Cuántas veces quise cambiar mi
condición,
ser otro ser
menos confuso,
más amable,
que otra fuera mi inquietud.
No me
molesta mi forma
ni el perfil pajarero de mi cara,
tampoco mis manos grandes
ni mis dedos estropeados por una descarga eléctrica.
Trapecista
colgado en la rama
sin posibilidad de avance o de regreso,
sin ganas de caer,
yo salté a este mundo con el impulso de llegar a otra parte
que no fuera yo;
y aquí me tienen
poco más que un balanceo.
Lo que
sigue es mi vida como hombre,
pudo haber sido otra
y hoy continúa
aunque en ocasiones hablo de mí
como si hubiese muerto,
una manera de estar en otro lado sin moverse.
También
hay amor, relaciones conyugales, padres e hijos, atentados terroristas,
pintadas, el cansino debate sobre realidad y ficción, una
actriz porno de reconocido prestigio, amenazas imaginarias, viajes
sin desplazamiento, pantallas, sopa caliente, insomnio, hostelería, energía
fotovoltaica y algunos asuntos más hasta superar los quinientos versos, extensión
mínima exigida en premio de poesía bien dotado.
Porque
si hablamos de una vida como hombre
el dinero es importante,
más que la poesía.
La
poesía también sirve
como la silla y la mesa sirven de escalera
y es
verdad que a ratos y por accidente.
Podría
decir: el hombre equivocado
en el
momento oportuno.
O, más
fácil, hombre de mediana edad
con las cosas propias de su tiempo.
Fidel Moreno. El hombre equivocado en el momento oportuno. Ed. Pre-textos. 2025
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