documentos de pensamiento radical

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lunes, 15 de diciembre de 2014

Tres relatos breves del libro PRESUPUESTO SIN COMPROMISO de RAMÓN SANTANA





El suicida tímido

Había una vez un suicida tan tímido que, asustado por las
previsibles y rimbombantes consecuencias que su muerte
depararía, decidió morirse de a poquito.
    Y así, un día se mataba una mano, otro día se mataba un
amigo. Al día siguiente se quedó calvo y al poco enterraba a
su perro. Después perdió los dientes y la vista.
    Trazó su plan con tal perseverancia y minuciosidad que
el día de su suicidio todos pensaron que había muerto de
anciano.



De la necesidad de los enemigos o diario de un funda-
                   mentalista demócrata


Intentando evitar enemigos eliminé de mi vocabulario las
expresiones sentenciosas, las palabras tajantes y las ideas ina-
movibles. Soy tolerante, borroso y dialogante. Los aspirantes
a ser mis enemigos huyen desconcertados ante mi cintura
esquiva. No tengo enemigos. No sé quién soy.
                    



La rana y el tigre


La rana en su alborotada huida cayó en una cueva húmeda y
oscura. Al instante las paredes de la cueva empezaron a segre-
gar un ácido abrasador que amenazaba con disolver su cuerpo.
La rana comprendió, entonces, que aquello no era una cueva,
sino el estómago del tigre. Aun así no intentó escapar. La rana
recordaba que fuera acechaba una fiera temible.



Ramón Santana. Presupuesto sin compromiso. Ed. Baile del Sol, 2014

domingo, 14 de diciembre de 2014

BESO EN LA MEJILLA




A las cuatro en punto de la tarde David tocó el timbre. Aunque
el sms sólo decía «Te pasas el lunes a las cuatro y me
configuras la impresora»; un fin de semana entero delante
de unos apuntes de termodinámica había convertido aquel
mensaje en algo que, sin serlo, se parecía bastante a una cita.
Eva tardó en abrir. David se la imaginó atusándose el pelo
en el espejo de la entrada. Abrió sonriente con una enorme
camiseta de Bart Simpson y un pantalón de pijama a rayas.
Llevaba las gafas en la mano.
—¿Dónde está el paciente?
—Ja ja. Pasa. Pasa. Menos mal que has venido.
—¿No quieres primero un café?
—Prefiero ver primero qué es lo que le pasa a tu ordenador.
El Pc estaba en su habitación. Ella se sentó en la cama.
—No parece que sea grave, tienes el buffer saturado.
Mira, reinstalo el driver, reinicio, y andando...
La impresora empezó a emitir los ruidos de una mala digestión,
mientras unos folios impacientes empezaban a caer
al suelo.
—Ahora te cancelo la impresión y listo.
—¿Y ya está? Eres un genio.
—¿Ahora te enteras?
—Te he hecho venir por una tontería. ¿Quieres ahora el
café?
—Si, ahora sí, mientras me embarga la satisfacción del
deber cumplido —dijo ahuecando la voz.
—¡Estás más tonto...!
Ella fue a la cocina a preparar el café y David empezó a
curiosear por el salón.
—¿Cómo lo quieres? ¿Con leche?
—No, yo lo tomo solo y sin azúcar, como los vaqueros.
La risa de Eva sonaba metálica desde la cocina.
—No sabía que te gustara Albert Plá — gritó David con
un Cd en la mano.
—Me encanta —susurró Eva que ya se encontraba con
una bandeja justo detrás de él.
—Perdona, no sabía....
—Siéntate.
Eva se acercó a poner el Cd en el reproductor. David se
percató de que estaba descalza.
—Me gusta estar descalza.
—Sí, sí, claro. —dijo azorado por haber sido sorprendido
mirando sus pies.
Eva se sentó a su lado en el sofá.
Hablaron por riguroso orden cronológico: de Albert Plá,
de impresoras láser y de chorro de tinta, de cuando se conocieron
en la librería, de lo estirada que era la dueña de
la librería, del jefe de Eva, del jefe de David, del parcial de
termodinámica...
Y mientras David intentaba explicar como funciona la
máquina de Carnot, los ojos de Eva empezaron a comportarse
como dos operarios de esos que aparcan los aviones
agitando frenéticos sus banderitas. Estamos aquí —gritaban—
¿no nos ves?
—¿Tú eres muy fantasioso, David?
—¿Cómo? —preguntó David sorprendido por la falta
de relación de su pregunta con sus explicaciones metafísicas.
—Sí, ¿que si te imaginas cosas?
—Sí, claro. Como todo el mundo, supongo.
—¿Y qué te imaginas?
—Todo el mundo imagina cosas mejores de las que vive.
—¿Y para esta tarde tú te habías imaginado algo?
—Silencio.
—Silencio.
—David, ¿a ti te decepciona la realidad?
—La fantasía está bien.
—¿Te basta con la fantasía?
—Silencio.
—Silencio.
—Yo podía haber imaginado que esta tarde tu Pc hubiera
estado lleno de virus y que...
—A mí no me hubiera importado que hubiera llovido.
—Silencio.
—Silencio.
—Silencio.
—Se está haciendo de noche.
—Y no llueve.
—Pero la impresora funciona.
—Sí, eso sí.
Sonó el teléfono. Eva se puso las gafas. Era su madre.
—No sé ni para qué cojo el teléfono —dijo mientras encendía
la luz.
—¿Pasa algo?
—No. Nada, nada. ¿Quieres otro café? —la voz sonaba
dura con tanta luz.
—Gracias, pero me tengo que ir, pero otro día me puedes
llamar sin la excusa de la impresora.
—Ven cuando quieras. Ya sabes donde vivo.
Se despidieron con un beso en la mejilla.

Ramón Santana. Presupuesto sin compromiso. Ed. Baile del Sol, 2014

sábado, 13 de diciembre de 2014

Dos relatos breves de PRESUPUESTO SIN COMPROMISO de RAMÓN SANTANA




Violencia de Medios


Una televisión muere arrojada por la ventana en Barcelona y
otra por disparos en Jaén.



*

Mundial 2006


Hasta hoy siempre que el hombre ha intentado construir un
hombre ha fracasado. Quién no recuerda la historia del gólem
judío de Praga, hecho de sangre, barro y un rayo de luna. Los
ingredientes son dignos del más sofisticado plato de new cocine
y, de hecho, el muchacho nos salió fuerte y servicial, pero
incapaz de descodificar las sencillas ordenes del rabino Lowy.
Nuestro cinematográfico Frankenstein tampoco tenía
muchas luces y a todos nos puso la carne de gallina cuando
jugaba con esa niña a arrojar margaritas en blanco y negro a
aquel riachuelo. Esa ingenuidad era mucho más terrible que
sus cicatrices y tornillos.
Más moderno es el robot casi humano de Asimov, amasijo
de cables y positrones, inteligente para el ajedrez, torpe para
la vida y nunca capaz de escapar de su complejo de patito feo.
Todos los hombres fabricados han sido un desastre. Tal
vez lo que falla es la materia prima y no se puedan fabricar
hombres con barro, ni con miembros cercenados a cadáveres,
ni siquiera con los avanzados positrones.
Pero, ¿y si fabricamos hombres con hombres? Me explico.
¿Y si fabricamos un hombre gigante con diez hombres?
Un hombre con la fuerza de diez, pero con una sola idea,
con una sola voz. Sería un gigante poderoso e invencible
¿Y si en vez de diez hombres, utilizáramos cien?, ¿o mil?,
¿o mejor cien mil? El gigante tendría una voz tan fuerte que
nadie podría no escuchar sus gritos.
Lástima que otra vez el engendro nos salga tonto y solo
grite: ¡GOOOOOL!



Ramón Santana. Presupuesto sin compromiso. Ed. Baile del Sol, 2014


viernes, 12 de diciembre de 2014

GATAS PARIENDO





Así escuchas las cosas de tu vida como el maullido de un gato al fondo del jardín

Te despiertas de madrugada y oyes al fondo muy al fondo ese remoto maullido de gato recién nacido

Y un verano y luego otro y otro más hasta llegar a esta noche

al fondo del jardín al fondo

Así escuchas las cosas de tu vida así escuchas las cosas del mundo
a oscuras de noche palpando el susto de no entender o el de no querer hacerlo

y ese gato no para de maullar y es una pequeña herida no sabes de qué no sabes de quién pero ahí está insistiendo clamando de hambre y noche al borde del peligro al borde del abismo al borde del jardín Un coche un faro luego nada

Y continuarán los maullidos más obcecados que tú y si no al tiempo al próximo verano hasta la próxima canícula sonido desvalido como una onomatopeya tan poco lírica que no la puedes escribir

Qué pensaría nadie y quién es nadie al leer esa onomatopeya tan líricamente escrita tan ridículamente sonora tan de viñeta de posguerra

pero suena suena cada noche

y tú para bordear la herida dices que así empezó todo con una onomatopeya con un sonido tan innombrable como ahora el insistente maullido del gato recién nacido convocándote a dónde pidiéndote qué

O quizá algo peor tal vez nada te convoque y tan solo te despiertas en medio de la noche para ser el precario testigo que no puede traducir una onomatopeya Eso te dices para bordear la herida

Escuchas el maullido del gato Has visto un hombre sin brazos al borde de la limosna has rozado la pierna perdida del animal en el pantalón doblado sobre el muslo has comprendido que la muerte es un ramo de rosas de plástico atado a un farol
y te has preguntado qué palabra no es una onomatopeya indescifrable, una persecución en la sombra

Un verano y otro al fondo de la vida al fondo del jardín al fondo del sonido

Y las gatas siguen pariendo sin parar y paren onomatopeyas que al fondo del jardín resuenan como las tablas de la ley 


Guadalupe Grande.  Animales entre animales.  Raspabook Ed. 2014
Pedidos: http://www.raspabook.com
Fotogafía de Juan Sánchez Amorós


jueves, 11 de diciembre de 2014

INCIDENCIA MORAL





Quien haya visto a Dios,
que levante la mano
y diga que no es cabra ni conejo,
ni toro ni libélula,
ni hormiga ni caimán;
que atestigüe que es hombre,
que nos aporte pruebas de que existe y es hombre,
de que es justo y es hombre,
y que todo lo hizo como lo haría un hombre;
nunca como lo haría un perro o un lagarto
sino con la conciencia brutal que alberga al hombre
para que sus hijastros se parezcan a Él,
para que no hayan dudas
de que el hombre es capaz de crear y matar
con la misma pasión que jura o que maldice.


Quien haya visto a Dios
que levante su mano y diga la verdad:
¿Qué dios resistiría la vergüenza de ser
el artesano de tantos asesinos?


KATY PARRA. Animales entre animales.  Raspabook Ed. 2014

miércoles, 10 de diciembre de 2014

LA ESPINA



Recuerdo que de niño
me gustaba cazar
saltamontes, gusanos, lagartijas,
ranas, grillos, arañas,
y los descuartizaba
sin ningún miramiento,
amparado en la dulce ingenuidad
del niño que no tiene
ni moral ni conciencia, y que no sabe
que la vida es un don irrepetible
dondequiera que esté.
Abandoné la infancia
dejando a mis espaldas un reguero
de alas y de patas, de ojos y de antenas,
de artrópodos y anfibios destripados.
Y me hice mayor, crucé la adolescencia.
El alcohol, los primeros cigarrillos,
la novia y el servicio militar
eran el prólogo de un libro
que me estaba esperando:
el mundo sin color de los adultos.
Hace años pasé la cincuentena.
Me casé, tengo hijos, el trabajo
apenas me permite contemplar
el paso sigiloso de la vida.
Soy un hombre sencillo. Escribo versos,
me gusta pasear sin prisa por el campo,
cuidar de mi jardín o jugar con mis gatas.
Se podría decir
que yo soy incapaz de matar una mosca.
Y es cierto. Me pregunto en qué momento
de mi vida empecé a sentir compasión
por esos animales
que comparten conmigo el existir,
y a entender que el afán
por matar, la crueldad y la barbarie
de quienes sacrifican vidas inocentes
de toros, de caballos, de gatos o de perros,
de gallos o de cabras
por placer, por estética, acaso porque sí,
tan solo porque sí
conducen al dolor
y a la infelicidad.
Escribo este poema
a la luz macilenta del recuerdo
para pedir perdón a tantos saltamontes,
gusanos, lagartijas, escarabajos, ranas,
hormigas, renacuajos, arañas o libélulas
a los que asesiné cuando era niño.
Apiadaos de mí, hermanos míos,
desde el confín azul en el que descansáis.
No puedo devolveros la existencia
pero en mi corazón seguís viviendo
como una espina dolorosa
que nunca deja de dolerme.

Juan Ramón Barat.Animales entre animales.  Raspabook Ed. 2014
Pedidos: http://www.raspabook.com
Fotografía de Juan  Sánchez Amorós

martes, 9 de diciembre de 2014

PERRO, CADENA Y ESTACA. (πr²)






El perro del almacén de palés
ladra cuando pasas frente a la valla.
Es un mastín que ladra desde el suelo,
tumbado bajo el sol,
muy cerca de su estaca.


No hay fiereza
en esa voz que lanza para nadie.
No hay alarma
en la profunda trinchera de sus ojos.
Hay campos en barbecho, y ráfagas de tierra.
Hay un calor de trigo y espejismo.
Hay noches, que no has visto ni verás,
donde a cada ladrido
responderá el inservible brillo de una estrella.


Que esto quede claro:
las estrellas no parecen ojos,
ni de divinos jueces son testigos.
Y también es inútil tu mirada.
Tú tienes una voz prestada, y él, un aullido sin respuesta.
Y estáis, los dos, muy dentro del silencio,
clavados en el centro de mil hectáreas de silencio y vallas.
Y sin embargo, calculas, como humano y racional,
la distancia entre el perro y la estaca.
Necesitas ese número que alguien dijo una vez
en el mostrador de una ferretería:
déme cuatro metros de cadena.


Recuerdas, porque eres descendiente de los griegos,
la fórmula del área de la circunferencia.
Pi por el radio al cuadrado.
Luego el perro, dada la longitud de la cadena, que es el radio,
tiene una superficie vital de 16pi metros cuadrados.


El perro del almacén de palés
ladra mientras calculas delante de esta valla.
Sigue ladrando sin rabia, sin voz,
desde una circunferencia real e imaginaria,


Y tú quieres seguir inundando de números el desierto.
Calcular ahora los años, cuánto tiempo
lleva el perro ladrando desde 16pi metros cuadrados;
para multiplicar por 365 y por 24 y por 60,
y hallar la inabarcable cifra del dolor que va sumando ese ladrido,
y luego seguir multiplicando hasta dejar de ser humano,
hasta que los números se ovillen de cansancio.


Te gustaría saber, porque perteneces a la gran cadena humana,
que parcela, calcula y progresa,
si preferirá el mastín girar en el sentido de las agujas del reloj o en el contrario.
Pero también sabes que no importa:
El sentido de las agujas es siempre clavarse en el tiempo y la conciencia.


Lo que sabes, tras los números, es esto:
el ladrido del perro es una bóveda cansada
bajo la que se resuelven, con indiferencia,
viejas controversias de geometría, de alquimia,
del alma de los indios, las mujeres,
los perros, los ángeles y demonios,
así como la historia del hombre en estos campos.
Donde tú eres eslabón,
e innecesario.


Te gustaría pensarte bajo el sol como una estaca.
Y que sean tus ojos la cadena,
y el perro el dios donde termina el mundo.
El alcance de tu mirada pi metros cuadrados
es el círculo de lo humano, antes de que empiecen
a tensarse en tu lengua los ladridos.


Y también hay cosas que no quieres imaginar.
Porque eres humano,
heredero de una larga estirpe de cobardes.


Me refiero
al mostrador de la ferretería,
al sonido de las monedas, de las cadenas,
y al eco de la estaca
mientras era clavada en una tierra
que no era todavía el centro de ninguna circunferencia.


Me refiero,
sobre todo,
a la incondicional alegría del mastín,
una vez cada dos semanas,
cuando se abre la puerta de la valla.


Diego Sánchez Aguilar. Animales entre animales.  Raspabook Ed. 2014
Pedidos: http://www.raspabook.com
Fotografía de Juan  Sánchez Amorós