En el tramo final ya de tu vida,
sin grandes posesiones,
sin dinero,
sin
gloria, sin poder, echas las cuentas y te preguntas:
–¿Al final, qué tengo?
Nueve libros que caben en un
libro de memorias y versos,
una mujer, un hijo, una familia
que
te aguantan. Recuerdos
de
una infancia feliz, que no lo era, de un inocente niño bueno
que se empeñó en ser malo
y acabó tontamente en un infierno (del que salió quemado
y
envejecido antes de tiempo).
¿Qué
tienes además de la certeza
de
que no aprovechaste tus talentos, de que la
indecisión, la timidez,
la
falta de ambición y el miedo
te
hicieron elegir siempre el camino más largo y sinuoso, el más adverso.
–Apenas
nada …
¿Pero qué querías?
Ganaste,
campeón, el primer premio de no pedir, de no exigir,
de no darte a
valer. El primer premio del qué más da, a quién le importa, me
rindo, aquí me quedo,
de
tanto conformismo y displicencia, de
tanto spleen,
de tanto “yo no sirvo para esto”.
No puedes ni decir que has fracaso,
pues,
de ganar, no hiciste ni el intento. Tienes lo que tú mismo te has buscado.
Javier Salvago. Una mala vida la tiene cualquiera. Ediciones de la Isla de Siltolá, 2014
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