documentos de pensamiento radical

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miércoles, 28 de junio de 2017

5 poemas de FUEGO CINCEL de JULIÁN FRAILE




Poder elegir



Si pudiera elegir, escogería una mirada entre mis brazos de hace apenas unas tardes, donde comenzaba una senda.

Percibir la ternura de unos ojos, donde el viento trae una expresión alumbrada de inocencia y ebriedad.

Las raíces de la memoria mantienen el sabor del recuerdo, las manos logran lo imposible.

El mundo respira.

 


La camisa

Tengo unos zapatos que me cautivan, no me los pongo para que duren mucho.

Tengo una camisa que no me gusta, he de usarla para que se gaste pronto.

Guardo el presente para disfrutar el futuro; desgasto el ahora, para tener otro mañana.

Hoy me calzo una camisa.





Sistema

Estudia trabaja

gana dinero

compra

compra

compra

así funciona.

Nadie derroca el sistema

las ideas son fuertes,

los seres no.






Turbiones

Camina sin saber qué oculta la penumbra. Pesan los ojos.

Cuesta responder de manera precisa, detener la mano que daña la razón. Desatino enduelo con la destreza. Aunque la luz es visible,

ahora no ve.

Horas sonámbulas encienden una extraña mudez. Tiembla la oscuridad y la luna se apaga, nuevo día sin la brisa perdida.

Cosas que no existieron, derraman fuerzas al no alcanzar el afán.

El recuerdo golpea como un mazo, siempre el mismo.






Tormenta


Tormenta entre la umbría y la razón, es una pugna con el mundo, algarada que agita golpeando la quietud de la conciencia.

Contraste en el color de las ideas que rigen el mirar establecido, el fuego solo es copia del sol frente al calor del movimiento.

En lo más superficial del ser, respuesta incongruente, no preguntan más allá de su límite, solo incomprensión.

La cordura se eleva a lo correcto, pero hay truenos que retumban la cabeza, es ruido de voces irascibles que intentan la fusión de sustancias derrotadas.

Si alguien rompe sus costumbres, se violenta su estructura. Al no seguir su argumento el susto les invade, tendrán que plantearse lo que no se preguntaron. ¡Tendrán que despertar!



Julián Fraile. Fuego cincel. Ed. Reflector, 2017

martes, 27 de junio de 2017

2 fragmentos de IDIOMAS DE LA SANGRE de RAÚL MOLINA



Interior

había un adentro, yo lo habito. un adentro como de cámaras frigoríficas y de acero. había un adentro, lo habitamos. un adentro con una sombra vertical y el cuerpo de un ternero al final del camino y tú tirada sobre la hierba mirando el horizonte y deseando no haber sido nunca. sí, un adentro iluminado que invita a no salir, a no respirar siquiera más de dos veces por minuto. había un adentro lleno de lluvia, una casa con muros agrietados y gritos de muchachos casi muertos, de donde sales tú cada mañana para decirnos que no debemos entrar, que no debemos querer entrar porque no es agradable la casa tomada, porque o hay balcones ni ventanas ni dos soles que iluminan el cuerpos de los perseguidos. no, no, no me mires más con esas cuencas de piedra, no nos digas que no quieres saber nada de los ocasos y del viento azotando los cipreses. aquí no quedan tumbas vacías que llenar ni saltamontes, aquí no quedan lagos ni animales atrapados en las redes de pesca. había un adentro, hay un adentro lo habitamos. un adentro de níquel y yodo. se llevaron todo lo pegado a la tierra y ya no estás tumbada mirando el horizonte, se lo llevaron todo y nos dejaron anclados a las venas. era negro, todo blanco, era negro todo rojo, mientas un centenar de pájaros alzan el vuelo. había un adentro y no puedes salir, un adentro sin salida y lleno de nieve. blanco. un adentro blanco, sí, era blanco. o quizá gris o quizá opaco. y tus dientes de leche cayendo sobre las rocas, cayendo sobre el veneno, sobre la hierba. sería injusto que aullara el perro toda la noche y tú lo sabes, sabes que más allá de estos cables tiene que haber vida, quizás plazas, calles, casas, quizás bancos, muros, piedras. alguien. al fin y al cabo, alguien. había un adentro de coronas que ruedan por el suelo, de un silencio sublime sobre estos campos, un adentro de insectos, de animales agazapados entre dos tiempos. un adentro, un adentro.

y nosotros perdidos, y nosotros querido hermano un recuerdo que se desvanece como hormigas en el centro de un desierto



Exterior

había un afuera lo recuerdo, un afuera lleno de oxígeno y de voces, de oxígeno y de voces como de humanos que decían quédate y serás por fin un hombre quédate y por fin serás, lo recuerdo en un sueño lúcido, demasiado lúcido, sí, como si no fuera un sueño lo recuerdo. allí una cárcel y miles de presos que se fugan, miles de presos corriendo por el llano hacia no se sabe muy bien dónde y cuatro o cinco o diez que caen a tierra con su gesto de mármol y sus ojos granates. sí, sí, había un afuera, había un afuera pero tú habías muerto, pero tú estabas muerta y sin embargo un afuera. oxígeno. un afuera. allí la cárcel ya vacía. allí el callejón con sus sobredosis y sus jueces levantando cadáveres y quemando madera. allí, allí, un hospital y millones de virus en los pulmones y millones de pasillos blancos blancos blancos con las paredes blancas las cortinas blancas las batas blancas el suelo blanco las camillas las sillas las luces las sensaciones blancas blancas blancas. allí, allí un hospital con su morgue y su formol, con sus estudiantes vomitando en los aseos y su cáncer de laringe páncreas hueso lengua. allí una plaza vacía. un muro sin pintadas ni carteles. allí un colegio y miles de gargantas y sus pasillos grises grises grises con las paredes grises y bla bla bla. había un afuera lo recuerdo, había un afuera lleno de oxígeno con un enorme ojo y un centenar de pájaros sobre el tendido eléctrico. pero tú estabas muerta y caminabas hacia cinco mil kilómetros de hielo. había un afuera, lo recuerdo. era negro, todo blanco; era negro, todo rojo. lo sé, conozco la lluvia de yodo sobre nuestras cabezas. había un afuera lleno de oxígeno y voces como de humanos. un afuera, un afuera, un afuera

y nosotros perdidos, y nosotros querido hermano un recuerdo que se desvanece como hormigas en el centro de un desierto
Raúl Molina. Idiomas de la sangre. Premis Universitat de VAlencia d'Escriptura de Creació. 2016

lunes, 26 de junio de 2017

MALDITA SEA, LA POESÍA ME HA HECHO UN DESGRACIADO






La muerte es un nacer hacia dentro. Al principio del documental sobre mi taller de poesía El Gran Poema de Nadie digo: “El Gran Poema de Nadie es el suicidio del autor, éste se sacrifica en las palabras encontradas en la basura por ‘los otros’, esa fue la intención desde un principio: dejar que las palabras asesinaran al ‘autor’ para que de sus cenizas surgiera el poema de ‘los otros’, para que de su muerte entre las palabras encontradas en la basura, ‘los otros’ crearan El Gran Poema de Nadie, el poema de todos ”. Años después, al inicio de Los libros suicidas (Horizonte árabe), en ‘Una escritura suicida’, escribí: “He intentado que los poemas de este libro mantengan cierta intensidad, o tensión, que percibo en algunos de mis poemas más logrados publicados anteriormente. Y digo percibo porque es como si alguien estuviera escribiendo ‘a través de mí’. Una vez terminado el poema, siento que ha muerto ‘ese ser’ que escribió, o me hizo escribir, el texto. Es una sensación extraña: un otro que hay dentro de ti nace, se hace y muere cuando el texto termina. Ese otro desaparece en la amnesia de mi Yo. Lo busco, intento recordarlo, y no hay forma de encontrar ese otro que muere con el nacimiento de la escritura; en este sentido es una escritura suicida. Y, a pesar de reconocer rasgos de mi propio Yo en el poema, es como si ese Otro los hubiera tomado prestados por una necesidad perentoria de mantener la respiración de la verdad en la escritura, pero no porque sea yo sino porque ese Otro, ‘escriba’ supremo, invisible y sin identidad, es condescendiente conmigo y fragmenta mi biografía, escogiendo, seleccionando, lo que le parece relevante para que la música prestada de una autobiografía impersonal llegue a los lectores como si fuera ‘su biografía’ (2015)”. En estos dos textos están las claves de toda mi poesía. Ahora, con La noche de Europa (Los poemas Facebook), cierro un ciclo de más de 40 año publicando poesía.
Releyendo en español un escrito de Martin Heidegger, que primero leí en francés, La pauvreté / La pobreza (1945), he comprendido que la muerte es un nacer hacia dentro, hacia el cero de nuestra vida, hacia el centro anterior a toda escritura. Dice Heidegger en un momento dado que la poesía busca “el centro de un círculo cuya periferia no está en ninguna parte”. Sería largo de explicar esta imagen, y complicado: el prólogo de este libro tiene 65 páginas en francés y el texto de Heidegger en alemán era de solo 12 páginas; o sea, que la complejidad del texto es muy grande. Pero yo me atengo a lo que entiendo, o más bien a las imágenes que me sirven para explicar mi propio proceso poético. Y es que esa imagen de “un centro cuya periferia no está en ninguna parte” es para mí muy potente porque el centro es lo que he buscado siempre y, al final, he descubierto que ese centro de toda mi vida y mi obra es el deseo de volver a vientre de mi madre, antes de nacer, cuando la felicidad era absoluta. El resto, 40 años escribiendo, amando, haciendo proyectos, leyendo y reflexionando es ese círculo invisible, esa “periferia que no está en ninguna parte”; algo así como el territorio español conocido como La Mancha, que nadie sabe muy bien sus límites, pero su centro es un punto mítico, un lugar entre la realidad y la ficción creado por Miguel de Cervantes, el lugar del olvido.
Leyendo el manuscrito de la biografía literaria que está escribiendo sobre mí Amador Palacios me he esforzado en tratar de entender el por qué y para qué de todos mis esfuerzos por hacer una obra, por vivir de una cierta forma. La respuesta la he encontrado en ese viejo texto de Martin Heidgger, La pobreza. No se trata de la pobreza material sino de la pobreza como vía para llegar a la riqueza espiritual. Por lo tanto, quizás todos mis esfuerzos hayan merecido la pena, por mediocres que fueran a veces los resultados, pero ha llegado el momento de parar, de no escribir más poesía, de fundirse en lo poético que está siempre presente en el mundo que nos rodea.
No es de extrañar, pues, que si en Occidente, según Heidegger, desde el mismo siglo XVIII (el supuesto Siglo de la Luces) los poetas ya vieron que “la noche del mundo” extendía sus tinieblas, esa oscuridad que nos llega hasta este siglo XXI, ahora nos volvamos a preguntar: ¿y para qué poetas en tiempos miserables? Pero sobre todo, y ya a nivel exclusivamente personal, para qué alargar la agonía poética en tiempos tan revueltos como los nuestros, unos tiempos que están más necesitados de nuestra solidaridad que de nuestra poesía, de nuestro llanto más que de nuestro canto.
Dejar de escribir poesía no es una tragedia, se puede vivir poéticamente, convertirse uno mismo y el mundo que te rodea en poesía sin tener que escribir un solo verso. Quizás eso es a lo que aspiro ahora: a que teniendo en cuenta que la poesía está en plena expansión hay muchas otras formas de vivir la poesía, aunque yo ya no sea ese poeta poseído por ella.
Cuando la poesía deja de iluminarte, de iluminar el mundo de las cosas que te rodean, uno cae del lado de la sombra, del lado sombrío de sí mismo. En esta oscuridad constante el poeta busca la luz de la poesía, pero es inútil forzar esa iluminación a través de ejercicios de estilo, de conocimientos razonados, de sistemas racionales que puedan expulsarnos del lado oscuro de nuestro propio ser.
Llega un momento en el que hay que dejar de buscar la poesía porque no la encontrarás sino negándola, dejando de escribir. Entonces, cuando ya la poesía en ti ha muerto, empiezas a percibir que ésta está viva en casi todo lo que te rodea. Desde un crepúsculo hasta el vuelo de la última mosca del verano pueden ser poesía, pero entonces esa poesía ya no necesita tus palabras para ser expresada. Has dejado de ser poeta, eres la poesía del mundo y ya nadie ni nada te desviarán de ese goce silencioso que es no escribir sino mirar y participar de la belleza en estado puro, y lo celebrarás porque tú serás parte del mundo y el mundo será parte de tu yo sin que las palabras se interpongan. Entonces podrás decir con alegría: “¡Maldita sea, la poesía me ha hecho un desgraciado!”.




 Dionisio Cañas. La noche de Europa. Ed. Amargord, 2017

domingo, 25 de junio de 2017

MEDIA NARANJA




Media naranja

No es posible vivir sin una sombra
que abarque la otra parte,

sin astros de lo oscuro que quiebren la memoria.





 RAÍZ OLVIDO, de Jesús Cárdenas y Jorge Mejías. Sevilla, editorial Maclein y Parker, 2017.



Algunos lugares donde adquirir RAÍZ OLVIDO:


- Librería La Isla de Siltolá:  RA�Z OLVIDO - Librer�a La Isla de Siltol� 

- Agapea libros: 

viernes, 23 de junio de 2017

4 poemas de RAÍZ OLVIDO de JESÚS CÁRDENAS Y JORGE MEJÍAS (pinturas)
















Instante

En un abrir y cerrar de ojos el mundo
y todos los momentos fluyendo
hasta decrecer, salvo
el aire cristalino del mar,
flecha en el resplandor de una esquina,
la enredadera de humo que cruza el espejo,
reliquia de los días placenteros
porque estamos hechos de instantes.

Cúbreme del sabor de su recuerdo.
Ponme a salvo el fragmento de esta noche.





                                    Deseo

Puertas entreabiertas sin cerrojos.
Visillos que esperan la caricia del aire.
Ojos ardientes en la orografía de tu cuerpo.
           Dentro punzón clavado sin medida.
Labios casi entornados.
La boca que codicia por un instante
           un reino en palpitar lascivo,
                       amanecer eterno a tu contacto.
Furibundo capricho o apetito ciego
           se desata con violencia
                                   hasta rasgar el cielo.
Roca que se desprende del acantilado
           para ser ya sin vuelta atrás del mar.

Una única burbuja.
Un lazo en fuga. Nada más.






Quiebras

Beso imposible
entre los que jamás se reconocen
en lo común.

Garras que arañan
y abren en tajo la unidad.
Fragmentos en una brizna de luz.

Entre los dos fuimos una eclosión,
lo mismo y lo contrario,
un sueño único,
una red extendida
bajo los escondrijos sutiles de la sangre.
Y cada uno tirando por su lado.

Formas parte del cendal de la bruma
de la que juntos erigimos.
Alejada la bruma,
puede verse unos labios solamente
revolcándose en el barro de enero.

En esta tarde
                       quiebras y más quiebras.






Hijos de tu inmensidad

Somos hijos de tu inmensidad,
hasta aquí venimos para nombrarte,
néctar minador que inundas todo.
Ante ti, desnudos y pequeños,
intentando revelar el horizonte.

Bajo el cristal del aire
sus esponjas de sílice.
No hay revelación, ¿qué horizonte?

La mirada se abisma
donde el día se apuntala
de un modo secreto
al borde de la espera.

Consigo hacerte llegar una ondulación
con mis palabras diminutas.

Somos pequeños aquí en esta orilla
y persistentes debajo del agua,
donde remueves tus espinas blancas
a tus pupilas los rayos de luz.
De tu interior, naufragios de algas
exteriorizan la riqueza que atesoras
volviéndose saqueos de párpados.
Allí escondes el latido del mundo
en cuyo fondo todo se disuelve en tu forma.

Un friso de luz acuñado en el azul
lamina la distancia en las pupilas.








jueves, 22 de junio de 2017

DEVENIR




Devenir

                       I

Escarbo con los dedos la conciencia,
mas no siempre descubro las raíces.
Quisiera ser ahora esa palabra
que todo el mundo busca alguna vez.
Y no flaquearé hasta encontrarla.
Nazca en la corriente cristalina
o en las aguas más turbulentas.
Imposible consumirme.





 RAÍZ OLVIDO, de Jesús Cárdenas y Jorge Mejías. Sevilla, editorial Maclein y Parker, 2017.



Algunos lugares donde adquirir RAÍZ OLVIDO:


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miércoles, 21 de junio de 2017

INÉDITOS de VÍCTOR PEÑA DACOSTA



Hechos alternativos
Vivimos en un estado de derecho.
España es una democracia consolidada,
con libertad de expresión y prensa.
No hay contabilidad B en el PP.
Las concertinas no cortan.
Cándido Méndez es inocente
del desprestigio de los sindicatos.
No se ha destruido empleo gracias
a la reforma laboral.
Rajoy no ha cobrado sobresueldos.
La justicia es igual para todos.
La externalización no es privatización
y el PSOE ha vuelto, compañeros.
El PSOE ha vuelto.



La revancha
Perdimos la Guerra Civil. Perdimos
la Transición. Perdimos elecciones,
tres Champions y el neocapitalismo.
A ver si ahora al menos ganamos
aunque sea la luz o los trienios.




In media veritas

Vivo en los extremos, me gasto todo
mi dinero en spas y cocaína.



Obsolescencia programada

I)
Los años dejaron de tener forma de tarta
cuando cumplimos los veinticinco
y nos convertimos, aproximadamente,
en aquello que odiábamos a los quince.

Al cumplir los cuarenta, llegó el miedo
a la muerte, el Euríbor y los cambios.

Las noches dejaron de tener curvas
cuando nos apuntamos a Pilates
y aprendimos cuatro marcas distintas
de detergente y cereales con frutas
para ir mejor al baño a primera hora

Nunca fuimos quiénes nos creíamos
ni usted tuvo una ligera idea
de con quién estaba hablando:
somos los nietos de una generación
degenerada que busca excusas
para disculparse del exceso
de indolencia que nos atenaza.



II)
Tal vez ser libre consista en esto:
un simulacro con buenos gráficos
al que es más fácil jugar en pareja
y en el que, mientras se tenga suerte
y dinero, quedarán vidas.



III)
Y cada uno luchó por su cuenta,
abrió su blog y editó su libro,
preparó sus opos y dio sus clases.

Cumplimos los treinta,
nos casamos y divorciamos
y, antes de darnos cuenta,
votábamos a la derecha
y perdíamos una guerra
en la que ni siquiera sabíamos
que habíamos peleado.




IV)
Ay, mi pobre generación de mierda
que paga su miseria a plazos:
creyó que podría vivir de las rentas
y al final acabó muriéndose del asco.



V)
Llenamos las casas de nuestros padres
de cientos de cintas escritas a boli,
y decenas de CDs a mil pesetas
para luego comprarnos un tocadiscos
carísimo que no usábamos casi nunca
y aprendernos todas las letras
de aterradores canciones infantiles
que no gustaban ni siquiera a los niños.

Hoy nos da vergüenza pedir en los bares
una canción de Extremoduro.




Víctor Peña Dacosta. Inéditos

martes, 20 de junio de 2017

4 poemas de ALUVIÓN (antología poética) de ENRIQUE FALCÓN



LLUVIA TEMPRANA


«El desastre, la resignación, el deseo de perder para descansar, no merecen la pena»

(Belén Gopegui, El lado frío de la almohada)



Esperan que te rindas.

Que devuelvas las canciones a sus cuartos.

Que lenta y pobremente
atiborres sus rincones con cristales

y apartes de tus hijos la visión de una revuelta.

Esperan que claudiques
seas piel, dentada o marzo.

Que suavemente caigas.
Que así tu rendición.

No les libres de la piedra que respira en tus manos.
No les venzas los ojos.

Nada dice
de la lluvia temprana que va a abatir las puertas,

nada
de ese incendio intacto y por venir.

La tormenta, compañero, llegará.

Contra todos los pronósticos,
menos tarde que temprano,
seas piel, dentada o marzo–
el ciclo de las lluvias / llegará.


 
CARTA DE ROSA




Yo pesé al nacer 1.300 gramos:

como un zarcillo,
abordé el comienzo de mi vida por la puerta pequeña:
mi pequeño puño cerrado.

Setenta años después,
continúo en lo mismo:

amé en todo lo posible, sin saber cómo
no tejí ningún miedo con las hebras del amo
alcé los hombros de mis hijos me levanté junto a ellos
no recé casi nunca la oración de mi patrón.

Camino lentamente con una sombra a mi lado.
Vuelvo ahora a lo que fui.

Como un zarcillo.

Mi pequeño puño
todavía apretado.



VALENCIA EN EL SUBSUELO DE LA GLORIA


«¡Que despierte esta ciudad
y se ponga la mortaja! »

(León Felipe)



Levantan un castigo y lo llaman “calma”.
Levantan sus manteles y lo llaman “hambre”.
Levantan todo ánimo y lo llaman “pueblo”.
Levantan a este pueblo y lo llaman “patria”.

Levantan testimonio y lo llaman “alma”.
Levantan nuestro embargo y lo llaman “gloria”.
Levantan un cadáver y lo llaman “sarna”.
Levantan nuestros nombres y nos llaman “precio”.

Se levantan pronto, y levantan vuelo.
Se levantan sucios y se llaman “hombres”.
Si se llaman “calma”.
Si se llaman “gloria”.
Que nos llamen “precio”.







EL FIN Y LA CAÍDA




escribo poemas a dos metros del apocalipsis
un día anular con una hoz de tierra
en las postrimerías de mi tiempo de mi mundo de esta edad
sin uñas
escribo poemas,
anillado al amor como un niño amansado.

juan me acompaña y hay luz en sus ojos
la misma luz exacta que no vimos entonces
yo escribo poemas él no suelta mi mano
la tierra se ha apartado instintivamente

un poco más abajo las historias
ya han sido todas relatadas:
los profetas buscan agua
recogen pronto sus agujas
se aprietan en los patios a esperar el fin de esta tormenta

mi hijo (que ha apretado mi mano)
pregunta si ¿ahora?

yo le digo que nunca,
en el curso de la historia del hombre,
había sido más lícito escribir un poema

(la tierra ha respirado y
en todos sus termómetros se acunan los erizos
los francotiradores han dejado sus puestos
y en ellos ya no quedan sino piel y colillas)

todo el mundo sabe,
todo el mundo espera

finalmente no hubo el agua que anunciaron los augurios,
el agua que devasta autopistas y campos:
sino agua de los tronchacadáveres,
agua nuestra y lisa de mis antepasados,
agua para el fin de los días, para el rezo en los colchones
cercados de plegarias

las historias, en efecto,
finalmente han sido ya contadas:
solo yo escribo poemas, en las postrimerías del tiempo,
empuñando una hoz que se hinca en la tierra.

mi otra mano en mi hijo
tiembla con la edad que aguardan los hombres
y no hay muerto que hoy no tenga su muerto apretado,
ni su duda de arista, ni su alivio inasible

la tierra, más abajo, se achicó sin sorpresas
hace ya más de dos horas que callaron las ciudades:
el pan con levadura ha quedado colmado
y en poco más de un rato saldrán de los colegios
(de todos los solares) (de todos sus arcones)
los niños derramando su empeño de cinturas

todo el mundo lo sabe,
todo el mundo lo espera

mientras tanto contesto
(delante de una mano que conduce a mi hijo)
que nunca como ahora
fue más lícito escribir un poema:

este
poema
que hinco en la tierra, empuñando una hoz.

: sí, yo escribo todo esto
a dos metros contados del apocalipsis
un día anular con una hoz de tierra:

juan (que me acompaña) ha soltado mi mano

y unidos en la dicha,
contemplamos sobre el curso del agua

(juntos) (para siempre)

el fin y la caída
del Capitalismo.


Enrique Falcón. Aluvión. La oveja roja, 2017