documentos de pensamiento radical

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miércoles, 9 de mayo de 2018

NO SOIS NINGUNA MANADA






“La manada” somos nosotras… [lema]


Manada
Solo el nombre humilla y denigra…

Os representan: dice Yolanda vía Change.org…
Deprimidas, débiles, muertas, locas, tiradas, cansadas, dobladas, consumidas, frágiles, enfermas, agotadas, caídas, desmayadas, encogidas, desparramadas, drogadas, endebles, lánguidas, desfallecidas, empequeñecidas, abandonadas, idas, sufrientes, perturbadas, abatidas, derrotadas, blandas, patéticas, hundidas, pasmadas, atontadas, desoladas, infelices, desdichadas...

Pero el nombre de manada os lo habéis puesto vosotras…
Y no creo que lo seáis (aunque podríais llegar a serlo: el poder
de los nombres es inmenso…)

Nosotros sí hemos sido manada alguna una vez (o muchas veces: lo lamento…)

Pero vosotras no: aún no…
No aceptéis la postrera y más profunda de las humillaciones: la del nombre…
Con determinadas palabras no se juega: nos constituyen
O nos cambian para siempre… (tenedlo en cuenta…)

Mujeres furiosas rebosantes de ira y de rabia: eso sí…
Mujeres que claman reparación y justicia: eso sí…
Mujeres hartas de nuestra indiferencia (y peor aún: de nuestra conmiseración…)

Eso sí…

O que dicen basta: que hasta aquí habéis llegado…
O que ya no tenemos miedo…

Eso sí…

Mujeres (tan solo mujeres que claman…)

No manada…

Manada solo somos nosotros… (por bienintencionados
o conmiserativos que parezcamos…)

Así nos han criado…
Así nos han amamantado: en camadas...

Ninguno de nosotros puede ponerse en vuestro lugar…
            (ni con toda la buena intención del mundo: ni con todo
el enternecedor baboseo del mundo…)

Así que tal vez sea injusto pediros que no adoptéis nuestro nombre…
En realidad no soy nadie para hacerlo…

Pero os cambiará: ya veréis…
Hay determinados nombres que nos cambian irremediablemente…

Entonces seréis lo otro: lo que impugnáis y aborrecéis… Nosotros…



Matías Escalera Cordero

martes, 8 de mayo de 2018

5 poemas de EL CANTAR DE LOS OFICIOS de CARLOS VILLALOBOS







Dios, la tejedora

A las tejedoras

No se sabe a cierta quién armó la luna
el sol y los cometas,
quién la luz de las galaxias,
los astros y el diluvio.

Se sabe, eso sí, que nada es deriva,
y que todo tiene fuertes hilos de silencio.

Dicho esto, es fácil atinar la premisa de este enigma:
Dios es una araña.
Dios es diosa de pabilo y aguijón tejiendo.

Ergo,
al principio era el caos de las hebras y la lana.

Ergo,
al principio era la oscuridad del nudo sin pies y sin cabeza.

Y he aquí que vino Dios, la Diosa, y tejió con su mirada el Orden:
Ató el polvo al agua, el viento a las esporas,
el colibrí a la luna y el pez a las estrellas.

Dicho esto, es fácil atinar la premisa de este hallazgo:
Un tapete es el Universo.
Un pañuelo de seda es el Universo.
Una alfombra de persas seducciones es el Universo.
Un huipil de antiguas ceremonias es el Universo. 

Dicho esto, es fácil atinar la premisa de este misterio:
Las tejedoras tiene el don de revelar el fuego y la semilla,
saben dónde el parto y la tumba de los soles,
dónde el mundo moribundo y la osamenta,
dónde el huevo y el alma de los saurios.

Las tejedoras tejen mares marinos de amar los mares.
Tejen besos, muslos, los incendios y la lluvia.

Un enorme telar de puntas sin final es el infinito.





La alumbradora de la luz

                                   A la memoria de Jacoba González, la partera de mi pueblo.
                                   A las parteras.

Sus manos de mano madre
al mar alumbran cuando rompe
la fuente de la vida.

Los recién nacidos llegan llorando
y aún no saben si son pez,
pájaro o felino.
Pero ella los calma
nombrándolos niña o niño.

Es ella la que sabe
cómo se cortan los íntimos
cordones que unen el fuego con el agua.

Es ella la que le enseña a la luz a ser luz
cuando es todavía una pequeña
sombra en el vientre de las madres.

Es ella la que prepara el canto para
que despierte el alma de los niños.











El espejo oculto

A los recolectores de la basura


Por aquí pasan dos veces: lunes de fijo
y jueves salvo la Semana Santa.
Yo les dejo el asco, mi carroña
y toda la verdad de todo
en paquetes de silencio.

Ellos vienen, no preguntan,
y recogen este rastro de mi sombra.

Ellos vienen y se llevan
todo el polvo que le arranco
a lo que pienso.

Ellos vienen y tiran al camión
de la basura
las huellas que vomito por el alma.

Ellos vienen y recogen
uno a uno mis pecados.

Pasan por aquí temprano,
no preguntan
y se llevan mis olores,
los avisos de la muerte
y todas las palabras
que le sobran al poema.

Ellos vienen y se llevan
este espejo que ocultamos. 








Afilador de colmillos


A los afiladores

“El afilador de cuchillos no viene en bici desde su casa, viene de otro tiempo”.   Luis Chaves


Es curiosa y casi loca esta manía
de andar de puerta en puerta
preguntando por el filo de las cosas.

Es curioso, pero es cierto:
paco a poco los puñales van perdiendo
su donaire,
y de tanto morder maderas
los serruchos, diente a diente,
se desgastan la finura,
y de tanto cortar los hilos de la vida,
yarda a yarda,
las tijeras van perdiendo el apetito.

Es por eso, que sí, que desde luego,
que venga y toque el timbre
el hombre de amolar cuchillos,
que afile todo en la cocina,
y de paso afile el ojo,
la lengua y el oído.

Que sí, que pase
y que lo afile todo:
el espejo que perdió el encanto
el reloj que se cansó del tiempo,
los colmillos de la historia
que dejó el olvido en el olvido.

Que sí, que entre, desde luego,
que traiga la piedra de afilar y el esmeril
y deje con todo el filo de besar
el beso
que hace tiempo no besaba
con locura.





Carlos Manuel Villalobos, Costa Rica, 1968. 

Profesor de Teoría Literaria y Semiótica en la Universidad de Costa Rica. Doctor en Letras y Artes en Centro América, máster en Literatura Latinoamericana y licenciado en Periodismo. Ha sido ganador del premio Arturo Agüero Chaves (1993), premio de la Editorial de la Universidad de Costa Rica (1999) y ganador del Certamen Literario Brunca (2014). Entre sus publicaciones literarias están Los trayectos y la sangre (1992, poesía); Ceremonias desde la lluvia (1995, poesía); El libro de los gozos (2001, novela); El primer tren que pase (2001, poesía); Tribulaciones (Guatemala 2003, cuento), Insectidumbres (2009, poesía); El ritual de los Atriles (2014, disertaciones); Trances de la herida (México 2015, poesía) y El cantar de los oficios (2015, poesía).



lunes, 7 de mayo de 2018

CINE SOVIÉTICO Y REPÚBLICA PUYAL/AYALA/DE LA FUENTE/MANTILLA/ALBERTI/AUB/LORCA




EL MÁXIMO EXPONENTE de la vanguardia –política y artística– es­taba en el cine soviético, capaz de conjugar la revolución social con la expresión visual. Los soviéticos entendían el cine como aparato de agitación y propaganda «unido a un sentimiento artístico de la más alta calidad estética», como apunta Mantilla, y que Josep Palau sintetizara con la expresión «oratoria visual». En esa línea, Francisco Ayala distingue dos tendencias en el cine ruso, la lírica y la pedagógica. Ahí posiblemente radique la eficacia de su mensaje y la fuerza de su estilo; mensaje y estilo que paradójicamente calaron más hondo en la Europa de entreguerras que en el propio pueblo ruso.

Alfonso Puyal. «Cine soviético», en Cine y renovación estética en la vanguardia española, Antología crítica, 1920-1936. Renacimiento, 2017.



A PARTIR de El acorazado Potemkin, la obra clásica, la epopeya, impregnada de una patética ilusión, cabe advertir dos tendencias, como más acusadas, en la producción rusa; y en estas dos tenden­cias existe una semejante disociación entre el cúmulo de prejuicios ideológicos y el puro placer, la real gana de hacer cine. Una de ellas, lírica – no en cuanto a la trama argumental, sino en cuanto al es­tilo cinematográfico–, reduce cuanto puede el elemento político, y muestra inclinación a lo eglógico, a lo elemental, con un sentido a veces barroco, y siempre alegre, ingenuo, de las masas.
La otra, pedagógica –a ella pertenece La lucha por la tierra (La lí­nea general, 1929)–, realiza un propósito político-educativo que no le impide llegar a realizaciones de máxima belleza y, en algunos casos, a verdaderos descubrimientos, pero que la dota de indudable aridez.
El afán proselitista que, desde el primer momento, salta a los ojos del espectador, produce un malestar, apenas aliviado por el há­lito de optimismo que la obra desprende. No digo que la necesidad de una eficacia política perjudique a los films rusos –pues que sólo actúa en ellos de un modo global, y no en cuanto a la realización, que es el quid del arte, liberándolos, en cambio, de otras servidum­bres–, pero sí que la agresión de la propaganda se siente, como una falta de respeto intelectual.

Francisco Ayala, «Cine: La lucha por la tierra», Revista de Occidente, nº 81, marzo, 1930.




GRACIAS a los artículos que, con profusión, se publican en las re­vistas profesionales, el público español tiene fe en el valor del cine­ma soviético. Tiene fe porque no ha podido comprobar el valor de los films rusos sino a través de dos o tres que han llegado hasta no­sotros, brutalmente mutilados por la censura y con varios años de retraso. A pesar de las posibles decepciones que estas circunstancias hayan podido promover, el público sigue interesándose cada vez más por este exótico cinema, dando una buena prueba de ello al llenar nuestros salones cuando en ellos se anuncia un film ruso. Claro que también contribuye no poco lo que para nosotros repre­sentan dichas películas: la revolución.

José de la Fuente, «Prólogo», en Léon Moussinac, El cinema soviético, Atehia, 1931.



ENTRE SUS TEMAS argumentables y los de las películas del resto del mundo hay una inmensa distinción a favor del cine de los obreros; donde la vida es reflejada con un inmenso valor de enseñanza y ejemplaridad. Unido a un sentimiento artístico de la más alta cali­dad estética. Al que no pueden llegar más que los pueblos libres de cadenas.
En los momentos en que estas líneas se escriben ha sido suspen­dida la proyección de El acorazado Potemkin. Dentro de la flamante República no tiene asilo la epopeya de los hombres vencedores de la opresión y la tiranía. El Gobierno, con un criterio que no tiene que envidiar a la Dictadura monárquica, tiene miedo de enseñar al pue­blo cómo se han libertado en otros sitios de ciertas cadenas que nos oprimen ahora más que nunca en un ambiente de falsa libertad.

Fernando G. Mantilla, «Epílogo», en Léon Moussinac, El cinema soviético, Atehia, 1931.



UN TERROR vago similar, un espanto confuso nos clavaron de re­pente, a la revuelta da una sombra, ante los gritos desencajados que daba un marinero salido del cartel anunciador del gran «film» ruso de Eisenstein: El acorazado Potemkin. Asombroso. ¡El acorazado Potemkin en Brujas! Es decir, la rebelión, la protesta contra el letargo y el sueño, contra la monotonía y angustia desesperadas de los días y las cárceles.
Yo gritaba dentro de mí, apretando los puños hasta partirme las uñas, solo, en medio de una sala de fardos semidormidos o huecos, presenciando el descenso funeral y lentísimo de las tropas guberna­mentales por la tremenda escalinata de Odesa, sin comprender el mutismo, la impasibilidad heladora, el letargo o estupidez desespe­rantes de los que me rodeaban.

Rafael Alberti, «El Potemkin en Brujas», El Sol, 19 de abril de 1932.



NO HAY POSIBILIDAD de dar la menor idea de lo que ha realizado Pu­dovkin con este argumento. Las fotografías adjuntas pueden indi­car hasta qué punto el director soviético «construye» fotografiando. No hay momento en el film en el cual los volúmenes, las sombras, no hallen su contrapartida. No es ya el ritmo lo extraordinario, sino el valor plástico de las fotografías. Aun los escorzos más violentos cobran un sabor clásico. Cierto romanticismo fácil de apreciar en algún intento teatral soviético está en absoluto ausente de la pro­ducción de Pudovkin y de todas sus imágenes.

Max Aub, «El primer film sonoro de Pudovkin: El traidor», Diablo Mundo 4, 19 de mayo de 1934.




CREO QUE EL CINE tiene grandes posibilidades de hacer mover ante el espectador ejércitos imponentes de trabajadores. Mire el cine ruso. Ha hecho cosas inmensas. El acorazado Potemkin es fantástico. Hay otros films de gran importancia que demuestran lo mismo. Con­sidero el cine soviético como un valor específico, único, dentro de mi concepción del teatro. El Potemkin es enorme, enorme. Hay una sensibilidad en cada uno de los cuadros que emociona, que da mie­do, que llega a dominar al espectador de una manera insospechada. Es un grito de rebeldía, de angustia, de sentimientos que sublevan. El director demuestra una capacidad de asimilación fantástica. To­dos los movimientos de los actores principales llegan al extremo de mayor perfección. El público que ve el Potemkin siente una sensa­ción tan brutal que no podrá olvidarla jamás. Ahora bien, el medio espacial es casi ilimitado en el cine. Teatro y cine han de comple­mentarse, haciendo el trabajo adecuado cada uno de ellos.

Federico García Lorca, en «Federico García Lorca parla per als obrers catalans», L’Hora, 27 de septiembre de 1935.



Imágenes: Bronenósets Potyomkin, Serguei M. Eisenstein, estrenado en el Teatro Bolshoi de Moscú el 21 de diciembre de 1925.

Citas: Alfonso Puyal. Cine y renovación estética en la vanguardia española, Antología crítica, 1920-1936. Renacimiento, 2017.

domingo, 6 de mayo de 2018

Cinco entradas de EXTRACCIÓN de BENITO DEL PLIEGO



18 de febrero

Contempla la merma. Disolución de murmullos, ordenación acosada de caos.

Espesa es la conciencia; espesa también la fortaleza.

Moler lo que te asesta es descomunal locura.

La tormenta arrastra. El barco encalla en resplandor. Cintas de sol que se enredan. No hay nación, ya no hay salida; pero cantas, queda canción.



14 de marzo
En caso de incendio inflamarse con él, hinchar las letras, ver cómo se retuerce el metal en que se apoyan. Una sola mención las modifica en esta fragua.

Carnes desprendidas, serif a serif, de otras letra. Despojadas de quién las desposó, su forma misma caligrama sin más fin que finar.

Y luego, sobre la página, sus cadavéricas muecas. Verlas gesticular su comedia sin pedigrí; verlas rechistar, alienadas por otro mal —el del papel moneda.



19 de marzo

Resulta difícil separar la regularidad, el ritmo en que sabemos que la palpitación se posa, el hambre de la digestión.

Pero entre el tic y el tac, ese sonido en blanco.

En cada habitación hay una puerta; en cada pared una ventana, algo que remite a lo que llega; a lo que no es, y podría ser que nunca fuera.



26 de marzo

La escritura se convierte en salida.
Todo se esfuma lábil como el cigarrillo. Se mira en el espejo y ve ojera, incapaz de distinguir qué le requisan.
Ellos también suben y van, se asoman a las ventanas de socorro y puede leerse un “RÓMPASE” escrito sobre su frente. “RÓMPASE”, pero solo rompen el sentido.



23 de mayo

1
Apenas una forma sin recepción, vaciado y tumultuoso retiro, sin bridas, sin aperos, sin atajos.

Un día, un instante, por motivos que sólo la edad administra, la huella en que prendió la luz será barrida.

Son fragmentos repartidos por las playas, testimonios son de qué, placas que conmemoran nadas.

2
¿De qué se puede hablar? ¿De qué gestos o lugares? Lo que entendiste en ti quedó; y todo lo demás, desapercibido.

Salvo en aquella ilusión en nada crees, de nada escribes.



Benito del Pliego. Extracción. Ediciones El tucán de Virginia, 2013.
Imágenes: Ángel Pasos. Street Photography.

viernes, 4 de mayo de 2018

4 poemas de LOS DÍAS LEJOS de ANTONIO RAMIREZ ALMANZA





Sentado como una figura de aire
en el desierto de aire.
     Deseo de ti.
Recibiéndome lentamente con la noche
que habita agitando las temblorosas estrellas.
Y que arriba de mí
te desea.



VI
Amanece en Erg Chebbi

DESGAJADA la luz en su
     resplandor de euforia.
    La lejanía es un punto impreciso
  en la inmensidad de estas arenas.
    Se acercan y alejan voces desconocidas,
gritos que saludan el alba,
quizás temerosos del último día.
Y el gris de la duna somnolienta
se viste en segundos del dorado bronce de la mañana.
     Distingo huellas interminables,
como rozadas casi por la levedad
de insectos ignorados,
zorros nocturnos que sólo vislumbró
       el cuarto creciente de la luna ya ausente.
     Espero en el silencio con las primeras
tórtolas zureando el juego en la arena.
  Atraviesan sombras, luminiscencias,
      plenitud de sol para el día que comienza.
        Busco una iluminación, un rayo único,
           una forma en el horizonte. Y estabas…
   Como el cielo que tomaba posesión
                      del día y sus horas.




VII
 A mis pies les faltan otros pies para la luz de la mañana ...



XII
EL sirope de dátiles se pega a los dedos en su negror
dúctil, mientras unto el mesmen con mermelada de higos,
verdecido por la luz que recibe de la ventana abierta.

   Se filtran las sombras de la palmera del jardín polvoriento
y miran las paredes de adobe de la casa silenciosa.
Un fuerte olor a hierbabuena inunda la lengua,
caliente el té que a sorbos lentos se recrea en la boca.

   El kiri, queso de cabra, intenso, se mete entre las uñas,
entre la blanca barba, ávida en su boca, que rezuma, incansable,
tisana y zumos de naranjas.

   Saciado, un dátil imperial, tierno, blando, de las palmeras
del oasis de Erfoud, apacigua el cuerpo, como un
niño que descubre su primera palabra, su primera conciencia
del mundo que no termina.

Aquél que —enamorado— se abre en mil pedazos...


                                                                       

Antonio Ramírez Almanza. Los días lejos. Edt. Cigueña, 2018
Ilustración de Matilde Granado Belvis

jueves, 3 de mayo de 2018

I WANT TO MAKE THIS WAR MORE PEACEFUL


                                                                       I want to make this war more peaceful
                                                                                                   -George Bush, Jr.-

En una terraza, buscando noticias de nuestra marcha sobre Rota,
solo encuentro la muerte cierta del Cazador de Sombras
y el parlotear de los setenta y dos sabios del Consejo de Seguridad.

Certifica, en cambio, este periódico, lo objetivo de quienes dicen
que sus bombas pueden destruir las rocas,
los labios, los cipreses,
el alba, las penas
y la alegría
mientras el destruido apenas siente
un leve olor y un soplo que pasa.

Oigo, entonces, las ruidosas alas de la noche
cortar las cuerdas de las tiendas,
y cómo llega hasta mí una chamuscada hoja de pergamino,
con una primorosa miniatura del siglo XVI
donde se ve a Abraham abandonando en el desierto
a la esclava Agar y a su hijo Ismael,
y a su lado, escrita en hermosos caracteres,
la Rubayata VII de Khayyam,
que pregunta por Bagdad
mientras vuela por los aires
la Biblioteca de la Universidad Central.

Sobran ladrillos para cubrir nuestras tumbas,
¿pero quién es el alfarero, quién el vendedor,
quién quien los compra?

Miré, de nuevo, hacia las luces ruidosas de la noche,
sobre el cielo de Rota, aquí, en esta España
ahora más que nunca de todos los demonios,
y no hallé rincón del periódico
que no estuviera en manos de la mentira.

Volví la vista hacia Bagdad envuelto en el velo del sacrificio,
hacia Naishapur, la tumba del poeta, siempre cubierta de
pétalos de rosas.

Probé a brindar con el viento del noreste
por ahuyentar mis pies cansados,
la aspereza de los botes de humo de la policía,
la tristeza y el amargo extravío de mi patria,
y salí de la taberna ahíto del licor oscuro de la muerte.

Dicen que hemos entrado en Bagdad
pero lo que enseñan es Hollywood.



Antonio Orihuela. Esperar sentado. Ed. Ruleta Rusa, 2017
Ilustración de Matilde Granado Belvis

martes, 1 de mayo de 2018

SI QUIERES SER POETA



S I QUIERES ser poeta,
escríbele unos versos a ese perro,
se lo está comiendo la sarna.



Antonio Orihuela. Esperar sentado. Ed. Ruleta rusa, 2017