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miércoles, 13 de mayo de 2026

DULZURA

                                                                                                                                     



                                                                                             para Eladio y José Manuel, maestros albañiles




No hay dulzura en el capitalismo,

 

no la anuncian

un ejército de corbatas,

una fila de apartamentos en primera línea de playa,

un pueblo asustado, una caja registradora,

un ombligo obnubilado por el espejismo de sí mismo.

 

No hay dulzura

en la producción sin límites,

en el consumo sin límites,

en la bulímica indigestión de la abundancia

sin límites.

 

No hay dulzura en la línea de control del aeropuerto,

en el chaleco antipersonas de la policía,

en los escaparates de humo de la calle Serrano,

en los altos despachos de la mediocridad caníbal.

 

Todo en el capitalismo trabaja contra la dulzura.

 

Escribo para que no nos hagan pasar lo amargo por dulzura,

escribo para que la dulzura no desaparezca

como desaparece todo lo que no genera beneficios.

 

Sin dulzura, ¿cómo hará el albañil una buena casa?

 

Escribir sobre la dulzura huele a despropósito

cuando tendría que escribir sobre las catástrofes,

 

pero qué le voy a hacer

 

escribo porque reivindico la dulzura

desde un bajo interior entresuelo sin luz

y un bozal de premio,

por no querer tocarle las palmas

 

al capitalismo.

 

Escribo

para que lo amargo

no se confunda con la dulzura.



Antonio Orihuela

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