documentos de pensamiento radical

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lunes, 12 de diciembre de 2016

4 poemas de JESÚS LLAMAS



Balas o lágrimas


Dedicada a Cipriano Martos, obrero
clandestino muerto en Reus en el anonimato


Amigo no me digas
que todo esto que pasa
son cosas de la vida.
Yo no quiero una vida
mezclada con tanta lágrima.
Hoy mismo creo
que las mías se han acabado
junto a un obrero
muerto dentro del hospital.

Allí se fue mi último llanto.
Sacado de un cuartel
de la guardia civil de Reus,
a los diez días muere
un obrero en un hospital.

¡No! No fue muerte natural.
Antes ya pasó
por manos de sus verdugos
para después morir solo.
Para morir en silencio, solo,
en una habitación cualquiera,
sin dejar que nadie lo viera.

Obrero revolucionario,
trabajador de la construcción.
Me parece, amigos,
que aquellos días
a muchos hombres
se le acabaron las lágrimas,
para que pudieran elegir
entre las balas o las lágrimas.

Son tantas veces que matan obreros
que se termina por tener que elegir
entre balas o lágrimas.
Lágrimas o balas,
¿con cual me quedo?
¡es ya tan tarde!
En el hospital solo, sin recibir a nadie
A muerto un obrero.
Sin nadie que le diga
nada, nada,
¡entendéis!

Balas o lágrimas
ya no puedo elegir,
es demasiado tarde
¡casi no quedan lágrimas!





Cuatro caballos muertos

Cuatro caballos muertos
caminan sobre la vida,
cuatro asesinos locos
llevan al hombre sólo a sufrirla.

Cuatro asesinos muertos
que matan el aire vivo,
matan las tierras, los huertos,
y quienes dejamos en el olvido.

Cuatro fieras por siempre ratas,
con ellos ni amor ni aliento.
Todo sabe a farsa muerta
y nuestra cárcel vivida dentro
pero aunque el aire no sea aire,
ni nosotros mismos seamos nosotros,
llevamos por dentro
una libertad homicida, loca,
que se refleja en nuestro rostro
con mil sonrisas
por cada muerto vuestro
aunque sea de lepra,
o caído por un barranco.

Cuatro caballos muertos
caminan sobre dinero,
cuatro caballos muertos
mantenidos con sangre e hierro.
Son asesinos locos
y seguiremos confiando
en sus palabras, en su justicia,
y nuestras muertes, poco a poco.
No hay término medio,
¡ellos o nosotros!





Hombre del trabajo

Confío en ese
hombre sencillo,
en ese ser humano
que nada sabe de nada
que sólo conoce el trabajo,
ese hombre que sólo está
para que lo manden,
que trabaja, suda y calla,
pero que le duele España.

Que llora y sangra
cuando la injusticia
le acompaña.
Confío y sé que se levantará
y dejará huella
marcada sobre aquellos
que cada día le roban
negándole el derecho de persona.





Hilos desechos

Caminando por una sucia calle
voy en busca
de no encontrar la desesperación.
La calle me parece un hondo barranco
en el cual caminamos por debajo del fango
tratando de no existir.
No me pertenece mi cuerpo
que poco a poco se va envolviendo
en una capa de barro
que te encadena a la tierra.
Una mezcla de sangre y prisiones
llenan mi vida.
Atrás se han quedado mis amigos
hablando de algo,
en donde los hombres estaban presentes,
todo me parecía un pasado ya lejano.
Se me terminaba el tiempo
sin ver donde empezaba la vida,
y allí te vi sentada en el suelo,
que eres tú misma.
Apareces con las carnes abiertas,
tengo que cambiar contigo
toda mi rabia de besos sangrantes.
Entre la prisión que existe
y la libertad que se busca
nada quisiera exigirte,
no me pidas nada
vive y haz que yo viva.
Tu casa me recuerda prisión
¡Quizás en otros tiempos!
a mi me hubiera gustado
enterarme contigo en el mismo ataúd
y morir los dos juntos
dentro de la ciudad muerta.
Se ha acabado hoy,
no me queda tiempo para amarte
no me pertenezco a mi mismo
¡ya tan solo camino!
¿Y tú que eres?
sino barro que intente librarse
dejando tus labios abiertos
junto a ti intento mezclarme
entre tu, el fango y el amor,
para hacer los tres una sola cosa,
pero las cadenas son más grandes
y poco a poco te vas escapando
hasta convertirte en hilos desechos
que buscan unirse en un vestido blanco.
Y yo entre el sueño y la vida
me quedo con el cuerpo roto
y mis manos rompen
el vacío dejado por tu cuerpo.







Jesús Llamas (Villanueva de Algaida, 1950-Sabadell, 1990)

Nací en Villanueva de Algaida, provincia de Málaga.
Cuando tenía doce años mi familia emigró a Catalunya por las mismas razones de tantas otras familias obreras.
No tenia conciencia de clase en aquel tiempo pero ya no entendía que hubiera miseria mientras otros tenían riqueza.
Fui al colegio hasta los once años.
Hace tiempo que escribo sin haber publicado nunca nada hasta el momento.
Como otros tantos obreros y compañeros del barrio fui detenido en 1970 por luchar contra la dictadura fascista.”

Este es el breve extracto biográfico que Jesús Muñoz Llamas escribió en el año 1977 a modo de presentación en una modesta publicación editada en Sabadell, y que bajo el título "De puerta en puerta" recogía poemas de diversos autores, los cuales se presentaban como "poetas del pueblo". Los quince poemas que seleccionó Llamas en aquella ocasión, y que se podrían fechar entre 1974 y 1977, ya destacaban por el uso de un lenguaje directo y sin retórica para canalizar una experiencia de revuelta y compromiso dentro del contexto político y social de aquel momento. De un año más tarde, 1978, datan sus primeros dibujos que redireccionarán y amplificarán este gesto poético inicial.
La suya fue una vida restituida y sustentada entre la poesía, el dibujo y la pintura. Una vida vivida intensamente, comprometida y que oscilaba entre un deseo exultante y un soterrado desasosiego, con un inesperado formato que él eligió y que finalizó cuando en 1990 fue encontrado muerto en su pequeña casa del barrio de Ca n'Oriac en Sabadell. Tenía apenas cuarenta años.


Fotografía de Juan Sánchez Amorós

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