documentos de pensamiento radical

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viernes, 11 de julio de 2014

LEY MORDAZA

 La ley de la gravedad
           
Si quieres entender
 la ley de la gravedad,
levanta tu voz
contra la injusticia,

comprenderás
la gravedad de la ley.

                        e.m.

DIARIO DE UN MILICIANO REPUBLICANO









Diario de un miliciano republicano
Joaquín Aisa Raluy
Editorial Base, 2010
17 euros


Admirablemente anotado por Ferrán Aisa, que se ha encargado del prólogo, la transcripción y las notas del manuscrito, esta obra reproduce el diario de Joaquín Aisa, un obrero barcelonés de 19 años, afiliado al Sindicato de la madera de la CNT, que nos dejó escrito, con todo detalle, su lucha durante la guerra en España.

Llama la atención la lectura atenta que Ferrán Aisa ha hecho de estos documentos que la familia de Joaquín había preservado de las injurias del tiempo (manuscritos, carnets, fotografías personales de la contienda, recortes de prensa, etc.); con todos ellos, Ferrán Aisa ha conseguido dar a luz a una edición magníficamente anotada, donde nada ha escapado al escrutinio y análisis del historiador, ni siquiera los carnets del diarista donde, curiosamente, figuran “pensamientos de filósofos y escritores célebres” como H. Spencer, J. J. Rousseau, Cervantes, Goethe, Bakunin, Lamartine, La Bruyère, Séneca, Sócrates, Pascal, Voltaire, etc. y lemas del tipo: “Concurre al Sindicato y edúcate cuando puedas: Aprenderás a conocerte y conocerás a los demás”. 

El diario de Joaquín Aisa se abre con la noche del sábado 18 de julio, cuando había ido con sus compañeros a divertirse y de madrugada, mientras hacía tiempo para ir a la playa, sintió como sonaban las sirenas y como empezaban los disparos.

El joven Aisa, preocupado por los acontecimientos, decide no quedarse cruzado de brazos y se presenta a su Sindicato a buscar armas, pero como que no hay suficientes para todos, se tiene que conformar en colaborar haciendo barricadas. Vencidos los militares en Barcelona decide acudir al Comité de Milicias para enrolarse en una columna. Aisa es destinado al Batallón Espartaco de la columna Carles Marx. Sí, en efecto, no hay que sorprenderse, los afiliados de la CNT son tan numerosos que no solamente llenan las columnas propias sino las de las otras fuerzas antifascistas: “Nosotros nos fuimos a la guerra con 19 años. Mí diario empieza el 19 de julio de 1936, puesto que hasta esta fecha no empecé a obrar como un verdadero proletario. Pues hasta este día no sentí en mí un ideal que pudiera ser mi camino de Libertad.”

Joaquín Aisa empieza así un diario de guerra que durará de 1936 a 1939 dónde, puntualmente, relatará de una manera concisa todas sus vicisitudes, los hechos de guerra, las luchas políticas, las ilusiones revolucionarias.

Aisa es, sobre todo, un idealista, y en la anotación del día 26 de julio de 1936 leemos: “Esta tarde he ido a recorrer las calles de la ciudad y he podido contemplar con alegría la destrucción de los antros de hipocresía y maldad que encerraban estos edificios llamados iglesias y conventos. Y ahora en el mismo terreno liberado se podrán construir escuelas para educar a la nueva generación de niños y jóvenes que subirán en Libertad y con suficiente capacidad para hacer del mundo corrompido, otro de Libertad, Pan y Trabajo.”

Aisa explica la vida cotidiana en el frente y lo hace de una manera directa, viva y fresca e incluso sin perder el humor. El día 28 de septiembre de 1936, después de volver del frente del Centro, a su paso por Valencia, escribe: “En la estación he tenido un altercado cono un jefe que quería que me sacara del cuello el pañuelo de la CNT, pero no lo ha logrado, pues nosotros somos milicianos del pueblo, no esclavos de un Ejército convencional.”

A través del diario podemos seguir la marcha de la guerra, sobre todo allá donde participa en primera línea de fuego, como la expedición a Mallorca, frente de Madrid, Aragón o Levante. 

Después de los hechos de mayo de 1937, a su regreso del permiso que había disfrutado en Barcelona y por no estar de acuerdo con el mando comunista de su unidad, Aisa abandona las milicias y vuelve a su trabajo de carpintero en la empresa ahora colectivizada. El octubre de 1937 será militarizado y volverá a luchar al frente encuadrado en una división de las Brigadas Internacionales. Aisa participará en la batalla del Ebro donde será gravemente herido, pasará sus últimos días de guerra en el Hospital Militar hasta la ocupación de Barcelona por los franquistas, donde será detenido y trasladado al Campo de Concentración de Huerta, de dónde, poco después, se escapará. 

Este libro es, por todo ello, un documento de primera mano para conocer la actuación de los jóvenes milicianos que marcharon, primero voluntariamente y después a la fuerza, a luchar contra el fascismo para defender la libertad del pueblo, sus fatigas, sus vicisitudes, sus reflexiones a medida que la contienda va haciendo desaparecer las conquistas revolucionarias, el hambre, la sed y la brutalidad de una guerra que hace, en ocasiones, insensibles a los hombres. Este diario traslada con toda la espontaneidad y viveza de lo inmediato el ambiente de guerra, las luchas políticas, los cambios en los comandos y órdenes militares, la desesperación y también la esperanza de muchos jóvenes que vieron transformadas sus vidas por la experiencia bélica. Constituye una joya, ignota hasta la fecha, que merece ser conocida por el público.

Antonio Orihuela

jueves, 10 de julio de 2014

¿Y Fernández?


                           
AHORA ENTRA AQUÍ ÉL, para mi propia sorpresa:
Yo fui su hijo preferido, y estoy seguro de que mis hermanos,
Que saben que fue así, no tomarán a mal que yo lo afirme.
De todas maneras, su preferencia fue por lo menos equitativa.
A manolo, de niño, le dijo señalándome a mí
(Me parece ver la mesa de mármol del café Los Castellanos
Donde estábamos sentados, y las sillas de madera oscura,
Y el bar al fondo con espejo, y el botellerío
Como ahora sólo encuentro de tiempo en tiempo en películas viejas):
“Tu hermano saca las mejores notas, pero el más inteligente eres tú”.
Después, tiempo después, le dijo, siempre señalándome a mí:
“Tu hermano escribe las poesías, pero tú eres el poeta”.
En ambos casos tenia razón, desde luego,
Pero qué manera tan rara de preferir.

No lo mató el hígado, (había bebido tanto: pero fue su hermano Pedro quien enfermó
                          del hígado),
Sino el pulmón, donde el cáncer le creció dicen por haber fumado sin reposo.
Y la verdad es que apenas puedo recordarlo sin un cigarro en los dedos que se le
       volvieron amarillentos,
Los largos dedos de la mano que ahora es la mano mía.
Incluso en el hospital, moribundo, rogaba que le encendieran un cigarro
Sólo un momento. sólo un momento.
Y se lo encendíamos. Ya daba igual.

Su principal amante tenía nombre de heroína shakesperiana
Aquel nombre que no se podía pronunciar en mi casa,
Pero ahí terminaba, según creo) el parentesco con el Bardo
En cualquier caso, su verdadera mujer ( no su esposa, ni desde luego, su señora)
Fue mi madre. Cuando ella salió de la anestesia, después de la operación
         de la que moriría,
No era él, sino yo quien estaba a su lado.
Pero ella, apenas abrió los ojos, preguntó con la lengua pastosa:
“ ¿Y Fernández?”
Ya no recuerdo qué le dije. Fui al teléfono más próximo y lo llamé.
Él, que había tenido valor para todo, no lo tuvo para separarse de ella
Ni para esperar a que se acabara aquella operación.
Estaba en la casa, solo, seguramente dado esos largos pasos de una punta a otra
Que yo me conozco bien, porque yo los doy; seguramente
Buscando con mano temblorosa algo de beber, registrando
A ver si daba con la pequeña pistola de cachas de nácar que mamá le escondió,
        y de todas maneras
Nunca la hubiese usado para eso.
Les dije que mamá había salido bien, que había preguntado por él, que viniera.
Llegó azorado, rápido y despacio. Todavía era mi padre, pero al mismo tiempo
Ya se había ido convirtiendo en mi hijo.
Mamá murió poco después, la valiente heroína.
Y él comenzó a morirse como el personaje shakesperiano que sí fue.
Como un raro, un viejo, un conmovedor Romeo de provincia
(Pero también Romeo fue un provinciano).
Para aquel trueno, toda la vida perdió sentido. Su novia
De la casa de huéspedes ya no existía, aquella trigueñita
A la que asustaba caminando por el alero cuando el ciclón del 26;
La muchacha con la que pasó la luna de miel en un hotelito de Belascoaín,
Y ella tembló y lo besó y le dio hijos
Sin perder el pudor del primer día;
Con la que se les murió el mayor de ellos,“el niño” para siempre,
Cuando la huelga de médicos del 34;

La que estudió con él las oposiciones, y cuyo cabello negrísimo se cubrió de canas,
Pero el corazón, que se encendía contra las injusticias;
Contra Machado, contra batista; la que saludó la revolución
Con los ojos encendidos y puros, y bajó a la tierra

Envuelta en la bandera cubana de su escuelita del Cerro, la escuelita pública de hembras
Pareja a la de varones en la que su hermano Alfonso era condiscípulo         
          de Rubén Martínez Villena ;
La que no fumaba ni bebía ni era glamorosa ni parecía una estrella de cine,
Porque era una estrella de verdad;
La que, mientras lavaba en el lavadero de piedra,
Hacía una enorme espuma, y poemas y canciones que improvisaba
Llenando a sus hijos de una rara mezcla de admiración y orgullo, y también de   
        vergüenza,
Porque las demás mamás que ellos conocían no eran así
(Ellos ignoraban aún que toda madre es como ninguna, que toda madre,
Según dijo Martí debe llamarse maravilla),
Y aquel trueno empezó a apagarse como una vela.
Se quedaba sentado en la sala de la casa, que se había vuelto enorme.
Las jaulas de pájaros estaban vacías. Las matas del patio se fueron secando.
Los periódicos y revistas se amontonaban sin leer.
A veces hablaba con nosotros, sus hijos,
Y nos contaba algo de sus modestas aventuras,
Como si no fuéramos sus hijos, sino esos amigotes suyos
Que ya no existían, y con quienes se reunía a beber, a conspirar, a recitar,
En cafés y bares que ya no existían tampoco.
En vísperas de su muerte, leí al fin El Conde de Montecristo, junto al mar
Y pensaba que lo leía con los ojos de él,
En el comedor del sombrío colegio de curas
Donde consumió su infancia de huérfano, sin más alegría
Que leer libros como ese, que tanto me comentó.
Así quiso ser él fuera del cautiverio: justiciero (más que vengativo)y gallardo.
Con algunas riquezas ( que no tuvo, porque fue honrado como un rayo de sol,
E incluso se hizo famoso porque renunció una vez a un cargo cuando supo que había  
    que robar en él).
Con algunos amores que sí tuvo, afortunadamente, aunque no siempre le resultaron bien
     al fin).
Rebelde, pintoresco y retórico como el conde, o quizá mejor
Como un mosquetero. No sé. Vivió la literatura, como vivió las ideas, las palabras, con una autenticidad que sobrecoge,
Y fue valiente, muy valiente, frente a policías y ladrones,
Frente a hipócritas y falsarios y asesinos.
Casi en las últimas horas, me pidió que le secase el sudor de la cara.
Tomé la toalla y lo hice, pero entonces vi  
Que le estaba secando las lágrimas. Él no me dijo nada.
Tenía un dolor insoportable y se estaba muriendo. Pero el conde
Sólo me pidió, gallardo mosquetero de ochenta o noventa libras,
Que por favor le secase el sudor de la cara.



Roberto Fernández Retamar. 
Fotografía de Juan Sánchez Amorós

miércoles, 9 de julio de 2014

CNT, la força obrera de Catalunya








Con este nuevo libro, el compañero Ferrán Aisa da consistencia a uno de los periodos más interesantes de la reciente historia de Cataluña, el surgimiento desde los rescoldos de la Primera Internacional del sindicato CNT durante el Congreso de la Federación Solidaridad Obrera de Cataluña, celebrado en el Palacio de las Bellas Artes de Barcelona. La CNT se convirtió muy pronto en la gran organización sindical del proletariado ibérico y, sobre todo, de los obreros de la industria catalana tras la famosa huelga de La Canadiense. La clave de este crecimiento de la CNT en Cataluña y en España habría que buscarla, más allá de purezas ideológicas, en que la CNT supo convertirse en un instrumento de apoyo, de ayuda mutua y de soluciones a los problemas más inmediatos y angustiosos del proletariado, superando a la UGT, con la que colaboró ​​en acciones puntuales de lucha sindical, como la huelga revolucionaria de 1917, tras la que la patronal fue consciente del poder del sindicato y de la necesidad de destruirlo por todos los medios a su alcance. De ahí el  repaso exhaustivo que Ferran Aisa hace de los convulsos años veinte, diseccionando la guerra social desatada entonces: el terrorismo patronal, el pistolerismo, los atentados, las conspiraciones, la ilegalización de la CNT, la clandestinidad, la fundación de la FAI, las polémicas dentro del sindicato en los albores de la República, etc. El libro se cierra con un concienzudo estudio de esta última etapa, llevándonos por las diferentes revueltas e insurrecciones que desembocan en el 19 de julio de 1936, la obra revolucionaria de la CNT, la cultura y la sociabilidad anarquista desplegada en ese breve tiempo asediado por la contrarrevolución interior y la derrota definitiva. Estamos pues ante un esclarecedor ensayo sobre una organización, la CNT, a la que la historia oficial y académica sigue negando su verdadera magnitud, su importancia en la historia reciente de España y, como bien subraya Ferran Aisa en este libro, de Catalunya. Una historia a menudo vilipendiada y maltratada pero que constituyó para muchas personas una forma de vida, una manera de estar y sentir desde la Anarquía. Nos queda por saber si Ferran Aisa se animará a escribir la segunda parte de su libro, la travesía del desierto que supone la larga noche franquista, el exilio, el renacer de la CNT en los años setenta, la escisión y la reflexión sobre los nuevos movimientos sociales de ahora mismo en relación con el movimiento libertario. Esperemos que sí. 

CNT, la força obrera de Catalunya
Ferran Aisa
Ed. Base, 2013
20 euros


Antonio Orihuela








martes, 8 de julio de 2014

Tres poemas de LA SOMBRILLA DE MAHOU de JUANJO BARRAL



POEMA PARA SZYMBORSKA


Camino de los quince
pasean cinco crías
cogidas por la mirada,

a pocas experiencias ya
de perder el vértigo de esa edad
en la que todo está deseando
que lo enciendas,
ese tiempo convulso donde los sueños
se viven de día y la noche es un buzón
lleno de cartas a punto de escribirse.





QUÉ HACER SI NO


Cuando las palabras son incapaces de alcanzar
la transparencia de estas aguas,
cuando los versos no surcan la página
con la destreza de ese velero,
cuando te falta la cintura de los peces
que aletean ahí delante…
cuando te das cuenta de que todo esto es así
efectivamente, entonces
cierras la libreta y te vas
a dar un baño.





COMPARACIONES OCIOSAS


El amor es como un navío
que se sujeta en el horizonte:

no sabes si va o viene.



Juanjo Barral. La sombrilla de Mahou. Ed. Baile del Sol, 2014

lunes, 7 de julio de 2014

Dos poemas de LA SOMBRILLA DE MAHOU de JUANJO BARRAL





CONCURSO INTERNACIONAL DE DESPROPÓSITOS

El padre con el carricoche y el bebé
dentro, a punto de desnucarse ambos bajando 
a Los Muertos.
La histérica del orgullo gay
con su espectáculo de contorsión
todo a cien ante la incredulidad ocular
de decenas de bañistas.
El argentino que se sabía como nadie
el camino que no era.
La familia francesa
apareciendo en el barco sin bañador, sin agua, sin gorras
con 35 grados rodeándonos y cuatro horas por delante sin sombrilla.
La guaja del súper y dale con que el jamón “no se puede”
cortar más fino aunque la máquina y el cliente indiquen
lo contrario.
La del apartamento que quedó
en traernos el recibo
al día siguiente del primero
y han pasado veinte y tampoco.
El calor con tacones de hoy
22 de julio.
El concurso de barrigas inglesas en Mojácar.
Los zapatos de las inglesas en Mojácar.
Los requemados ingleses en Mojácar.
Las consumiciones y tapitas a precio
de nunca se sabe.
El gigantesco hotel que pretenden abrir de golpe
de talonario en El Algarrobico.
Algunos conductores temerarios
a los que ataría en horizontal
al parachoques delantero
de su propio coche lanzado por la autopista a ciento ochenta.
Los dependientes que no se duchan
antes de empezar la jornada,
ni la anterior.
La paja que se hizo un chorbo en la playa
a la vista de Claudia y lo que me habría gustado
acercarme con dos pedruscos y preguntarle si le ayudaba
a cascársela.
El catalán que resolvió con cuatro llamadas de móvil
a mi lado el descubierto en el banco.
El trío de socorristas entre los que no se salvaba uno.
Los que no ven La Alhambra
estando allí
con sus propios ojos
porque no los separan de la cámara
para llevarse un montón de imágenes raquíticas
de un lugar mucho más amplio
de miras.
Los invernaderos improcedentes de Adra
-que se suben por las laderas que no debieran
y bajan hasta la orilla del mar donde nunca
tuvieron que instalarse-.
Las voces de los que solo dan eso
aparte de pena
en tantos bares inhóspitos de carretera
con camareros ariscos y de prisa
innecesaria
que arrojan luego los desperdicios a la mar sin que nadie
los vea
salvo las olas
estupefactas
y estos ojos
que desearían
no haber
pasado
por allí.




EN EL CASTILLO DE SAN JOSÉ



Contemplábamos cuadros de Millares y Canogar
cuando entró la mujer
con el cochecito
hablando por el móvil.

A los cuatro cuadros
ella seguía hablando por el móvil
y nosotros intentando
concentrarnos en Oscar Domínguez
y Le Parc.

Más que de costumbrismo
y abstracción figurativa,
nos enteramos de que una amiga
la estaba llamando para lamentar
que no hubiera aprobado las oposiciones.

Con la cobertura pictórica
bajo mínimos
nos refugiamos en una sala anexa donde se exhibía
la obra en madera y bronce de Pancho Lasso.

Pero a la segunda escultura
escuché a mis espaldas
un llanto descontrolado de bebé
y la tercera conversación avanzando
por el móvil
de su madre.

A punto de fundirse todas las líneas
de alta tensión de mi paciencia, a cinco palabras
de sufrir una sobrecarga de enfado,
bajamos a la planta baja
donde está la cafetería.

Al fondo de la amplia sala, en una esquina
a la izquierda, junto a un óleo magnífico de Tápies,
abollando uno de los sofás, estaba ella
con el carricoche, con un supuesto
marido y otro lebrel,
todavía hablando por el móvil:
explicándole a un pariente que estaba
en el “maravilloso” Castillo de San José, en Arrecife,
“rodeada de cuadros”
que había que ver.





Juanjo Barral. La sombrilla de Mahou. Ed. Baile del Sol, 2014

miércoles, 2 de julio de 2014

EL PLACER DE LA REVOLUCIÓN


 Ken Knabb
versión española de Luis Navarro, gratuita y descargable en internet en
 www.bopsecrets.org/Spanish/joyrev.htm

Las situaciones radicales son los raros momentos en que el cambio cualitativo llega a ser realmente posible. Lejos de ser anormales, revelan en qué medida estamos siempre anormalmente reprimidos. En comparación con ellas, la vida "normal" parece la de un sonámbulo.

Los jefes son ridiculizados. Las órdenes no se respetan. Las separaciones se disuelven. Los problemas personales se convierten en cuestiones públicas; las cuestiones públicas que parecían distantes y abstractas se transforman en un asunto práctico inmediato. Se examina el viejo orden, se le critica, se le satiriza. La gente aprende más sobre la sociedad en una semana que en años de "estudios sociales" académicos o "toma de conciencia" izquierdista. Se reviven experiencias largo tiempo reprimidas. Todo parece posible - y muchas más cosas lo son realmente. La gente apenas puede creer lo que tenía que soportar en "los viejos días". Aunque el resultado sea incierto, la experiencia se contempla muchas veces como valiosa en sí misma. "Sólo tenemos tiempo de..." escribió un grafitero de mayo del 68, al que otros respondieron: "En todo caso ¡no nos arrepentimos!" y "Tres días ya de felicidad."