UNA HISTORIA
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e la botánica a la farmacognosia.
De la farmacognosia a la química
orgánica.
De la química orgánica a la
bioquímica.
De la bioquímica a la inmunología y a
la genética.
De la observación a la
experimentación.
De la naturaleza al laboratorio.
De lo manual a lo industrial.
De la extracción y purificación al
diseño y síntesis.
Del tacto al conocimiento, de la
ceguera a la explicación.
De la comunidad a la empresa.
Del artesano al obrero de cuello
blanco.
De la función social al lucro
turbocapitalista.
Del primun non nocere de las
profesiones sanitarias
al manibus sanguine respersis de
la industria farmacéutica.
LA DOSIS
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omo una obsesión
como un centro de gravedad
como una causa primera
la dosis es la piedra angular.
En el mimo de la calibración de la
balanza
en la programación de la bomba
inteligente
en el informe farmacocinético del
viernes
en el último protocolo azul.
La dosis suficiente y no excesiva
que justifica una profesión
la dosis que cura, mitiga, coadyuva
o disminuye la pendiente
de la evolución del síntoma
en la ecuación exacta
en la comparación bayesiana
con los semejantes
que te cruzas en la acera
o en el simple cálculo
según la masa de tu cuerpo.
La dosis justa
que impide yatrogenia crónica
intoxicación aguda, secuelas, la
muerte
y que justifica una profesión
casi como de ángeles custodios
de serenos en la noche.
La dosis calculada
para siempre, para todos
en el juego de la gallinita ciega
de los ensayos con voluntarios
más o menos sanos
a veces desahuciados
representativos de ellos mismos
y a la vez de todos nosotros.
La dosis en el tiempo
que justifica una profesión
la que la taquifilaxia
aumenta sin fin contra el dolor
infinito
la que disminuye logarítmicamente
en la esperanza de un final
tras el enésimo brote, tras el primer
debut.
La dosis de los niños, de los ancianos
de quienes no tienen riñón
de quienes nacieron con una proteína
que se sale de la norma
porque hay en ellos un gen singular
que codifica libremente
a quienes debemos cuidar su dosis
como una caricia, como un arrullo.
Una obsesión, un centro de gravedad,
una causa primera, una piedra angular.
EL FARMACÉUTICO
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icen, un farmacéutico
y dan continuidad a sus asuntos. Me
señalan
y dicen, un farmacéutico y no
mienten.
Yo asiento, sí, un farmacéutico en el
valle del Guadalquivir,
un farmacéutico a caballo entre dos
siglos,
un farmacéutico que buscó la
liberación en teología,
un farmacéutico que habitó seis casas,
que meció tres cunas.
Dicen el todo en una de sus partes y tú
me reconoces,
como digo yo la parte por el todo para
otros,
el panadero, la
florista, la directora.
El autobús que ahora me soporta es
gobernado
por aquella de la que yo diré la
conductora
y dentro va sentado aquel a quien
llamo el profesor
y aún a su lado a la que llaman la
arquitecta.
Estas cosas pienso y no me llaman pensador
ni me gritan ¡ahí va el poeta, el
ciclista, el cocinero !

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