documentos de pensamiento radical

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jueves, 18 de diciembre de 2014

MALA EXCUSA




No lloro. Se me ha metido tu nombre en los ojos.



Ramón Santana. Presupuesto sin compromiso. Ed. Baile del Sol, 2014

miércoles, 17 de diciembre de 2014

FUMADORES TERRORISTAS ECOLÓGICOS

       



Las autoridades sanitarias advierten: El humo contiene bence-
no, nitrosaminas, formaldehído y cianuro de hidrógeno
    Lo del cianuro acojona al más «pintao». Eso es cierto. Pero
lo de las nitrosaminas, no me digáis. A mí las nitrosaminas
me suenan a bífidus activos y Pharmathon complex y cosas de
esas sanas con proteínas. Un poco ambiguo el mensaje. Si es
que los buenos publicistas están haciendo anuncios de com-
presas, «Hola, soy tu menstruación». Eso sí que mola.
    Además hablan del humo, ¿de qué humo? Hay muchos
humos, ¿pero es que yo por el contexto debo deducir que se
trata del humo del tabaco? Claro, si se supone que entre mi
vocabulario pasivo se encuentra formaldehído, sabré tam-
bién que se trata del humo del tabaco porque el mensaje vie-
ne en un paquete de Cámel. No se trata del inofensivo humo
de los tunning con tres tubos de escape, ni de los ecológicos
humos de la central térmica que no contienen cianuro ni
benceno ni cosas de esas malas. El humo de las centrales
térmicas contiene azúcar glasé y perfume de lirios. Eso reza
en los letreros de la entrada de la central. Esta central es cien
por cien inofensiva con el medio.
    Y es verdad, el medio siempre que puede lo dice. Si a mí
las tres toneladas de dióxido de carbono de la central térmica
me la refanfinfla. A mí, de verdad, lo que me hace daño son
los tres miligramos de nitrosaminas del humo del tabaco.
    Las autoridades sanitarias advierten, y advierten mucho
y advierten bien (arial 25, por lo menos), pero creo que ad-
vierten a los que no deben

Ramón Santana. Presupuesto sin compromiso. Ed. Baile del Sol, 2014

martes, 16 de diciembre de 2014

EL CASTIGO DE LOS SUICIDAS

                
La gravedad bostezaba precisa su rutina. El suicida atrave-
saba la planta 37 en 0,24 segundos, exactamente el mismo
tiempo que tardaría un ladrillo o una pluma si no tuvié-
ramos en cuenta el rozamiento. Sus ojos buscan por todas
partes esa vida en fotogramas que Hollywood tantas veces le
había prometido, pero nada.

    Aparece un ángel. Algún optimista querría confundirle
con el ángel de la guarda. Piso 23, ya sólo 0,18 segundos.
Movimiento uniformemente acelerado. El suicida ya murió
cuando hace 3,57 segundos decidió saltar. El ángel no puede
hacer nada, sólo acompañarle hasta el final. Si al menos hu-
biera un túnel con una cegadora luz blanca.

    El ángel le pregunta por qué saltó. Piso 8, 0,11 segundos.
El suicida recuerda que desde el piso 21 ya no recuerda el
motivo de su suicidio. Sólo sabe que era necesario. Piso 5, el
ángel le pregunta quién es. Desde el piso 15 no sabe quién
es. Sólo cae. Piso 0, el suicida cierra los ojos y sólo es un niño
que no quiere irse tan pronto a la cama. Piso -2, 3,2 siglos, el
ángel reprende a la gravedad por su comportamiento irres-
ponsable. Piso -23, el ángel se olvida del suicida y comienza
un tristísimo devaneo intelectual sobre la impenetrabilidad
de la materia. Piso -1975, la lógica y la dialéctica son unas
mandíbulas que mastican una pasta formada por un ángel y
un suicida tatuado de números y complicadísimas fórmulas
gravitatorias.


Ramón Santana. Presupuesto sin compromiso. Ed. Baile del Sol, 2014





lunes, 15 de diciembre de 2014

Tres relatos breves del libro PRESUPUESTO SIN COMPROMISO de RAMÓN SANTANA





El suicida tímido

Había una vez un suicida tan tímido que, asustado por las
previsibles y rimbombantes consecuencias que su muerte
depararía, decidió morirse de a poquito.
    Y así, un día se mataba una mano, otro día se mataba un
amigo. Al día siguiente se quedó calvo y al poco enterraba a
su perro. Después perdió los dientes y la vista.
    Trazó su plan con tal perseverancia y minuciosidad que
el día de su suicidio todos pensaron que había muerto de
anciano.



De la necesidad de los enemigos o diario de un funda-
                   mentalista demócrata


Intentando evitar enemigos eliminé de mi vocabulario las
expresiones sentenciosas, las palabras tajantes y las ideas ina-
movibles. Soy tolerante, borroso y dialogante. Los aspirantes
a ser mis enemigos huyen desconcertados ante mi cintura
esquiva. No tengo enemigos. No sé quién soy.
                    



La rana y el tigre


La rana en su alborotada huida cayó en una cueva húmeda y
oscura. Al instante las paredes de la cueva empezaron a segre-
gar un ácido abrasador que amenazaba con disolver su cuerpo.
La rana comprendió, entonces, que aquello no era una cueva,
sino el estómago del tigre. Aun así no intentó escapar. La rana
recordaba que fuera acechaba una fiera temible.



Ramón Santana. Presupuesto sin compromiso. Ed. Baile del Sol, 2014

domingo, 14 de diciembre de 2014

BESO EN LA MEJILLA




A las cuatro en punto de la tarde David tocó el timbre. Aunque
el sms sólo decía «Te pasas el lunes a las cuatro y me
configuras la impresora»; un fin de semana entero delante
de unos apuntes de termodinámica había convertido aquel
mensaje en algo que, sin serlo, se parecía bastante a una cita.
Eva tardó en abrir. David se la imaginó atusándose el pelo
en el espejo de la entrada. Abrió sonriente con una enorme
camiseta de Bart Simpson y un pantalón de pijama a rayas.
Llevaba las gafas en la mano.
—¿Dónde está el paciente?
—Ja ja. Pasa. Pasa. Menos mal que has venido.
—¿No quieres primero un café?
—Prefiero ver primero qué es lo que le pasa a tu ordenador.
El Pc estaba en su habitación. Ella se sentó en la cama.
—No parece que sea grave, tienes el buffer saturado.
Mira, reinstalo el driver, reinicio, y andando...
La impresora empezó a emitir los ruidos de una mala digestión,
mientras unos folios impacientes empezaban a caer
al suelo.
—Ahora te cancelo la impresión y listo.
—¿Y ya está? Eres un genio.
—¿Ahora te enteras?
—Te he hecho venir por una tontería. ¿Quieres ahora el
café?
—Si, ahora sí, mientras me embarga la satisfacción del
deber cumplido —dijo ahuecando la voz.
—¡Estás más tonto...!
Ella fue a la cocina a preparar el café y David empezó a
curiosear por el salón.
—¿Cómo lo quieres? ¿Con leche?
—No, yo lo tomo solo y sin azúcar, como los vaqueros.
La risa de Eva sonaba metálica desde la cocina.
—No sabía que te gustara Albert Plá — gritó David con
un Cd en la mano.
—Me encanta —susurró Eva que ya se encontraba con
una bandeja justo detrás de él.
—Perdona, no sabía....
—Siéntate.
Eva se acercó a poner el Cd en el reproductor. David se
percató de que estaba descalza.
—Me gusta estar descalza.
—Sí, sí, claro. —dijo azorado por haber sido sorprendido
mirando sus pies.
Eva se sentó a su lado en el sofá.
Hablaron por riguroso orden cronológico: de Albert Plá,
de impresoras láser y de chorro de tinta, de cuando se conocieron
en la librería, de lo estirada que era la dueña de
la librería, del jefe de Eva, del jefe de David, del parcial de
termodinámica...
Y mientras David intentaba explicar como funciona la
máquina de Carnot, los ojos de Eva empezaron a comportarse
como dos operarios de esos que aparcan los aviones
agitando frenéticos sus banderitas. Estamos aquí —gritaban—
¿no nos ves?
—¿Tú eres muy fantasioso, David?
—¿Cómo? —preguntó David sorprendido por la falta
de relación de su pregunta con sus explicaciones metafísicas.
—Sí, ¿que si te imaginas cosas?
—Sí, claro. Como todo el mundo, supongo.
—¿Y qué te imaginas?
—Todo el mundo imagina cosas mejores de las que vive.
—¿Y para esta tarde tú te habías imaginado algo?
—Silencio.
—Silencio.
—David, ¿a ti te decepciona la realidad?
—La fantasía está bien.
—¿Te basta con la fantasía?
—Silencio.
—Silencio.
—Yo podía haber imaginado que esta tarde tu Pc hubiera
estado lleno de virus y que...
—A mí no me hubiera importado que hubiera llovido.
—Silencio.
—Silencio.
—Silencio.
—Se está haciendo de noche.
—Y no llueve.
—Pero la impresora funciona.
—Sí, eso sí.
Sonó el teléfono. Eva se puso las gafas. Era su madre.
—No sé ni para qué cojo el teléfono —dijo mientras encendía
la luz.
—¿Pasa algo?
—No. Nada, nada. ¿Quieres otro café? —la voz sonaba
dura con tanta luz.
—Gracias, pero me tengo que ir, pero otro día me puedes
llamar sin la excusa de la impresora.
—Ven cuando quieras. Ya sabes donde vivo.
Se despidieron con un beso en la mejilla.

Ramón Santana. Presupuesto sin compromiso. Ed. Baile del Sol, 2014

sábado, 13 de diciembre de 2014

Dos relatos breves de PRESUPUESTO SIN COMPROMISO de RAMÓN SANTANA




Violencia de Medios


Una televisión muere arrojada por la ventana en Barcelona y
otra por disparos en Jaén.



*

Mundial 2006


Hasta hoy siempre que el hombre ha intentado construir un
hombre ha fracasado. Quién no recuerda la historia del gólem
judío de Praga, hecho de sangre, barro y un rayo de luna. Los
ingredientes son dignos del más sofisticado plato de new cocine
y, de hecho, el muchacho nos salió fuerte y servicial, pero
incapaz de descodificar las sencillas ordenes del rabino Lowy.
Nuestro cinematográfico Frankenstein tampoco tenía
muchas luces y a todos nos puso la carne de gallina cuando
jugaba con esa niña a arrojar margaritas en blanco y negro a
aquel riachuelo. Esa ingenuidad era mucho más terrible que
sus cicatrices y tornillos.
Más moderno es el robot casi humano de Asimov, amasijo
de cables y positrones, inteligente para el ajedrez, torpe para
la vida y nunca capaz de escapar de su complejo de patito feo.
Todos los hombres fabricados han sido un desastre. Tal
vez lo que falla es la materia prima y no se puedan fabricar
hombres con barro, ni con miembros cercenados a cadáveres,
ni siquiera con los avanzados positrones.
Pero, ¿y si fabricamos hombres con hombres? Me explico.
¿Y si fabricamos un hombre gigante con diez hombres?
Un hombre con la fuerza de diez, pero con una sola idea,
con una sola voz. Sería un gigante poderoso e invencible
¿Y si en vez de diez hombres, utilizáramos cien?, ¿o mil?,
¿o mejor cien mil? El gigante tendría una voz tan fuerte que
nadie podría no escuchar sus gritos.
Lástima que otra vez el engendro nos salga tonto y solo
grite: ¡GOOOOOL!



Ramón Santana. Presupuesto sin compromiso. Ed. Baile del Sol, 2014


viernes, 12 de diciembre de 2014

GATAS PARIENDO





Así escuchas las cosas de tu vida como el maullido de un gato al fondo del jardín

Te despiertas de madrugada y oyes al fondo muy al fondo ese remoto maullido de gato recién nacido

Y un verano y luego otro y otro más hasta llegar a esta noche

al fondo del jardín al fondo

Así escuchas las cosas de tu vida así escuchas las cosas del mundo
a oscuras de noche palpando el susto de no entender o el de no querer hacerlo

y ese gato no para de maullar y es una pequeña herida no sabes de qué no sabes de quién pero ahí está insistiendo clamando de hambre y noche al borde del peligro al borde del abismo al borde del jardín Un coche un faro luego nada

Y continuarán los maullidos más obcecados que tú y si no al tiempo al próximo verano hasta la próxima canícula sonido desvalido como una onomatopeya tan poco lírica que no la puedes escribir

Qué pensaría nadie y quién es nadie al leer esa onomatopeya tan líricamente escrita tan ridículamente sonora tan de viñeta de posguerra

pero suena suena cada noche

y tú para bordear la herida dices que así empezó todo con una onomatopeya con un sonido tan innombrable como ahora el insistente maullido del gato recién nacido convocándote a dónde pidiéndote qué

O quizá algo peor tal vez nada te convoque y tan solo te despiertas en medio de la noche para ser el precario testigo que no puede traducir una onomatopeya Eso te dices para bordear la herida

Escuchas el maullido del gato Has visto un hombre sin brazos al borde de la limosna has rozado la pierna perdida del animal en el pantalón doblado sobre el muslo has comprendido que la muerte es un ramo de rosas de plástico atado a un farol
y te has preguntado qué palabra no es una onomatopeya indescifrable, una persecución en la sombra

Un verano y otro al fondo de la vida al fondo del jardín al fondo del sonido

Y las gatas siguen pariendo sin parar y paren onomatopeyas que al fondo del jardín resuenan como las tablas de la ley 


Guadalupe Grande.  Animales entre animales.  Raspabook Ed. 2014
Pedidos: http://www.raspabook.com
Fotogafía de Juan Sánchez Amorós