Es un libro que se corresponde con la narrativa, pero también se le podría calificar de poemario, dada la intensidad con que el poeta trata cada frase del texto. Y poesía e intensidad se dan la mano con harta frecuencia. Es de recibo, de obligada y total proximidad.
Antes del porvenir, es decir, antes de casi nada, de que el mundo avance, de que el tiempo golpee las sienes blanqueadas del autor, nace este sentimiento profundo de la nostalgia en la localidad hispalense de Paradas.
No es un libro al uso y al abuso típico del señor provinciano que le canta a su pueblo, y cuya historia se cuece en la peor olla con torpe fuego: el nacimiento de algo ripioso. ¡No! Este libro, su cantado y encantado meollo, es todo lo contrario. Pepe Cenizo escribe adentrándose desde la profundidad llena de recuerdos, ojos poblados de vivencias, narrados con elegancia, con resolución muy meditada. Y le canta magistralmente a momentos irrepetibles de cada cosa pequeñita, pero que al niño Pepito le resultaba enorme, a través del diapasón de su ejemplar sensibilidad y bonhomía. Es la visión de un niño asentado en Paradas. Le canta a aquellos sucesos de aquella bendita tierra que le dejó una estela inolvidable de mágicas vivencias, que romantiza cada momento que se mece en los iris cincelados de nobleza del niño: el barro, el palomar, la tormenta, el algodón, la lluvia o la memoria, por sólo citar unos cuantos.
Es un libro que se lee apasionadamente, que va calando en el sentimiento del lector en cada nueva historia; que se vive con intensidad en el eslabón prendido en cada línea, en cada verso de este poemario increíble y quizá irrepetible, por cuanto el niño Pepe Cenizo se hizo hombre y después se alejó de aquel tierno y deslumbrante lar de su sueño para buscarse un medio de vida.
No podemos dejarnos atrás, que todo el libro, todos sus apartados, están impresos sobre un ambiente rural, donde el escritor se crió, en un entorno de intimas ilusiones y vivencias inolvidables.
El estilo es de una sencillez envidiable, ya que utiliza un estilo directo y claro, con una sintaxis sencilla, facilitando la comprensión sin perder formalidad. Sencillez y comprensión pueden parecer algo barato; en absoluto, sólo se consigue desde un profundo conocimiento del lenguaje. También se pueden encontrar hipérboles y prosopopeyas, dirigidas a los sucesos o vivencias que más arriba hemos anunciado, algo totalmente justificado causado por el desdoblamiento imparable de la pasión.
Un libro que debemos releer cuantas veces sea necesario, si deseamos volver a sentir el poder de la palabra bien circulada y la pasión más extrema, con maestría y sentimiento que se ocultan en El Palomar o en la mismísima lluvia de la entrañable niñez de José Cenizo: el poeta de hondo sentimiento de Paradas.
José Cenizo

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