documentos de pensamiento radical

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lunes, 15 de junio de 2026

EN LA CEREMONIA DE CREMACIÓN DE ANTONIO ORIHUELA

 


 

 

Supe de la luz que vive en los mitos

y que retorna a cada brote de lo que invoca.

 

Supe de Ulises remando hacia una isla

que tal vez solo exista en la imaginación de Homero,

de James Joyce y de Leopoldo Marechal.

 

Supe de los Argonautas y las Simplégades,

de Circe y la isla de los lotófagos,

del Preste Juan y Cipango,

de Salomón y el oro de Ofir,

de El Dorado y el país de Cucaña,

de la Blanca Landa y el Caballero de la Carreta,

del cuerno de Amaltea y el País de Nunca Jamás,

porque para el niño el mundo entero es fábula e ilusión.

 

Supe de la laguna Estigia que los griegos encontraron

en la desembocadura del Tinto hace tres mil años.

 

Supe de la isla de Paros por la poesía,

no por una agencia de viajes o una inmobiliaria.

 

Supe que la palabra, si llega adolescente, ya no se va nunca,

y apuntala los cimientos del mundo con la piadosa mentira.

 

Supe del perro que ladra en el Monturrio

y de la esquina de las pulmonías de mi calle Rascón, conmigo,

en el tiempo fragmentado y roto del mar tercero

que no olvido.

 

Supe del árbol distinto entre los árboles iguales.

 

Supe de ángeles escondidos entre nubes rosas

con conciencia de pleamar y pleacielo.

 

Supe que aunque las bacías seguirían siendo yelmos,

nunca más volveremos al campo vestidos de pastores

perseguidos por una ristra de gatos

camino de las colinas del río rojo del tiempo.

 

Supe de la tarde dormida, la fuga cruel de los colores,

y en la música de Elgar,

mis veinte años.

 

Supe de bares con barras parejas donde brotó el amor.

 

Supe del cometa Halley que no volveré a ver.

 

Supe de vidas sin dirección, sin rumbo, sin propósito,

y de aventuras a la vuelta de la esquina.

 

Supe de amigos a los que una mano de nieve

sacó a bailar al centro de la discoteca.

 

Supe de una ciudad que creció, creció

y se fue volviendo otra hasta dejar de ser mía.

 

Supe de viajes que empezaron en el corazón y aún perduran.

 

Supe de los que cayeron por causa de la belleza,

ciegos de luz, enfermos de ilusión,

mientras ella pasaba de largo, indiferente.

 

Supe reír, cantar, brindar por la vida más que insensata.

 

Supe de los que empezaron a faltar en las fotografías.

 

Supe del camino que había que tomar para triunfar como político,

como profesor universitario, como escritor,

y tomé la dirección contraria.

 

Supe que es imposible escapar de un mundo hecho de redes.

 

Supe que la vida consiste en serrar barrotes,

intentar no sangrar, y que no haya heridos.

 

Supe que el lenguaje era un bien escaso y carísimo

y que había que medir muy bien con quién quería gastarlo.

 

Supe encontrar a quienes en silencio y sin hacer ruido

amasan el pan de la resistencia.

 

Supe que la libertad acojona

porque su práctica nos hace responsable de nuestros actos.

 

Supe de palabras que con el uso

fueron perdiendo todo significado.

 

Supe que el amor embellece lo amado,

hace un hueco al añil de diciembre,

espuma el deseo con un verano sin límites.

 

Supe que mi primer amor pasó

pero mi corazón continúa.

 

Supe que tu cuerpo sería mi única patria.

 

Supe que la poesía es compañera, vieja madre,

ayer de las cosas, piedra en el camino,

faro del puerto, sueño vano, hoja de hierba,

sol que se va, isla solitaria, refugio y trinchera,

fuego y consuelo, espiral incierta,

cuerda del multiverso que unos pocos aprenden a tañer

para que siga sin fin la danza de los fenómenos

que todos estamos invitados a bailar.



Antonio Orihuela. En la ceremonia de la cremación de Antonio Orihuela. Ed. Páramo. 2026

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