documentos de pensamiento radical

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domingo, 2 de agosto de 2015

Son cosas de la vida…



Hay gente que a lo largo del día
acaricia más veces la pantalla táctil de su móvil
que a su pareja,
son cosas de la vida.
El mundo occidental
que presume de ofrecer
el mayor nivel de bienestar a sus habitantes,
es donde se encuentran
el mayor número de personas deprimidas y angustiadas,
son cosas de la vida.
En la última huelga general,
los antidisturbios no lanzaron ni una sola
bala de goma a los manifestantes,
sin embargo a mí me dio una en la pierna
y una chica se ha quedado sin vista en el ojo izquierdo,
son cosas de la vida.
“Prefiero no darle nada porque
se lo va a gastar en droga o en alcohol”,
piensa un usuario del metro,
que aún tiene entre los labios el sabor del porro
que se ha fumado al salir de casa
y está pensando en la borrachera que pillará esa noche
con unos colegas,
 ante la demanda de un destartalado pedigüeño,
son cosas de la vida.
El presidente de la patronal insiste en decir
que para generar trabajo
hay que abaratar el despido,
son cosas de la vida.
El sr. Boi Ruiz, conseller de sanitat
de la Generalitat de Catalunya
en una declaraciones acerca de la aplicación
de la tasa del euro por receta,
afirmó:
“crec en el concepte solidari d’aquesta mesura
 i no cumplir-lo será perjudicar al col·lectiu”,
son cosas de la vida.
El sillín donde apoltronan sus posaderas
miles de barceloneses para moverse por la ciudad
de forma ecológica y sostenible (bicing)
pertenece a una empresa norteamericana (clear Channel),
que entre otras cosas,
financió la campaña del Sr Bush a favor de la intervención militar en Irak,
algo muy ecológico y sostenible,
son cosas de la vida.
Para poder pagar la niñera o la guardería de tu hijo,
tienes que trabajar más
y al trabajar más,
estás menos con tu hijo
y más necesitas de una niñera/o
y para pagar una niñera/o tienes que trabajar más…
son cosas de la vida.
Te obligan a ser pacífico
a golpe de porra,
son cosas de la vida.
Aquellos que son culpables de generar
la mayor violencia estructural de los últimos tiempos,
es decir,
aquellos que echan a la gente de su casa,
aquellos que matan a gente a través de recortes en sanidad,
aquellos que aplauden la impunidad policial,
aquellos  que están empeñados en transformar
el contexto laboral en una moderna esclavitud
y aquellos que están llevando a la miseria
a cada vez más gente,
afirman que es muy grave y radicalmente violento,
que un grupo de gente se manifieste delante de su casa,
son cosas de la vida.
El otro día una amigo,
orgullosísimo de sí mismo,
me confesó que había logrado dejar de ver la tele
y esto me lo decía sin levantar la vista de su móvil,
aparato al que está conectado casi las veinticuatro horas
como un apéndice vital que le nace de la mano,
son cosas de la vida.
Y así sucesivamente
y casi sin fin,
la vida está repleta de cosas,
que tan solo son…
cosas de la vida.

Andreu Aisa Vázquez. Palabras de barricada: una recopilación de anarcoversos, Queimada Ediciones, Madrid, 2015

sábado, 1 de agosto de 2015

2 poemas de ABEL APARICIO en PALABRAS DE BARRICADA: UNA RECOPILACIÓN DE ANARCOVERSOS


#resistenciaminera



Todo era sombrío,
la resignación oteada
a escasos metros
y las rodillas,
con asiduidad,
eran convocadas
por la tierra.

Después de todo,
muy pocos se molestaron
en enseñarnos lo contrario.

Nos decían sí o no
y obedecíamos
obviando el derecho
a ser escuchados.

El botín estaba repartido,
las cartas –marcadas- boca arriba
y su amable displicencia
clavada en nuestras espaldas,
porque ya no nos quedan
más mejillas que poner.

Hasta que en las calles,
con vuestros focos,
iluminasteis el camino
y nos enseñasteis
a desterrar la derrota,

también
-y en mayor medida-
a ser dignos
de mirarnos
a la cara.



En el hospital


A mi abuelo Valentín

Diez días en un hospital,
boca arriba.
Diez días sin moverse
y sin poder operarse.
Su reloj marca 91 años
y una cadera rota.

Callado mira el televisor.
Hoy inauguran una línea de AVE,
dan la cifra oficial:
tres mil setecientos millones de euros.
Cierra los puños y mira al techo
como lleva haciendo diez días.
Diez días sin poder operarse.
Tres mil setecientos millones de euros.
Sus puños siguen cerrados.

Gira su cabeza y me mira,
no dice nada.
Sigue buscando respuestas.

Colegios con lecciones bajo cero.
Comedores cerrados y
contenedores abiertos.
Pueblos con urgencias
en estado de emergencia.
Pensiones con amenaza de jubilación.
Desahucios bajo el invierno.
Justicia con el juicio perdido.
Corrupción aprobada
por mayoría absoluta.

Y diez días.
Diez días con la cadera rota.
Noventa y un años.
Ojos clavados en el techo.

Tres millones setecientos mil euros.


Abel Aparicio. Palabras de barricada: una recopilación de anarcoversos, Queimada Ediciones, Madrid, 2015

viernes, 31 de julio de 2015

7 poemas de libro UN VAGO TEMBLOR DE RODILLAS EN EL CORAZÓN de INMA LUNA




Das un paso.

No sabes si te acercas o te alejas,

pero sientes alivio
y lo agradeces.



 *



Qué ganas de estar contenta
levantarme contenta de la cama
subir esta persiana
y ver vuestra alegría.


 *




La incertidumbre vive en el estómago
puedes alimentarla con el miedo

o la osadía.



 *




Tan lejos de mi centro
sin nortes ni sures

gana la deriva




 *


Todas las patatas de la cesta
han echado raíces
se las arranco y noto
su desconsuelo




 *




Dormir
que mañana sea limpio
que me guste.




Inma Luna. Un vago temblor de rodillas en el corazón. Ed. Crecida, 2015

jueves, 30 de julio de 2015

4 textos de Paco Gómez Nadal




Fórmula para la gestión proporcional de la vida

Dedíquese un tercio de la vida al sueño
Un tercio del salario a la vivienda
Un tercio del amor a la sospecha
Un tercio de las emociones al zapping
Un tercio de las erecciones al suicidio
Un tercio de las ojeras al miedo
Un tercio del miedo a los otros
Un tercio del sueño a las pesadillas
Un tercio de cada tercio al banco
Un tercio del destino a lo improbable
Y la mitad, solo la mitad de cada tercio de lo que somos, a tratar de parecernos a lo que deberíamos ser.


Lo que somos

Solo seremos lo que hayamos luchado. Cada una en su medida, en su trinchera, en su incómodo espacio de resistencia. Solo somos lo que ya hemos dejado de ser: la renuncia a lo adquirido, el desaprendizaje de lo adherido a nuestras pieles, la pelea cotidiana con un espejo al que nos enfrentamos sin saber. Solo podemos ser lo que anhelamos sin miedo: la apuesta por la vida, la defensa de la dignidad ajena, el cuidado delicado de la propia, la búsqueda incesante de la colectiva. Somos más de lo que creemos y menos de lo que tenemos. Somos. Y, al ser conscientes de que ser no es suficiente, andamos acomodando una forma de estar en este mundo cada día más estrecho, más violento, más imprescindiblemente cambiable. No somos hijos de nuestro tiempo, sino padres del porvenir. La siembra comenzó hace siglos y nosotros apenas continuamos aireando la tierra y regando la simiente. No es poco.


Día de elecciones

Cuando es día de votaciones me encierro en los armarios. Los recorro en busca de alguna certeza con alma de polilla. La oscuridad me ayuda a abrir los ojos. Miro con el intestino justo en las zonas donde los abrigos me recuerdan que ya es verano. Hace frío. Nada encaja en el armazón de mis convicciones. Tampoco pasa nada. Flexiono las rodillas para hacer (me) un ovillo con las (mis) preguntas. Al hacerlo, siento que estoy desnudo: no hay otra explicación para sentir mis gemelos rozando la piel de mis nalgas. Pienso en algo desagradable y me masturbo sin ganas para que la jornada dé sus frutos. Ya está, he botado parte del limpio pesar que cuelga de las perchas. Espero la señal para salir, pero los corifeos de la democracia andan silentes: la voz la empeñaron en las mentiras de campaña. Mi voz, la mía, también se queda muda en la noche de las constancias.


Jueves (10:06 a.m.)

La vida me arrolla algunos jueves. Comprender a la humanidad, evitar mi derrumbe, gestionar la tarifa infinita del móvil, convivir con la indolencia, sobrevivir a la torpe manía de sobrevivir, romper la monotonía, aprender a cocinar sin trigo, llamar a las cosas por su nombre sin que invocarlas hiera a los iguales, sacar la basura humeante por mi falta de cuidado, cuidar de las dos tristes plantas que flanquean el regalo del reposo… Demasiadas cosas insignificantes como para no gastar tres minutos en recordar que esta mañana olvidaste tu aliento en mi nuca y que, por tanto, tendré que lidiar el resto de la jornada con tu ausencia.


Paco Gómez Nadal. Inéditos

miércoles, 29 de julio de 2015

2 poemas de Patricio Rascón en Palabras de barricada: una recopilación de anarcoversos.





ONDAS

una cárcel

dentro de la cárcel
una escuela

dentro de la escuela
una iglesia

dentro de la iglesia
un cuartel

dentro del cuartel
un banco

dentro del banco
un cementerio

dentro del cementerio

nada

solo soy un niño
que arroja piedras en un estanque



EL HUERTO

en casi todos los trabajos que tuve
solían acusarme de ser demasiado lento

me decían
así no llegarás nunca a ninguna parte

ahora cultivo un huerto
y estoy sentado en un muro de piedra seca
con los ojos entornados
mientras escucho los balidos y los cencerros de las ovejas

sin embargo
tengo la sensación

de que nunca avancé tan rápido


Patricio Rascón. Palabras de barricada: una recopilación de anarcoversos, Queimada Ediciones, Madrid, 2015

martes, 28 de julio de 2015

EL RESTO DEL MUNDO



La O.N.U. acaba de finalizar la encuesta más grande de su historia.
La pregunta fue la siguiente:
Por favor, diga honestamente, qué opina de la escasez
de alimentos en el resto del mundo.
Los resultados no han podido ser más desalentadores.
La encuesta ha sido un fracaso descomunal:
Los europeos no entendieron qué significaba  escasez.
Los africanos no sabían qué eran  alimentos.
Los israelíes no entendieron qué quería decir  por favor.
Los yanquis preguntaban qué significa el  resto del mundo.
Los chinos y cubanos pedían
que les explicaran el sentido de  qué opina.
Y en el congreso argentino, colombiano, chileno, boliviano,
peruano, brasileño y venezolano… hasta hoy se debate
sobre qué quiere decir  honestamente.


ÁNGEL PETISME, Palabras de barricada, Queimada Ediciones, Madrid, 2015, pág. 143

lunes, 27 de julio de 2015

LA CASA ROJA Y NEGRA

                                                



Pájaros
cerca de mi boca

Antonio Orihuela


La casa roja y negra era un enjambre de utópicos /
una mancha vespertina en medio del retamar /
encendían fogatas al respaldo del montón de leña /
y se pasaban la noche cantando canciones aromáticas /
acompañados por el ritmo de guitarras y violines /
timbales y cajones.

No todos fumaban canutos u otras yerbas /
algunos tomaban horchata o zumos naturales.

A veces se paraban los ritmos /
escalera de madera
con diez peldaños de madera
y una voz rasgada al viento /
leyendo poemas a palo seco
dentro del vientre de la escalera
de madera.

Los ritmos del silencio y la reflexión hacían acto
de presencia en el descampado de las ideas /
y las llamas de la candela purificaban
los desenfrenos / había risas y
conversaciones bajas en decibelios /
altas en intentos de diversidad poética /
las flores coqueteaban con los insectos
y la escalera de madera
con diez peldaños de madera /
bajaba a los pájaros
a los pies de la tierra.

La casa roja y negra era un enjambre de utópicos /
volaban bandadas de luciérnagas linternas
a la búsqueda contemplativa de la luz
del salto de los salmones / había pósteres
tierrafirmistas / acompañando la humedad
viviente de las paredes / y en la entrada
del salón comunitario / daba la bienvenida
el vuelo delicado de una cesta adornada
con manzanas del tiempo y
preservativos en apuros.

La casa roja y negra era un enjambre de libros
con el ulular del búho / volando dentro
de una sílaba suelta
en el vientre de la escalera
de madera.

Por turnos
resolvían la gobernabilidad interna
con la sencillez pausada del transitar
contemplativo del vuelo de los camaleones /
a un grupo le tocaba fregar el aire
de los platos / limpiar el polvo
de las rosas y recoger la leña
seca / y al otro acompañar
las estelas viajeras de las
estrellas fugaces / en el
charco de la belleza.

La casa roja y negra era un enjambre de ritmos /
pájaros que cantan al resplandor
de la candela / cuerdas que rasguean
atraídas por la luz de la flor nocturna
que abre los pétalos / al almíbar
de las minorías.

La casa roja y negra era un enjambre de aprendizajes /
volaban pedales de bicicletas para ayudar
a desterrar al amo / que todo hijo
de vecino / llevamos dentro
del vientre de la escalera
de madera.


Eladio Orta. En Palabras de barricada; una recopilación de anarcoversos. Fernando Barbero Carrasco (coordinador). Queimada Ediciones. Madríd, 2015