documentos de pensamiento radical

documentos de pensamiento radical

sábado, 8 de julio de 2017

EN DEFENSA DE LOS ANIMALES (V) de JORGE RIECHMANN



Mientras usted se dirige a su avión desde la terminal del aeropuerto, repara en un individuo subido a una escalera que se dedica a arrancar remaches de las alas. Un tanto mosqueado, se aproxima usted al arrancador de remaches y le pregunta qué está haciendo.
        “Trabajo para la compañía aérea Growthmanía Intercontinental”, le informa el personaje, “y la compañía ha descubierto que puede vender estos remaches a dos dólares la pieza”.
        “Pero ¿cómo sabe que no debilitará fatalmente el ala al hacer eso?”, le pregunta usted.
        “No se preocupe”, le responde. “Estoy seguro de que el fabricante construyó un avión mucho más fuerte de lo que en realidad es necesario, de modo que esto no es perjudicial. Además, he sacado bastantes remaches de este ala y todavía no se ha caído. Aerolíneas Growthmanía necesita dinero: si yo no arrancara los remaches, Growthmanía no podría continuar su expansión. Y yo necesito la comisión que me paga: ¡cincuenta centavos por remache!”
        “¡Pero usted ha perdido el juicio!”
        “Le digo que no se preocupe: sé lo que hago. En realidad, yo también voy a viajar en ese vuelo, de modo que, como usted puede comprobar, no existe el más mínimo motivo de preocupación”.
        Claro está, una persona sensata volvería a la terminal, daría parte del peculiar personaje y de Aerolíneas Growthmanía a la FAA, y reservaría plaza en otro sistema de transporte. Por supuesto, nadie está obligado a viajar en avión. Pero, por desgracia, todos somos pasajeros de una inmensa cosmonave Tierra en la que no nos queda más alternativa que volar. Y desafortunadamente esa cosmonave está llena de arrancadores de remaches que proceden de forma análoga a la que se acaba de describir...”[1]

Paul y Anne EHRLICH en 1981


Los abrigos de pieles presentados con cuidados exquisitos en los escaparates de los grandes peleteros parecen estar a mil leguas de la foca derribada a palos sobre el banco de hielo, o del mapache aprisionado en una trampa que se roe una pata para tratar de recobrar su libertad. La bella que se maquilla no sabe que sus cosméticos han sido probados en conejos o cobayas que han muerto sacrificados o han quedado ciegos. La inconsciencia y, consecuentemente, la tranquilidad de conciencia del comprador o la compradora es total, así como es total, por ignorancia y por falta de imaginación, la inocencia de los que se empeñan en justificar las diversas especies de gulags o quienes preconizan el empleo del arma atómica. Una civilización que se aleja cada vez más de la realidad produce cada vez más víctimas, comprendida ella misma.[2]
Marguerite YOURCENAR en 1981





[1] Paul y Anne Ehrlich: Extinción, vol. 1, Salvat, Barcelona 1995, p. vii-viii.
[2] Marguerite Yourcenar, “¿Quién puede saber si el alma del animal desciende bajo la tierra?”, en Andrea Padilla y Vicente Torres (comps.), Marguerite Yourcenar y la ecología, Universidad de los Andes, Bogotá 2007, p. 55.


Jorge Riechmann. En defensa de los animales. Ed. de la Catarata, 2017

viernes, 7 de julio de 2017

EN DEFENSA DE LOS ANIMALES (III) de JORGE RIECHMANN



Francisco [de Asís] es el ejemplo por excelencia del cuidado de lo que es débil y de una ecología integral, vivida con alegría y autenticidad. Es el santo patrono de todos los que estudian y trabajan en torno a la ecología, amado también por muchos que no son cristianos. (…) Su testimonio nos muestra que una ecología integral requiere apertura hacia categorías que trascienden el lenguaje de las matemáticas o de la biología y nos conectan con la esencia de lo humano. Así como sucede cuando nos enamoramos de una persona, cada vez que él miraba el sol, la luna o los más pequeños animales, su reacción era cantar, incorporando en su alabanza a las demás criaturas. Él entraba en comunicación con todo lo creado, y hasta predicaba a las flores “invitándolas a alabar al Señor, como si gozaran del don de la razón”. Su reacción era mucho más que una valoración intelectual o un cálculo económico, porque para él cualquier criatura era una hermana, unida a él con lazos de cariño. Por eso se sentía llamado a cuidar todo lo que existe. Su discípulo san Buenaventura decía de él que, “lleno de la mayor ternura al considerar el origen común de todas las cosas, daba a todas las criaturas, por más despreciables que parecieran, el dulce nombre de hermanas”. Esta convicción no puede ser despreciada como un romanticismo irracional, porque tiene consecuencias en las opciones que determinan nuestro comportamiento. Si nos acercamos a la naturaleza y al ambiente sin esta apertura al estupor y a la maravilla, si ya no hablamos el lenguaje de la fraternidad y de la belleza en nuestra relación con el mundo, nuestras actitudes serán las del dominador, del consumidor o del mero explotador de recursos, incapaz de poner un límite a sus intereses inmediatos. En cambio, si nos sentimos íntimamente unidos a todo lo que existe, la sobriedad y el cuidado brotarán de modo espontáneo. La pobreza y la austeridad de san Francisco no eran un ascetismo meramente exterior, sino algo más radical: una renuncia a convertir la realidad en mero objeto de uso y de dominio.[1]
El papa Jorge BERGOGLIO en 2015





[1] Encíclica Laudato Si’ –Sobre el cuidado de la casa común, parágrafos 10 y 11.


Jorge Riechmann. En defensa de los animales. Ed. de la Catarata, 2017

EN DEFENSA DE LOS ANIMALES (IV) de JORGE RIECHMANN



“Hoy apenas si se escucha ya el canto del lobo”. La legendaria frase de Félix Rodríguez de la Fuente denuncia la situación de una especie amenazada. Pero puede ir mucho más allá. Analizada a la luz de su pensamiento, esta frase bien puede referirse también a la pérdida casi definitiva de la libertad ancestral del hombre. La libertad de vivir en y con la naturaleza y ser dueño de sí mismo. Es sabido que nuestro naturalista más internacional dedicó buena parte de sus energías a eliminar la leyenda negra que existía sobre el lobo. Él demostró que no era un animal perverso ni sanguinario, sino que cazaba para subsistir y que su presencia era necesaria para mantener el equilibrio biológico de los ecosistemas naturales. Una frase de Félix expresa claramente su identidad con este animal y resume buena parte de su pensamiento: “Yo quiero ser un lobo y vivir en una tierra no contaminada, con bisontes pastando en las praderas como aquellos que quedaron pintados en la cueva de Altamira; y cantaría a la luna por la felicidad infinita de vivir en un mundo así”.
        La idea central del pensamiento de Rodríguez de la Fuente es que no se puede disociar el hombre de la naturaleza. De ahí el nombre de su serie más conocida: El Hombre y la Tierra. Él lo dijo de una forma mucho más poética: “El hombre es síntesis del Universo, el planeta es síntesis del Universo, entre el hombre y la Tierra hay el abrazo profundo, el cordón umbilical irrompible, que puede haber entre el niño y la madre, cuando el niño está en el claustro materno. Si el cordón se rompe, el niño muere, y la propia madre está en peligro”.
        La defensa de la Vida, el respeto a los demás y a la Naturaleza son las tres líneas argumentales que se repetirán de forma constante en todos sus planteamientos. Rodríguez de la Fuente apareció por primera vez en pantalla en una entrevista a finales de 1964. En ella habló con entusiasmo de la estrecha comunión del hombre con la naturaleza, del sentido cósmico de la vida y de su noción de pertenencia a un todo. Los telespectadores se quedaron enamorados de su vitalidad, su voz y su pasión. Ése fue el inicio de una conexión inseparable entre Félix y los españoles. El público quería saber más sobre ese burgalés y TVE entendió el mensaje. Sus programas Fauna en 1968, Planeta Azul en 1970, El Hombre y la Tierra en 1973, le hicieron el hombre más popular y querido de España.
        En estos programas puede entreverse el pensamiento de Rodríguez de la Fuente. Ha dejado para la posteridad cientos de horas de grabación y textos que condensan su visión del mundo. En su biografía, Benigno Varillas ha realizado un excelente trabajo de compilación y análisis (Félix Rodríguez de la Fuente, su vida, mensaje de futuro, La Esfera de los Libros). Félix fue un visionario al anticipar la actual crisis ecológica y criticar un sistema consumista (¡de los años sesenta y setenta!) que conducía inevitablemente a la insatisfacción permanente. Identificó la raíz de la alienación del hombre actual en el hecho de haberse desgajado de la naturaleza. La senda de la sociedad moderna sólo puede llevar a la avaricia, la frustración, la violencia y la pérdida de libertad. “El mundo es espantoso para el ciudadano medio que vive en colmenas, urbes monótonas y horrísonas, calles sucias recibiendo cultura como píldoras y mensajes que no se ha demostrado que sean perfectos. Nuestra era se recordará en un futuro feliz, si es que se llega, con verdadero terror. El hombre tiene necesidad de libertad, del campo, del cielo, de tiempo para no hacer cosas… y aprender e imaginar. Hoy no lo puede hacer…”
        (...) En la obra de Rodríguez de la Fuente encontramos el embrión de toda una serie de corrientes de pensamiento que están cristalizando en la actualidad. De una forma intuitiva supo enlazar ideas aparentemente antagónicas. Su pensamiento cuestiona los cimientos mismos de una concepción ideológica que entiende el futuro como una huida del pasado y el progreso como una dominación de la naturaleza para maximizar el crecimiento material(ista). Y, si se analiza bien, ese productivismo economicista estaba tan presente en la ideología liberal-capitalista como en la marxista. Esta lucidez de ideas, en una época en la que el mundo estaba dividido en dos bloques, sitúa a Rodríguez de la Fuente, sin pretenderlo, en la vanguardia de una nueva síntesis de pensamiento y de la conciencia ecológica.
        A él le gustaba considerarse un agitador de conciencias. Y por supuesto que lo fue. No tenía problema en hablar a favor del lobo en una España que todavía era altamente rural. El pueblo demostró que sabía reconocer y apreciar las palabras cargadas de verdad y de nobleza, aunque en ocasiones resultaran incómodas. Félix hablaba al corazón de las personas y sus palabras consiguieron despertar el lado indómito de nuestra alma. Tal y como ha declarado Benigno Varillas, “no aprendió de nadie, aprendió de muchos. No fue el clásico seguidor de una escuela o una filosofía muy concreta; era una persona integradora y que intentaba conciliar la izquierda con la derecha y el pasado con el futuro”.[1]

En el blog LA CASA EN EL ÁRBOL





[1] “Félix Rodríguez de la Fuente: un pensamiento indomable”, entrada en el blog La casa en el árbol, 14 de marzo de 2013; http://www.lacasaenelarbol.net/felix-rodriguez-de-la-fuente-un-pensamiento-indomable/ . Además de la de Benigno Varillas, otra estimable biografía del gran naturalista español es: Miguel Pou, La conciencia planetaria de Félix Rodríguez de la Fuente, ed. Rueda, Madrid 2008.

Jorge Riechmann. En defensa de los animales. Ed. de la Catarata, 2017
Fotografía de Juan Sánchez Amorós

jueves, 6 de julio de 2017

ENCUENTRO DE POETAS EN MOGUER "VOCES DEL EXTREMO" POESÍA Y PACHAMAMA 2017



ENCUENTRO DE POETAS EN MOGUER, VOCES DEL EXTREMO:

POESÍA Y PACHAMAMA


Moguer, del 26 al 29 de julio de 2017


MIERCOLES 26 DE JULIO

11’30. Fundación Zenobia y J.R.J.
Inauguración de Voces Pachamama
Presentación de la antología Voces del Extremo 2012/16

12’00. Fundación Zenobia y J.R.J.
Paqui Aquino
Rosa Veiga Medero
Manuela Lozano
Julia Gutiérrez
Cristian Esteban Martín

13’30. Fundación Zenobia y J.R.J.
Ferran Fernández. Cien poemas apátridas de Erich Fried

18’00. Fundación Zenobia y J.R.J.
Manuelle Parra: boites noires de l'exil / cajas negras del exilio 

18’30. Fundación Zenobia y J.R. J.
Dante Medina
Cándida Slowansky
Natalia Jaramillo
Farah Hallal
Amalia García Fuertes
Enrique Falcón

19’30. Fundación Zenobia y J.R.J.
Niño de Elche. Voces del Extremo

20’00. Plaza de las Monjas
Rafael Calero Palma
Eladio Méndez
Fernando Barbero Carrasco
Iosu Moracho
Francisco Cumpián
Ferran Fernández

21’30. Plaza de las Monjas
Mera Column (Carlos El Chacal y F. Barbero)

00’30. Peña del Cante Jondo
Luis Ramos. De lo común al extremo. Agustín García Calvo

01’00. Peña de Cante Jondo
Ramón Ruiz
Antonio Ramírez Almanza
Teresa Ramos Rabasa
Conrado Santamaría
Emilio Pedro Gómez
Iván Vergara

JUEVES 27 DE JULIO

10’00. Poesía en la calle. Inicio en Plaza del Marqués.
11’00. Casa Natal de J.R.J.
Homenaje a Antonio Martínez i Ferrer. Recital
Inauguración de su exposición: Miradas de Voces del Extremo

11’30. Casa Natal de J.R.J.
Luis Ramos
Carlos Da Aira
Sagrario Manrique
Antonio Sá Gué
David Castelo Horrach
Alexis Díaz Pimienta

12’30. Casa Natal de J.R.J.
Jorge Riechmann. Interdependientes y ecodependientes

13’30. Casa Natal de J.R.J.
Rafael Calero. Los escritores ingleses y la II República Española

17’00. Fundación Zenobia y J.R.J.
Dante Medina. Nueva, novedosísima, y nunca vista ni oída lectura del último capítulo de El Quijote. Novela ejemplar inspirada por Miguel de Cervantes.

18’30. Fundación Zenobia y J. R. J.
Ferran Aisa. El Raval de Barcelona

19’00. Fundación Zenobia y J. R. J.
Esthela Calderón                       
Steven White
Paco Gómez Nadal
Rodolfo Häsler
Luz Cassino
Marjiatta Gottopo


20’00. Plaza de las Monjas
Diego Mesa
Joaquín Gómez
Antonio José Royuela
Gema Estudillo
Uberto Stabile
David Trashumante
Eladio Orta

21’00. Plaza de las Monjas
Concierto: Ai-el-elas pandereteiras

00’30. Peña del Cante Jondo
Manuel Batista. Huelva a través de su fandango

01’30. Peña del Cante Jondo
Iris Almenara
Javier GM
Remedios Álvarez
Miguel Ángel Hernández
María Carvajal
José María García Linares

VIERNES 28 DE JULIO

10’00. Poesía en la calle. Inicio en Plaza del Marqués.
11’00. Casa Natal de J.R. J.
José Sarriá. Humanismo Solidario. Poesía y compromiso hoy

12’00. Casa Natal de J.R.J.
Miguel Uribe Clarín.  La edición editorial en México. Panorama actual visto desde una editorial emergente

12’30. Casa Natal de J.R.J.
María Ramos Gallardo
Manuelle Parra
María Cano
Alberto Prieto Román
Mikel Sanz Tirapu
Juan Gabriel Jiménez Cebrián

13’30. Casa Natal de J. R. J.
Steven White. El consumo de los que somos: la eco-poesía hispanoamericana contemporánea

18’30. Fundación Zenobia y J. R. J.
Pascual Rovira, Eliseo García Nieto y Mondelo. Hermano asno

19’00. Fundación Zenobia y J. R. J.
Jorge Riechmann
Montserrat Villar González
María Ángeles Pérez López
Ángela Martínez-Fernández
Manuel López Arroyo
Eduardo Moga

20’00. Plaza de las Monjas
Rosa Silverio
Adriana Hoyos
Pia Sommer
Miguel Ángel Vázquez
Bernardo Santos
Antonio Revert

21’00. Plaza de las Monjas
Iris Almenara y Sergio Santes. Concierto Lorquiano

00’30. Peña de Cante Jondo
José Caraoscura + Mhijea. Cantes de ida y vuelta

01'00. Peña de Cante Jondo
Rafa Hernández
Julián Portillo
Karlotti Valle
Adrián Bernal
Javier Arnaiz Gómez
Félix Menkar


SÁBADO 29 DE JULIO

10’00. Poesía en la calle. Inicio en Plaza del Marqués.
11’00. Casa Natal de J.R. J.
José María García Linares. Nombrar los escombros para levantar la vida. Poesía, ética y ecocrítica

12.00. Casa Natal de J.R.J.
José Contreras Alastra
Juan Manuel Barrado
José García
Itziar Ancín García
José Sarriá
Soledad López Jiménez

13.00. Casa Natal de J.R. J.
Eduardo Moga. La poesía en los tiempos de la cólera

18’00. Casa Natal de J.R. J.
Alexandra Saum- Pascual. Selfiepoetry: Yo y la Red

18.30. Casa Natal de J.R. J.
Elisa Rueda
Juan Pablo Roa
Rosina Conde
Nilton Santiago
Gloria Young
Lucila Canessa

19’30. Plaza de las Monjas
Juan Calle
Fran Seisdoble
Carlos d’Abreu Machado
Mezouar el Idrissi
Esther Giménez
Daniel Macías Díaz
Mohamed Abid

21’00. Plaza de las Monjas
Bárbara Grande. Canciones extremas

18’00. Auditorio Casa Grande (Ayamonte)
Pedro Jubilot – José León Acosta – María Luisa Domínguez Borrallo–
José Luis Rua – Eladio Méndez – Carmen Herrera –
Fernando Cabrita – Jorge Riechmann – Joaquín Gómez

23’00 FIESTA LA POESÍA. Casa de las Retamas (Isla Canela)
Proyección: Voces del Extremo Valencia: Poesía y Escucha
Presentación del libro de David Trashumante. Tócame
Víctor López: Phono Sonus
JAM POÉTICA CON TODOS LOS PARTICIPANTES.
DJ’s: Sebastián Miravent, Antonio Miravent, Paco Nieves,
y Antonio Cabrera.

miércoles, 5 de julio de 2017

EN DEFENSA DE LOS ANIMALES (II) de JORGE RIECHMANN




Todos los más antiguos relatos sobre San Francisco son unánimes en afirmar “la amigable unión que establecía con todas las cosas”. El más antiguo de sus biógrafos, Tomás de Celano (1229), atestigua: “Llenábase de inefable gozo cuantas veces miraba el sol, o contemplaba la luna, o dirigía su vista a las estrellas y al firmamento… ¿Quién se puede figurar la alegría desbordante de su espíritu al contemplar la lozanía de las flores y la variadísima constitución de su hermosura, así como la percepción de la fragancia de sus aromas? Cuando daba con multitud de flores, predicábales como si estuvieran dotadas de inteligencia, y las invitaba a alabar al Señor. Asimismo convidaba con tiernísima y conmovedora sencillez al amor divino y exhortaba a la gratitud a los trigos y a los viñedos, a las piedras y a las selvas; a las llanuras del campo, a las corrientes de los ríos, a la ufanía de los huertos, a la tierra y al fuego, al aire y al viento. Finalmente, daba el dulce nombre de hermanas a todas las criaturas, de quienes, por modo maravilloso y de todos desconocido, adivinaba los secretos como quien goza ya de la libertad y la gloria de los hijos de Dios”.
        Todo el universo de San Francisco está rodeado de infinita ternura y de “tiernísimo afecto y devoción por todas las cosas”; “se sentía arrastrado hacia ellas con un singular y entrañable amor”. Por eso andaba con reverencia sobre las piedras, en atención Aquel que a sí mismo se llamó piedra angular; recogía los gusanos de los caminos, a fin de que no los pisaran los hombres; en invierno daba miel y vino a las abejas para que no murieran de frío y de escasez.
        Se trasluce aquí un modo distinto de estar-en-el-mundo ya no sobre las cosas, sino junto a ellas, como hermanos y hermanas en una misma casa. Sus propias angustias y dolores “no las conocía con el nombre de penas, sino con el de hermanas”. La propia muerte era para él amiga y hermana. Por eso el mundo franciscano está lleno de magia, de reverencia y de respeto. No es un universo muerto e inanimado; las cosas no están ahí simplemente al alcance de la posesiva mano del hombre, ni meramente yuxtapuestas unas junto a otras, sino que son algo animado y personalizado, tienen lazos de consanguinidad con el ser humano, con-viven en una misma casa paterna. Y puesto que son hermanas, no se las debe violar, sino que deben ser respetadas. De ahí que San Francisco, de un modo sorprendente pero consecuente, prohibiera a los hermanos cortar los árboles de raíz, porque tenía la esperanza de que pudieran brotar de nuevo. Mandaba a los jardineros que dejaran siempre un rincón del jardín sin cultivar, para que en él pudieran crecer todas las hierbas, incluidas las malas, porque también ellas “anuncian al hermosísimo Padre de todos los seres”.[2]
Leonardo BOFF en 1981
sobre FRANCISCO DE ASÍS (aprox. 1181-1226)




[1] El Corán (edición de Juan Vernet), Planeta, Barcelona 1983, p. 268-269.
[2] Leonardo Boff, San Francisco de Asís: ternura y vigor, Sal Terrae, Santander 1982, p. 59-60.


Jorge Riechmann. En defensa de los animales. Ed. de la Catarata, 2017

martes, 4 de julio de 2017

EN DEFENSA DE LOS ANIMALES (I) de Jorge Riechmann



Según la concepción jaina, el peor delito que uno puede cometer es el de matar o herir a un ser vivo: himsa, “el intento de matar” (de la raíz verbal han, “matar”). Ahimsa, “no dañar”, en el sentido de no hacer mal a ninguna criatura, es en consecuencia la primordial regla jaina de la virtud. Este bien definido principio se basa en la creencia de que todas las mónadas vitales son fundamentalmente hermanas, y al decir “todas” queremos decir no sólo seres humanos sino también animales y plantas, y hasta moléculas o átomos de materia que habitan en ellos. Si uno mata a uno de estos prójimos, aun accidentalemente, este hecho oscurece el cristal de la mónada vital con un tinte intensísimo. Por ello los animales de rapiña, que se alimentan de las criaturas a las que han dado muerte, están siempre infectado de lesyas [colores correspondientes al carácter moral del acto realizado] de tonos muy oscuros. Del mismo modo, las mónadas vitales de quienes se ocupan profesionalmente de matar, como los carniceros, cazadores y guerreros, carecen totalmente de luz.
        (…) De acuerdo con la ciencia arcaica [del jainismo], todo el cosmos está animado y las leyes fundamentales de su vida son constantes en todas partes. Por lo tanto, hay que practicar la no-violencia (ahimsa) aun respecto del más pequeño, mudo e inconsciente de los seres. Así, por ejemplo, el monje jaina evita en lo posible estrujar o tocar los átomos de los elementos. No puede dejar de respirar pero, con el fin de causar el menor daño posible, debe taparse la boca con un velo, lo cual suaviza el choque del aire contra la parte interior de la garganta. Y no debe hacer castañetear los dedos ni abanicar el aire, porque son actos de perturbación que hacen daño. Si, yendo en un barco, unos hombres perversos por alguna razón arrojan por la borda a un monje jaina, éste no debe ganar la costa con brazadas enérgicas y violentas, como un valiente nadador, sino que debe dejarse llevar por la corriente, como un leño, permitiendo que las aguas lo acerquen gradualmente a tierra, pues no debe perturbar ni lastimar a los átomos del agua. Y luego debe dejar que el agua chorree de su piel o se evapore, pues no debe secarse ni sacudirse con una violenta conmoción de sus miembros.
        Así la no-violencia (ahimsa) es llevada al extremo. La secta jaina sobrevive como una especie de vestigio muy fundamentalista en una civilización que ha pasado por muchos cambios desde la remota época en que nació esta ciencia y religión universal que enseñaba cómo es el mundo de la naturaleza [con sus ciclos de reencarnación] y cómo podemos escapar de él [accediendo a la liberación o moksa]. Aun los jaina laicos tienen que tener cuidado para no causar inconvenientes innecesarios a sus semejantes. Por ejemplo, no deben beber agua después de que ha oscurecido, para no tragar algún insecto que pueda haber caído en ella. No deben comer carne de ninguna clase, ni matar a los bichos que revolotean y fastidian. En realidad, obtienen mérito dejando que los bichitos se posen sobre ellos y los piquen. Todo ello ha llevado a una costumbre de lo más grotesca, que aún hoy puede observarse en las calles centrales de Bombay, y que describimos a continuación.
        Un par de hombres llevan un catre liviano lleno de chinches. Se detienen ante la casa de una familia jaina y gritan: “¿Quién quiere alimentar a las chinches? ¿Quién quiere alimentar a las chinches?”. Si alguna señora devota arroja una moneda desde una ventana, uno de los pregoneros se coloca cuidadosamente en la cama y se ofrece a sí mismo como pasto a sus semejantes. Así la señora de la casa obtiene mérito y el héroe del catre la moneda.[1]
Heinrich ZIMMER hacia 1940





[1] Heinrich Zimmer, Filosofías de la India (edición de Joseph Campbell), Sexto Piso, Madrid 2010, p. 270 y 298-299. La edición original estadounidense es de 1951; los textos incompletos de Zimmer sobre los que trabajó Campbell son de comienzos de los años cuarenta (Zimmer murió prematuramente en 1943).
                Mahavira, contemporáneo de Buda, fue el fundador del jainismo y murió probablemente en 526 AEC. Pero los jainas estiman que el origen de su religión filosófica es mucho más antiguo, pues Mahavira no habría sido sino el último de una larga serie deSegún la concepción jaina, el peor delito que uno puede cometer es el de matar o herir a un ser vivo: himsa, “el intento de matar” (de la raíz verbal han, “matar”). Ahimsa, “no dañar”, en el sentido de no hacer mal a ninguna criatura, es en consecuencia la primordial regla jaina de la virtud. Este bien definido principio se basa en la creencia de que todas las mónadas vitales son fundamentalmente hermanas, y al decir “todas” queremos decir no sólo seres humanos sino también animales y plantas, y hasta moléculas o átomos de materia que habitan en ellos. Si uno mata a uno de estos prójimos, aun accidentalemente, este hecho oscurece el cristal de la mónada vital con un tinte intensísimo. Por ello los animales de rapiña, que se alimentan de las criaturas a las que han dado muerte, están siempre infectado de lesyas [colores correspondientes al carácter moral del acto realizado] de tonos muy oscuros. Del mismo modo, las mónadas vitales de quienes se ocupan profesionalmente de matar, como los carniceros, cazadores y guerreros, carecen totalmente de luz.
        (…) De acuerdo con la ciencia arcaica [del jainismo], todo el cosmos está animado y las leyes fundamentales de su vida son constantes en todas partes. Por lo tanto, hay que practicar la no-violencia (ahimsa) aun respecto del más pequeño, mudo e inconsciente de los seres. Así, por ejemplo, el monje jaina evita en lo posible estrujar o tocar los átomos de los elementos. No puede dejar de respirar pero, con el fin de causar el menor daño posible, debe taparse la boca con un velo, lo cual suaviza el choque del aire contra la parte interior de la garganta. Y no debe hacer castañetear los dedos ni abanicar el aire, porque son actos de perturbación que hacen daño. Si, yendo en un barco, unos hombres perversos por alguna razón arrojan por la borda a un monje jaina, éste no debe ganar la costa con brazadas enérgicas y violentas, como un valiente nadador, sino que debe dejarse llevar por la corriente, como un leño, permitiendo que las aguas lo acerquen gradualmente a tierra, pues no debe perturbar ni lastimar a los átomos del agua. Y luego debe dejar que el agua chorree de su piel o se evapore, pues no debe secarse ni sacudirse con una violenta conmoción de sus miembros.
        Así la no-violencia (ahimsa) es llevada al extremo. La secta jaina sobrevive como una especie de vestigio muy fundamentalista en una civilización que ha pasado por muchos cambios desde la remota época en que nació esta ciencia y religión universal que enseñaba cómo es el mundo de la naturaleza [con sus ciclos de reencarnación] y cómo podemos escapar de él [accediendo a la liberación o moksa]. Aun los jaina laicos tienen que tener cuidado para no causar inconvenientes innecesarios a sus semejantes. Por ejemplo, no deben beber agua después de que ha oscurecido, para no tragar algún insecto que pueda haber caído en ella. No deben comer carne de ninguna clase, ni matar a los bichos que revolotean y fastidian. En realidad, obtienen mérito dejando que los bichitos se posen sobre ellos y los piquen. Todo ello ha llevado a una costumbre de lo más grotesca, que aún hoy puede observarse en las calles centrales de Bombay, y que describimos a continuación.
        Un par de hombres llevan un catre liviano lleno de chinches. Se detienen ante la casa de una familia jaina y gritan: “¿Quién quiere alimentar a las chinches? ¿Quién quiere alimentar a las chinches?”. Si alguna señora devota arroja una moneda desde una ventana, uno de los pregoneros se coloca cuidadosamente en la cama y se ofrece a sí mismo como pasto a sus semejantes. Así la señora de la casa obtiene mérito y el héroe del catre la moneda.[1]
Heinrich ZIMMER hacia 1940




[1] Heinrich Zimmer, Filosofías de la India (edición de Joseph Campbell), Sexto Piso, Madrid 2010, p. 270 y 298-299. La edición original estadounidense es de 1951; los textos incompletos de Zimmer sobre los que trabajó Campbell son de comienzos de los años cuarenta (Zimmer murió prematuramente en 1943).
                Mahavira, contemporáneo de Buda, fue el fundador del jainismo y murió probablemente en 526 AEC. Pero los jainas estiman que el origen de su religión filosófica es mucho más antiguo, pues Mahavira no habría sido sino el último de una larga serie de 24 Thirtankaras (los “Autores del cruce del río”, los que pasaron a la otra orilla).(los “Autores del cruce del río”, los que pasaron a la otra orilla).


Jorge Riechmann. En defensa de los animales. Ed. de la Catarata, 2017

sábado, 1 de julio de 2017

2 fragmentos de EN DEFENSA DE LOS ANIMALES de JORGE RIECHMANN



En el Antropoceno, temor y temblor

Estamos en el Antropoceno, de acuerdo: pero interferencia humana no significa control. Interferimos en casi todo en la naturaleza, no controlamos casi nada (¡pensemos en el calentamiento global!). Para empezar, ni siquiera somos capaces de controlarnos a nosotros mismos...

Desde 1972 (The Limits to Growth) la razón decía: vais a chocar brutalmente contra la termodinámica y la ecología, ralentizad. Y medio siglo después, chocamos brutalmente contra la termodinámica y la ecología. El “desarrollo” salió mal: es un producto de la Gran Aceleración y de la Guerra Fría que nació malformado... Sólo el hecho de tener que adjetivarlo (“desarrollo sostenible”, “desarrollo humano”, “desarrollo inclusivo”, etc.) ya lo muestra.

Al borde mismo del colapso ecológico-social, el sentido común dominante sigue pavoneándose de “nuestro éxito como especie” y alimentando nuestra desbocada tecnolatría. Tenemos un problema masivo de hybris del aprendiz de brujo. Necesitaríamos una “ecología de la mente”, como reclamaba el sabio Gregory Bateson: una ecosofía -de la que colectivamente parecemos incapaces...

La idea de dominación humana sobre la naturaleza tiene algo de irrisorio. El simio averiado que somos ¿dominador de la naturaleza? Fantasías nietzscheanas de Übermensch, que serían cómicas si no estuviésemos fraguando una verdadera catástrofe. Pero esa interferencia masiva del Antropoceno es muy real. Los poderes del desatinado aprendiz de brujo son reales. De ahí nuestras responsabilidades especiales -no somos animales como los demás... Deberíamos sentir miedo (temor y temblor) ante lo que somos capaces de hacer.

Es cierto que, en un mundo de recursos limitados, no todas las exigencias morales (o todos los ideales culturales) pueden satisfacerse. Pero la respuesta adecuada a esta circunstancia no puede consistir en borrar las exigencias morales… Debemos trabajar más bien para (A) reconocer el carácter trágico de muchos de los dilemas a que nos enfrentamos; (B) seguir aspirando a la metanoia de lo humano que es nuestro horizonte ético-político desde la “Era Axial”; (C) no deponer nuestras aspiraciones a una ética universalista de la compasión; y (D) ordenar con rigor nuestras prioridades, sin eliminar a ningún agente ni paciente moral del círculo de nuestra atención y cuidado.

La condición humana es endiablada. No tenemos otra opción decente que la lucidez y la compasión.


El uso adecuado de la ciencia y la técnica no es dominar la naturaleza, sino vivir en ella

“En un sentido último” –escribe Teresa Moure- “las personas apenas tienen otra cosa que su cuerpo y su tiempo”.[1] Es verdad, somos cuerpos que viven a través de su tiempo vital; pero ¡no sólo les pasa eso a las personas! También a los bebés y a los animales no humanos.

Me escribía un activista (en un correo electrónico): “Las personas fueron creadas para amarlas y las cosas para utilizarlas. El caos de nuestro mundo es debido a que amamos las cosas y utilizamos a las personas”... Pero esa bipartición personas/ cosas ¿no deja fuera demasiado? Los animales no humanos no son ni personas ni cosas (ni tampoco los bebés por ejemplo, si nos ponemos rigurosos)...

Desprendernos del antropocentrismo aguza la mirada. Por ejemplo: si se da rienda suelta al capitalismo y la tecnociencia hacia la “poshumanidad” ¿qué harán con los seres humanos? La respuesta es sencilla y al mismo tiempo terrible: probablemente harán algo análogo a lo que ya han hecho con los animales no humanos en los sistemas de ganadería industrial.[2]

Como dice el chiste, hemos descubierto que los extraterrestres han llegado a nuestro planeta… y somos nosotros.

“El uso adecuado de la ciencia no es dominar la naturaleza, sino vivir en ella” -dijo Barry Commoner en 1970, en su famosa alocución televisada por la CBS el 22 de abril, el Día de la Tierra. Ah, si pudiéramos superar el narcisismo de especie y la pulsión de dominio...

El capitalismo se basa en el resorte básico de comprar barato y vender caro, a todos los niveles. Por eso, no puede funcionar sin generar costes externos masivos y dejar toda clase de “facturas sin pagar” (por ejemplo, intentando pagar la fuerza de trabajo sólo al coste de su reposición; o usando recursos naturales que sólo se valoran al coste de extracción; o tratando a seres vivos sensibles e inteligentes como mera materia prima industrial). Basta reparar en esta dinámica para poner entre paréntesis todos los supuestos progresos que realizamos bajo el capitalismo.

Pero estos daños y costes externos no desaparecen sino que se van acumulando, y las facturas acaban volviendo sobre la mesa: hoy lo hacen bajo la forma extrema de colapso ecológico-social.

Conciencia – la posibilidad de una lumbrecita, una frágil candela que se enciende en medio de las tormentas, los quebrantos y las oscuridades de la condición humana. Es una posibilidad preciosa: frente a los imaginarios y las prácticas de dominación, imaginarios y prácticas de cooperación, biofilia y simbiosis; si hay que decirlo en una sola palabra, amor. Nutramos esa posibilidad, cuidémosla, respetémosla.

¿Intentamos dejar de comportarnos como extraterrestres en el tercer planeta del Sistema Solar? ¿Intentamos ser, en vez de los verdugos de nuestros hermanos menores no humanos, sus guardianes compasivos?

Madrid, Navidades de 2016-2017





[1] Teresa Moure, “Decrecimiento (también) para marxistas”, prólogo a Manuel Casal Lodeiro, La izquierda ante el colapso de la civilización industrial, La Oveja Roja, Madrid 2016, p. 12.
[2] Reconocer esto es un acierto de Yuval Noah Harari en un libro en otros aspectos muy discutible, Homo deus (Debate, Barcelona 2016).


Jorge Riechmann. En defensa de los animales. Ed. Catarata, 2017