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lunes, 30 de enero de 2017

6 poemas de OPOSICIONES A DESENCUENTRO de JOSÉ MARÍA GARCÍA LINARES




OPOSICIÓN


Papeles por la mesa,
libros con demasiado maquillaje
y con arrugas en los codos,
una taza de monotonía
y un café griposo
que no deja de estornudar socorros.

Alguna factura se ha colado
por debajo de los ojos
y la lista de la compra
desfallece de miseria
bajo un sol de madrugada fluorescente.
A estas horas la cabeza
pesa igual que las derrotas,
las manos ya no sienten,
solo esperan,
y el silencio es una lágrima
vomitada por el sueño.

Al tiempo que me roba tanto tiempo
y la risa de una copa de perfume,
le robo yo estos versos en venganza
de una espalda prisionera
de baldosas y cristales.

Vuelven los fantasmas
del amor y la memoria
cuando menos tinta hay en mi sangre
y bosteza el diccionario del olvido.
¿La memoria? -  me pregunto,
y me contesto - , es la sospecha
de que ayer pasó lo mismo.
Del amor ya han dicho todo,
demasiado, para ser
una cuestión de cuatro letras...

Amanece,
mañana es otro día.

Y me río de miedo.







MAYORÍA ABSOLUTA


“Erradiquemos el hambre
para siempre del planeta”,
propuso entusiasmado el presidente.

Por mayoría absoluta
desapareció del diccionario la palabra.








DESVELO


Hay noches en que el desvelo
me sabe a paladar seco y a hastío.
Boca arriba, frente al techo,
la espalda castigada de silencio
aguarda un gesto rápido del tiempo.

Esta noche me olvidé de olvidarte.

Es inútil lucharle a la memoria
cuando formamos parte de sus armas,
y a estas horas, mi derrota
es saber que quedan cosas
como el beso y esta cama
o tu olor y mis cuadernos.

En la calle algún susurro
de pasos, alcohol y risas.
En mi cuarto, soledad,
en la sábana, oquedad
y en los muebles el recuerdo y el insomnio.






TREGUAS


El mundo pide a gritos una tregua,
un respiro en el fragor de sus miserias.
Las treguas en Europa o Norteamérica
son finas, elegantes y tan dignas
de ocupar primeras páginas
que huelen a divisas y lavanda
y posan porque pasan a la Historia.
Son treguas, sobre todo, palabreras,
partidistas, democráticas,
con votos vencedores y vencidos.

Hay otras, sin embargo,
que no suben acciones al olimpo,
ni entregan  medallitas a ministros,
ni esperan bendiciones del obispo.
Son acuerdos para   un día,
tal vez dos, no más de tres.
Las firma una lágrima de rabia,
un aliento de coraje,
el espíritu engañado por los dioses.

Un poco de pan para la pena.
Una inyección al desamparo.
Una caricia.

El mundo pide a gritos esas treguas,
ese paréntesis de vida,
esa justicia olvidada.

Un eco envuelto en  silencio
cruza hasta perderse en la noche.

Un trozo de pan,
una mirada.






CONCHAS


Otra vez me detengo
delante de esta playa y del recuerdo:
las manos de mi madre,
mi cubo y mi rastrillo
y un sándwich de nocilla a media tarde.
Mi infancia hecha de sol y caracolas
y juegos de pelota y pilla-pillas.

El mar llegó, con el levante
y arrastró consigo los castillos...

Intento comprobar, desde la orilla
que “nada puede ser de otra manera,
la huella siempre muere con la espuma
y es así como vivimos”, nos decían.
 Sonrío con las algas porque sé
que a pesar de la voz de sus gaviotas
de rastros con verdades en oferta,
conservo alguna concha en los bolsillos
para escribir la vida a mi manera.








MUDANZA

Por no hacer mudanza en su costumbre.
Gracilaso de la Vega
Limpié de viento  los estantes viudos
y los sueños que cayeron de la cama por descuido.
Guardé tu beso en siete cajas;
en otra, cinco años de trabajo.
 Por último, un trozo de vida
entre El amor en los tiempos del cólera.
Cuando cierre la puerta,
las llaves girarán los años,
 escribirá la mirada lo que fuimos
y quedará en el  contendor azul de la nostalgia

  la perdida costumbre de tu boca. 



José María García Linares. Oposiciones a desencuentro. ASB Producciones Editoriales, 2007

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