documentos de pensamiento radical

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martes, 19 de marzo de 2019

MILÁN Zapatos





Primero, sonrisas al descubriros. Después, disparos de deseo os atraviesan como en esos duelos en los que ambos contrincantes salen heridos. Tranquilos, por vuestra ropa impecable y esa elegancia con la que sujetáis los cócteles, nadie sospecharía que acabáis de acribillaros a miradas: nuevas cicatrices que se suman a las que acumuláis desde hace ya tiempo, por lo menos un año.

Ese chico me gusta, repites cada vez que lo ves. “Coincidís” en la puerta del baño: hasta ahora nunca habías hecho algo parecido. “El amor me arrastró”, dirás mucho más tarde arrepintiéndote por la afectación de tus palabras. Con cierta timidez os cedéis el paso sin que ninguno se mueva. Después, miráis a ambos lados y, como dos niños traviesos, os metéis en esa caja de zapatos: porque el baño es una caja de zapatos y el deseo que os envuelve, transparente papel de seda. Él roza tu boca y luego sonríe: su mirada son dos velas azuzadas por las corrientes que generan la búsqueda de tus ojos. Te sientes afortunada por tenerlo contigo pero, cuando menos te lo esperas, desaparece por tu vientre. Te dejas llevar justo hasta que tu desconcierto, como una mala hierba, florece a ras de suelo: no se ha detenido en la parada de tu entrepierna y después de descender por el acantilado de tus muslos, agarrándose tan solo del vértice de su lengua, descansa en tu calzado.

Lame tus zapatos. Lame tus zapatos. Lame tus zapatos. Eso no aparece en ninguno de los cuentos que has leído. No comprendes nada, no sabes cómo actuar. Si acaso crees  recordar que alguien, en algún momento, te probaría un zapato, pero no que te lo lamerían. Lame tus zapatos. Y cuanto más lame, menos entiendes, como si su saliva borrara tu juicio al tiempo que lustra tu calzado.

Ríes: es una risa poco convincente. Das una orden, intentas que parezca definitiva, algo como “quita, tío”, acompañado de un par de carcajadas para amortiguar la dureza de tus palabras, como cuando escribes “gilipollas” en un mensaje y luego añades “ja, ja, ja”. Pero no te hace caso. Entonces intentas deshacerte de él, alguna que otra patada se te escapa mientras se aferra abrazado a una de tus piernas. Así estáis durante un tiempo que apenas sabes concretar. Por fin consigues liberarte y abrir la puerta mientras él rueda por el suelo, como esos objetos que caen de los armarios desordenados y rebosantes. Intentas salir como si no hubiera pasado nada, recuperas el equilibrio sobre la cuerda floja de tus tacones de aguja. No miras atrás.

Cuando se lo cuentes a tus amigas, cuando digas que lo querías pero de otra forma, cuando les preguntes si vas a necesitar unas sesiones de psicólogo, una de ellas te dirá lo que tú ya sabes: “¿para qué?, ¿para entender qué es el verdadero amor? Precisamente es eso: uno que da patadas y otro que no quiere soltarse”.

Tirso Priscilo Vallecillos. Cartografía urbana del deseo (Ediciones en huida, 2017)
Ilustración de Jesús Arnau

lunes, 18 de marzo de 2019

2 poemas de MARTA NAVARRO








«Tenemos que preguntarnos: ¿Qué hora es en el reloj del mundo?»
 (Grace Lee Boggs).

Ecosistemas (o El Evangelio según el FMI)


El día menos pensado el presidente del FMI
y algún organismo internacional culparán
a valles, bosques y montañas de socializar
oxígeno puro entre la población.
Dirán que son narcotraficantes de la naturaleza,
peligrosos ecoterroristas
y les declararán la guerra en nombre de la libertad.
Los culpables serán convertidos
en muebles de diseño
o en mercancía de tiendas suecas.
Nada es gratis y mucho menos vivir en paz.
Sirva la presente notificación como advertencia
para mujeres,
animales
hombres
y
bosques.
Publicado en Poesía Contra Corriente (Editorial La Vorágine, 2017) y en Casa de Zitas (Editorial Quadrivium, 2019).


Geometría de una tarde inhóspita


Rosas y lagartijas pasean su orgullo por mis venas.
El sol tendido sobre tu espalda nos sonríe.
Sabe que los pistoleros de la infancia
siempre disparan contra los guardianes de la memoria.
Abro mi estómago y decido limpiar su calendario.
Hay demasiados nervios escondidos en la guarida.
Demasiadas mariposas atrapadas en líquidos
poco románticos, nada semánticos.
En el hospital con nombre de culebra,
los cirujanos afilan sus espadas
para sacar de mis venas cientos de rosas y lagartijas.
Y yo aún no sé si quiero vivir con ellas o sin ellas.
Demasiadas dudas para una tarde inhóspita.
Última parada: Hotel Silencio


(Poema inédito).

Marta Navarro.

domingo, 17 de marzo de 2019

REPÚBLICA





En la república de tu cama
nada hay independiente
es fácil llegar a un acuerdo.
.
Hay un manual para perder la conciencia,
pinceles dormidos sobre un lienzo desplegado
planes de futuro  dibujados en el techo.

En la república de tu cama
con la pausa que exige el protocolo
se atienden mis reclamaciones,
sobre la piel ondean tus manos
arden lugares sagrados
se aplazan mis revoluciones.

En la república de tu cama
han caído todos los gobiernos;
volvieron las caricias derrotadas
los besos exiliados.

Solo quedo yo
el militante de tu partido
el elegido por los vecinos de tu cuerpo
el servidor público de tus sueños.



Juan Leyva

viernes, 15 de marzo de 2019

TEMOR



Querría escribir sobre el maltrato a la mujer pero no me siento capaz, al fin y al cabo soy un hombre, un hombre sin nombre que también teme a otros hombres.
Temo a los hombres cuyo sentido en la vida es comer, follar y que gane su equipo.
Temo a los jóvenes que espían los mensajes de sus parejas, que discuten en un coche golpeando el volante.
Temo a algunos hombres que salen de  los bancos, de las iglesias y de los gimnasios.
Temo a los hombres que discriminan por razón del sexo, raza o cuenta bancaria.
Temo a los hombres que no leen, o que sólo leen el Marca o el Expansión.
Temo a los hombres educados para competir, para dominar y que se blindan para no mezclarse con el color y el olor de otros hombres.
Temo a los hombres que levantan la mano, que levantan el brazo, que dicen levantar España.
Temo a los hombres que no saben hablar sin insultar, que no saben acariciar sin penetrar, que no se cuestionan a sí mismos.
Temo a los hombres violentos de palabra, obra y comisión.
Temo a los evidentes, a los muy consecuentes y a los fríos gestores.
Temo a los hombres que gritan para imponer su razón y que guardan silencio cuando hay que gritar.
Temo a los hombres que ríen mientras fuman puros  a las cinco de la tarde en un palco,  o a las diez de la mañana en un consejo de administración.
Temo a los hombres que dicen querer ponerte mirando a Cuenca, a La Meca o cara al sol.

Temo a los que utilizan la palabra moro, negro, rojo o maricón.
Temo que mis palabras no las entiendan los hombres a las que van dirigidas. Temo al próximo titular donde se asesina a una mujer
y no poderla salvar.



Juan Leyva.

jueves, 14 de marzo de 2019

RECUPERACIÓN



No lo dudéis, hay claras señales de recuperación:
se han recuperado las cruces santificadas
los púlpitos desde las ondas
los casos aislados
las hostias sin consagrar.
y los timos de las estampitas.

Se ha recuperado el papel de La Corona
su realidad medieval
los símbolos con decimales que no llegan a unidad.

Se han recuperado los fraudes de las viviendas
la carcoma de los bancos,
el crecimiento sin altura,
las mil y una noches en el cajero
los cuentos chinos del bazar.

Se ha recuperado la cruz, la fe y la tierra plana
el cortar por los sano y el café para todos,
la injuria a coronas y toisones de oro
el enaltecimiento del terror a la palabra
los títeres bomba y el delito de pensamiento.

Se han recuperado los ladrones del susto
si es que alguna vez se asustaron de nosotros.





Juan Leyva.
En: Antología Xº Aniversario de la Casa de Zitas. Zaragoza, 2019

miércoles, 13 de marzo de 2019

ANTICUENTO




Un noche llegó un padre y le contó el cuento a su hijo:

"Había una vez tres cerditos con la peste porcina, que violaron al lobo en peligro de extinción en su propia cueva.
Hubo una vez un niño que se llamaba Peter, que no pudo  comer pan en el país de Nunca Jamás.
Érase una vez  una niña con la caperuza roja a la que unos cazadores perseguían en una página de contactos.
Hubo una vez una camarera con el cabello ceniciento, que a media noche, cogía el autobús calabaza que iba al extrarradio.
Había una vez unas hadas que hacían la calle, y concedían los deseos más sucios a todo tipo de animales.
Bambi tuvo un hijo que le salió carnívoro.
El patito feo sufría acoso escolar.
Blancanieves era el camello de los siete enanitos.
La ratita presumida se puso botox y la contrataron en Tele 5
Cuando el flautista de Hamelín tocó la flauta del dinero, todas las ratas le siguieron.
Hubo una vez un pulgar que se llamó Pulgarcito, porque  lo cortó  una máquina que no pasó la revisión.
Pinocho era de aglomerado, trabajó en Ikea, y fue despedido porque no encajaba en las instrucciones, por coger humedad en los huesos."

Érase una vez un niño al que le contaron los cuentos al revés, para que llegara a mayor, totalmente confundido.



Juan Leyva.
En: Antología Xº Aniversario de la Casa de Zitas. Zaragoza, 2019

martes, 12 de marzo de 2019

COMPLICES.




Mientras la Monarquía se encuentre protegida,
el estado del bienestar en decrépito
las cunetas repletas de cadáveres,
la libertad de expresión acorralada,
y el Mediterráneo sea la morgue de los desesperados.

Mientras las tropelías del Emérito se hacen púbicas,
y nos quedemos absortos
planeando nuestras vacaciones,
el cielo arderá sobre nuestras cabezas.

Mientras sigamos cruzándonos de brazos
ante los despropósitos y la barbarie,
preocupados por el cáncer de los famosos
sin buscar una cura para nuestro propio cáncer.

Mientras sólo sintamos empatía
por unos niños aislados en una cueva de Tailanda
y nos olvidemos de todos los niños masacrados
en Palestina, Siria, Yemen, Irak…
o de los enjaulados y separados de sus padres
en la frontera de México.

Mientras todo ocurra ante nuestros ojos
sin ser capaces de  mover un solo dedo,
seguirá
       reinando
                   la paz para los malvados.



Montse Grao.
13. 7. 2018

En: Antología Xº Aniversario de la Casa de Zitas. Zaragoza, 2019


lunes, 11 de marzo de 2019

DESCOMPOSICIÓN QUÍMICA




De fútbol, loterías, coches, chalets con piscina,
oro, acciones, cotilleos, culos y pantallas
están hechos
los criminales sueños
de la clase media española.


Antonio Orihuela. 


domingo, 10 de marzo de 2019

GRACIAS


A Manuel Ángel Vázquez Medel


“Su tabaco, gracias”.
Frente a la máquina expendedora
deseo irrefrenable de comprar eternamente...
como acto de gratitud.

“Gracias por su visita”.
El parking con voz metálica de resaca
me hace reverencias a rayas
y juro que estuve a 0,035 euros por minuto
de volver a entrar solo para escucharlo...
como acto de gratitud.

Recordar lo que nos enseñaron es una forma de gratitud
y, sin embargo, olvidamos:
como si el mundo oliera a pan recién hecho, olvidamos
como si el pan fuera un ave que anida en nuestra boca, olvidamos
como si el amor volara en aire y el aire nos perteneciera, olvidamos.
Olvidamos lo que nos enseñaron nuestros padres
            y nuestros hijos
                         incluso nuestras máquinas...
De dar gracias nos olvidamos.

¡Gracias de las de verdad!
No de las de máquina de tabaco.
¡De las de verdad!
No suspiros llamados gracias
no palabras escupidas en palabras.

Gracias, Universo
una calle más te hubiera hecho intransitable
una calle de menos, monótono.
Gracias por todo:
ni por un pestañeo de más ni de menos
¡por todo, he dicho!
Ni por un milímetro de más ni de menos,
de una sola pestaña en el Universo.

Gracias a las injusticias que habitan agendas
nos dan motivos para luchar
y satisfacciones cuando mueren bajo cruces rojas
pasamos página, cerramos puertas.
Gracias tiranos, tardasteis en morir
pero cumplisteis la promesa
y la seguiréis cumpliendo
seguiréis muriendo mientras haya gente que dé las gracias.

Gracias al niño que con su insulto liberó mi pensamiento
y al amigo que el tiempo derrama...
Y a la tristeza: recordemos que plenamente feliz
murieron muchas personas
y yo aún estoy vivo dando las gracias.

Gracias a mis padres por ser excepcionales
y, sin embargo, nunca lo utilizaron
para conseguir mesa en un restaurante
o para que los diseñadores les prestasen sus creaciones
como hace un simple actor, un futbolista, o un político.

Gracias a mi tía Griselda por sus libros
y a Aristóteles por su Poética.
A Freddie Mercury, Vázquez Montalbán y Lorrie Moore
por colmar mis sentidos.
A Kelly de los Ángeles de Charlie
que de joven creyó enamorarme,
por no enfadarse cuando nunca supo
que mi amor se llamaría Alejandro.
Gracias a los dos: a Kelly y a Alejandro.

Gracias a todos los demás
nombrados y por nombrar…
Gracias.


 Tirso Priscilo Vallecillos. Viejos. Ed. Huerga & Fierro, 2019.

sábado, 9 de marzo de 2019

Recomendaciones para decir te quiero




Es más fácil insultar que decir te quiero:
solo eso da mucho que pensar
a saber por qué nos cuesta tanto expresar lo que sentimos
por qué enseñamos a los niños a desaprender el afecto...
No hay tiempo que perder:

COJA A LA PERSONA
MÍRELA A LOS OJOS
PRONUNCIE LAS PALABRAS

Parece fácil, ¿verdad?
Si no está preparado para mirar a los ojos hágalo a quemarropa.
Si no está preparado para el instante solemne procure que parezca un juego.
Si no está preparado para exponer su cuerpo escóndase en el abrazo.
Si no está preparado para la presencia grave busque un mensajero.

Recuerde que es muy importante que prevalezcan
valentía y amor, y decirlo en frío,
no escondido en un acontecimiento.
Tenga en cuenta que para decir te quiero
cualquier día es el más adecuado.

Y ahora les pondré un ejemplo
un ejemplo propio, personal
—que son los que surten más efecto
y del que se desprende una última recomendación.

Procedo:
Hoy quiero agradecerte tus actos,
tu generosidad, tu sacrificio...
y disculparme por todo lo que te haya podido herir.
Eres el mejor padre que puedo imaginar
mereces todo lo que está al alcance de mis manos
(atentos, ahora va lo difícil)
Te quiero, papá.
Repito:
Papá, te quiero.

Recuerde:
hay que decirlo antes de que el tiempo se acabe...

Una noche soñé que tenía a mi padre delante
y solo me dio tiempo a escribir este poema.



 Tirso Priscilo Vallecillos. Viejos. Ed. Huerga & Fierro, 2019.


viernes, 8 de marzo de 2019

Al son de los latidos ajenos



Comíamos en casa y mi padre dijo algo
sobre unas mujeres que nacen en cuerpos de hombres
Y se produjo un silencio de esos en los que solo se oye
el oleaje de la sopa
los acordes de la respiración
las nubes andar de puntillas...

No sé, creo que no es necesario
extenderme demasiado en explicaciones.
Esta poesía trata de buenas personas
esas que, sincronizadas,
miran al son de los latidos ajenos.


 Tirso Priscilo Vallecillos. Viejos. Ed. Huerga & Fierro, 2019.

jueves, 7 de marzo de 2019

2 poemas de VIEJOS de TIRSO PRISCILO VALLECILLOS

 

 

De niño a niño


Mi móvil me pregunta si quiero subir una foto
ahora que acabo de entrar en Media Markt
y, automáticamente, mis ojos se abren como objetivos.

Recuerdo —quizás imagino— a mi padre disfrutando
con cada uno de mis descubrimientos...
y la sonrisa desplegada en su mirada. 

Que no sé cómo decirte
que no volvería atrás para estar contigo:
que lo que me gustaría sería traerte
y dejar que el GPS nos lleve a algún lugar,
buscar tu complicidad cuando mi Apple Watch
diga que ya hemos caminado un kilómetro,
llamar por Skype a tus nietos,
presentarte al nuevo ascensor que habla
(a veces, incluso dice cosas interesantes).

Ver y oír todo en tu rostro
como aquellos años
en los que tú viste y oíste a través del mío.




 

Un hombre me mira orgulloso, me abraza y llora


Hay cosas que uno no se cuestiona de pequeño
cosas que suceden porque son así,
como lo del hombre bueno
que te obligaba a parecerte a él
ese hombre que sentaba a su mesa a extraños
ese hombre que ahora, de nuevo, tienes delante.

A veces me cuesta entender la realidad:
mis palabras son nenúfares poliédricos
y nadie sabe qué se esconde debajo
y mis sentidos son verdes promesas
que descansan sobre una existencia estancada;
solo en contadas ocasiones aparece la luz
atravesando el tiempo como una espada láser.

Hoy he salido en bicicleta y en Estébanez
he conocido a un hombre que todavía te recuerda:
ya sabes cómo son los pueblos...
Alguna vez lloraste, como cuando me hice maestro,
y hoy veo la misma mirada en este anciano
este que un día se sentó a tu mesa
me mira orgulloso, me abraza y llora:
me ha hecho entender que en los ojos de las personas
caben las miradas de aquellos
a los que en algún momento
miramos directamente a los ojos.

 

 

Tirso Priscilo Vallecillos. Viejos. Ed. Huerga & Fierro, 2019