documentos de pensamiento radical

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sábado, 15 de diciembre de 2018

3 poemas de FRANCIS VAZ, que nos dejó ayer, que la tierra te sea leve, amigo.




LA CUESTION



La raya, al final todo se reduce a la raya,
hay que tirarse en ella, revolcarse,
enfangarse en ella hasta el fondo,
que su blancura te otorgue un halo de pureza,
y dominarla, demostrar claro ese dominio,
como un vaquero en el rodeo.
Eso sí, jamás traspasarla,
eso no lo toleran.



***



“Ya no sé qué coño es esto de la vida
si me seduce la nuca suave del conejo
el golpe la rabia o mordedura
o seguir tenso esperando que el alcohol
me encharque los pulmones


estoy harto cansado y duele tanto
este rictus despiadado esta sonrisa
esta mirada obscena y egocéntrica
analizar desde lejos las grietas del derrumbe
como seres superiores de la nada


qué patético el deseo la esperanza
la lucha la hucha el beneplácito


que prenda en estos huesos ya la llama
y os alcance el ardor de mi desprecio
que muera ya la noche y no amanezca”.


***


A Eladio Orta, naturalmente
QUILLO, VIDA SANA



La voz de Eladio
breve, nubosa
desde el fondo del W.C.
"Francis tú lo llevas chungo,
sigue así, que no veas cómo vas a acabar.
Quillo, vida sana"
Y sin saber
hasta qué punto amo yo el deporte,
ser como Carl Lewis,
el más rápido y
llegar antes que nadie
hasta la meta.



Francis Vaz

viernes, 14 de diciembre de 2018

BIOPIC




He regresado a casa borracho
total perdido en camiones de la Ruta Norte
o en taxis amarillo confesionario a las 3 de la madrugada
con chóferes que morirán encomendados a San Cristóforo
y arrastrarán su caos celular por las cantinas del centro.
Llevo una vida de tequila
despacho pollo frito para ganarme la botana rencorosa y amarga
que sirven en el Chalio’s Bar los sábados a las dos de la tarde.
Soy un espécimen mexicano
fui un muchacho mexicano
seré un viejo mexicano.
Conocí al Rey de Copas
un tigre impostergable al que no le cabe una botella más
quien no pocas veces me invitó unas cervezas.
Mis ídolos eran Santo y Blue Demon
sobre el ring o en la pantalla del cine Laguna
mientras me bebía mi refresco marca Pep.
Reuní 44 figuras de las Guerras de las Galaxias
mi favorito era Han Solo.
Vendí chicles en los camiones Campo Alianza
para complacerme lonches, gigantes de aguacate
en el mercado más pobre de la ciudad.
Tuve una niñez confusa
por las tardes compraba un litro de tequila San Matías
para mi abuela que era alcohólica desde los 17 años.
Crecí en el Mercado Alianza
donde ella tenía una pozolería
su clientela eran los borrachines de la cantina El Mar Rojo.
A los 10 años me suspendieron el domingo por negarme a ir a la iglesia
y acompañaba a mi papá a las sesiones de alcohólicos anónimos
en venganza mi abuela me dejaba pegarme un trago de tequila siempre que nos quedábamos a solas.
Me he internado en el desierto
para comer carne de venado
y me tatué dos coyotes en el brazo derecho.
Recorrí parte del país de raite
obligado a oír el parloteo incesante de los traileros drogados.
He viajado de polizonte en el tren que va a Ciudad Juárez
estuve a punto de morir de hipotermia en la sierra de Chihuahua
me bajé del convoy y comí burritos y quesadillas en VillaAhumada.
Estoy leyendo José Trigo
y una biografía de Jack Kerouac
el autor de Visiones de Cody
el clochard que inspiró a varias generaciones a lanzarse a la carretera.
Asistí a un concierto de Depeche Mode en Monterrey
me despeñé en parrandas de cocaína con Gerson Gómez
me hice amigo de Arnulfo Vigil
bebí caguamas Sol en la guarida de la revista Oficio
y en un programa de concursos me gané una grabadora con compact disc, papá.
No acompañé al Abuelomuchacho a Argentina
pero algún día me voy a comprar el boleto de avión.
Me he enfermado de salmonela
por entrarle a los tacos de tripitas en la esquina de Matamoros y Acuña
me he enfermado de tifoidea
por cenar tortillones con don Lolo a las 2 de la mañana.
He oído todos los discos de John Coltrane
y leí Zodiaco Negro del poeta Charles Wrigth .
Me gusta caminar por calles llenas de fábricas
por la prolongada avenida a espaldas de la central de autobuses.
Yo también he recorrido a pie las vías del tren.
He compartido litros de cerveza con desconocidos en lotes baldíos.
He comprado droga en Veracruz.
Estuve en el D.F.
borracho con el emborrachado Eusebio Ruvalcaba.
He presenciado los peores partidos de béisbol de la historia
en el estadio Revolución.
He contemplado el eterno lecho seco del río Nazas
llenarse de agua por primera vez en muchas vidas
lo he visto desde el Cristo enorme que habita la punta del Cerro de las Noas.
Conocí a Manic Street Preachers gracias a “El Bordón”.
He deambulado por todas las cantinas de la ciudad
bares, teibols y antros gays.
He regresado a casa borracho
he vuelto con heridas en el hígado
a las 5 de la mañana
mientras otros van al trabajo.
Una vez viví con una mujer.
Me fui de pinta por los billares del barrio.
Tengo en mi iPod la discografía completa de Johnny Cash.
Me he aficionado a las pastillas
he ingerido Tafil, Prozác y Valium
anfetas y tachas.
Estoy en busca del amor
como el grupo de rock que busca quién le produzca su primer disco.
Estoy en busca del díler definitivo
que fíe y sea mujer.
La juventud es una nación perdida.
He viajado con muy poco dinero
he sufrido apocalípticas resacas
he sido infiel
he renunciado a varios empleos
he recibido cien dosis de Beyodecta.
He oído la música de todos los conjuntos norteños que se reúnen afuera del Gota de Uva.
He dormido en las bancas de la Alameda Zaragoza.
Me he peleado en las cantinas.
Me he vestido de negro
y cantado corridos de Cuco Sánchez.
Caí en la cárcel por robar libros.
Qué ojos, qué piernas y qué cuerpos los de las mujeres de mi ciudad
qué cantinas
el Perches, el Reforma, el Águila de Oro, el Versalles, el Chava Club, el Paraíso.
He visto a mi alma irse de gira por España
dos años.
Y he chocado
un carro que no es mío.
Se que moriré de cáncer en el hígado
no me importa.
He oído mil veces el mismo disco
las canciones 3 y 4 están rayadas.
Hace mucho tiempo fui un buen niño.
y le compré un globo con el dibujo de una rana.
Veo los aparadores de las tiendas de discos.
He visto cómo la histeria colectiva ha sido capaz de aparecer la imagen de la Virgen de Guadalupe
en un tamal de rojo.
He caminado con la carcoma del amor
en cada uno de mis 7 pezones.
Me he quedado solo en el backstage de mi vida.
He oído a las ciudades llenarse de una lluvia de sal
y aún creo en el amor a oscuras.
He visitado un Wirikuta de la mente
y recuerdo el día que nevó en el desierto de Coahuila.
Y me he revolcado con prostitutas que cobran 50 pesos
que te hacen el amor mientras se drogan
con solventes.
Las he contratado.
Soy ese tipo de hombre.
Estoy aquí como una herida colectiva.
Sufrí
por un amor anoréxico.
Soy un mexicano.
No tengo pasaporte.
Y soy enemigo de beber con moderación.
Soy un hombre que se ha deshecho a sí mismo
con caldos de brebajes estimulantes de medicamento controlado.
Sólo por hoy seré un vendedor de baratijas.
Soy una rebanada de la canción Las mañanitas.
Soy un disco pirata
en las manos del Rey David.
He regresado a casa borracho
con los bolsillos huecos
con el páncreas triturado.
Soy un moderno Stephen Dedalus.
He orinado en el bosque Venustiano Carranza.
Conozco las habitaciones de varios moteles.
Me he apoyado en las paredes borrachas del mundo.
He escrito poemas eróticos.
Soy esa clase de sujeto.
Sufrí
un segundo.
Como los viejitos me he sentado en los primero asientos del camión.
Soy el traje de un santo puesto a secar al sol de Acapulco.
Soy un fan de las botas vaqueras.
Inventé dos o tres fórmulas
para que me echarán de los tugurios.
Soy un poeta.
Soy las palabras Toño y Lupe
escritas en la parada de camión
encerradas en un corazón de marcador Berol.
Soy la furia contra el sistema.
He soñado
que dios asesina a la historia
que mi madre es recluida en un hospital psiquiátrico.
Porque soy una botella de whiskey
andante
soy una hectárea de pistolas.
Soy el hijo que el Abuelomuchacho nunca quiso
y sin embargo lo tiene.
Soy un invento de Charly García.
Veo un parecido entre la luna y mi cerveza.
He oído el sonido que produce una lolita
al ser seducida en un taxi.
He visto teiboleras con verdadero talento para ignorar a los hombres
y admiro sus convicciones.
He visto a los aviones aparearse.
Me he arriesgado a la sobredosis.
He visto al fantasma de mi abuelo pasearse con una sola pierna por la cocina
perdió la derecha cuando era niño
por columpiarse del ferrocarril frente a la Casa del Cerro.
Y a Javier Solís en sesiones espiritistas que organiza una secta
en la calle Muzquiz.
He visto que el amor tiene menos presupuesto que el municipio más pequeño del estado.
He visto el rostro del delirium tremens
es una lección de punzadas en el hígado.
He oído a la sirena de la Cruz Roja
atravesar la ciudad con juegos infantiles.
He visto un cementerio de botellas de mezcalito
como si fuera el único lugar al que pueden ir a morir los elefantes
el 25 de diciembre.
He regresado a casa borracho
llevo una vida de bourbon
fui bautizado con el nombre de Fortunato Longstreet
y he decidido que los tiempos mejores no existen
que es una trampa del marketin
para ignorarnos a nosotros mismos
y olvidar lo que hemos leído.
Soy un hombre
estoy con las llaves en la mano
y quizá no conseguiré nada
ni entradas para el cine
ni pastillas para dormir.
Y quizá me case con una fichera
de cualquier cantina.
Y quizá no llegaré a ninguna parte
pero como todos
conservaré mi derecho a desaparecer.

Carlos Velázquez
En Hey! Jack Kerouac. La huella beat en la poesía en lengua española. Colección Oveja Negra. 2018






jueves, 13 de diciembre de 2018

EN EL CAMINO




Vengo del otro lado de los kilómetros
de oír a Leroi Jones tocar las congas
en un sueño vertiginoso.
Caminé en silencio tras los versos y las visiones
de Ginsberg, Kerouac, Corso y Ferlinghetti,
incluso llegué a desvelar
la tortuosa languidez de Emily Dickinson
entre los acólitos del terror.
He sido siempre mi mejor enemigo
no tuve miedo cuando hube de traicionarme
porque en toda traición existía una redención.
Vi los restos de un naufragio
levantarse contra el destino.
Muchos de nosotros escribimos
los mejores poemas con nuestros cuerpos
Jehová enterrado, Satanás muerto
leí a Cumings—
y también hubo mañanas sin sol
y noches con dos lunas
dónde nos arrastramos embriagados
hacia el misterio
y cada paso, cada verso, a ciegas
se convertía en un riesgo
en el riesgo del placer.

Uberto Stabile
En Hey! Jack Kerouac. La huella beat en la poesía en lengua española. Colección Oveja Negra. 2018









miércoles, 12 de diciembre de 2018

LOS VAGABUNDOS DEL KARMA




El cielo es blanco como el suelo blanco
ciegos e invisibles vamos
en esta marcha
Para no olvidar en nosotros
el recuerdo de nosotros que se borra insistente
¿Cambiará esta luna?

Leo Lobos
En Hey! Jack Kerouac. La huella beat en la poesía en lengua española. Colección Oveja Negra. 2018




























martes, 11 de diciembre de 2018

LUZ DE CRUCE




Cuelgo el teléfono.
Mientras cierro la maleta veo la fotografía
del Voramar en septiembre, inclinados
sobre la balaustrada, como interrogantes,
la postal de José Luis, donde cumplir años
es una atrevida cuenta atrás en el pantone,
Picasso y Jacques Prevert separados por una colilla,
la polaroid de Daniel, un electrocardiograma, pienso,
donde estuvo su corazón y ahora no está,
Jack Kerouac de pie, sus fardos en el suelo,
necesitado de gasolina, de que el tiempo se detenga,
una carta de Jesús en Túnez -”nos unen los mitos,
el abandono, la ilusión sin ganancias”-,
la pluma de pavo real, un paréntesis lapsilázuli
que repta por la pared blanca,
el cielo de Marruecos y mi hermana pequeña,
luego la fotografía de mis padres,
él con la rodilla levantada, el pie izquierdo
sobre la repisa del porche, gesto que recuerdo
de agnóstica convicción, de humildad zen,
ella evitando la cámara, realista mujer de novela rusa,
diez o doce lápices al menos,
el último mechero robado, la última idea robada,
estoy tomando aire, resoplando sobre los libros,
el viejo Baudelaire, el viejo Pessoa,
tengo en las manos las llaves, aún frías,
me voy hacia la puerta, una casa como todas las casas,
todas las habitaciones donde he dormido,
creado, destruido, arrastrado, sembrado,
sin que importe el color, el idioma, las horas,
os miro de reojo,
sé que he pasado otra vez y os he rozado,
lo sé muy bien,
minutos de mi vida que se hacen luces de cruce,
apenas un instante,
con minutos de otras vidas, alejándome ya,
esos pasos que oigo afuera,
sea afuera el corredor oscuro o el mundo encendido,
pasos que quizá son el eco de mis pasos,
o quizá el rumor del mar en mis oídos,
o el sonido de mis huesos, cascabeles de bufón
que amansa a las fieras del olvido.
Suena el timbre. Lo oigo sonar varias veces.
Permanezco un momento de pie, aturdido,
en medio de ningún lugar, en ese umbral que separa
lo que ha sido de lo que podría ser,
no miro atrás, no es necesario mirar atrás.
Lo que no has hecho nadie lo hará por ti,
lo que hiciste quedará en tu memoria
como una sucesión de intentos por ser mejor.
Cojo la maleta y contesto la llamada.
Mis piernas se mueven porque es inevitable.
No es tiempo de elegir, es tiempo de buscar.
Cierro la puerta y sin embargo siento
que ya nada me separa de mi historia personal.
Nada empieza aquí o termina allá, 
no doy la vuelta a la llave ni vuelvo
la vista atrás.

Fernando Garcín
En Hey! Jack Kerouac. La huella beat en la poesía en lengua española. Colección Oveja Negra. 2018



domingo, 9 de diciembre de 2018

El último ska



Cuando me gustaban los coches
En aquel tiempo de los viajes
Llegué a tener uno en que viajaba con Eva
Otras veces con Ron
Y a veces solo
Pero siempre acompañado de un surtido absurdo
De cientos de casettes ingobernables

Estaban los que grabamos en el compacto de mi hermana
Cuando yo tenía tenía 13 años
Y me encantaban los Beatles
Y los Rolling
Y otros comprados al albur de los bares de autopista
Donde camioneros enamorados quemaban sus labios con ginebra
Mientras paladeaban telediarios infelices

Teníamos de todo
Los Chunguitos y Manu
El Puma y Rosendo
Boleros y la Polla
Extremoduro y Mark knopfler

Me gustaba conducir al amanecer
Volviendo absorto de las montañas sagradas
A lo mejor sin chica ni bóxer
Pero con la música a tope
Su consuelo insuficiente
Y esa épica desgarrada del rock tabernario

Ese coche y yo éramos compañeros desollados

Un día 
Sin embargo
Lo vendí
(Eso fue después de la muerte de Ron)

Se lo vendí a buen amigo
Así podría comprobar que los pelos
De mi perro seguían adornando las tapicerías
Enhebrando  sus dibujos
Inseparables de sus hilos sintéticos
Con ese dinero pensé en comprarme libros
Muchos libros
Una biblioteca entera
Pero al final tuve que usarlo en
Tapar un agujero

Luego mi amigo lo dejó siniestro en un descuido

Ahora no sé dónde están esas canciones
Ni dónde los últimos pelos de  mi bóxer


Ni tampoco el último viaje deshojado de la juventud



Pedro Saéz Serrano. Las dudas del francotirador. Ed. Calumnia, 2018