el de la moneda del cuarto de leche que compró Jariclia el veintinueve de abril de mil ochocientos sesenta y tres en Alejandría, antes de dar a luz al menor de sus ocho hijos, al que llamaría Konstantinos Petros.
V
Por eso él no es comparable
a nosotros
El nanosegundo eléctrico de
la célula de dios
cuando se detuvo a pensar y
retó al tiempo
en el arranque de la envidia
y el deseo
por ser hombre primigenio
incapaz de crear para si el
Olimpo.
Por eso cuando eras niño en
el recuerdo
caías tropezando con la
tierra
en el juego a ser soldado
en la batalla de los muertos
la tierra misma era metralla
merecida
soportando el llanto por la
herida que manaba
herida abierta, fuente de la
vida
el miedoso dolor del futuro
te acosaba
con un pañuelo anudado en tu
rodilla
incesante el llanto del
desvalido niño
el llanto de las arañas
ciegas
en celo en un campo de
salvias
el llanto del caballo en la
nieve de Kamchatka
al derretir con sus pezuñas
de fuego la roca
el llanto de los colores del
amanecer en Cabo Sunion
sin saber que la noche era
ya antes eterna
el llanto de las amebas
rosadas en el agua del Nilo
donde se
reflejan los templos de Karnak
el llanto de los niños de la
madrasa de Jerusalen
ante el terror infrahumano
de la madre del cautivo
el llanto ritual del anciano
sacerdote
alejado del altar por los
brazos de Efialtes
el llanto del gran oso
abatido por la flecha
moribundo y sometido en el
regazo de las Moiras
el llanto en el fin del
mundo ante la efigie de Aristóteles
Por eso él se arrepintió en
las fronteras del infierno
de haber sumado las cosas,
los hombres, las ideas
pensó en no ser otra vez el
ser nacido
y se hizo pie sutil en la
sabana
primate egoísta, escondido
en un gen
licuado de piedad homínida
sujeto al pecado de la carne
a la feliz idea de lo amado.
¿Por qué nos acoge?
que motivo hay para la
confusión
para querer salvar nuestra
alma
de la iniquidad del verdugo
para creer que merecemos la
redención
la salvación de nuestro amor
al prójimo
el don altruista de no
matar
la agónica permanencia del
óvulo
como un sol ardiente y
sanguíneo
el llanto y la piedad de la
insumisa madre
que adquiere los recuerdos
del infante
Alberto Gil-Albert. La historia de las orugas. Ed. de la Era, 2022

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