documentos de pensamiento radical

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viernes, 19 de octubre de 2018

CEMENTERIOS AZULES




Algunos no llegaron. No les culpes.
Algunos se quedaron en las arenas blancas,
bajo un sueño de luces en la noche serena
y una esperanza que se fue transparentando
como una estrella en las orillas muertas.
Algunos no llegaron. Yo sí voy a llegar.
El corazón no engaña.
Treparé sobre dunas y sobre peñas negras
aunque deje la piel en los escollos.
Miraré cara a cara a los peces payaso
y reiré hasta llorar y desangrarme.
El corazón no engaña.
Yo sí voy a llegar, lo juro, madre.
La tierra prometida está esperando
con sus escaparates rompiendo cada hebra
de miedo o de pobreza.
Las noches no son negras, me dijeron.
Hay colores, y risas, y el motor de los coches
no gruñe ni amenaza. No hay bombas en las noches
como aquí. Ni es tan roja
la sangre, ni es tan negro
el futuro, ni lloran
las madres abrazadas al cadáver terrible
del hijo que ya nunca volverá a dar un beso.
Algunos no llegaron. No les culpes.
Algunos se quedaron enredados
entre las colas verdes, engañosas
de las sirenas del Mediterráneo.
Yo no sé nadar, madre, pero tú no me sufras.
Ya trepo por las costas, ya estoy entre la gente.
(Ya te lo dije, el corazón no engaña).
Pero… Nadie me ve. O quizá me ven todos,
no sé. Ya estoy aquí. Te echo de menos.

Se me llenan los ojos de semáforos


en rojo para siempre. Recuerdo otras ciudades



que se quedaron ciegas, y sordas,y murieron.



Paredes

que ya no tienen cuadros, ni fotos, ni recuerdos. Paredes
que ya no serán blancas
ni caldearán los pechos
de los que no llegaron.
Tengo hambre y hay comida, te lo juro.
En los contenedores hay comida
y viejos esperando a que nadie los vea
para agarrarla con manos engarfiadas.
Y niños. Y algún perro abandonado.
Hay comida y dinero, y las risas atruenan
y la música aturde, y las voces golpean.
Duele, madre. Tal vez por eso algunos
no llegaron.
¿El corazón no engaña?
No les culpes.
El mar que ves azul es un gran cementerio
en el que los cadáveres incómodos no flotan.
Nadie empuña una pala para enterrarnos, madre.
Basta con no mirar, o mirar a otro lado.
Y si me arrojo al mar con una piedra de algas negras
atada a los tobillos,
no me culpes.
El corazón sí engaña.
No me faltan las fuerzas, no lo creas. Es mentira.
Me falta la esperanza.


Ana Vega Burgos



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