Donde fuiste feliz
alguna vez
no debieras volver
jamás.
Félix Grande
La ciudad se abre entre los callejones
que una vez recorrimos.
Al mirarlos, los espejismos se esconden
en la frialdad de los portales.
Vuelvo a sentirme un extranjero.
Camino. Lo sé porque la humedad
de las aceras inunda mis zapatos.
Ahora no llueve. Son las luces navideñas
las que se derraman sobre los charcos.
En el cine de nuestro barrio
reponen esta semana
Últimas tardes con Teresa.
No volveré a verla
por respeto a tu memoria
—y a la de Juan Marsé—.
Llego a nuestra casa,
toco el timbre: una joven chilena
me abre la puerta.
Ha colgado un retrato de Allende
donde colgamos El beso de Klimt.

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