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La tripulación me recuerda que un manifiesto
también es el documento que se solicita en la aduana,
cada poeta con poder es una,
(ya sé que poeta con poder es como un animal
mitológico,
ya sé que de darse el caso se trata de algo marginal e
ínfimo,
un poder pírrico),
y que debo recapitular qué elementos constituyen este
buque
que zozobra a la deriva entre el Alfambra y el
Guadalaviar,
la carga: es mucha y torpe la lectura
intermitente,
algo de escritura tartamuda de
calidades varias,
lecturas y saliva torpemente
expulsada y compartida,
querencias hererogéneas por
lo pequeño,
epopeyas para los apologetas y
los jetas,
alcoholes, otras promesas de
paraíso a la venta.
El destino: diría que el olvido, una nada
cotidiana,
diría que el lugar de lo
epatado,
diría que el ahogo de la
soledad,
diría que dios sigue muerto y
mercadeado,
querría que explorase otros
posibles plausibles.
La procedencia: ninguna parte en concreto,
eso son en realidad todas las
partes,
un agujero llamado
nevermore,
algo así como las partes del
cerdo,
un intento de
aprovechamiento de un todo,
el que sea, pero otro todo.
La descarga: una pequeña posibilidad de
honestidad,
una pequeña posibilidad de
alivio,
consuelo, descaro y chupitos.
Enrique Cabezón. Contra la gravedad de los poetas. Ed. PPT Ediciones, 2025

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