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viernes, 14 de agosto de 2026

3 poemas de FARMACIA HOSPITALARIA de BERNARDO SANTOS

 


UNA HISTORIA

 

D

e la botánica a la farmacognosia.

De la farmacognosia a la química orgánica.

De la química orgánica a la bioquímica.

De la bioquímica a la inmunología y a la genética.

 

De la observación a la experimentación.

De la naturaleza al laboratorio.

De lo manual a lo industrial.

De la extracción y purificación al diseño y síntesis.

Del tacto al conocimiento, de la ceguera a la explicación.

 

De la comunidad a la empresa.

Del artesano al obrero de cuello blanco.

De la función social al lucro turbocapitalista.

Del primun non nocere de las profesiones sanitarias

al manibus sanguine respersis de la industria farmacéutica.

 

 


 

LA DOSIS

 

C

omo una obsesión

como un centro de gravedad

como una causa primera

la dosis es la piedra angular.

 

En el mimo de la calibración de la balanza

en la programación de la bomba inteligente

en el informe farmacocinético del viernes

en el último protocolo azul.

 

La dosis suficiente y no excesiva

que justifica una profesión

la dosis que cura, mitiga, coadyuva

o disminuye la pendiente

de la evolución del síntoma

en la ecuación exacta

en la comparación bayesiana

con los semejantes

que te cruzas en la acera

o en el simple cálculo

según la masa de tu cuerpo.

 

La dosis justa

que impide yatrogenia crónica

intoxicación aguda, secuelas, la muerte

y que justifica una profesión

casi como de ángeles custodios

de serenos en la noche.

 

La dosis calculada

para siempre, para todos

en el juego de la gallinita ciega

de los ensayos con voluntarios

más o menos sanos

a veces desahuciados

representativos de ellos mismos

y a la vez de todos nosotros.

 

La dosis en el tiempo

que justifica una profesión

la que la taquifilaxia

aumenta sin fin contra el dolor infinito

la que disminuye logarítmicamente

en la esperanza de un final

tras el enésimo brote, tras el primer debut.

 

La dosis de los niños, de los ancianos

de quienes no tienen riñón

de quienes nacieron con una proteína

que se sale de la norma

porque hay en ellos un gen singular

que codifica libremente

a quienes debemos cuidar su dosis

como una caricia, como un arrullo.

 

Una obsesión, un centro de gravedad,

una causa primera, una piedra angular.

 


EL FARMACÉUTICO

 

D

icen, un farmacéutico

y dan continuidad a sus asuntos. Me señalan

y dicen, un farmacéutico y no mienten.

 

Yo asiento, sí, un farmacéutico en el valle del Guadalquivir,

un farmacéutico a caballo entre dos siglos,

un farmacéutico que buscó la liberación en teología,

un farmacéutico que habitó seis casas, que meció tres cunas.

 

Dicen el todo en una de sus partes y tú me reconoces,

como digo yo la parte por el todo para otros,

el panadero, la florista, la directora.

 

El autobús que ahora me soporta es gobernado

por aquella de la que yo diré la conductora

y dentro va sentado aquel a quien llamo el profesor

y aún a su lado a la que llaman la arquitecta.

 

Estas cosas pienso y no me llaman pensador

ni me gritan ¡ahí va el poeta, el ciclista, el cocinero !

 


 Bernardo Santos. Farmacia hospitalaria. La Imprenta, 2026

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