidos por ella. En realidad no tienen ni idea sobre la producción de petróleo y los factores económicos de dicha producción. Es como el terrorífico juego de espejos de Orson Welles en La dama de Sanghai. Ugo ve que la originalidad del asunto es que la prensa es a su vez influenciada por los expertos a través del bucle con la clase política que confía en ellos. De esta forma se crea un bucle realimentado positivamente que crea el efecto de un pensamiento grupal…”


Jorge Riechmann. Peces fuera del agua. Ed. Baile del sol, 2016

sábado, 22 de octubre de 2016

SOBRE LA MARCHA: IMAGEN Y PALABRAS DE LA TRIBU




SOBRE LA MARCHA: imagen y palabras de la tribu
Gonzalo García Pelayo
2016

Con Sobre la marcha, Gonzalo García Pelayo recupera mucho más que el título original de su película Corridas de alegría (1982), que terminó cambiando por empeño de Andrés Vicente Gómez, y decimos que recupera mucho más que un título y la memoria de un tiempo, recupera una forma de hacer cine, de filmar, a la que siempre aspiró Gonzalo y que ha ido ocupando cada vez más espacio en sus últimas propuestas fílmicas, como queda también patente en Amo que te amen (2015), porque el ideal del cine de Gonzalo siempre fue un lanzarse a la aventura y la sorpresa con ánimo festivo y receptivo a todo lo que pueda encontrarse en el camino, y eso es Sobre la marcha, un himno que se despliega hacia el pasado, con los recuerdos de Javier García Pelayo y su relación con el mítico grupo de rock Smash, y hacia el futuro, con las secuencias donde unos jóvenes rockeros intentan abrirse paso en el panorama musical actual.
Como casi todo el cine de Gonzalo, pero aquí con más intención si cabe, Sobre la marcha, fue rodada en un tiempo récord y con la ayuda de amigos, cómplices y voluntariosos actores para dar forma a un film dominado en su primera parte por un minimalismo visual que contrasta con el monólogo desenfrenado sobre esa casi foto fija de Javier desde la que va desgranando ese texto suyo, acelerado, alucinado y underground que es “Viaje a Madrid”, agridulce evocación de sus días por la capital de España junto a los componentes de aquel grupo musical al que entregó todo su juvenil entusiasmo para que triunfaran y subir a lo más alto que todos ellos se dejaron alzar. Es esta, pues, una película sobre Javier, sobre su tiempo y, sobre todo, sobre su tribu, pero también es un anhelo de que ese tiempo y esa tribu no se haya perdido del todo, un empeño en rastrear sus huellas por si aquel espíritu hubiera germinado en el presente en algún otro sitio. De ahí que la película se pueda ver como un díptico, con una cara donde la literatura ha venido a ocupar todo el espacio del cine en ese plano fijo sobre Javier que a ritmo de ferrocarril va desgranando su experiencia como mánager de los Smash en el tiempo gris del tardofranquismo, las vicisitudes en sus actuaciones, la experiencia de la TV, las tocatas improvisadas en El Rastro, las experiencias psiquedélicas, los problemas con la policía y en suma, la dificultad para respirar libertad en un tiempo asfixiante, estrecho y acosado por las rígidas estructuras del régimen, un mundo feo que ellos, desde su espíritu ácrata, querían transformar a base de drogas, sexo y rock and roll.
Así transcurren los primeros treinta minutos de esta cinta, y tras ellos se abre la otra cara de esta composición, de este díptico sobre la tribu de Javier, ahora ya no serán los recuerdos los que hablen sino las personas que encarnaban esos recuerdos los que completen los recuerdos de Javier, la cinta adquiere entonces la textura del documental, se vuelve mucho más ortodoxa en su propuesta compositiva y se nutre de la potencia de los testimonios de mi querido Antonio “El Marqués”, Jesús Ordovás, Alberto García-Alix, etc. que desde el tiempo presente construyen de manera espontánea un relato que complementa al de Javier y a la vez siguen siendo microrrelatos de ellos mismos, que nos repiten algo que ha sobrevolado toda la cinta, en efecto, por más que contemos, las personas somos inenarrables.
La propuesta de Gonzalo García Pelayo en Sobre la marcha es, una vez más, revolucionar toda la narrativa fílmica habitual en cualquier película y gestionar su producción con los medios más precarios posibles sin que por ello perjudique la calidad de su trabajo, de otra forma ni Gonzalo podría hacer cine, ni Gonzalo pienso que tuviera ningún interés por el lenguaje del cine. Si además logra la aceptación del público, si el público es capaz de concebir este nuevo trabajo de Gonzalo como una propuesta vital, como un asomarnos a un mundo que sigue ahí, para aprender de él, de su vértigo, su aventura y su pasión por la vida,  miel sobre hojuelas. No se la pierdan.

https://www.youtube.com/watch?v=DefudnoWwzw



viernes, 21 de octubre de 2016

GUADALQUIVIRMENTE (Los mil yogas del flipar) de DANIEL MACÍAS (V)




EL ÁLGEBRA DEL CORAZÓN


   Decía un premio Nobel de economía que cuando la sociedad civil madure y descubra que un presupuesto de una administración se elabora con álgebra de parvulario ocurrirán grandes cambios. Europa tolera formas de sufrimiento extrema, pobreza infantil, ancianos abandonados a su suerte, desempleados sin ningún tipo de prestación y marginados sintecho, pero participa en guerras lejanas, aterriza en un asteroide a millones de kilómetros, o construye un dónut gigante para colisionar partículas, mucho más grande que el que se pudieron permitir los norteamericanos. Hasta nuestras administraciones locales, que son con mucho las más quebradas, organizan fuegos artificiales y cabalgatas sobre las ruinas de nuestra moral social, ignorando las prioridades que cualquier grupo humano habría contemplado en nuestros más de cien mil años como especie tribal y colaborativa antes del nacimiento de las primeras ciudades-estado hace pocos milenios, antes de que nos volviéramos ciegos y sordos, y olvidáramos el álgebra del corazón.



***



 1984,
no se puede pastorear a las masas
sin la guerra permanente contra el enemigo fabricado,
el año que nunca acaba,
1984


Daniel Macías. Guadalquivirmente (los mil yogas del flipar). Ed. Amargord, 2016

jueves, 20 de octubre de 2016

GUADALQUIVIRMENTE (Los mil yogas del flipar) de DANIEL MACÍAS (IV)




LOS SELLOS DEL PEREGRINO



       Los japoneses tienen un sistema "express" de peregrinación de templos en autobús para los que no tienen tiempo de hacerlo a la manera antigua y andariega, que incluye un pequeño documento donde van sellando todas las visitas de su apresurado tour, también el gran viajero Mazzini, que jamás había tocado siquiera una guía de viajes, guardaba un solo registro de su vida, una agendita pequeña con lugares y fechas, y a veces había visitado lugares remotísimos solo por que le gustaba o le hacía gracia como sonaba su nombre...Thiruvananthapuram, allá vamos; quizá sus peregrinaciones también habían sido así, una absurda obligación creada por un capricho irracional, porque no había fervor, ni siquiera una emoción especial, era más bien una formalidad, un ritual a veces fatigoso, cuya extraña pulsión venía del pasado, pero tenía que ir, como el que va a visitar un familiar sin mucho entusiasmo, venciendo la pereza en una discusión interna donde se impone la virtud de cumplir los viejos deberes de la sangre; Benarés, el crematorio de Manikarnika Gath sobre el Ganges, el parque de los ciervos en Sarnath, el árbol Bodhi, un templito de Shiva sobre las aguas termales de Manikaram en el verano de los Himalayas con los rododendros en flor, un laguito y un templo Kagyu en Sikkim, un templo Jaína perdido y vacío en el Sur de Rajastán donde el marmol y el alabastro estaba tallado y tejido como el tapete de punto de una abuelita loca, un templo viejo y oscuro del viejo rey de los Nagas de antes de todos los dioses en la sureña Nagercoil, el único templo dedicado a Brahma, un par de templos de Angkor Vat, las pirámides mayas y los palacios destechados de los señores de Xunantunich, la isla de Flores de los viejos brujos itzá del agua, los volcanes de Atitlán, la isla de Ometepe de los caballeros águila y jaguar, un par de poblados en el Orinoco Medio, el pozo oscuro y musgoso de la calle Escribanos en Moguer con su remate de tumba bereber, las marismas del Tinto, la vieja abadía de Conishead en Cumbria, la puerta norte de la muralla romana en la ciudad de Lincoln, un pequeño dólmen irlandés perdido en un pedregal inmenso, los fuertes en los acantilados de las islas de Aran, unas cuevas con viejos lechos de osos cavernarios, la ciudad bruja de Birongo, la bahía de los piratas en Barlovento, el río Ocklahoma, el lago Okeechobee en la Florida, el palmeral de Aswem en Goa, un diminuto cayo en la berrera de coral beliceña, el agujero azul, un par de cenotes, un Tepuy, el tómbolo de Trafalgar, el desierto del Tar, el del Cuarto Vacío, el del Sahara, el arrecife de las sirenas, la calle Siete Revueltas de Sevilla, donde toda la ansiedad y sospecha que genera lo que nunca entendemos se convirtió en serena y armoniosa certeza, y muchos otros lugares que olvidaba enseguida una vez visitados...Algunos tenían sentido, estaban ligados a ideas, a la belleza, a gustos, leyendas, mitos, experiencias o creencias, a otros era conducido por el azar, pero el reconocimiento y la familiaridad al llegar siempre eran idénticos, una memoria profunda y pegajosa imposible de eliminar, un recuerdo borroso que resiste en algún lugar tan inconsciente como duradero, y siempre la misma satisfacción de haber sellado algo que por fuerza había que sellar en un pasaporte fantástico e imposible, pero al gusto y para el gusto de todos los ancestros buscadores, de todos los monos mutantes que se rebelaron contra su finitud. Quizás todo el mundo tiene esa misma pulsión del peregrino, y sabe que debe pisar determinados rincones del mundo, pero entiendo que a veces es cansado ir tan lejos, o no hay tiempo ni recursos, para visitar a viejos familiares que apenas recordamos, y que para colmo ante la dificultad de reconocernos tendrán que fingir que lo hacen, pero el peregrino tiene que ir hasta allí, recibir y soltar extrañas bendiciones, sellar el documento de lazos antiquísimos y seguir, seguir errando...



LA GUERRA FLORIDA

                                           A los disidentes de García-Teresa



       La guerra de la delicadeza es tan asimétrica que quizás sea mas eficiente sustituirla directamente por la gestión de la derrota, pero si me meto un pellizco de romero en flor en el fondo del bolsillo como un gitano, orquídeas y lirios morados en miniatura se pasean por los cielos, cuando Zenobia fue a recoger a JRJ al manicomio de Pound se encontró a los dos sentados frente a frente en silencio, nadie sabe si se cruzaron palabras en aquel encuentro de atlantes, lo que dijo Pessoa de las cartas de amor, Inocencia Lucha se llamaba la mujer que se prendió fuego en un banco, guerra florida, guerra ridícula, guerra, guerra pues...



LA BURBUJA



     Casi nadie conocía los abismos del miedo y la humillación, el futuro solo podía ser mejor que aquello, hasta lo más perverso se veía con inocencia o no se veía, desde la India al extremo más duro la gente normal podía elegir sus caminos y nada tenía importancia, hasta el polvo de caudillo mochica molido tenía más colmillo cuando la burbuja inmobiliaria lucía ese brillo irisado de antes de explotar, recuerdo el ruido de la máquina de contar billetes que nos prestaba un banco, el poco sueño, el reparto de sobres a los políticos de pueblo y los directores de banco, los chantajes, las escuchas, el diseño gráfico de facturas, el tiempo insufrible e interminable de sobremesas y alternes con millonarios retrasados, sólo quería escapar hacia lo imposible montado en un todoriesgo descapotable, fuego de música fuerte y sexo macarra, por la noche la mala cantaba por la noche, sacar el tazón de cráneo para ver quién aceptaba una cena sagrada y útima, todo iba bien, ilusión contable, brillo de burbuja, amor...



LA MATADORA
                                           A Vanesa Montoya



      Con la excepción del Flamenco, de todos los tópicos, pasiones y fiebres que envenenan la mente de muchos sevillanos siempre estuve apartado y lejanísimo, fútbol, toros, semana santa, feria, rocío... pero desde el día que nos presentaron entró fuerte en mi mente. Todo el rato, los pocos ratos que estuvimos juntos, no podía dejar de observarla intensamente, la examinaba, la inspeccionaba, con una sensación creciente y extraña de verme y reconocerme en un fascinante negativo. Ella era mujer, joven, gitana y menuda, todo entusiasmo cabalgando su sueño con furia, fe, devoción, y duro entrenamiento a campo abierto, y yo, bueno, todos sus antónimos... -Tú eres matadora y yo soy budista- le espeté, después...-tu trabajas con animales y yo con máquinas-...y así cada poco interrumpía su conversación con una amiga a medida que intentaba comprender algo de lo que veía, pero todo lo que nos diferenciaba en el aspecto y la actitud empezó a disolverse, cuando empezé a recordar cuanto he amado los animales que aún viven libres y salvajes, el arte, el riesgo y la aventura, el doble animal y los sacrificios rituales que reviven el tiempo originario (Hubo un acto de violencia entre los dema que engendró la vida, afirman cientos de viejas culturas), los trajes de rayos de los brujos o los guerreros del espacio, esas chaquetas con espejos cosidos que solo les he visto a las gitanas de karnataka, y aquello que dijo Belmonte por su agujero en el altozano, que en el amor y en el arte hay identidad, porque ambos están libres de la voluntad...- tu trabajo es como el mío, los dos jugamos con la muerte, por los pitones de los cuernos y la gravedad que siempre te quiere llevar al lejano suelo, que no podemos equivocarnos sin pagarlo caro-...-te pasa como a mi, nunca te emborrachas del todo, eso es la deformación profesional de los prolongados estados de alerta-...Otro día vino directamente de su faena con la camisa manchada de sangre seca y los pantalones manchados de arena...- Yo también trabajo en las arenas, pero allí no hay sangre, bueno, menos hace dos años que mataron a treinta y tantos extranjeros-. Ella sonreía y parecía entenderme sin dificultad. Hace poco le dije que su memoria me da fuerza en las arenas del tedio y la repetición, nervio, temple y coraje en el ejercicio impecable de mi oficio volandero, así la recuerdo en mis arenas imaginándola en las suyas, flamencamente valiente y pecosa, esperando inmóvil la embestida, y te juro que sin miedo la matadora es un templo, o gloria o muerte a la salida. Gracias, Maestra.


Daniel Macías. Guadalquivirmente (los mil yogas del flipar). Ed. Amargord, 2016


miércoles, 19 de octubre de 2016

GUADALQUIVIRMENTE (Los mil yogas del flipar) de DANIEL MACÍAS (III)




ARTE NEANDERTAL


    Un neandertal gibraltareño pintaba con rabia un espantapájaros geométrico en una cueva del peñón, primera línea de playa. Entonces sí que había monos a montones y focas monje genéticamente confiadas a la parrilla; llevaba un tiempo queriendo representar a su primo, el heredero vencedor, un sapiens futuro que debe un billón de euros pero está protegido por el paraguas nuclear de la alianza atlante, el que pisa un suelo que nunca es suyo, un pobre homo que ni siquiera puede agarrar su alimento.




EL CANARIO XU LIZHI

                                                《 一  颗  螺 丝 掉  在 地  上   》
                                          Un tornillo cayó al suelo.
                                                  许立志 , Xu Lizhi

En mi celda de la cárcel de arena está
el poeta Lizhi ensamblando teléfonos,
mientras canta algo sobre un tornillito
que se ha caído y todo el mundo ignora,
no sé que querrá decir con eso,
para que se anime esta noche también he invitado
a un homínido enano de Java que no trabaja
y por gusto rasca almejas en zigzag,
en mi cárcel de arena hablo con muertos, espejos y pantallas
o me masturbo como el que se saca algo de los dientes,
pero sueño con fiestas tan salvajes
que a menudo tienen bajas;
los exilios económicos son menos elegantes que los políticos,
pero los poetas insisten en que su dolor es especial,
por eso nos sirven de canario en la mina,
como aquel ruso de la camisa amarilla,
quiero decir que mientras canten algo
significa que el aire aún se puede respirar.




HECHIZO PARA CONVERTIRSE EN ÉLITE



     No veo obstáculos donde sea que mire, no veo sufrimiento, sólo la sístole y la diástole del mercado global, puedo jugar fuerte, perderlo todo y ser rescatado, siento una inmunidad parlamentaria y cardenalicia, las bombonas paradas de larga duración son esquizofrénicas e inofensivas, no tengo límites, más expansivo que un incremento patrimonial de comisionista borbónico, montañas de billetes míos duermen junto a las joyas robadas del holocausto, yo soy la energía que te alumbra y el club de los ex-presidentes, el cocinero de todas las noticias, el cazador con licencia para matar perros y gatos, o manchar de petróleo las islas de los bienaventurados, el que llama de noche a los jueces, yo soy la abundancia y la ley, la bandera, la fuerza y la alambrada, el jefe y el sindicato, el paraguas termonuclear que proteje a los sintecho y el programa espacial que deleita con fotos nuevas a los mendigos, no me preocupan esos círculos absurdos que pintan por las calles, ante cualquier amenaza sólo tengo que invocar al espíritu del pacto de estabilidad, no conozco miedo alguno porque yo soy el fabricante y comerciante del terror real e imaginario, no veo obstáculos donde sea que mire, y mi única derrota ocurre, solo muy de vez en cuando, en el deporte de buscar algo, o alguien, que no pueda comprar.




Daniel Macías. Guadalquivirmente (los mil yogas del flipar). Ed. Amargord, 2016