documentos de pensamiento radical

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jueves, 12 de marzo de 2015

BIBLIOTECA DE LAS PÁGINAS EN BLANCO





Seremos todos olvidados
como cualquier otra catástrofe.

En cualquier cuneta del tiempo.

No somos más que un escalofrío
en la piel de los gorriones.

¡Qué gloriosa contribución
a la apasionante biblioteca
de las páginas en blanco!



 
Javier Gallego Crudo. Abolición de la pena de muerte. Ed. Arrebato. Madríd, 2013
Fotografía de Juan Sánchez Amorós

MANIQUÍ ASESINADO



                                     (GERD ARNTZ, ‘Maniquí asesinado’, 1924)


Maniquí muerto
a la espera de un poema
que no llegará



Agustín B. Sequeros, marzo, 2015






miércoles, 11 de marzo de 2015

MANUAL DE SUPERVIVENCIA



Me fumo un cigarrillo, escribo un poco, duermo…
y me despierto cada hora sin recordar ningún sueño
y vuelvo a fumar e intento dormirme una vez más
pero es otro el que me habita cuando duermo
y apenas puedo levantarme de la cama
y arrastrarme hasta el sofá
cada mañana
en estos días tan ajenos
transformo en poema cada uno de mis actos
y empiezo a andar y sigo viviendo
por una costumbre tenaz heredada de la infancia
del mundo y solo a veces
solo a veces
puesta en duda
quizás ahora en estas letras en las que la vida
me acaricia la nuca mientras su mano se cierra
suavemente alrededor
de mi garganta y mis muñecas.

Fumo otro poco y escribo un poco más
y eso
es estar viviendo.

Parece tan simple como la combustión del cigarrillo
y eso
es morirse un poco.

Bebo agua.
Riego las flores de una tumba que algún día ocuparé
y siento pena
de no poder visitarme entonces.

Me apago.
Me apago pero soy pasto de mis propias llamas.
Soy el plato principal de mi jauría
en un banquete que preparo
con el cuidado de una madre
cuando desviste a su hijo.

Soy un invitado en mi propia despedida,
el amigo al que nadie recuerda,
el muerto que no se presenta
a su propio funeral. Por eso
llevo siempre mi mejor sonrisa
y visto un traje de alquiler
que solo me queda bien
algunos días.

Y esto es todo lo que hay y quizá sea suficiente
aunque algunas veces sienta ganas de matarme.

Arrastro
una montaña de recuerdos
atados a mi tobillo para no perderlos
pero cuando los reviso nunca logro encontrar
ese recuerdo preciso en el que se explica el porqué
y por qué algunas cosas no son comprensibles.

Tienen los recuerdos esa extraña cualidad de las mentiras:
que parecen más verdad cuando no los has vivido.

Y es, al fin, una mentira
la que nos hace estar vivos.


 
Javier Gallego Crudo. Abolición de la pena de muerte. Ed. Arrebato. Madríd, 2013

EL SARCÁSTICO




(Lucebert, 1924-1994)

el sarcástico:

oye ingurgitar a quienes van a nuestro lado en este atolladero
alternando la ambrosía con el veneno es como para asfixiarse
o reírse hasta la hilaridad
por este esperpento de la melancolía

y oye el desbordante vals
de mejilla colgante junto a mejilla colgante el cerdo esbelto
con el apuesto cerdo juntos aguardan
con cierto dolor deportivo y dinámica hechura
un mundo pujante eternamente joven y feliz

y esa es la megalomanía de la decadencia



Lucebert, CONSUELA AL ROBOT HISTÉRICO, Oratorio, 1989


(Traducción: Agustín B. Sequeros, 2015)

martes, 10 de marzo de 2015

HOMICIDIO FRUSTRADO




LOS POEMAS DEBERÍAN CAER SOBRE EL LECTOR COMO PAREDES
DE LADRILLOS PARAR SU CORAZÓN DE UN GOLPE
SECO Y ROMPERLES EL DICCIONARIO
EN EL CANTO DE LOS DIENTES
DEBERÍAN CORTARLES LAS PUPILAS

CON EL FILO DE UNA SÍLABA
Y PONERLES UN ESPEJO ANTE LOS OJOS
QUE LES HAGA VOMITAR SOBRE ESTA HOJA

LOS POEMAS DEBERÍAN HACER QUE LOS AMANTES
SE ULTRAJEN MUTUAMENTE
SE ROMPAN LA PIEL A MANOTAZOS
Y SE HIERAN SIN PIEDAD
EN UN ABRAZO

LOS POEMAS DEBERÍAN EXCITARTE
COMO UNA BOCA QUE TE LAME LA ENTREPIERNA
MIENTRAS DUERMES

LOS POEMAS DEBERÍAN HACER DAÑO
NO CURARTE

DEBERÍAN ENFERMARTE

HASTA DOLERTE
DEBERÍA HABER POEMAS
TAN ENFERMOS
QUE NO PUEDAS ESCRIBIRLOS
SIN MATARTE
QUE NO PUEDAN SER LEÍDOS
SIN MORIRSE

DEBERÍAMOS ESCRIBIR POEMAS DE LOS QUE NO SE PUEDA ESCAPAR
DEBERÍAMOS ESCRIBIR POEMAS DE LOS QUE NADIE SALGA VIVO

POR ESO ESTO NO ES UN POEMA
ES OTRO FRACASO


 
Javier Gallego Crudo. Abolición de la pena de muerte. Ed. Arrebato. Madríd, 2013

BAJO EL MANZANO



Llegué a casa,
eran ya casi las ocho de la tarde.

Hacía un tiempo muy suave
para la época del año.

El banco del jardín esperaba
bajo del manzano.

Me senté, y vi a mi vecino
que aún, cavando, se afanaba.

La noche se alzaba, y la luz,
azul intensa, cercaba al árbol.

El día se desvanecía
en olor a heno.

Volvía a haber juguetes
en la hierba.

Y desde lejos se oían de nuevo en casa
las risas de los niños en el baño.

Hasta donde yo estaba,
hasta debajo del manzano.

Más tarde vi surcando
gansos en el cielo.

Oí cómo el silencio
se apoderaba del espacio.

Entonces alguien vino
y se sentó junto a mí.

Para ser exactos, tú
fuiste quien llegó a mi lado,

para estar bajo el manzano, 
tan extrañamente suave y cercana, 
a nuestra edad.



RUTGER KOPLAND (1934-2012)

(Traducción: Agustín B. Sequeros)

lunes, 9 de marzo de 2015

PREPARACIÓN PARA EL DUELO



Perder el aire.
Perderte de vista.
No volver a tenerte.

Cavar una tumba. Enterrarte.
Llevar flores los domingos.
No olvidarse de regarlas.

Dar vueltas sobre mí mismo hasta olvidarte.

Vestirme de luto.
Darme el pésame
cada mañana. Decirme
que me acompaño
en el sentimiento.

Dejarme caer
en mitad de la calle
y esperar que alguien
me recoja
levante
socorra
hable conmigo
me abrace
me permita llorar.

Pedir un taxi.
Decirle que me lleve
donde quiera
que no quiero ir
a ningún sitio
que me pierda
que me abandone
que lo siento
que siento que las cosas
hayan sucedido
de esta manera
todo al revés
que es culpa mía
que no es culpa de nadie
que, a veces,
te subes a un taxi
te olvidas de ti mismo
porque solo piensas
en el destino.

Por eso…

bajarme al azar
en un semáforo
preferiblemente
en rojo
y
dejar un billete
de los grandes
para pagar todas
las carreras
del día
de esa gente
que, como yo,
no está dormida
ni despierta.

Qué difícil despertar
una y otra vez
y otra
como si nunca
consiguieses
despertar
lo suficiente.

Despertarse hasta romper todos los sueños.

Despertar en los brazos
de un desconocido
en un banco de la calle
y decirle simplemente:
Estoy contigo”

Por último…

volver a casa
hacer la cama
y dormir en el sofá
con la tele encendida

porque no estás
porque mi cama es tuya
porque solo cuando comprenda
que estoy solo
que tú te has ido
podré empezar a sentir
la pena de muerte

y de estar vivo. 


 
Javier Gallego Crudo. Abolición de la pena de muerte. Ed. Arrebato. Madríd, 2013