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jueves, 26 de enero de 2017

5 poemas de EL GRITO EN EL CIELO de JAVIER GALLEGO "CRUDO"



DE DONDE NO SE VUELVE

Te haré llegar adonde nadie ha llegado.
Te haré llegar a la llanura negra
al continente ciego
donde el manantial de noches
y la luz de cristal.
Te haré llegar
y me dirás condena.
Te haré llegar
y me dirás calvario.
Te haré llegar
y me dirás cautiva.
Te haré llegar
y querrás quedarte.
Te haré llegar más allá de nosotros
adonde no podamos alcanzarnos,
debajo de la sombra del sol,
detrás de Dios,
por la curva de los derroteros
en la que todo se pierde.
Te haré llegar
y me dirás ven conmigo
y me cogerás de la mano
muy fuerte
hasta olvidarme
y me dirás clava
y me dirás semen
y me dirás quiero
y me dirás duele
y me dirás muero
y me morderás.
Habrá sangre en nuestros dedos
habrá un crepúsculo en tus ojos
amanecerá de golpe y enseguida
caerá el cielo de bruces
y volverá a anochecer.
Te haré llegar aún más lejos
más lejos de lo que piensas
donde sentir pierde el sentido
por encima del aire
donde los pájaros no pueden
sólo la nieve
y me dirás gracias
y no me despiertes
y nunca
y para siempre
y te quiero
y túmbate a mi lado
en el hueco de mi espalda
y tú quién eres.
Y yo te diré que lo he olvidado
y te cogeré tan fuerte de la mano
que sentiré miedo
y te diré voy
y te quiero
y túmbate junto a mi boca
que voy a meterte la lengua
hasta el principio
para llegar contigo al final.
Y tú me dirás vamos
y no me hagas volver.




VASOS COMUNICANTES

Cuando tienes mi sexo en tu boca
y yo tengo tu sexo en la mía
y somos dos vasos comunicantes
que se entienden con la saliva
una maquinaria simétrica
de una sola pieza
que funciona como una fábrica
y nos lamemos como los perros
para limpiarnos las sobras
y pulirnos las paredes
hasta dejarlas sin sombra
y nos chupamos los bordes
como las crías chupan las ubres
para sacarnos el jugo
que sabe a genética
y extraer el petróleo que contiene
el secreto de nuestras vidas
y nos apuramos con la lengua
hasta las últimas consecuencias
y estamos
tan dentro del otro
y tan fuera de nosotros
que nos perdemos de vista
pero nos vemos de veras
y no hacen falta más palabras
para hablar en nuestro idioma,
somos entonces uno y ninguno
somos todos y nada
y siempre y nunca
y ahora
y lo mismo
de una vez
por todas.



DESAPARECER

Nos encajamos el uno en el otro
como piezas de un reloj
tan juntos y tan acurrucaditos
que cabríamos en un dedal
tu cuerpo metido en el mío
pero también al revés
ocupando tan poquito
como si fuéramos uno
o incluso menos de uno
a puntito de no ser
de escondernos en el otro
y de desaparecer.



ME BEBÍ TU SOMBRA BLANCA

Eras una sombra blanca, luz
que se desvanecía entre los dedos
cuando intentaba tocarla
pero fuerte como madera
olía tu recuerdo a leña quemada
tu piel a brasas y a la vez tierna
un trozo de pan mojado en leche
dura la corteza húmeda la miga
que chorreaba un hilillo de luna
entre las nalgas
cuando colocaba mis manos
en el aire
para agarrar tus caderas
y atraerte hacia mi boca
donde te probaba con calma
hasta deshacerte con la lengua
mientras tu sombra se retorcía
como una presa en la trampa
que intenta escapar
pero también se entrega
hasta que finalmente cedía
golpeaba mis dientes
y se frotaba con ansia
como si se frotara una mancha
tu carne abierta contra mi encía
tus manos ya en mi pelo
tus uñas afiladas
yo de rodillas
como si rezara
aunque no creo en nada más
que en tu saliva
y en el sudor de tus muslos
al rozarse furiosos contra mis mejillas
tenías una pierna sobre mi hombro
y clavabas las espuelas en mi espalda
para obligarme a humillar la cabeza
y beberte como una copa de lava
cada vez más espesa
cada vez más blanca
miga de pan mojada
que caía por mis comisuras
y goteaba sobre las sábanas
como un hilillo de luna
entre tus nalgas
mientras yo me bebía tu sombra
me bebí tu sombra blanca
y a punto ya del final
pegué mi boca a tus labios
oí en los míos tu grito
nos vi a los dos estallar
y tu recuerdo arder
como una estrella fugaz
que se hundía en el vacío
mientras dije sin hablar
aunque tardes vuelve pronto
no te vayas cuando salgas
déjame tu sombra blanca
quédate mientras no estás.



HASTA QUE LA MUERTE NOS SEPARE

Se presentó en casa la muerte
tan de madrugada
que la dejamos pasar
como si tal cosa
porque estábamos dormidos
y no nos dábamos ni cuenta.
Le dimos cena y palique
le hablamos de nuestra vida
del tiempo que todo lo arrasa
el olvido que todo lo borra
y los amigos que se fueron
sin poder decir adiós
aunque ahí levantó la mano
con un gesto de fatiga
y pidió retirarse a la cama
adonde se fue bostezando
como una sombra
de una sombra
que está harta de vivir.

Nosotros bailamos una danza
del fuego y nos dimos candela
sobre la misma mesa de la cocina
donde habíamos cenado
pues no estábamos seguros
de que hubiese un mañana
ni dos
y nos quedamos dormidos
como perros después de la caza
sin saber siquiera
si nos volveríamos a ver.

Sé que al día siguiente
nuestra visita
se habría quedado en casa
si hubiera visto que anoche
en lugar de unirnos

nos separaba.


  
Javier Gallego "Crudo". El grito en el cielo. Arrebato libros, 2016


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