Después de leer "Archipielagus" de Hölderlin, Merkel se ha coronado de mirtos y yedra, y cantando ditirambos se baña desnuda en las islas luminosas de los inmortales, convencida de que nadie puede prohibir la alegría, olímpicamente consigue del BCE el perdón, o mejor dicho, la condonación, entre lágrimas de dicha y lucidez, de toda la deuda griega; ahora vaga borracha y feliz en la noche del monte Citerón como una bacante más...OH, HEILIGES GRIECHENLAND
jueves, 16 de febrero de 2012
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