documentos de pensamiento radical

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martes, 26 de marzo de 2019

poema dedicado a antonio orihuela





le llegaba al correo electrónico
la petición de 1 prólogo
cada 20 horas

hagan cuenta de cuántos prólogos
escribía al año

llevo 1 año sin escribir 1 poema

pídele una receta a tu médico de cabecera
para que te recomiende un prologado y
merecido reposo prologal y

si el brebaje no te funciona
fabrícate un cartelón y

colócalo en el blog de “voces”
que ahí tienes mano:
¡el poeta escribe versos / no prólogos!

y
si te sigue sin funcionar
el proyecto de rehabilitación resurreccional


te doy (mi tu) palabra de que aquí me tienes
para enfrentarme a las sanguijuelas
chupadoras del elixir poético

primero: no volveré a pedirle
un prólogo a nadie

ya me advierte david trashumante
de que tengo la cara muy dura

segundo: no volveré nunca más
palabrita de hermano— a recomendarte
cuando me pidan un prólogo

creo que no diré nunca más:
antonio orihuela no
te va a decir que no

tercero: enterados quedamos /
quedamos enterados / ¿no?

no la volvamos a espichar y
escribamos en nuestros blogs

facebook / twiter y demás locutorios:
¡el poeta escribe versos / no prólogos!




eladio orta



lunes, 25 de marzo de 2019

Para Mir




Nuestro amor
se mantiene
caminando
sobre
las delgadas cuerdas
que, vibrantes, componen
nuestro frágil universo.
El fracaso del unicornio
ignorante
de la teoría de cuerdas
fundamento
de una teoría
del todo,
equivalente
a una teoría
de la nada
pues nada somos y en nada nos convertiremos.
Nuestro amor
perdurará
gracias a la necedad
por sobrevivir
de delfines, jirafas
y osos polares.



Manuel Martínez Morales

domingo, 24 de marzo de 2019

Sobre LAS OTRAS CARAS DE LA MONEDA de Rafael Alcalá


                           

Tras un período de doce años de apartamiento del mundo de la publicación, e incluso de su ambiente, el escritor malagueño Rafael Alcalá nos sorprende con un libro de microrrelatos titulado Las otras caras de la moneda, publicado en Amazon KDP. De este inesperado y sorprendente libro he de confesar que, tras una primera lectura, me he deleitado con casi todos los microrrelatos (41) que componen este volumen. El autor sabe manejar el empleo de la palabra justa y la frase bien construida, al tiempo que las breves historias las desarrolla con mucha rapidez, con apenas cinco o seis líneas logra que uno se sumerja en una historia desconocida y ajena, donde siempre destacan la ironía, los toques poéticos y los ataques a lo comúnmente admitido, a lo previsible o aceptado por regla general. En cuanto se refiere al ritmo, R. Alcalá sabe crear un significativo suspense, ciertas expectativas que, a veces, violenta, generando sorpresa y dejando una incierta pero afortunada sensación en el lector. Con un tempo muy logrado, los textos atrapan con rapidez, como debe ser en un relato breve, sin dejar respirar ni pensar al lector. Al igual que en sus poemas, hay un apreciable y generoso sentido del humor que hacen más livianas algunas de las tragedias que menciona; algunas desmesuradas, y otras más abundantes y cotidianas. Sorprende que, en contadas ocasiones, el autor se valga de la personificación de objetos, tales como zapatos, teléfonos u ordenadores… Incluso, humaniza al viento. También hay que destacar la originalidad de los enfoques en ciertas historias, con momentos de sorpresa que asombran al acomodado lector, al menos en un primer momento, que no espera tales registros, rompiendo la lógica dominante, lo previsible. En algunos mirorrelatos existe un breve apunte de crítica social, una velada invectiva contra los ambiciosos, contra los partidarios de la mera acumulación sin más, verdadero mal de la sociedad actual. Respecto a los finales, comentar que me han sorprendido gratamente en muchas ocasiones por inesperados, zanjando o cerrando la historia, a veces a modo de conclusión, sin réplica posible, dotando al texto de un cierre sin fisuras, clausurando el relato de un modo contundente, en alto. Resumiendo: sutil ironía, buen ritmo que va forjando expectativas, con leves apuntes poéticos y surrealistas, una dosis de mala leche muy justificada con los homínidos o paisanos… que consiguen que gran parte de las narraciones dejen un buen sabor de boca. Personalmente, recomiendo la lectura de este libro, ya que, haciendo mío parte del texto de la contraportada de esta obra, que dice que la lectura del contenido habrá de producir “la sonrisa del lector, la reflexión, o bien todo lo contrario”. A título personal, repito, recomiendo esta obra muy especialmente si el posible lector quiere pasar un buen rato, pero un buen rato nada rutinario y sí muy original.
                                                                                                              MANUEL VARO

sábado, 23 de marzo de 2019

DOS POEMAS DE FERNANDO CABRITA





De la soledad de Dios.

Y dijo Dios: ¡mi Dios, mi Dios, mi Dios!

¿A quién abrazaré en invierno?

¿Al oído de quién susurraré poemas tontos de amor?

¿A los pies de quién dejaré des perles de pluie

venues d’un pays où il ne pleut pas ?

¿A quién, dios mío, a quién cantaré ne me quitte pas?







Hablo de un hombre.

No de un nombre, sino de un hombre, hombre o mujer.

Que su nombre sea Blas, Mahatma, Dolores, Espartaco, importa poco,

Tussein, Bernardette, Tupac, Rosa, no interesa.

Es de un hombre que estoy hablando, no de un nombre.

De un hombre que sin embargo aunque tenga para sí mismo,

pide para los demás el pan y la justicia.

Un hombre que sube al plano de los dioses

y tiene en sus ojos la luz que deslumbra todos

los infiernos y todos los paraísos

y un alma encendida de sueños.

De su voz nacen lunas y claveles

brújulas y poemas,

los vientos y los pastizales,

como si llegaran ángeles a hablar por su boca.

De sí mismo, fatiga y lágrimas, surgen todas las bendiciones de la tierra,

renacidos octubres,

la claridad más grande y más limpia.

Se puede escuchar el agua correr, igualitaria y libre.

Es de ese hombre que estoy hablando.



Fernando Cabrita.

viernes, 22 de marzo de 2019

Poema para Spot, (que debe ser perro toda la vida)




Para aquellos que aman a los perros. Y para aquellos que no



… y el perro mira a los hombres que hablan de sus cosas

de motores y altos cilindrajes y pagarés sin pagar

y de sus negocios de hombres y de sus vidas envueltas

en prisa y demasiada irracionalidad,

sentimientos que el perro no entiende

solamente se da cuenta – o lo supone –

que de vez en cuando lo miran

incluso cuando solamente miran

no más que la vieja distancia, la tristeza y el vacío de los días que han pasado

y su cola se columpia

como si quisiera decir algo

alguna frase

una simple idea

alguna cosa como descuida

no es tan malo, estoy seguro

no puede ser tan malo

El perro es libre precisamente

porque tampoco eso sabe

y su libertad es tan intrínseca

como el deseo del hambre en su vientre y tan externa

como una gota en su hocico

o el pelo enrollado detrás de las orejas

cosa que él siente sin tener que preocuparse demasiado

perro destinado a ser no más que perro

y feliz por eso

sin planes de vida

sin aguardar a una novia núbil

que le salude desde la barra de un bar

perro que ha sido lozano y no le importó si tuvo acné

o cualquier garrapata durante la primera primavera

perro sin ambiciones de asistir a una Universidad

a menos que allí tenga amigos que le den las sobras de la cantina

o un campamento de verano

o un círculo de lecturas a donde van los poetas tristes a decir

sus versos aún más tristes

perro como debe ser meneando la cola olfateando

mirando el viento distante a la expectativa

de algunos olores sugestivos

mirando las cosas y a las personas que el paisaje mueve

mirando como si fuera un marinero en la gavia

como un navegante renacentista consultando

los mapas genoveses al salir hacia el más lejano de los mares

El perro nunca ha oído hablar del portulano Mediceo Laurenziano

ni tampoco supo quién ganó ese partido

quizás una final

que cada semana

los señores expertos discuten en radio y televisión insultándose

ni ha leído jamás Las Siete Rosas de Celán

ni se molesta en averiguar quién es ahora mismo

el Papa

o que rumbo elegir para el próximo viaje

o lo que después de todo es un viaje

y si los hoteles están completos

e incluso si acepten Visa a punto de expirar

pues todo él es ya un viaje de cuatro patas y un

motor natural de muchas velocidades que

trabaja en partidas y paradas repentinas

pero es feliz si siente que los hombres que hablan

están felices y

concede su espalda a aquellos que quieren acariciarle

y lo hace sin preguntas

y late cuando piensa que es buena ocasión para eso

Su mundo es de una compleja sencillez

y ahí hay gatos que pasan

sueños que nunca narró a nadie aunque a veces tenga ganas de narrarlos

y un árbol que siempre olfatea para conectarse con el universo

que está dentro del árbol

o por lo menos alrededor del árbol

y que cada día huele como un planeta y otro planeta, nunca el mismo y

es un perro sin horarios que nunca tuvo curiosidad por entender

esas cosas redondas con símbolos que adornan las iglesias y

el edificio del Ayuntamiento y

las muñecas de los hombres que hablan

donde giran unos hierros cortos lanzas como esas

que utilizaban los vigilantes

y que a veces están clavadas y más grandes en cercas de jardines

para que él no entre

y su existencia se rige por el equilibrio diverso de los días y

de las noches

y la sucesión de días soleados y días de lluvia

y del camino que conoce y de ese que desconoce y que sin embargo conducen

ambos al mismo lugar encantador donde habrá

sin duda algo nuevo para husmear y algún otro árbol donde

se ocultará todo un universo enterito para empezar

y un archipiélago de sonidos y voces incomprensibles pero alegres

y la hierba que invita al sueño y la pereza

y es por eso que él es un perro pero es improbable que pueda ser algo más que un perro

perro como ese de Ferlinghetti o uno de esos

que también existen y que Álvaro de Campos cantó mientras

miraba afuera las calles y las tiendas

y es un perro como una rosa es una rosa

como una estrella es una estrella

o un hibisco es un hibisco

o un cráter es un cráter

y por eso él mira a los hombres que hablan de sus cosas

y de sus motores de altos cilindrajes y pagarés sin pagar

y de sus negocios de hombres y de sus vidas envueltas

en prisa y demasiada irracionalidad

y menea su cola porque afortunadamente esos hombres le gustan

francamente le gustan

pero no consigue comprenderlos




Fernando Cabrita
Olhão, 13 de maio de 2016
Fotografía de Juan Sánchez Amorós



jueves, 21 de marzo de 2019

2 poemas de DUDU FERNÁNDEZ




Herencia.
(A mis hijos)

Os dejo tres poemas inconclusos y algunos versos sueltos,
unas cuantas caricias para las caídas futuras,
las palabras de aliento que nunca he pronunciado.

Os dejo la rabia, preparada para el disparo,
la vergüenza de mi fracaso envuelta en buenos deseos,
un cajón lleno de buenos propósitos sin fecha de caducidad.

Os dejo tres recuerdos amargos que os mantengan atentos,
tres promesas vacías que necesitan ser llenadas,
tres preguntas a las que abandonaron las respuestas.

Os dejo el miedo a punto de ser domesticado,
la pasión por el futuro con el chupete puesto,
la solidaridad intacta y con garantía en curso.

Y, sobre todo, os dejo con un deber:
que la herencia que dejéis a vuestros hijos
germine en la revolución que no me atreví a comenzar.



Renuncias.

Nunca grabé un corazón
en el tronco de un árbol.
(No por conciencia ecológica
sino porque nunca
compartiríamos el mismo bosque)
Nunca tallé nuestras iniciales
en aquel banco junto a la fuente.
(No por evitar el vandalismo
sino porque nunca
nos esconderíamos en los mismos rincones oscuros)
Nunca me tatué tu nombre
en el pecho.
(No por miedo al abandono o a ser un hortera,
sino porque nunca
disfrutaríamos el mismo desnudo)

Nunca te tuve a tiro de beso.
Pero sí a distancia de verso.
Y creo que fue lo mejor para ambos.


Dudu Fernández. 

martes, 19 de marzo de 2019

MILÁN Zapatos





Primero, sonrisas al descubriros. Después, disparos de deseo os atraviesan como en esos duelos en los que ambos contrincantes salen heridos. Tranquilos, por vuestra ropa impecable y esa elegancia con la que sujetáis los cócteles, nadie sospecharía que acabáis de acribillaros a miradas: nuevas cicatrices que se suman a las que acumuláis desde hace ya tiempo, por lo menos un año.

Ese chico me gusta, repites cada vez que lo ves. “Coincidís” en la puerta del baño: hasta ahora nunca habías hecho algo parecido. “El amor me arrastró”, dirás mucho más tarde arrepintiéndote por la afectación de tus palabras. Con cierta timidez os cedéis el paso sin que ninguno se mueva. Después, miráis a ambos lados y, como dos niños traviesos, os metéis en esa caja de zapatos: porque el baño es una caja de zapatos y el deseo que os envuelve, transparente papel de seda. Él roza tu boca y luego sonríe: su mirada son dos velas azuzadas por las corrientes que generan la búsqueda de tus ojos. Te sientes afortunada por tenerlo contigo pero, cuando menos te lo esperas, desaparece por tu vientre. Te dejas llevar justo hasta que tu desconcierto, como una mala hierba, florece a ras de suelo: no se ha detenido en la parada de tu entrepierna y después de descender por el acantilado de tus muslos, agarrándose tan solo del vértice de su lengua, descansa en tu calzado.

Lame tus zapatos. Lame tus zapatos. Lame tus zapatos. Eso no aparece en ninguno de los cuentos que has leído. No comprendes nada, no sabes cómo actuar. Si acaso crees  recordar que alguien, en algún momento, te probaría un zapato, pero no que te lo lamerían. Lame tus zapatos. Y cuanto más lame, menos entiendes, como si su saliva borrara tu juicio al tiempo que lustra tu calzado.

Ríes: es una risa poco convincente. Das una orden, intentas que parezca definitiva, algo como “quita, tío”, acompañado de un par de carcajadas para amortiguar la dureza de tus palabras, como cuando escribes “gilipollas” en un mensaje y luego añades “ja, ja, ja”. Pero no te hace caso. Entonces intentas deshacerte de él, alguna que otra patada se te escapa mientras se aferra abrazado a una de tus piernas. Así estáis durante un tiempo que apenas sabes concretar. Por fin consigues liberarte y abrir la puerta mientras él rueda por el suelo, como esos objetos que caen de los armarios desordenados y rebosantes. Intentas salir como si no hubiera pasado nada, recuperas el equilibrio sobre la cuerda floja de tus tacones de aguja. No miras atrás.

Cuando se lo cuentes a tus amigas, cuando digas que lo querías pero de otra forma, cuando les preguntes si vas a necesitar unas sesiones de psicólogo, una de ellas te dirá lo que tú ya sabes: “¿para qué?, ¿para entender qué es el verdadero amor? Precisamente es eso: uno que da patadas y otro que no quiere soltarse”.

Tirso Priscilo Vallecillos. Cartografía urbana del deseo (Ediciones en huida, 2017)
Ilustración de Jesús Arnau