documentos de pensamiento radical

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sábado, 16 de abril de 2016

POR LAS TIRAS DEL DÍA OIGO LAS LINEAS



Por las tiras del día oigo las líneas
que trazan el acaso.

Dudar. Wislawa dijo
no sé, dudar
de todo, hablarse
entre la duda.

La flor surge del aire.
                                    Pero ella.

Y los vencejos. Gritan
apresurados, locos.

Así concluye el cerco.
El ser, su condición

desesperada, entre
la indefensión y la supervivencia.

Vamos, en cualquier
caso, y fuimos.

(yo no sé qué escritura fundamenta el asombro)

¿Quiénes fueron un día nuestros ojos?
¿Albergaremos hoces como estruendos?

Nos abrimos –la luz incuestionable– y supuramos
la invasión heladora de la voz.



Lola Andrés. Cielo liquido. Ed. Amargord, 2016

viernes, 15 de abril de 2016

SOMOS TROZOS DEL TROZO



Somos trozos del trozo.
Dientes castañeteando.

Me repongo. Duermes.
Lejos, la profundidad de tu sueño.

Nadie alcanza los sueños de los otros.
Nadie alcanza sus sueños.


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Oír el borde tenso de la puerta
que entra en la ranura de la noche.

Donde fundas tu niebla es un umbral.
Respiras la extrañeza ¿Quién te acoge?

La oscura se estremece, mira ciega,
pone cepos de amor ¿De quién escapa?


 Lola Andrés. Cielo liquido. Ed. Amargord, 2016













jueves, 14 de abril de 2016

EN EL ESPEJO EL ROSTRO





En el espejo el rostro
de mi madre que es
el mío en edad
tergiversada.

Y no es cierto el rostro que refleja.

Un poniente voraz quema
los hoyos que la voz y la espera
han excavado.

Pozos de contenido irrelevante ahora.

No hay nada que decir
sobre este rostro.

No hay verdad y no hay huellas
– ¿quién mintió?

Hay reflejos aquí de acuosas confusiones
y rocas que los ojos han minado

-sea este polvo arcilla
de tu vientre, madre.

Pero no queda nada.

Trashumante el cariz
de las imágenes.

El fondo es una fuente ya agotada
que tiende a su humedad inagotable.

Un zumbido de aire que no
ataca. Sutil revoloteo
de signos
que se elevan.

Un velocista tenso cruza la herencia viva de estos ojos.



Lola Andrés. Cielo liquido. Ed. Amargord, 2016
Foto de Juan Sánchez Amorós

PRÓXIMO LIBRO DE SAL



POEMA DE (DES)AMOR PARA LESBIA

 VIVO en constante peligro (imaginario).
Estás en la memoria de un apartamento donde nada se mueve salvo un canario que canta en su jaula de cristal. Recuerdo un lienzo de Villalta sobre la cama y también el sofá del sosiego. Quizás el espacio sólo sea eso: infinitos instantes que, tensados, nos unen con un cuerpo con el que coincidimos.
El alfiler ínfimo de la posibilidad entrelaza Amor y Odio. Toda la eternidad cabe en el vacío de un verbo. Y después llega el silencio que estremece la epidermis del acaso. Mas aún queda un sendero donde andan estos versos que el Olvido cebó.
Ahora tú vives en el reino estático de las rosas y yo en un infierno de fango. Tú estás fija como las estrellas del cielo; yo aún vivo en el (t)error del espejo/espacio[1].





Contacto con el autor: sallandero@gmail.com



[1]
 Este final se puede leer de cuatro formas diferentes. Igualmente en otros poemas cuando hay una barra lateral el lector puede elegir una de las posibles lecturas.

2 poemas de CIELO LIQUIDO de LOLA ANDRÉS




El vínculo se da, la noche expande
su permanencia extraña.

En su cerviz se incuba
la determinación de los sonidos.

Lejanos los países que olvidaron sus nombres.

Duérmeme, vaga
por mi rumor de hoz.

El hueco dilatado es un cantar
que da luz a la tierra.

¿Desde qué condición
se abre el ruido oscuro de un momento?

Hallo el hálito en todo
si reduzco la vida
al transitar vacío.


***


Soy un tropel de sombras sin ventura.
El adonde no sabe de caminos.

Me caigo
hacia la embocadura de lo solo.

Recorrer un desgarro es un gesto
de infancia con las rodillas sucias.

Corredora, ¿qué hueles
en las rachas de viento?

Solo llego al tumulto, a los nimbos
deshechos.

Corredora, el tiempo es una cría
con prisas venideras.

Esperad que recorra las nubes de la dicha. 


Lola Andrés. Cielo Liquido. Ed. Amargord, 2016

miércoles, 13 de abril de 2016

HALLOWEEN PARADE




There’s a downtown fairy…

Lou Reed


Cualquiera te decía que pasaba.

Me disfracé de Durruti
que, para el personal, era como ver a un mecánico con boina,
y llegué, sin pena ni gloria, hasta la calle de los señoritos.
Recuerdo, la repentina palidez del viejo alcalde franquista
al verme montar un subfusil inutilizado que llevaba al hombro
y describir un círculo en el aire.

Esos sí que no olvidan.

Desde el balcón de su casa,
cuando me había alejado,
se cago en Díos, en la democracia y en el Carnaval

y yo continué
disfrazado de mecánico con boina
hasta tu bar
-¡Olé mi anarquista guapo.
Viva la CNT, la FAI y to lo’s libertario! –me dijiste-
y, saliendo de la barra, me besaste,
y brindamos por estar allí,
por estar vivos,
por estar todos juntos
haciendo realidad, al menos, tus sueños.

Han vuelto, sabes, aquellos días,
pero hace frío y aquí todo está en silencio,

tan sólo mi esfuerzo y un punzón de hierro
sobre el cemento erosionado
abren nuevos surcos a tu nombre.



Antonio Orihuela. Esperar Sentado. Ed. La Baragaña, 2014
Foto de Juan Sánchez Amorós


martes, 12 de abril de 2016

EN MITAD DE LA NOCHE




En mitad de la noche
subo las escaleras que llevan al dormitorio.
Una pendiente de 85º con los escalones demasiado juntos
para llegar a viejo por ella.
Mi mujer y el perro duermen cada uno en su sitio.
No llegaré a viejo con ella, le digo.
Huyamos, es hora de escapar.


Antonio Orihuela. Esperar sentado. Ed. La Baragaña, 2014