documentos de pensamiento radical

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viernes, 23 de julio de 2021

SALIR DE UN CUERPO




Salir de un cuerpo 

para entrar en una manzana 


no es difícil, 


lo difícil es permanecer allí, 

allí donde no hay nada que explicar. 


Tal vez por eso uno vuelve, 

para continuar hablando de las manzanas. 



Antonio Orihuela. Todo el mundo está en otro lugar. Ed. Baile del Sol.

jueves, 22 de julio de 2021

4 fragmentos de CARTOGRAFÍA DEL RAVAL de AGUSTÍN CALVO GALÁN


 

TURISTAS

 

Un buen día, cuando Barcelona aún tenía un turismo asumible para los barceloneses, vi a un grupo de extranjeros haciendo fotos en mi calle. Por aquel entonces el Raval todavía no tenía el exotismo que hoy le da la vecindad de paquistaníes, marroquíes o dominicanos, y me pregunté qué interés le podrían encontrar a aquel lugar sin ningún monumento ni edificio significativo. Me fijé entonces en lo que estaban fotografiando, que no era nada en concreto sino la calle en su extensión; y miré en la misma dirección que ellos y vi una franja asfaltada, estrecha y larga, enmarcada con edificios grises, mal conservados y demasiado altos, que casi no dejaban entrar la luz del sol. En algunos balcones, de los viejos tendederos colgaban coladas grises y amarillentas. Seguí sin entender su interés hasta que, años después, viajé a Nápoles y vi allí la misma ropa colgada en los tendederos de los balcones que daban a las calles estrechas del barrio de los españoles. Saqué mi cámara y les hice unas fotos.

 


PADRE

 

El día que murió mi padre, después de hacer los trámites pertinentes en la funeraria, acompañé a mi madre de vuelta a casa. Al llegar al portal, quiso entrar en la tienda que había justo al lado, una de los tantos comercios de alimentación que hay en el barrio y que regentan, por lo general, paquistaníes. Para mi sorpresa se dirigió a uno de los dependientes, un señor anciano, y le dijo, señalando hacia el techo: El padre está con Alá. Todos se le acercaron para darle la mano y decirle que lo sentían mucho.

Al parecer, como desde la tienda habían visto cómo se llevaban a mi padre en una ambulancia hacia el Hospital del Mar a causa de una neumonía, habían estado preocupados por él, y cada vez que veían a mi madre durante aquellos días en los que iba y venía del hospital, le preguntaban: ¿Cómo está el padre? Al salir de la tienda mi madre me preguntó: ¿Lo he dicho bien? Alá es como ellos llaman a Dios, ¿verdad?

 

BARRIOS ALTOS

 

Mi padre aparcaba coches de lujo en un garaje de la calle Ganduxer (muy cerca de la Diagonal, en Pedralbes). Cuando por Navidades le pagaban el mismo día la mensualidad y la paga doble, –en aquella época se cobraba en efectivo–, en vez de coger el metro, excepcionalmente, prefería volver a casa en taxi: se sentía más seguro. En una ocasión, al pedirle a un taxista que le llevara a la calle Carretes, este le dijo: eso está por el Barrio Chino ¿no?, a lo que mi padre respondió: no se confunda, el Barrio Chino está aquí, por encima de la Diagonal, que es donde siempre han vivido los mayores ladrones de toda Barcelona.

 


UNA PESETA

 

El abuelo se quedaba en la cama, no quería bajar a los refugios cuando de noche sonaban las alarmas. Esta anécdota es de las pocas cosas que mi padre me explicó de los tiempos de la guerra, cuando la población civil de Barcelona sufrió bombardeos atroces. Lo cierto es que tengo algún recuerdo de mi abuelo paterno, aunque mis padres siempre me dijeron que era imposible que tuviera recuerdos de él porque murió cuando yo apenas contaba dos años. Al parecer, mi abuelo me sacaba a pasear con el cochecito, cada mañana, por la plaza Folch i Torres para que tomara el sol, y no dejaba que las viejas mugrientas se me acercaran para tocarme o besarme.

El recuerdo que conservo es muy fugaz, lo retengo en mi memoria como si fuera un tesoro: me encuentro una peseta en el suelo, sobre la tierra ocre de los parterres de la plaza, y, al dársela, él se pone muy contento y lo celebra. Tuvo que ser justo cuando yo comenzaba a andar. Al poco falleció y yo me volví un niño enfermizo porque ya nadie me sacaba al parque por las mañanas. Mis padres trabajaban y me tuvieron que llevar a una guardería que tenía un patio con unos muros altísimos que no dejaban entrar la luz del sol, eso también lo recuerdo.

En aquella época, bastantes décadas después de la guerra, aún quedaban solares vacíos en el barrio, como uno en la calle Aurora, fruto del derrumbe de edificios que habían quedado en ruinas a causa de las bombas que dejaban caer sobre la población indefensa los aviones fascistas italianos.

 


 Agustín Calvo Galán. Cartografía del Raval. Ed. Polibea, 2021

 

 

miércoles, 21 de julio de 2021

4 poemas de MATER de PILAR SALAMANCA

 



 

La tierra empinada

es pura escarpa

y la malvada grieta abre su boca

a punto de engullirte.

 

Lo mismo ocurre por aquí.

Tú dices que no estas para nadie

Y un pánico hereje

atraviesa tu lenguaje

 

pero no

te lamentas.

 

 

***

 

                           

No he salido hoy,

hoy no.

Saldré mañana.

Me levantaré temprano,

abriré la puerta con cuidado,

apretaré los dientes

y echaré a correr.

 

Y si se puede confiar

en que el futuro siga existiendo

-          o en el peor de los casos –

aunque no exista,

ni volviera

a existir nunca

pisaré la calle,

pisaré la calle,

pisaré la calle.

 

*** 


 

Algo tremendamente certero

Se estrelló contra mi cerebro:

los años, las palabras que se dijeron entonces

y una mano aferrada a mi cabello.

 

¿Sabes?,

el dolor era infinito,

no necesito recordarlo,

porque está desde siempre ahí

infinito, afilado, radical,

 

como una aguja hipodérmica

clavada 

en el brazo del cielo

¿recuerdas a la Pulcra Leonina?

¿recuerdas los poemas que escribió este dolor

a golpes,

sobre mi piel a golpes

y que no se borrará

ya nunca?

 

Dime,

         ¿lo recuerdas?


 

 ***

 


GENEALOGIA

 

Ahora

tenía

entre mis manos

un vasto fragmento de la historia total

de mi familia

con

sus

arquitecturas, sus barajas

con

el pavor de sus mitologías

el

rumor de sus prejuicios,

con

sus

patriarcas y sus brujas,

sus recuerdos y sus

animales

domesticados

su

álgebra y su ira

su miseria

vital

articulada, coherente

sin ningún sentido

o propósito

sin ninguna

razón

en absoluto.

 

 

 Pilar Salamanca. Mater. Ed. Paraíso. 2021

 

 

 

 

 

 

 

 

martes, 20 de julio de 2021

PERFORMANCE



 

     Eladio Orta se confiesa un analfabeto de la performance, aunque después matiza, Entendería la línea del “artista” Isaías Griñolo, performance acción. Eladio Orta reseña la palabra artista con comillas, por si algún día —por casualidades extrañas de la vida— os encontráis con Isaías Griñolo en algún evento artístico y le preguntéis por su personal definición de artista. Mi Huelva tiene tres monumentos que rompe la pana mundial en la performance o acción titulada Hay sitios / en las afueras de esta ciudad / que jamás verás en un folleto turístico. La acción reescribe la memoria de cuatro monumentos de artistas anónimos. Eladio Orta le sustrae uno de los monumentos al proyecto. Ya sabéis, por lo de Huelva tiene tres cosas: la Laguna de las Madres, las balsas de fosfoyesos y las chimeneas de Atlantic Copper & Co.

Primer monumento: la garita tridente de observación de aves de la Laguna de las Madres. Tridente por la capacidad observativa del monumento. Por la ventana verde se puede contemplar la flora y la fauna; por la ventana rústica, los plásticos de las parcelas de fresas y las distintas faunas humanas; por la ventana negra, las fábricas disfrazadas de pinceladas poéticas...   

Segundo monumento: balsas de fosfoyesos. “En las balsas de fosfoyesos puedes abstraerte y pensar que caminas sobre una obra de land-art, sólo que esta inmensa línea blanca de 20 metros de altura y 1200 hectáreas es incontrolable. Es sobrecogedor el amor por el arte en esta ciudad. Los vecinos de Huelva y alrededores no saben la suerte que tienen al vivir rodeados de arte” (Parrafada textual de la performance o acción).

Afluente de la performance acción: Hay sitios... ( ... ) ... Regalarle por Navidad unas bolsitas de fosfoyesos al alcalde de Huelva como premio por la labor artística medio ambiental realizada desde el Ayuntamiento. (Extensivo a todos los alcaldes artistas anteriores que han mimado la capacidad artística de esta ciudad).

 Tercer monumento: chimeneas Atlantic Copper & Co. Está prohibido grabar en vídeo el humo que envenena los pulmones del planeta desde una vía pública. Pero lanzar al aire por las chimeneas pelotas de humos de un cancerígeno peligroso como el arsénico no está prohibido, sino recompensado con la obtención de premios de gestión ambiental. En nombre del Dios del progreso suicidamos el planeta. Esto sigue mañana. 


Eladio Orta. Los poetas cuando se emborrachan parecen una familia. Ed. Baile del Sol. 2021

Fotografía comentada de las Balsas de Fosfoyesos de MEP (Mercado Energético Puro), un proyecto de Isaías Griñolo.

lunes, 19 de julio de 2021

ROCKY HA MUERTO

 

     Sordo, casi ciego, Rocky sueña con carreras alocadas detrás de gaviotas impúberes por las arenas de la playa de Mazagón, La edad Rocky, la edad que es muy mala, le dice el Otro poeta de Moguer acariciándole la cabeza, Te voy a pedir un favor Antonio, no te deshagas del Mehari mientras yo viva. Cuando muera, cómprate, si convences a Mar, el deportivo Mazda Mx-5, rojo, capota negra, Puedes dormir tranquilo, Rocky, el Mehari y tú nunca me habéis dejado tirado en los momentos críticos de mi vida, Gracias, Antonio, gracias, la vida de los perros es tan corta... Venga, Rocky, no te pongas sentimental, Si no me pongo sentimental, es que siento como si los sueños volaran de mi cabeza y el presente, el pasado y el futuro se mezclaran en el mismo vaso formando una nube blanca.

Antonio Orihuela observa interrogante a Rocky durmiendo en su agujero, ¡Cuántas historias vividas!, piensa, ¡cuántos kilómetros tragados entre Mérida y Moguer!, ¡cuántos chapuzones en ríos sin agua!, ¡cuántos poemas por escribir! En la última visita al veterinario le diagnosticaron cáncer de próstata. Antes los viajes para Rocky eran una fiesta. Ahora un viaje le infunde tormento. Cada media hora, aproximadamente, Antonio Orihuela tiene que buscar una recta en la carretera de la Sierra de Huelva, parar el Mehari y bajar a Rocky al arcén para que pueda hacer sus necesidades urinarias. Me he convertido en un estorbo, ladrusea en cada parada. Aunque la sordera lo ha apartado de los encuentros poéticos y demás eventos literarios, aunque no escucha y casi no distingue la silueta de Antonio Orihuela, Rocky es consciente de los cambios que se han producido en la familia a causa de sus achaques. Evitan viajar de noche. Las juergas han disminuido y, por las madrugadas, unos pasos invisibles se acercan al cuarto para vigilar los sobresaltos de Rocky. Él se hace el dormido y, cuando se asegura de que los pasos invisibles han desaparecido por la larga avenida del pasillo, mueve la cabeza y derrama una lágrima en el cojín almohada.

     En cuanto a mutilar el libro, ¡ni de broma! Sale entero como los potros marismeños, le escribe el Otro poeta de Moguer. Antonio Orihuela coordina la publicación del  librito de poemas Sincronía del Solejero a través de la Diputación Provincial de Huelva. La contestación viene a cuento porque Eladio Orta le hace llegar una nota con la entrega del poemario, Hermano, si tienes que quitar algún poema —ya sabes, por cuestión de paginación u otra historia—, sin problemas. Antonio Orihuela vive en la calle Friseta, barrio por el que pasearon al potro castrado de Platero y yo para llevarlo al filo de la navaja de Darbón. Pero me cuesta digerir o escenificar o visualizar a Antonio Orihuela de vocalista de un grupo rock de sevillanas. Me cuesta imaginármelo. Tendría que pedir huellas, señales, fotos y, así y todo, diría a su espalda que el de la foto no es él, sino un doble, o un hermano gemelo.... ¡Ay la digestiva horchata! En la lejanía rockera, la horchata era una bebida de niños ni fu ni fa. Pero, amigos, la vida da puñaladas y pasamos en un santiamén del espárrago rock a la horchata rock.

 

     Antonio Orihuela ha desaprovechado todas las oportunidades en la N-435. Rocky no, Rocky la provocó en un ataque de cordura. Atacado por el decaimiento paulatino de la enfermedad, en una de las pocas rectas de la carretera Mérida-Huelva, a su paso por  la localidad onubense de Santa Olalla, parada ordinaria para desalojar el orín de la vejiga, Antonio Orihuela le abre la puerta trasera del Mehary y, ante la sorpresa mayúscula de éste, Rocky no se encamina hacia el arcén, sino que se arroja a las ruedas delanteras de un camión. Antonio Orihuela ha desaprovechado todas las oportunidades que le ha ofrecido la vida para desaparecer, su tranquilidad ambiental ha desviado las agujas del gepeese hacia el dipétalo de, Mañana nos vemos en la puerta de la estación de autobuses de Mérida. Los poetas van por la vida de inconscientes totales o a pecho descubierto. Uno llega a Mérida a las cuatro y media de la tarde, autobús Ayamonte-Madrid, seis horas y media en el traqueteo sudoroso de la costa, el Andévalo y la sierra. Los poetas son un poco osados. Uno flipa e intenta cruzar el lago de Proserpina de una tacada. Hacía diez años que no bajaba a darse un baño a la playa de isla Canela. En medio del lago siente una pesadez en el cuerpo, como si alguien le jalara las piernas hacia el fondo del lago. El otro poeta  pide una piragua de fibra de carbono para dar la vuelta a la Isla, salida desde el club Bajamar, en la barriada de Canela, rodeando la Isla por los caños de las marismas del Pinillo, ría Carrera, espigón de Punta del Moral, bajos de la playa y entrada por la desembocadura del río Guadiana. Uno creía que estaba bañándose en la playa y el agua dulce lo empujaba hacia las raspaduras de las culebras de agua. El otro creía que estaba acariciando la superficie del lago de Proserpina y, a la salida de la barra de isla Cristina, varias olas de cuatro metros de altura lo atacaron y piragua y poeta dieron varias volteretas en el agua. No le daba tiempo a recuperarse y coger aire cuando nuevamente otra ola lo mandaba al fondo del espumarajo. Uno creyó que atravesar el lago era pan comido, voces filtradas en el eco de azoteas impúdicas mezcladas con olores perversos a perfume de abedul y a caldo de melones resbalándose por las orquídeas de las puestas de sol en la desembocadura del atrevimiento. Y al otro se lo advirtieron, Hay que coger piraguas pesadas. Pero el poeta de agua dulce ocasional, perdón, piragüista contrastado en el hábitat interior de los náufragos, reclama el derecho a atravesar las olas con la finura del maestro budista que contempla el amanecer de los pájaros y hace caso omiso a los sabios nativos. Uno pidió ayuda en medio del lago y el otro no andaba lejos y varias piraguas se acercaron. Al otro nadie pudo acercarse a salvarlo: piragüista que lo intentaba era volteado por las olas. Una hora y media estuvo a tientas en el remolino del reventadero de las olas hasta que piragua volcada y poeta piragüista fueron arrastrados por la corriente hacia la rompiente de las piedras del Espigón de Punta del Moral. Los biógrafos pudieron hacer correr ríos de tinta, Tú y yo ahogados, comenta Antonio Orihuela, Tampoco está mal resucitar varias veces en la vida, le responde sonriendo Eladio Orta.   

 

     Rocky ha muerto. Toda ausencia es irreparable, pero la de Rocky en los Encuentros de Moguer es insustituible. Rocky era una institución poética. Si lo dudáis, preguntádselo a Eladio Orta. Él, tan poco amigo de las compañías perrunas, hasta llegó a hacer buenas migas. Rocky, en sus álgidos momentos de parloteo, solía referir una de las tantas típicas anécdotas en los restaurantes, Señor, le informo que los perros están prohibidos en los restaurantes, interfiere el camarero uniformado, Un momento, amigo —aclara irónico Eladio Orta—, Rocky no es un perro, sino un ilustre poeta de la conciencia, Perdón, señor, voy a hablar con el jefe. La inexperiencia del camarero uniformado en materia poética les ha puesto la ocasión en bandeja y, mientras le cuenta la película al jefe, dueño y señor del restaurante, Rocky y Eladio Orta se han sentado en la mesa que tenían reservada. El dueño del restaurante se acerca expeditivo para entrar en materia prohibitiva de perros en el salón comedor, pero se queda de piedra al interferir ciertas alusiones filosóficas de Rocky sobre la lírica del poder y la antipoesía, Perdonen, señores, la inexperiencia del camarero uniformado me había comentado de ciertas peculiaridades parecidas o acercamientos físicos a la especie... Perdonen, señores, las molestias causadas y están invitados por la casa, Por favor, no se preocupe usted, un malentendido lo tiene cualquiera, le contesta Eladio Orta, A la inexperiencia del camarero uniformado tendré que recomendarle que se ponga gafas... La voz del dueño del restaurante se pierde entre las miradas de los comensales hambrientos. Durante un tiempo lindo, Eladio Orta y Rocky se especializaron en una exquisita performance práctica: comer por el morro en los restaurantes.

 

     Tocayo —le iba diciendo Heladio Horta a Amín Gaver—, nosotros, que practicamos la poesía hasta las últimas consecuencias, intuimos que estamos inmersos en una aventura sin retorno... Quienes no escriban del lado de la duda, quienes no ejerzan la función poética como medida social de progreso contra el desbaratamiento del verso, o están en babia o son traficantes infiltrados de metáforas del sistema con cuenta corriente en estado óptimo y carnet de pureza a prueba de la Real Academia del Conformismo, Tocayo, le respondió Amín Gaver, en los términos medios florece la mediocridad. Esto sigue mañana.

 

Eladio Orta. Los poetas cuando se emborrachan parecen una familia. Ed. Baile del Sol, 2021

 

 

domingo, 18 de julio de 2021

DESAYUNOS LEÑEROS

 


 

     La conversación de la enigmática poeta dejó de piedra a Eladio Orta, pero sonrió gustosamente por dentro. Casualmente, estaba en medio de las dos poetas, en el hilo que las unía o separaba, mezcla de leche en paquete y café rancio de orden monástica. Había bajado temprano a desayunar y a esas horas los poetas duermen la resaca de las ferocidades nocturnas.

—¿A quién te has follado, guapa, para que tus poemas se hayan colado en antología tan prestigiosa?, le dijo la enigmática poeta a la ferocidad trabajada en clases particulares y talleres poéticos.   

Lo dijo sin miramientos, mirándola a la cara con su sonrisa casi angelical. Eladio Orta se sintió un intruso colado de rondón entre las llamas del fuego cruzado. Lo dijo sin miramientos, como golondrina que se posa en la cuerda del tendedero del patio a oler el perfume de las bragas desinfectadas con agua caliente. La poeta aludida cruzó el río Tormes en el vientre de una sonrisa sarcástica. El intruso se sintió tentado a largarse. Estuvo a punto de preguntarles sí preferían estar solas, pero calló. Tampoco le iban a hacer mucho caso, andaban enfrascadas en el lodo doliente de las cañerías poéticas.

— El amante de la editora es mi marido. Conque viajo en segunda clase.

— Pero con billete de primera, guapetona, le contestó la dulce poeta.

Fuerte empezaba el nuevo día. Los caminos de la poesía son inescrutables... Aunque algunos sugieran quedarse extasiados con el ir y venir del vuelo parsimonioso de los pedales de las bicicletas. Pero, para llegar a husmear el pedaleo de las bicicletas, antes hay que tomarse un potente candiel, por la mañana. También hay quienes tragan tripis a mogollón, pero eso no significa que vayan a llegar antes al desconsuelo. Acelerar la poesía no es recomendable, los versos acelerados pierden la esencia de la contemplación y ganan el estrés desangelado de las prisas capitalistas. Mala cosa la velocidad en poesía. Mala cosa y de mal gusto. Las recomendaciones en poesía por acercamientos de sexos, afinidades poéticas de grupos o por pura amistad terminan rozando el ridículo cuando el poema recomendado se queda solo ante el papel y sus desnudeces afloran cochambrosas. No hay polvo que tape el disparate de los poemas pudríos. Esto sigue mañana.


Eladio Orta. Los poetas cuando se emborrachan parecen una familia. Ed. Baile del Sol, 2021

 

sábado, 17 de julio de 2021

EL SAPAPONDIO DE ÁVILA



 

     Hay naufragios en los que ejercitas el deporte de la natación y hay otros naufragios en los que necesitas una infusión de salvavidas para alcanzar la cama. Eladio Orta sube al hostal Alonso Niño sin pasarse por el Café Central. Gregorio, el dueño y responsable del hostal, le espeta con guasa, ¡Qué tempranito te vas a la cama! Eladio Orta le responde con sorna, Los contornos de la poesía cansan mucho. En la habitación, Amín Gaver duerme la resaca depresiva del día anterior. Pero antes de dormirse ha estado escribiendo. Son apuntes sueltos, notas en los bordes de servilletas que quizás, otro día más despejado, lo lleven a la realización de un poema. ¿Qué puta obsesión psiquiátrica empuja a los poetas a dejarse la piel por salir en un libro?, escribe Amín Gaver dejando las puertas abiertas a posibles respuestas. Los poetas siempre hurgando en las heridas, precipitándose en el reconocimiento de su obra, durmiendo con pesadillas de antologías que los han dejado tocados por haber sido excluidos de ellas. Siempre creyéndose dioses minoritarios de este mundo. A Eladio Orta lo incluyeron en Feroces por dos motivos accidentales, diría Amín Gaver. El  primero, por guardar las distancias con la antóloga. El segundo, por las cercanías poéticas con Jorge Riechmann. A Isla Correyero, una de las varias fotografías poéticas que en aquella época le fascinaba era la de Jorge Riechmann a un lado, Eladio Orta a otro y ella en medio. En Feroces hubo dos exclusiones de última hora que trajeron cola, una fue la de Luis Felipe Comendador y de la otra ya hablaremos más adelante. Los dos excluidos pasaron todos los controles pertinentes, pero al final tuvieron que apearse de la antología. El Encuentro de Reconocimiento de los Feroces en Ávila fue antológico. La tarde empezó calentita, en  contraste con el frío seco que recorría las calles adyacentes al monasterio. El otro excluido, para más seña Uberto Stabile, uno de los impulsores más reconocidos de la poesía no oficialista en la península, llegó más cargadito de la cuenta al reconocimiento y los choques frontales con la antóloga fueron de tablón de anuncio. La antóloga, en sus inicios, había optado por una vía de acercamiento asambleario con los poetos-poetas. Ahora recibía sugerencias editoriales que le aconsejaban la inclusión de varios poetas de su cuerda en lista, desvirtuando la idea de antología poética de una parte de los asistentes. A Uberto Stabile el güisqui le había empezado a fermentar rabiosamente en las tripas y a Antonio Orihuela, que aún no era el Otro poeta de Moguer, ídem de ídem. Y para más inri, las voces ocultas cuchicheaban que el poeta expresidiario asturiano David González podía ser excluido de la antología por motivos volátiles. Era tal el gallinero poético en el que se había envuelto la lectura de reconocimiento que Eladio Orta tuvo que sacar a relucir sus dotes de moderador para encarrilar la ferocidad ambiental. Amín Gaver diría, Lo admito, lo admito, Eladio Orta tiene olfato de escarabajo pelotero, siempre optó por guardar las distancias poéticas con la antóloga. Isabel Pérez Montalbán, poeta feroz aparentemente dulce, juega a las dudas en la noria de las preguntas y, por casualidades de la vida, cuando leía tímidamente sus poemas, a Isla Correyero le dio el Sapapondio de Ávila. A la poeta cordobesamalagueña le rodaron lagrimones como versos desvergonzados por las rosadas mejillas. Ella pensó que la lectura de sus poemas era la causa del  sapapondio. Y ahí volvió a aparecer Luis Felipe Comendador, poeta bonachón y grandote donde los haya, llevando en brazos a la antóloga para que descansase de la resaca lírica.

     Isabel Pérez Montalbán se filtró en la vida poética de Eladio Orta por el aroma. Las páginas de sus libros estaban inundadas de olores lejanos, de proyectos de desecamientos de hojas y de filtraciones de lluvia en sus versos, La poesía es el sur de la (¿literatura?), le decía Eladio Orta. Y los premios literarios, Isabel, inducen a la mendicidad. Isabel Pérez Montalbán, moviendo la cabeza, le contestaba, No, Eladio, no, ganar un premio de poesía es muchísimo más ético que, por ejemplo, gestionar una sucursal bancaria, ser corredor de bolsa o estar a cargo de un batallón de infantería. Y Eladio Orta volvía a la carga, Presentarse a premios literarios es desaconsejable. Y así podían llevarse disecando hojas en el tiempo hasta que uno u otro aflojara la cuerda. Lo que nunca sabría Eladio Orta es que no fue Isla Correyero, sino Isabel Pérez Montalbán, quien seleccionó los poemas de él incluidos en Feroces. De aquel encuentro en Ávila, el grupito de Huelva (María Gómez, Uberto Stabile, Manuel Moya, Antonio Orihuela y Eladio  Orta) nunca olvidará el almuerzo en el pueblo de Mengamuñoz, segundo restaurante subiendo de Ávila a Arena. Ya no quedan barcos en Ávila. Al amanecer levaron anclas buscando puertos más seguros, aguas más serenas, tormentos menos oscuros. El sur les espera. Esto sigue mañana.


Eladio Orta. Los poetas cuando se emborrachan parecen una familia. Ed. Baile del Sol. 2021


 

viernes, 16 de julio de 2021

POTENCIA EXPLOSIVA Y CAPACIDAD TRANSFORMADORA DE LA POESÍA... Un curso para desarrollar tus habilidades artificieras.



Amantes de la poesía, de la acción y del conocimiento que vivís cerca de Toledo.

Los días 8 y 9 de septiembre va a tener lugar un curso, sobre la poesía y su potencial transformador, en el que vamos a participar con actividades y recitales asociados al mismo, organizado por las compañeras de "VOIX VIVES" y auspiciado por la Universidad de Castilla la Mancha, que para los que estéis en periodo de formación académica o docente, suponen algunos créditos oficiales; y para los que no, una agradable e instructiva experiencia en una ciudad como Toledo.

El precio creo que es 40€ (que incluye la matrícula y la pensión completa los días 7 y 8 de septiembre, así como el alojamiento en el Castillo de San Servando en caso de necesitarlo; o sea que, en realidad, una oportunidad única de pasar dos días estupendos.

Para formalizar la matrícula escribid a Elena Román, a la siguiente dirección: gelen13@hotmail.com

jueves, 15 de julio de 2021

LA INVASIÓN

 



 

para Fruela Fernández

 

La ultraderecha española

siguen metiendo miedo con los inmigrantes,

pidiendo expulsiones, verjas y palos,

 

pero la invasión no viene en patera

viene en limusina, en avión y en trasatlántico,

 

y esa España, con la que a ellos se le llena la boca,

no sabe cómo vomitarlos.

 

Han comprado medio país,

reformado a su gusto pueblos y ciudades,

construido urbanizaciones exclusivas

en zonas no urbanizables, vegas, riberas

y primeras líneas de playa

con la complicidad y la ayuda

de quienes claman

contra los que se ahogan en el Mediterráneo.

 

Los que se aprovechan de nuestro sistema de salud

no son los inmigrantes, son ciudadanos europeos,

alemanes, británicos y noruegos,

que vienen a hacer turismo sanitario.

 

Los que nos expulsan hacia la periferia,

encarecen los alquileres y hacen invivible

el centro de las ciudades no son los subsaharianos

sino los ciudadanos europeos que vienen

a montárselo de botellón en vuelos chárter

todos los fines de semana.

 

La culpa de nuestros sueldos de miseria

no la tiene la competencia que nos hacen los de fuera

sino los niveles de explotación

que somos capaces de soportar

de los nuevos negreros de la patronal.

 

La culpa de los desahucios

no la tienen los inmigrantes

sino los fondos buitre

alimentados por inversores extranjeros

que así reparten beneficios

y se preparan una tranquila jubilación

especulando con tu casa, tu impotencia y tu dolor.

 

Los valores y la cultura

no están peligrando por culpa de los inmigrantes

sino por parte de los residentes europeos

que están cambiando nuestro estilo de vida,

que jamás se integrarán en nuestra cultura,

nuestra idiosincrasia y nuestras fiestas populares

y que se niegan a aprender una sola palabra de nuestro idioma,

mientras nosotros tenemos que pagar por hacer cursos

para aprender el suyo y poder trabajar en la hostelería.

 

A fecha de hoy, los alarmistas de la invasión,

los reyes de la xenofobia y los abanderados

de la pureza racial y el miedo, tienen a su favor

un millón de marroquíes, medio de rumanos y latinos,

y doscientos mil chinos, en total no más de cinco millones

de migrantes.

 

En su contra, los ochenta millones de los que no dicen nada,

pero que están destruyendo la identidad de nuestras ciudades,

convirtiéndolas en parques temáticos,

empobreciendo a los que viven en ellas

y generalizando el trabajo esclavo en el sector servicios.

 

Ochenta millones de termitas devoradoras

de recursos escasos, agua y energía.

 

Ochenta millones de termitas contaminadoras

y generadoras de toneladas de residuos

sin aportar gran cosa al tejido social de las ciudades.

 

Ochenta millones que dejarán beneficios

mientras se puedan seguir externalizando los costes, sí,

pero beneficios que se quedan en muy pocas manos,

 

las de aquellos que agitan en la frontera

banderas de España contra los inmigrantes.




Antonio Orihuela. Todos atrapados en la misma trampa. Ed. Garum, 2020

miércoles, 14 de julio de 2021

OPORTO



 

Creo que fuimos felices allí.

 

Corazones de papel volaban por el azul

y oscuras golondrinas nos dijeron que volvían,

después de sesenta años,

sus cuerpos de cerámica vidriada

en las paredes de la taberna Aduela a colgar.

 

Creo que fuimos felices allí,

donde la vida repite en círculos, una y otra vez,

los rostros de los jóvenes que somos

y no somos nosotros,

como esas piedritas blancas

bajo el olivo de la plaza,

que están allí sabiendo que no es ese su lugar,

aunque sí su blancura, o esas personas

que andan por las fachadas de Via Catarina,

para recordarnos la escasa distancia que hay

entre la realidad y los sueños.

 

Cuánta confianza había en los años treinta

en este Portugal futurista de gasolineras y garajes

que aún vivía en la rua de Cimo Vila

y se reflejaba mucho más real

en los azulejos del Hospital de la Caridad.

 

Bajamos por Chá hasta una cabina roja

desde la que me llamaste.

 

Siempre me estás llamando.

 

Un día, cuando no pueda más

o un día que lo pueda todo,

prometo descolgar ese teléfono,

abrir un vano en la ventana tapiada de Terreiro da Sé,

porque la pasión siempre se encuentra

a la vuelta de la esquina,

en un barco camino de Southampton

o en una flor amarilla de los tiempos

de los amores amarillos.

 

Creo que fuimos felices allí,

donde los Armazens Cunhas coronan

tu foto con un pavo real

y el puente de Luis I se llena de turistas

para despedir el sol en su baile último,

mientras tú pintas con tus ojos

la noche estrellada de la Ribeira de Gaia.

 

Hay una cabina roja en Largo de Mompilher,

dentro, un mendigo acaricia su última moneda.

 

Amor, soy yo.



Antonio Orihuela. El sabor del cielo. 

martes, 13 de julio de 2021

CÁMARA OSCURA




 

Todo se vuelve del revés.

 

El reloj que marchaba hacia delante

marcha hacia atrás.

 

El río entra en el manantial,

la lluvia se recoge en la nube,

la piedra vuelve a la mano que la tiró.

 

Los abuelos vuelven,

los padres vuelven,

los amigos vuelven,

los hijos no mueren nunca.

 

Fondo y superficie se alisan

abismándose mutuamente.

 

Un lado se hace otro lado

y otro lado se hace un lado

hasta que los dos llegan

al igual de su transparencia.

 

El silencio se llena de palabras

y las palabras se quedan en silencio.

 

El pensamiento se hace materia

y la materia pensamiento.

 

Lo imposible se vuelve posible

y lo finito infinito.

 

Lo permanente se destruye

y lo que ya no es permanece.

 

La otra parte se vuelve esta parte

donde nada nos aguarda

más que la nada en la otra parte.

 

Preguntas y respuestas se vuelven

pájaros de otro aire.

 

Encuentras lo que no fuiste,

te ves desde fuera.

 

Los ojos cerrados ven,

la vida no pasa

y lo que pasa no es la vida.

 

Celebramos lo que no existe

para celebrar lo que existe.

 

La malla que se rompe

nos deja en otra malla

de distinta trama.

 

Lo que volaba cae.

 

El sueño entra en el sueño.


 


Antonio Orihuela. Disolución. Ed. El Desvelo. 2018

lunes, 12 de julio de 2021

PATRIA

 

https://vimeo.com/563157118



el caballo blanco vuelve a galopar por las tierras secas

la cúpula episcopal pide rezar por la Patria

la de ellos


durante muchos años vivimos en la mentira heredada cuarenta

con una momia

y miles de desaparecidos en las cunetas

de la mano de un monarca bonachón

un día se cayó encima de una rubia

y se derrumbó su castillo

al final de su reinado se fue a vivir a un casino de Las Vegas

terminó solo y desterrado en un resort de Abu Dabi

ahora vamos de la mano

de otro monarca

muy capacitado

él

es el hombre más preparado de todo el país

incapaz de ver el robo a su alrededor

renunció a su herencia

nunca dejó a sus amistades chinchillas


todo el mundo lo sabe

los comunistas

y los otros

son demonios


así está el estado de las cosas

también puede ocurrir que todo se vaya a la mierda


los reyes magos siguen siendo tres

uno de ellos es un blanco embadurnado con tinte negro de

algunos insisten en mantener el fake hasta el final



Isaías Griñolo. Pregón de las patrias. ICAS & Concreta. Sevilla, 2021



domingo, 11 de julio de 2021

DECANTACIONES

 



                                     

                   Ven. Vamos a recobrar ese paciente imperio de la dicha.

 

 

                                                                                                   Olga Orozco

I

 

 

 

El orden natural progresa en el raigón de los días.

 

 

 

 

 

II

 

 

 

Irradia luz

en las orillas de la tarde.

 

 

 

 

 

III

 

 

 

Bajo la sombra fresca de los avellanos

-igual que un alfabeto-

un nombre escrito sobre una piedra.

 

 

IV

 

 

 

Un nombre

apenas doce veces permutable

con alas de música y de viento.

Un nombre que respira

y nos dice buenas tardes con un beso.

 

 

 

V

 

 

Reconozco los modos

donde opera la prisa.

Y como un asombro más

sigo la sucesión de Fibonacci: xn = xn-1  + x n-2

con la mirada puesta

en el grosor de las ramas de los árboles,

en las nervaduras de las hojas de los tallos

o en las espirales de una caracola.

 

VI

 

 Entre el surco y la sed,

¿Qué signos trazan su abandono y dejan en el aire

un río abierto de preguntas?

¿Qué voz nos llama

y nos decanta en vuelo

desde el mercurio de las horas

hasta el rojo cinabrio?

¿Qué proyección de imágenes sucede

en los intersticios de la tarde

como si fuera siempre,

como si todavía y  desde lejos,

alguien viniera a recordarnos:

Ven. Vamos a recobrar ese paciente imperio de la dicha?

 

 

 

 

 

 

 

VII

 

 

 

¿Qué vestigios preceden a este instante

larvado en canto?

Brindo por la verdad que se ignora

bajo túmulos de silencio.

Brindo por los nidos, las semillas y el fruto de los árboles.

Por las mañanas de mi infancia,

por las tardes de junio a la intemperie

y ese rumor tan dulce de la hierba.

Por la fórmula exacta

que me conduce al poema.

Por el océano, la arena y los canchales

recuerdo de unas islas.

Por las discípulas de Pitágoras e Hiparchia,

Hipatia de Alejandría y Aspasia de Mileto.

Por los ríos y ciudades,

por Montmartre, Notre Dame

y los puentes de París. 

Y por la canción de mi madre

y todas las palabras

inscritas en las páginas

de un libro hermoso y verdadero.

 

Diplome Accessit  14e Concours Internationale de Association Internationale La Porte des Poètes  (París, 2011)

                      

  MARÍA SOCORRO LATASA MIRANDA. De  Edad de niebla y otros poemas, 2014