documentos de pensamiento radical

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martes, 2 de marzo de 2021

JUSTICIA




Justicia


Privilegios 


Vida 


conservas en la nevera de los ricos 



Antonio Orihuela. Esperar sentado. Ed. Ruleta Rusa, 2017

lunes, 1 de marzo de 2021

Alientos. Malalientos y otras exhalaciones poéticas


 

 

Gn. (1:27) Y creó Dios al hombre a su imagen. Y ambos, dotados con capacidad para mirar hacia otro lado.

No hay nadie como un walking dead para apreciar la vida humana.

Sobre el sentido de la existencia solo puedo decir: mortadela.

Solo el poeta al escarbar la tierra encuentra un poco de cielo.

 

No hay nada más obsceno que querer ocultar un beso.

Consumimos amor pero no siempre sabemos qué hacer con los residuos.

¿Por qué el cuerpo de Cristo sí y el de Manolo no?

 

La ironía de llamar evolución al camino desde los homínidos recolectores al hombre cazador de Pokémons.

Escribo: es, de ser; cribo, de cribar.

Poeta: loco que en los parques da de comer a sus cuadernos.

Decir que el amor es para toda la vida solo demuestra que tenemos varias vidas.

Hay miradas en las que se ve el telediario.

Las puertas giratorias se deberían convertir en grandes vasos Minipimer.

A los niños del sofá ¿quién les pixela la tele?

Somos el único rebaño en el que cada uno va a lo suyo.

Las personas que siempre hablan de los demás son magníficas autorretratistas.

La felicidad es como los trajes de gala: la gente te mira raro si la llevas siempre puesta.

Con las agujas del reloj solo se descose.

El olvido, ese lugar lleno de paraguas.

 

En la vida todo el mundo tiene una salida sexi del agua.

 

Cada vez que nombramos deconstruimos.

Me enfrento al mundo con un lápiz muy afilado; parece ingenuo, pero así nadie ve mi arma.

Autoestima: precipicio por el que nos vemos obligados a caminar en grupo.

Los principios son como las casettes de las gasolineras: cuando los vemos nos arrancan una sonrisa entre nostálgica e irónica.

Somos un producto carente de etiquetas: de ahí el peligro.

Las ovejas no entienden de publicidad y eso las coloca justo por encima del hombre en la escala evolutiva.

La súplica es la metodología ideal para negarse a sí mismo.

Tenemos doscientos seis huesos, en ocasiones insuficientes como para mantenernos con dignidad.

El sistema inmunológico del hombre se llama hacerse el tonto.

Dios aprieta… Pero no existe.



Tirso Priscilo Vallecillos. (selección, por orden, en: Seré Bre 2015; La devoción inflamada, 2016; Homo Pokémons, 2017; El discurso, 2019); Breve Catálogo... (en imprenta)

domingo, 28 de febrero de 2021

ME HAN CONMOVIDO




Me han conmovido estos días las Asociaciones Pro-Vida. 

Las niñas de colegio de monjas 

vestidas de pastorcitas 

con láminas de la Virgen y rosarios 

arrodilladas, rezando para que los hombres 

decidan una vez más, justamente, 

sobre las mujeres. 


Al final de sus oraciones 

se produjo el milagro 

y si Dios quiere 

y vuelve a ganar el PP las próximas elecciones 

nunca más volveré a ver sus caras de rabia y furia 

luchando por la vida... 


habrán cumnplido su misión histórica 

y hasta las que aprovechen el día libre 

para pasarlo follando con algún amigo, 

podrán decir, a la vuelta de Londres, 

que aquel día 

también estuvieron allí... 


Nunca volveré a ver sus caras, os digo. 

Lástima que su concepto de vida 

empiece y termine antes, incluso 

que la misma vida; 

que olviden 

a las mujeres que mueren, anualmente, en España, 

víctimas de malos tratos, 


o el medio millón de personas sin hogar 

a las que tanto les gustaría 

que estas mismas niñas, 

con su rabia, 

con su furia, 

con sus vírgenes, sus santos y rosarios, 

le recordaran al gobierno 

que también ellos 

tienen derecho 

a la vida. 



Antonio Orihuela. Esperar sentado. Ed. Ruleta rusa, 2017

sábado, 27 de febrero de 2021

¿QUÉ HACES TÚ SIN EL LACITO?




Ese año, la vieja piel de toro 

que dicen parece España 

era un lacito azul de raso. 


El Estado catódico 

lanzaba las consignas pertinentes 

y la calle, 

día tras día, 

se llenaba de gente 

en cívica señal de protesta. 


Recuerdo, especialmente, 

a una señora de Cádiz 

agitando una pancarta 

en la que podía leerse 


LIBERTAD PARA ORTEGA CANO 


y por una vez 

me alegré de aquel gesto 

de espontánea solidaridad 

para con el diestro 

tantos años 

secuestrado. 

viernes, 26 de febrero de 2021

TE PIDO



Te pido que me ayudes, que actúes, 

no pienses ahora en flores amarillas muy altas, 


pero te miro y veo 

flores amarillas muy altas. 



Me pides más palabras que te digan que no estás sola. 

¡Qué tiempos estos en los que hay que cantar lo evidente!, 

como si no prefiriera que mi mensaje tomara la forma 

de una casa antigua en un valle 

sobre la ladera 

y humo en la chimenea, 

y decirte allí 

que no me rozan los hombres del mundo, 

que mi corazón se confunde con los cantos del río, 

que ya no sufro, 

y la vacas se recortan en los prados como manchas de tinta 

y el cielo tiene la forma de un papel de arroz de Okusay 

y en la carretera, sobre el cartel de población, han escrito con spray 

“A SANFINS A UMA FESTA”. 



Te pido que me ayudes, que actúes, 

no pienses ahora en flores amarillas muy altas, 

y, sin moverme, 

ver en tus ojos 

flores amarillas muy altas.




Antonio Orihuela. Esperar sentado. Ed. Ruleta rusa, 2017

Fotografía de Carmen Lourdes Fdez. de Soto

jueves, 25 de febrero de 2021

MIENTRAS LA LUNA DANZA ENTRE LAS NUBES




Mientras la luna danza entre las nubes
y congela con su luz
las estrellas en el cielo,

un avión de doble hélice
cruza por la tibia luz de tus ojos.


Jadeantes, tú me miras,
dices que ves una fuente de color verde
manando tras de mí,
yo te miro
y enciendo un cigarro plateado
que centellea tembloroso
en el reflejo de tus ojos.


Volvamos a entrar en el bosque, te digo,
no dejes miguitas de pan por el camino,
esta noche quiero perderme del todo
contigo.

 

Antonio Orihuela. Campo Unificado. Ed. Olifante, 2019

miércoles, 24 de febrero de 2021

HAY UN AGUJERO EN NUESTRA HISTORIA


 

 

Hay un agujero en nuestra historia
no sé dónde caigo cuando estoy en él.
No sé qué cosas se rompen,
cuáles sobreviven.


No regreso igual del agujero,
siento vértigo, devoción,
hambre y dolor de lo bello.


Debería recordar dónde está el agujero
y cómo evitarlo.


Intento recordar dónde está el agujero
y camino hacia él.


Antonio Orihuela. Campo Unificado. Ed. Olifante, 2019

martes, 23 de febrero de 2021

EN LA DUCHA


 


En la ducha, 

me he acordado de que hoy, 

hace treinta y tres años, 

se terminó para mí una larga temporada de agua caliente 

en el centro del vientre de mi madre. 


Tal vez, por eso, no me ha importado llegar tarde al trabajo 

y tal vez, por eso, no me ha importado decirle al jefe, 

en medio de la bronca por mi retraso de ocho minutos, 

que el tiempo es un arma de dominación política, 


o a los compañeros, que en un sistema democrático de derecho 

no hay opción para los dilemas morales, 

que hay que elegir entre justicia social y obediencia legal 

y que solo en la segunda hay posibilidad de creer en los ángeles 

y en viajes salvíficos a la India. 


Hoy, que he cumplido treinta y tres años, 

ha sido leer en una pared “GÁSTALES UNA BROMITA A LAS ETT’S”, 

después de meses sin ver nada, 

lo que me ha hecho sentarme a escribir, 

y no mis años 

ni mi ombligo, 

que sigue creciendo en el mismo, exacto, sitio de siempre, 

por mucho que mis contemporáneos piensen lo contrario 

y lo sometan a una vigilancia 

solo comparable a la que les someten 

aquellos por quienes han votado 

en toda una señal de íntima confianza por el sistema 

democrático 

de derecho 

que, por si acaso, sigue ofertando seis mil plazas anuales 

para cubrir 

fuerzas 

y cuerpos 

de seguridad 

del Estado. 


La edad no me parece hoy una vergüenza, 

la vergüenza es no tener el valor para seguir esas y otras consignas 

y refugiarme aquí, entre estos poemas, esperando 

que unos me llamen terrorista 

y desaconsejen mis libros, 

que otros sigan celebrándolos 

y adornen también con ellos su impotencia. 



Antonio Orihuela. Esperar sentado. Ed. Ruleta rusa, 2017

lunes, 22 de febrero de 2021

A MEDIADOS DE LOS NOVENTA




A mediados de los noventa, 

cuando los escándalos del gobierno 

se mezclaban con la propaganda del Partido 

en la celebración de los “Cien años de honradez socialista” 

hasta a mí, que no tengo un tic en los ojos, 

que llego bien al orgasmo, 

que tengo un doctorado 

y carnet confederal, 

me tentaron con militar en la oposición. 


Andaban entonces escasos de cuadros 

y su ascenso al poder, afirmaban, era cosa de días, 

y como en los grandes partidos mayoritarios 

no hay que ser ningún lince para nada 

sino sencillamente obedecer 

y hacer lo que se te diga, 

me aseguraban 

que tenía 

ante mí 

un brillante futuro profesional. 


Al contrario que tú, no acepté, 

y en el verano de 1997, 

cuando el Estado ensayaba lo del dichoso minuto de silencio 

con más éxito que una reposición de la Guerra de los Mundos, 

yo hacía la compra en unos grandes almacenes 

transformados, por arte de los medios de manipulación de masas, 

en un fantástico museo de cera. 


Paseé con mi carro entre las figuras 

hasta que me detuvo en seco un señor de traje gris 

acompañado de dos guardias de seguridad. 


–¿Acaso eres cómplice de la barbarie? 

No mereces vivir– me dijeron. 


y, amablemente, me explicaron 

cómo te habían jodido el chollo, 

y quién merecía 

y no 

la vida. 



Antonio Orihuela. Esperar sentado. Ed. Ruleta rusa, 2017

Fotografía de Juan Sánchez Amorós

domingo, 21 de febrero de 2021

EN LA JAULA




Al fondo de la calle hay un sitio donde dan café 

y el camarero te llama por tu nombre. 


Los perros entran y salen cuando quieren 

bastante más erguidos 

que muchas personas. 


Las revistas se amontonan en un cesto, 

las ojeo, 

cobrar por periodista y ejercer de intoxicador, 

un negocio. 

Constato como siguen los jueces trabajando 

para aquellos de los que, en teoría, la justicia 

debería defendernos, 

y como al fútbol se le sigue llamando deporte 

y ocupa lo mismo que el total de las noticias del día, 

aunque mucho mejor explicado. 


Trato de animarme con el crecimiento global de la economía, 

aunque la economía y mi cartera rara vez coinciden en algo. 


Pasan críos para la escuela 

diciéndole al más valiente 


––Pega en esa puerta que ahí vive el bóxer. 


Un pensionista muy estropeado, 

de unas casas más abajo, 

le dice a otro que el que no sirve, 

a coger fresas, 

que él hizo tres puentes. 


Otros se apoyan contra el sol, 

fuman, beben mosto, hacen chistes verdes 

y se cogen el culo después de ver pasar las quinceañeras. 


Aquí dentro me siento bien, 

otro entretenido que así no da problemas. 


Los envidio como a mi perro, 

panza arriba, 

viéndolas venir, 

porque todo lo que vino a hacer a este mundo 

ya está hecho. 


La vecina de enfrente sale a barrer la puerta 

y quitar el polvo, 

finalmente, algo útil a mi alrededor. 



Antonio Orihuela. Esperar sentado. Ed. Ruleta rusa, 2017

sábado, 20 de febrero de 2021

SE QUEDARON CON TODO






Se quedaron con todo, 

también con el rencor, 

las formas de reconstruir la esperanza, 

de hacernos 

en su idea de la justicia 

una ausencia de culpables. 


Aunque ya no queman libros 

y se han sacudido, como caspa, 

al innombrable, 

el presente sigue siendo de azul en las camisas. 


Nunca vendrán los nuestros, 

porque no se puede avanzar ni un milímetro 

en la fosa común que les labraron. 

Se destiñó su color, 

el de la sangre. 

Atados y bien atados 

los dejó el general, 

como a nosotros. 


Los que llegaron después, 

eran sus hijos. 



Antonio Orihuela. Esperar sentado. Ed. Ruleta rusa, 2017

viernes, 19 de febrero de 2021

VIÉNDOLAS VENIR




VIÉNDOLAS venir, 

recibiendo 


y tan contentos.



Antonio Orihuela. Esperar sentado. Ed. Ruleta rusa, 2017

jueves, 18 de febrero de 2021

YO TAMBIÉN TENGO




Yo también tengo 

una vieja biblioteca pública 

que fue arrasada por las llamas 

aunque no eran los libros 

lo que más me interesaba de ella 

sino la vieja cama 

donde el guía decía 

que había dormido Juan Ramón Jiménez. 


Me citaba allí con mi chica 

en las lentas tardes del verano del sur de España 

y, entre risas, 

nos desnudábamos 

retozando sobre el primer edredón que veían mis ojos, 

nos colocábamos los trajes del difunto, 

las gafas de Zenobia, 

su ropa interior, 

y jugábamos por las habitaciones 

creyéndonos los amos de aquella casa. 


De los más de seis mil libros que allí había, 

eres tú, amor, 

lo único lúcido e interesante 

que recuerdo, 


lo único. 



Antonio Orihuela. Esperar sentado. Ed. Ruleta rusa, 2017


miércoles, 17 de febrero de 2021

PASAN LOS DÍAS


 


Pasan los días 

sin una señal. 



Antonio Orihuela. Esperar sentado. Ed. Ruleta rusa, 2017

Fotografía de Jesús Aller.


martes, 16 de febrero de 2021

CRUZADOS




Cruzados

en el mismo bar 

de todas las noches 

los ojos 

nos dejan 

tan lejos. 


Antonio Orihuela. Esperar sentado. Ed. Ruleta rusa, 2017


lunes, 15 de febrero de 2021

ME METÍ EN LA NOCHE




Me metí en la noche 

y no di pie. 


Antonio Orihuela. Esperar sentado. Ed. Ruleta rusa, 2017

domingo, 14 de febrero de 2021

TÚ PREGUNTÁNDOME




Tú preguntándome 

que dónde coño están los Molinos de Viento. 

A cambio 
un snack-bar 
con parking vigilado. 

BIENVENUTTO ALLA TAMOIL 

Mi perro, yo 
en medio de La Mancha. 
Un día gris, 
la Tabula Rasa de Arvö Part 
y la tabla rasa del capital. 

No, ya no hay Molinos, 
ahora sí que se levantan 
los monstruos invisibles de tu señor. 

Con la Unión Europea, Sancho, 
hemos topado. 


Antonio Orihuela. Esperar sentado. Ed. Ruleta rusa, 2017

sábado, 13 de febrero de 2021

HAY DÍAS




 Hay días 

que no huele a gasolina dentro del Mehary. 


Vuelves la vista y te encuentras 

a la muerte, sonriendo. 


Te da una palmada en el hombro 

y te dice que tires pa' lante, 

que no pasa nada... 


Te para entonces un policía de tráfico 

pero cuando introduce su cabeza verde, saludando, 

cambia a blanco, 

da las buenas tardes, 

balbucea que siga, 

que siga, 

y hasta por dos veces 

se me duerme en el regazo 

durante el viaje 


y por dos veces 

otros coches me pitan 

y hacen luces 

como si supieran 

qué es lo que llevo dentro. 


Me dice que pare en casa, 

y en un descuido 

le cambio los números al pastel de cumpleaños. 

Siento entonces 

su mano por mi pelo 

y muy suave 

colocar su cráneo frío sobre mi hombro. 


Llegan luego los besos de papel 

dentro de un abrigo 

y nieve afuera. 


Me pregunto cómo no sientes miedo 

cuando te digo que somos tres 

y que me tumbaré sobre la cama 

y no podré cerrar los ojos 

ni unir las manos 


y tendrás tú que hacer todo eso 

y terminar por mí 

este poema. 



Antonio Orihuela. Esperar sentado. Ed. Ruleta rusa, 2017

viernes, 12 de febrero de 2021

CADA VEZ

 

 


Cada vez que mi madre corta mis cabellos,
en el patio de los crisantemos
suele nevar.

Cada vez
más intensamente
cae nieve. 


Antonio Orihuela. Esperar sentado. Ed. Ruleta Rusa, 2017

jueves, 11 de febrero de 2021

Márgenes Infarrojos. L´image une forme de violence - 2018


 


Ver jugar a Kasparov es como leer a Dostoievski, ver el mar o enamorarse por primera vez.

 

El primer aspecto que me preocupa en esta vida es la vergüenza.
¿Será verdad que la poesía borra la sociabilidad y la falsa historicidad?,
aquella historicidad cruda.
La poesía estimula a los hombres a conocerse
a saber que ocupan un lugar en el mundo.
Pero qué pasa cuando los hombres,
aquellos seres abyectos
colocan excusas para esconderse bajo el sello de un Diógenes falso.
Quizá por ello es que R. Casas hizo de su caballo un centro sin centro.

Uno en el que la ignorancia social podía distinguir al animal del hombre.
Y como mi principal preocupación en esta vida es la vergüenza,
me entretengo pensando que los caballos son la parsimonia entre la poesía y el juego;
pero no cualquier juego.
Mi cometido, a diferencia de lo que me preocupa
es retratar en el juego mismo la desgracia musical de cada ajedrecista
El ajedrez tiene una musicalidad,
como la poesía
Y todo aquello es un montaje que se sostiene porque siempre hay un inocente que lee. ¿Será que los hombres a quiénes les preocupa la vergüenza buscan irse al Paraná?
Yo siento vergüenza por todos aquellos que han tenido la dicha de haber sostenido un pedazo de caolín.
Yo paseo como un hombre vulgar,
paseo como una palabra;
paseo como un
flâneur a la hora de irradiar vergüenza.
La multitud me hace florecer como un caballo desbocado en medio de un acantilado.
Tengo vergüenza de moverme,
tengo vergüenza de los hombres que se carcomen las uñas
cuando carraspean esta frase: me encantaría perderme en una isla.
Una isla es acaso un tablero para caballos desbocados,
excepto para los hombres donde la ira pesa más que el ingenio.
Cuando hablo con mi madre, siento vergüenza.
Quiero decirle a ella que mi habitación es un tablero de ajedrez
que la cruenta lucha de proteger a mi rey, es decir, a mí mismo: es vana.
Recurro a la poesía,
a la mala usanza de estas palabras.
¿Será verdad que la poesía borra la sociabilidad y la falsa historicidad?,
aquella historicidad cruda.
El ajedrez permite crear un rol social,
en cambio la poesía solo sirve para montar una falsa historicidad.
La poesía me permite decir que siento vergüenza de los hombres que prometen grandes cosas y dicen pocas palabras.
El ajedrez en cambio suena,
siempre suena,
porque el jugador contempla en pocos o muchos movimientos
aquel inmenso placer que se siente al leer a Dostoievski
o enamorarse por primera vez.
La poesía es solo un nombre: Kasparov
Y me contradigo de nuevo.
El primer aspecto que me preocupa en esta vida es la vergüenza.
La poesía es solo un nombre: Yo.

Iris Kiya. Inédito

 

 

miércoles, 10 de febrero de 2021

DESPERTÁBAMOS



 

 

Despertábamos al alfiz
y allí estaba


la vaca, los amplios
granados podridos
por el suelo.


La tarde, lenta,
mágica y roja


como tu piel
tras las caricias, puesta.


–Yo lavando platos,
tú golpeándome–

 

Antonio Orihuela. Esperar Sentado. Ed. Ruleta rusa, 2017

 

martes, 9 de febrero de 2021

LLUVIA DE MÉRIDA


 

 

Lluvia de Mérida
y abrazos en Santa Olalla del Cala,
Huelva.

 

Antonio Orihuela. Esperar sentado. Ed. Ruleta rusa, 2017 

Fotografía de Carmen Lourdes Fdez. de Soto

lunes, 8 de febrero de 2021

Y



 

 

Y por qué la magia, no dura.

 

Antonio Orihuela. Esperar sentado. Ed. Ruleta Rusa, 2017

domingo, 7 de febrero de 2021

AL TOMAR LA CAMISA




Al tomar la camisa

de la mujer que apenas dejó de estar aquí ayer,

su olor

me ha recordado una bolsa que encontré

un día,

años tal vez después de tu marcha,

sobre el armario.


Al abrirla, la encontré llena de cintas blancas

con las que te recogías el pelo,


las acerqué a mí al presentir tu olor.


Así estuve contigo

por última vez.



Antonio Orihuela. Esperar sentado. Ed. Ruleta rusa, 2017

sábado, 6 de febrero de 2021

LA SOLEDAD DE AQUÍ




La soledad de aquí

vuelve más tiernos los días idos

la constante aventura

que platicamos

allá, en lo alto del castillo de Alange.


Solo un viento furioso

y mi recuerdo

os mantienen vivos

sobre sus ruinas,

abrazados...


Pero,

¿por cuánto tiempo?



Antonio Orihuela. Esperar sentado. Ed. Ruleta rusa, 2017

Ilustración: Daniel Lezama

viernes, 5 de febrero de 2021

NUNCA HAY


 

 

Nunca hay, Ángel,
dos tiempos iguales


y,
a veces,


me parece
que hasta el tiempo
que dos comparten
es diferente
para cada uno.


Una tarde de domingo
nos sacaste una foto.


Aún estamos
mirándote los dos.

 

Antonio Orihuela. Esperar sentado. Ed. Ruleta Rusa, 2017

jueves, 4 de febrero de 2021

QUÉ EXTRAÑO


 

 

Qué extraño.


Cada vez
que decides
hacer el amor,
fuera llueve,
y tú me preparas
pastas con nata,


y yo te miro
echándote de menos.

 

Antonio Orihuela. Esperar sentado. Ed. Ruleta Rusa, 2017

 

 

miércoles, 3 de febrero de 2021

QUE EL RÍO PASA Y SE LLEVA LO MEJOR



 

Es duro pensar que ya nunca más
regresará Tomás, herido, sobre la casa

o Leo, aplaudiendo a Julio Iglesias,
pagándonos la dejadez de las facturas,
y todo eso.


Verte a ti, despreocupado de todo,
pendiente solo del gozo y del llanto.


A Chés llamándose Paco,
y saliendo ileso de debajo de un puente.


Todos juntos huyendo de la Casa de la Troya
después de haber vomitado largamente
sin pagar.


Sobre las murallas de Trujillo
aprendiendo, de nuevo, a mirar las cosas
que queremos, que siempre
hemos querido.


Un tiempo que aletea sobre la muñeca izquierda
y que, poco a poco, se rinde a las viejas convicciones

y a pesar de todo, aún un resfriado curado entre las brasas,
un cumpleaños en febrero,
un corazón malherido,
un escalofrío, al volver hoy
con el recuerdo a cuestas
por la carretera de Olivenza
aquella que unía Magacela con Alange


y tantas otras cosas.


Antonio Orihuela. Esperar sentado. Ed. Ruleta rusa, 2017

martes, 2 de febrero de 2021

LE DIJE



 

 

Le dije que me peinara
y ella accedió

 

Antonio Orihuela. Esperar sentado. Ed. Ruleta rusa, 2017

lunes, 1 de febrero de 2021

BORRA TODAS LAS HUELLAS


 

BORRA TODAS las huellas
me decías,
cuando te hablé de mi falta de emoción
no recobrada ni siquiera en el Castillo de Medellín
tras encontrar Bronce Final bajo sus ruinas.


Borra todas las huellas
me decías,
aquella tarde
de merenderos
años sesenta
con sobrecillos del azúcar de Juan Hidalgo
–Villanueva de la Serena, Badajoz–
donde prometí carreras dobles en bicicleta
hasta el Cerro del Tambor
en noches de gatas egipcias
y pijamas chinos.


Borra
aquellas tardes en Magacela,
y aquel tiempo,
finalmente considerado,
si no es para recordarlo aquí
a pesar de haber jurado,
jamás hablar sobre estos meses...


Borrar, Ángel,
todas las huellas...

 

Antonio Orihuela. Esperar sentado. Ed. Ruleta rusa, 2017

domingo, 31 de enero de 2021

EL CAMINO DE LAS PAÑUELAS CASI SOLO...


 


EL CAMINO de las Pañuelas casi solo...

preludia la vuelta del otoño.


Finalmente

he vestido de largo el Mehari

y Roky ha dejado de bañarse

en el monumento a Juan Ramón

cargado ahora de las golondrinas no muertas

por la visita del Papa.


Naranjo ha celebrado su 34 cumpleaños

y la piscina del pulpo verde

guarda el limo de los últimos chapuzones.


Atrás están el Calabazal, los helados,

las playas imposibles de gente

y un cierto cansancio de las terrazas.


Esta noche

me acompañas junto al beso de tu madre,

el ruido del Mehari volviendo de la playa

y el pensamiento fugaz de la próxima muerte de Roky,

vencido, sordo, casi ciego,

cuando ahora veo correr sobre las playas

su ímpetu de bronce.


Diego regresado de México dispuesto ya a escribirnos

otro libro de poemas

“El chico de Cuernavaca”, tal vez.


La búsqueda infructuosa de un chaleco de lana,

la idea de volver infinitamente,

por la carretera de Río Tinto,

y al dentista

y a la correspondencia,

Y A LA CORRESPONDENCIA.



Antonio Orihuela. Esperar sentado. Ed.Ruleta rusa, 2017

sábado, 30 de enero de 2021

IDEA VERTICAL DE TI




Por la ventana,

en la tarde de este invierno

miro pájaros que me recuerdan mi dolor por ti.


El mar,

tu pijama de la casa,

y tus caderas, que parirán robustos peces,

os volvéis

un dolor ancho, como oscuros tus ojos,

y el enigma se cierra por un doble horizonte de labios.


No sé si volveré en mí

y habitaré la casa, nuevamente.


Sumergido,

intento guardar esta imagen, tuya, para siempre.



Antonio Orihuela. Esperar sentado. Ed. Ruleta Rusa, 2017

viernes, 29 de enero de 2021

ELOGIO A LA DIALÉCTICA

 



Con paso firme se pasea hoy la injusticia.

Los opresores se disponen a dominar otros diez mil años más.
La violencia garantiza: “Todo seguirá igual”.
No se oye otra voz que la de los dominadores,
y en el mercado grita la explotación: “Ahora es cuando empiezo”.
Y entre los oprimidos, muchos dicen ahora:
“Jamás se logrará lo que queremos”.
Quien aún esté vivo no diga “jamás”.
Lo firme no es firme.
Todo no seguirá igual.
Cuando hayan hablado los que dominan, hablarán los dominados.
¿Quién puede atreverse a decir “jamás”?
¿De quién depende que siga la opresión? De nosotros.
¿De quién que se acabe? De nosotros también.
¡Que se levante aquél que está abatido!
¡Aquél que está perdido, que combata!
¿Quién podrá contener al que conozca su condición?
Pues los vencidos de hoy son los vencedores de mañana
y el jamás se convierte en hoy mismo.

Bertolt Brecht, Poemas y Canciones, 1932. Alianza Editorial, 2005


jueves, 28 de enero de 2021

EL COCHE SE HA ROTO EN SAN JUAN




El coche se ha roto en San Juan.

Mi padre se ha sacado su última muela.

Teresa está con fiebre.


Antonio Orihuela. Esperar sentado. Ed. Ruleta Rusa, 2017

miércoles, 27 de enero de 2021

AMANECE


 

 

Amanece,
de pecas tu espalda.

 

Antonio Orihuela. Esperar sentado. Ed. Ruleta Rusa, 2017 



martes, 26 de enero de 2021

JUNTO


 

 

Junto a un ruido de autobuses marchando
permaneces.

 Antonio Orihuela. Esperar Sentado. Ed. Ruleta Rusa, 2014

lunes, 25 de enero de 2021

UN DÍA MÁS




Un día más

vuelvo a contemplar

tu foto junto a Roky.

Ambos permanecéis

como una promesa

sobre la playa.

¿Dónde

el tiempo de los torsos?


Antonio Orihuela. Esperar Sentado. Ed. Ruleta Rusa, 2017

domingo, 24 de enero de 2021

LOS DOGMAS CAÍDOS

 


 

El mercado libre lo resuelve todo,

pero llegó el coronavirus y no había cubrebocas.

 

Los empresarios crean la riqueza,

pero el confinamiento obligó a los obreros

a dejar de trabajar

y los empresarios se arruinaron.

 

El salario debe estar en relación con la responsabilidad,

pero llegó el confinamiento

y resultó que los agricultores, basureros y transportistas

eran los peor pagados.

 

La gente es egoísta, cada uno debe mirar por su interés,

pero llegó el confinamiento

y se activaron inéditas redes vecinales de solidaridad.

 

Lo que es bueno para los ricos es bueno para todos,

pero mientras los especuladores iban a lo suyo

todos los demás nos fuimos a ayudar en los bancos de alimentos,

a hacer mascarillas, recados y compras para los más ancianos,

y a trabajar con los enfermos sin medidas de seguridad,

arriesgando la propia vida.

 

Los dogmas de los poderosos han caído

ahora nos toca a nosotros levantarnos.



Antonio Orihuela. Todos atrapados en la misma trampa. Ed. Garum, 2020


 

sábado, 23 de enero de 2021

LO SAGRADO



...una espiritualidad con pelo.

Jorge Riechmann

Tu cara hinchada de sueño.

El calor de mi cuerpo alejándose

por las calles.

Mis bolsillos vacíos.

Pedalear hasta el trabajo,

con la visión, tras la fábrica,

del monte Sumeru,

con la sensación de un Bodhisattva

que vuela sobre la espalda de un mundo pequeño

que se afana abajo,

arranca un dulzor de labios,

deja una sonrisa.


Saludar.

Decirle adiós y buenos días

a gente que no conozco.


Pensar, a la vuelta,

en la luz que se va en un desgarro,

en lo lejos aún de la casa,

en los humildes, en los humillados,

en el veneno que avanza

desde la locura de los hombres,

sembrando narcisos, adormideras,

cadenas y mordazas también para el viento

que me lleva

hasta el frío del próximo noviembre,

los abrazos,

los rostros que quiero

y junto a los que avanzo

desde una

y no

la misma

música

de mi vida.



Antonio Orihuela. Narración de la llovizna. Ed. Baile del Sol

Fotografía de Carmen Lourdes Fdez. de Soto

viernes, 22 de enero de 2021

Cambio

 



De noche, en su cama a solas tuvo la revelación. Si quería cambiar algo debía hacerlo desde dentro. Días después habló con los del partido para afiliarse y participar de los debates internos. Luego fue recibiendo consignas, lemas, indicaciones, órdenes… Supo que desde dentro algo estaba cambiando. Ella. 

Mario Rodríguez García.  El esfuerzo de nacer. Editorial Alud. 2020 

jueves, 21 de enero de 2021

Realidades

 



Marcela había leído toda la propaganda electoral, escuchado los programas de televisión local de cada partido y leído las acusaciones que se cruzaban en los periódicos. A pesar de que ambos hablaban de querer lo mejor para el pueblo, había diferencias. Y ella eligió. Y lo votó.

Al salir del colegio electoral que estaba en el colegio donde estudió de niña, los vio a los dos hablando. Aquel compadreo no le pareció coherente con lo que decía cada uno del otro. Entró de nuevo y preguntó si podía retirar su voto. No podía. Sintió que la única verdad era que la engañaban.


Mario Rodríguez García.  El esfuerzo de nacer. Editorial Alud. 2020 

miércoles, 20 de enero de 2021

Paraguas

 



Con la decisión de una mujer brava, Adela salió de casa antes de que el amanecer poblara de luz el pueblo. Cruzó los caminos con cuidado de no meter los pies en los charcos. Ascendió sin prisas, pero con un caminar continuo, de animal de campo. Desde la altura se volvió por ver la aurora sobre los tejados y sonrió cuando los primeros rayos del sol de otoño iluminaron la torre de la iglesia de Los Remedios. Cruzó la rivera por el camino del Barrial y por los senderos a Corterrangel, Castañuelo y Aracena, con conocimiento experto. Llegó a Aracena recién abiertos los primeros puestos de la plaza de abastos, pero no se detuvo. Dejó atrás la iglesia del Carmen hasta la casa del talabartero. Recogió unos zapatos recompuestos y le pagó en calderilla del monedero que su marido le regaló el día que se casaron.

Con las botas al hombro, se dirigió a la Tabacalera. Hacía años que su padre la llevó allí por vez primera para comprar hebras de tabaco y yesca. Con el tiempo, los anaqueles rebosaban de utensilios y herramientas, de cacharros y maravillas que factorías de lejos acercaban a los pueblos del olvido. Compró unas onzas de liaíllo y preguntó por paraguas. El tendero sacó dos modelos. Ambos negros, ambos sujetaban con idénticas varillas el sombrero, pero los precios se adaptaban a las medidas. Se quedó el mayor y sacó del monedero el único billete que traía. Era su primer paraguas. Al salir, las primeras gotas le arrugaron la cara y le contrajeron los labios.

No esperó a que escampara. Vio claros que prometían un pronto final de la lluvia y retomó el camino de la iglesia del Carmen. Entró. Por rezar y por refugiarse del chaparrón. Se arrodilló ante el altar de la Soledad y le dejó un avemaría y una petición: salud para su marido y para sus hijos que habían quedado en Cortelazor.

Las nubes levantaron algo con el mediodía y Adela decidió llegada la hora de volver. Los vientos venían del sur y unos nubarrones negros jugaban con los colores del cielo derramando presagios de tormenta. Supo que se mojaría.

Con un paraguas bajo el brazo, liadas en papel las botas remendadas y en su interior las hebras de tabaco, una mujer de colores imprecisos rompía la línea de castaños por el camino de Los Marines. Decidió el de la carretera, más largo, pero sin charcos.

El terreno se combaba entre las colinas y exhalaba vapores que la tierra guarda para quienes saben apreciarlos. En los castaños desnudos, los fantasmas se desperezaban bajo las primeras aguas. Los charcos de las cunetas dibujaban círculos interrumpidos por círculos nuevos a cada momento. El viento en las ramas simulaba amenazas que sabía falsas. El campo no traiciona a los suyos.

Poco a poco, como cuando amanece, la lluvia fue arreciando. Adela se cubrió la cabeza con un pañuelo que ató bajo la barbilla, ocultó bajo la ropa las botas y el paraguas y avanzó cada vez más empapada. Un rayo restalló pasados Los Marines y el ruido gigante del trueno trajo un instante de temor. El agua caía sin descanso.

Cuando las campanas de Los Remedios daban las dos de la tarde, Adela descendía las cuestas desde la carretera a la Mesa. La lluvia aflojó. Antes de llegar al olmo de la plaza dejó de llover.

La puerta la abrió su Quico, que con cinco años alcanzaba a los pestillos y poseía una intuición capaz de saber cuándo alguien se acercaba a casa. Los ojos del niño se abrieron con la desmesura de la sorpresa. Su madre era un guiñapo. Empapada, con la ropa adherida a las carnes, el frío rompiendo en tiritina desde los hombros hasta las piernas y las manos encrespadas protegiendo las botas y el paraguas. Bárbara, la mayor llegó llamada por el silencio de su hermano y el chapoteo de Adela sobre los ladrillos rojos del suelo. También la silenció aquel ser en quien reconocía el cansancio y la obstinación de su madre. La ayudó hasta la cocina donde la candela regalaba sus calores y comenzó a desnudarla. Mandó a Quico a por toallas para equilibrar la temperatura de su madre. Ya seca, se ocupó de darle las últimas vueltas a la olla que hervía en la hornilla.

Al llegar Evaristo, percibió el silencio incómodo de lo extraño. En su casa no sonaba la normalidad de cada día. Con algo de susto llegó a la cocina y la vio casi como a diario. Soltó las herramientas, besó a Adela y recibió el frío que aún conservaba su cuerpo.

—¿Qué ha ocurrido?

—Mira lo que te he traído —sonreía. El paraguas en las manos.

—¿Qué ha pasado?

Bárbara lo contó con precisión. Los gestos de Águeda trataban de quitar importancia. Los hombros de Evaristo caían a medida que las palabras le llegaban, a medida que el trayecto de su mujer se le presentaba paso a paso desde Aracena a Cortelazor, a medida que la lluvia le calaba el alma y el esfuerzo el corazón. La boca dejaba caer la mandíbula inferior por el peso de la admiración, por el volumen del amor de ese camino.

Terminada la exposición, la propia Adela parecía admirada de su hazaña. Evaristo le preguntó que por qué no se había cubierto con el paraguas. La voz suave y cándida de la esposa le entregó las palabras más bellas que escucharía en su vida:

—Porque no podía pensar en estrenarlo sin estar contigo...

 


Mario Rodríguez García.  El esfuerzo de nacer. Editorial Alud. 2020 

martes, 19 de enero de 2021

Domingo

 

 



Bajo el alero, alboroto de golondrinas. Una se queda atrapada al nido por una hebra. Desde los balcones del asilo, las monjas intentan liberarla.

Domingo apenas alza la mirada. No tiene impedimentos físicos. Es solo vejez. Vejez y soledad. Eleva, al fin, los ojos y se pierde. Su sobrina abre la puerta. Coincide con la liberación del ave. Libre la golondrina, se dispersa la algarabía. Mira sin sonreír a la joven.

—¿Qué tal, tío?

—Mal.

El silencio casi se instala tras el alboroto. Solo el murmullo de monjas y curiosos en la calle.

—Aquí te cuidan, tío, te dan de comer, te lavan… ¿Qué es lo que va mal?

Los ojos de Domingo se apagan a la luz refrenada por el alero.

—Estuviste en los campos de concentración de Franco, te insultaron, te maltrataron, te golpearon…

Disminuye el rumor en la calle. El nido acoge de nuevo golondrinas. Domingo calla. Ni amago de levantarse de la silla de ruedas. Vejez y soledad. La sobrina no soporta el silencio.

—Las monjas son muy buenas, y te quieren. ¿Tan mal estás?

Algún vehículo riega de ronroneos molestos el cuarto. La sobrina insiste.

—Estuviste hundido y superaste las adversidades ¿Por qué estás mal?

Domingo parece dormitar. Sin embargo, navega hacia el territorio de los recuerdos.

—Nunca he estado peor.

—¿Ni siquiera en los campos de Franco?

Un nuevo silencio. Domingo añora la algarabía de las golondrinas…

—Allí… allí tenía una esperanza.

 

 

 Mario Rodríguez García.  El esfuerzo de nacer. Editorial Alud. 2020 

lunes, 18 de enero de 2021

Intereses




Manolo, después de cruzar el pasillo, con la dignidad que da la decisión, y la conciencia de ser lo poco que era, se dirigió a una de las personas que ocupaban la mesa sin mirarle a los ojos. Sacó un sobre del bolsillo, se lo dio y le dijo “quiero una papeleta que no sea esta”. La persona que lo atendía acusó la curiosidad. “¿Por qué no la coge usted?”. “No sé leer”. “Entonces ¿cómo sabe que no es esto lo que quiere votar?” Los ojos de Manolo miraron por primera vez a los otros. “Porque es la que me ha dado el amo”.


Mario Rodríguez García.  El esfuerzo de nacer. Editorial Alud. 2020 

Fotografía de Carmen Lourdes Fdez. de Soto

domingo, 17 de enero de 2021

NANA PARA ESCONDERSE




Es de noche.

Cualquier noche.

Te abrazo por detrás

abarcandóte el cuerpo

regresándote al útero

Ardes

Tienes frío

Cojo tu mano

y te susurro al oído

conjuros para que no te huyan:

Algún día te contaré

una, dos, tres magias

cuatro lunares

cinco miedos

y un lobito bueno


Temblamos en la orilla

de una espiral

que es un camino

hacia nada

Tu fiebre salta a mi carne

Ardo contigo

Es de noche y hace frío

Estamos en algún lugar

entre nuestra casamuerte

y nuestra casaincierta

Seguimos dando vueltas

Una marea de madres

abrazadas a sus niños

por la espalda

nos acompaña

Dormimos apretadas

en un tren de piernas y brazos

y juntas cantamos

una nana de hojas secas:

Algún día te contaré

una, dos, tres magias

cuatro lunares

cinco miedos

y un lobito bueno


No conozco a mis vecinas

Ellas tampoco me conocen

Los niños sí

Los niños todavía saben de nombres

Por eso sabemos que faltan

muchos

Al amanecer son ellos 

los que se cuentan:

Los monstruos se llevaron

anoche a Mazen

susurra mi hijo.

Le aprieto fuerte

No puedo decirle

como antes

que los monstruos no existen

Mirar debajo de la cama

o en el armario

y sonriendo decirle

que acabé con ellos

Sabe que los monstruos

no son cosa de cuentos

Que cualquier noche

le huyen a él también

Por eso le abrazo fuerte

y le acuno:

Algún día te contaré

una, dos, tres magias

cuatro lunares

cinco miedos

y un lobito bueno


El frío es el menor

de nuestros problemas

El barro es el menor

de nuestros problemas

Aquí en el bosque

detrás de la valla

el hambre es el menor

de nuestros problemas.

El miedo

de nuestros hijos a los monstruos.

Ese sí es un problema.

Es vuestro problema.

Abro los ojos

El sol se filtra por las cortinas rojas

Estamos en casa

La fiebre ya ha pasado

Mi hijo sigue conmigo

Ha sido todo una pesadilla

Qué tonta

Los monstruos no existen, mamá,

y canta despacito

acariciándome la mejilla

con su manita de luna:

Algún día te contaré

una, dos, tres magias

cuatro lunares

cinco miedos

y un lobito bueno



Alicia Es. Martínez Juan. En casa, caracol, tienes la tumba. Ed. Gato encerrado (2016)