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lunes, 8 de junio de 2026

LA NIEBLA

     



Esa mirada perdida llena de luz y cristales se alza hacia el cielo y recoge la lluvia de las nubes. Ya que no queda sol, ya que no queda luna a la cual visitar nocturnamente con nuestros más íntimos sueños.


Desfiguró tu cuerpo aquella niebla oscura, lo hizo pequeño y diminuto. Gritabas entre la gente ¡cuidado aquí estoy yo! Tus piernecitas se volvieron de oro y tus piececillos también rascaban adoquines de piedra desgastada.


Tú inventabas tu sonrisa pero ya no se abría tu boca, tampoco clareaban tus ojos con aquel brillo especial que iluminaba tu calle y tu barrio.


No, de repente tu alma volaba, dicen tus amigos que la vieron, la amistad había roto las estrellas de tu alma, como tantas veces, y preguntabas susurrando entre la niebla ¿dónde está el ser humano? 


Se ha vuelto tan frágil, ha olvidado el corazón por las esquinas del mundo y por los lugares donde habita el dinero. En la niebla también pudimos ver y contemplar cuerpos enfermos, ya no podían agarrar la vida porque esta se les estaba negando entre esa niebla gris y negra. Luchaban por subir escaleras, cuestas para ellos montañas que se transformaban en junglas urbanitas.


La neblina también trajo la luz, apareció en la hermosa cara de aquella joven mujer que vio a un ser humano perdido y caído con su sonrisa y dulzura, le vio así en el duro granito: este era árido hostil y duro. 


Una espléndida mujer ya octogenaria la levantó del suelo y a la joven mujer que estaba al lado de ella le produjo una emoción fina y suave como la lluvia llena de colores, llena de esperanza. 


Volver aunque la niebla te agarre la cintura y no veas más que tus pies en el suelo.


Volver aunque todo siga deprisa el sol la niebla los esteroides el ser humano corre a veces en masa va quizá deprisa de un lado a otro que muchas veces ni tan siquiera ellos saben a dónde van. 


Pero pienso en el significado de las grandes palabras y emociones de la existencia humana tales como AMOR CARIÑO EMPATÍA la niebla las envolvió y no podían verse.


De repente apareció el brazo de un niño chiquito agarrando al abuelete que era grande alto peinaba canas y era de piel cetrina. Ese niño salió de la niebla y sintió en su corazón pequeño un amor eterno para ayudar a los seres humanos. 


Yo sonreí había futuro la niebla se iba tornando en algo etéreo y el sol empujaba y peleaba para llegar cuanto antes a tu alma a la mía a la de ellos a los del miedo pasivo y a los que nunca se movieron. 


Sonríe Sonríe Sonríe que la niebla se llevó la pena la impotencia y la falta de solidaridad. 


El empuje de la vida permanece y al final apostemos por él.



Ana María Peláez Tapia

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