Todas las mentiras
que me contaron esas
se las contaron
antes a otras y así de
boca en boca
masticadas
día tras día
por los siglos de
los siglos.
Todas las mentiras
que me contaron esas
son tantas que se
fractura el hueco al recordarlas.
Se camuflaron en
manos amigas esas
cojas atornillaban
cabezas al suelo.
Tuvimos que empeñar
muchos dientes
para arrancarlas.
Todas las mentiras
que me contaron esas
han sido piedrecitas
en los bolsillos.
Me dijeron que era
tarde para todo.
Tarde para casarme a
los 31
el vientre seco a
los 33 para │ESA│
cosa de los hijos.
Tarde, muy tarde y
menos mal
porque incubé tres.
Tan tarde no
era.
Todas las mentiras
que me contaron esas
sobre el amor
también.
Me dijeron que era
inquebrantable
y también me dijeron
lo contrario. Al final
el amor ha hecho lo
propio y
ha habido días para
todo y para nadie.
De los partos solo
me contaron horrores
dilataciones eternas
rajas infinitas
insufribles
depresiones posparto pero
yo he vivido los
partos más animales y tiernos
que jamás me
contaron.
Todas las mentiras
que me contaron esas
sobre la menopausia
femenina
se las escuché a
cuatro hombres cuarentones
sentados junto a mi
mesa en un bar.
Hablaban de la
sequedad de las mujeres y
la pérdida del
apetito sexual.
Parece que sabían
mucho de sexo. Del suyo.
Todas las mentiras
que me contaron esas
sobre la dignidad
ajena el
vas muy corta y
muy escotada y
tienes que vestir tu
edad
no calzaron nunca
mis pies.
Todas las mentiras
que me contaron esas
sobre mujeres pasados los 60
v i e
j a s //
i n
v i s
i b i
l i z
a d a s
solo puede contarlas
quien
no ha tentado la
Vida.
Todas las mentiras
que me contaron esas
tenían todas la
misma intención
concederle al miedo
el timón.
Desconfiad.
La mitad de la
mitad. Incluso menos que nada.
Al ciempiés le
sobran 99 patas.
Lourdes Vicente Bertolin. Birding. Ed. Huerga & Fierro, 2026 |

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