documentos de pensamiento radical

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martes, 17 de septiembre de 2019

9 poemas de EGAGRÓPILAS de EVA HIERNAUX





a cada poco los pecios de la infancia
más hundidos
como tu rostro en la tierra
asomándote a la incertidumbre
inhalando el miedo
de no volver


***



Atascados en el dialecto de la tarde,
deshojando adivinanzas
de la vida,
en la torcedura del momento
donde no cabe ni más lluvia
ni más espera,
sólo mapas de arpillera
cosidos como brazaletes
a nuestra fuga.

Así la tarde transpira su gusano
y su ganancia.



***



aunque se queje
                        dice sí
aunque el viento

aunque el viento
                        chirríe
y no quepa entero
en el óvalo imperfecto
de tu intención

aunque chirríe
aunque el viento

y nada ha de quedarse fuera



***

con la boca dibujada
de herida
hace avanzar el mundo
hasta la forma

de una flor entendible


***

Cae la noche.
Esta es la voz que nos queda.
Densa voz que articula
el deseo
y transpira en el pesebre
de la alianza.
El que baila no corre,
el que corre
no agita el arrullo
ni avienta profecías:
el que baila
es el que significa,
el que señala la oportunidad
y las monedas que la compran.
El que baila en la noche
resucita su hondura.



***

si se acerca la ceniza
oír sus pasos sin aliento
mantener las manos
en forma de cuenco
arar profundos surcos
en la memoria
restregarse el pecho
con lágrimas sin estrenar
poner la palabra en el asombro
y el silencio a punto de nieve

si se acerca la ceniza
abrazarla
porque siempre tendrá nombre
mientras seamos capaces


***

He perdido mi paisaje,
ya nada me contiene.
Ya puedo ir.

Ya puedo cubrir mi cuerpo
con la oscuridad distante.

Y que no hable la piedra.


***


Si lo que te digo no me transforma,
entonces
¿para qué lo digo?
¿por qué no permanezco
en la siembra fértil del silencio?
¿por qué me torturo y deformo
en la palabra que no me deforma?


[La materia ni se crea ni se destruye, sólo se trans-forma. Así pues, la forma, como concepto, existe siempre; la forma persiste, existe en otra al de-formar, se de-forma algo para darle otra forma. Incluso lo a-morfo entra en la tipología o catálogo de formas. Lo formal es innúmero.]


***

Hablar duele



Decir cura





Eva Hiernaux. Egagrópilas. Ed. Amargord, 2017





lunes, 16 de septiembre de 2019

2 poemas de DIANA GARCÍA




Miénteme
Miénteme, si me dices te quiero
alguna vez
Si mis palabras ya no son
las de ayer.
Cuando te vuelva a ver, miénteme
pero no me digas que me quieres
si cuando me hablas
es solo por interés, desahogo, confort...
Pero ni se te ocurra
por el nombre amor.
Miénteme ya, y seré yo
a quien no puedas olvidar más.



La Tierra, huérfana
Entre basura enterrando,
sus recursos agotando
y ahora calcinando.
La Tierra altruista nos cede
todo su patrimonio,
ojalá algo de su bondad
se nos pegue.
Ella es testigo
y calla, y calla,
no nos regaña
y a cambio nosotros
a ella se lo hacemos pagar
cada vez que
el egoísmo nos llama,
la Tierra desamparada
grita en llamas.
Su bronceada piel
ahora es carbón,
sin naturaleza
quemamos a su único amor
y su mejor creación,
una familia
eterna en su esplendor.
Aquellos robustos
e inmensos árboles
en las tardes cuando
el sol más calentaba
su frescura nos brindaban
mientras algún pajarito
acudía a por un trozo de pan
mientras sus amigos
nos amenizaban la estancia
con su armonioso canto,
se nos antojaba todo un recital.
Hoy en día, muy a mi pesar
digo que pronto
todo esto ya quedará atrás.
La naturaleza nos deleitaba
con su belleza
y dentro de unos años
nos sorprenderá
recibiéndonos al ser humano
con firmeza,
y esto nos hará pensar
si ese recuerdo
quedará en la infancia
sin poder mostrar
al futuro
la inmensidad de su belleza
derrochada por cada esquina.
Y en lugar de eso
el derroche de nuestra raza
dejará a la Tierra
descalza
y sin color en
su alma,
por nuestra capa de ozono
se está quedando
sin aire,
el que puede que nos falte
si dejamos que todo esto
pase.
Sus azules ojos lloran,
son peces cayendo.


Diana García. Inéditos




domingo, 15 de septiembre de 2019

Y regresan las cosas al origen primero del lenguaje


                  




IV
Y regresan las cosas al origen primero del lenguaje                     


Y sigo aquí preguntando al siglo por sus ausencias,
por lo no resuelto, por las lágrimas intactas y el temblor ajeno,
adivinando lápidas, lo ya borrado, lo que insinúa el signo,
la huella, lo inscrito un día en la carne, lo que fue
alegoría y pasó leve como niña, trazo de luz, vuelo
entre sombras, lo que fue aliento, lo que pudo ser palabra
(si la encontramos, si entra en nosotros y la recibimos
en el hueco de unas manos mudas)
la palabra salida de dentro, caída en el aire,
envuelta, respirada, la voz, la letra grabada,
la que se hace carne o rescoldo, lo dejado,
lo que estuvo y fue, lo que resta y lo que anuncia.


Como huella que impulsa, lanza, tensa,
nos colma de espera y vacío, nos arroja a lo venidero,
nos alcanza en eco, rastro, en lo que fue y nos llama
a lo sucesivo, lo imprevisto, el descubrimiento, el hálito,
lo no andado, sílaba del tiempo, oquedad de la materia,
origen y silencio
que habla en la mirada, alienta, alimenta, se hace carne
y signo (nos hace mundo) palabra salvada
donde espera la profecía, su cumplimiento y su sentido.


Allí donde está escondido el nombre, el instante
en que todas las cosas regresen y asciendan
desde la rama, desde la carne herida, desde las cuatro letras,
los veintidós signos, las diez esferas, desde la brisa,
desde el espacio de pájaros y cielo y descendamos de nuevo
rodeando, sajando, goteando sangre, savia oculta,
sabiduría, luz, seamos raíz, cuerpo de la palabra,
sexo de dios, huella del nombre y regresen al fin
todas las cosas y nos reconozcamos en el año del jubileo
cuando la letra sea palabra que fue carne
pronunciada desde la marca de la ausencia,
dicha en el incólume fulgor de la noche transfigurada.


Habita mundo (lo puebla de sentido, lo crea), reclama
nuestra atenta mirada, exige descifrar, abrir el cuerpo
al milagro de lo vivo, leer las cosas, su azacaneado bullir,
el pálpito de los animales, la impávida lejanía de las esferas.


Leer el mundo como un texto, como piel, un tejido, una piedra,
como constelación (su inventado dibujo, sus nombres hermosos,
falsos, su luz lejana y permanente) o un susurro
(lo que el aire dice de las cosas,
el agua y sus afluentes de esperanza, lo que calma el viento
y sus contornos) la semejanza, los límites del tiempo,
el origen de la voz y el nombre,
leer
el vuelo imprevisto, el instante de luz, hilo, filamento,
una trama tejida de diálogos, correspondencias,
sostenidos ecos, el deslumbramiento y su inquieta sabiduría,
lo que permanece tras la iluminación (como polvo
de luz de un dios desprendido)


Serenidad acaso esta lectura, este comprender,
sentir en la raíz el instante ciego que lo ilumina,
alquimistas de la palabra, astrólogos de la memoria,
profetas de la noche y el repetido asombro,
augures de la armonía y el milagro que circunda
y caminar así entre letras, signos,
guijarros, estrellas, pedacitos de mundo.


¿Ser entonces un signo más?
o tal vez un signo menos
(si contamos las ausencias) ser punto, letra,
vocablo, muesca, 
dejar rastro de lo escrito, una nota,
(una mínima mota) que será hueco, olvido,
pausa, pequeño filamento en la urdimbre de la trama,
en las costuras vueltas del tiempo,
resonancia perdida (¿acaso salvada?) en la sucesión
necesaria, en la inconclusa, errada lectura,
en el texto infinito que débil hilvana lo que permanece,
lo mínimo dejado, el eco de un perdido eco.


Así como los niños juegan a hacerse con la semejanza,
imitan mundo, aprenden las horas, los disfraces,
lo oculto, lo imprevisto y se visten con el miedo
para habitarlo, hacerlo suyo, como juego necesario
entran al oscuro cuarto de los abrigos o ascienden
temblando al tenebroso, polvoriento, desván
o abren la caja y dentro del reloj se esconden
para siempre ocultos en el vientre del tiempo:
heredan así las formas, las múltiples figuras
de sentido, las ocultas correspondencias,
la resonancia de cosas y seres
su diálogo con lo abierto, la permanencia.


Heredan el milagro, el asombro,
todo lo que nos reclama con urgencia de vida
y nos sella a lo que palpita y la memoria,
como alegría lo hacen travestidos con los siglos,
habitando la semejanza como traje de fiesta,
como piedra que salta lanzada al mar o cometa
zarandeada, erguida, impulsada por el viento,
por el tiempo contra el tiempo.


Heredan sentido, luego olvidan:
les damos la vuelta, les hacemos mirar hacia atrás,
perderse en las formas, en su rígida arquitectura,
extraviar lo no vigilado, lo que espera y nos habla,
suman acción y desmemoria, pensamiento
y ambición y destejen la trama, olvidan el hilo,
ovillan, enredan la luz en el tiempo y la historia.
Y nuestros los hacemos, crecidos en la sequedad,
en la aceptación de la costumbre,
para siempre perdido lo pronunciado por vez primera:
la palabra, su repentina caída en el fulgor del mundo.


Olvidan los niños como olvidan los niños
como olvidan los juegos o lo sagrado palpitante,
sus leyes ocultas, la voz que redime las formas. 


Así como ellos juegan a crear mundo
con palabras descubrimos la oculta semejanza,
acariciamos el vocablo, sentimos la áspera
tibieza de las cosas, el rugoso lametón del silencio,
y lo dicho en el instante de luz, en el deslumbramiento,
es de nuevo asombro y de nuevo juego imprevisto
y regresan las cosas al origen primero del lenguaje.




                                                                     
De Elegía en Portbou.
   



Memorial de ausencias
Antonio Crespo Massieu

Tigres de papel, Madrid 2019








sábado, 14 de septiembre de 2019

5 poemas de MEMORIAL DE AUSENCIAS de ANTONIO CRESPO MASSIEU





Hace ya algunos años Antonio Crespo Massieu nos sorprendió a todos con En este lugar, un libro directo, crudo, donde sin concesiones ni diatribas, Antonio unía su voz a la poesía cívica que se estaba fraguando en esos años en España. Volvió a tocarnos el corazón con Orilla del Tiempo, un libro arrebatador que pulsaba la tecla mejor de la conciencia y la empatía, el amor y la pasión, la compasión y la dignidad del otro, de todos los otros seres sintientes, y alcanzó las más altas cimas de la poesía y construyó un modelo propio de plasmar su indeleble compromiso en uno de los mejores libros publicados en lo que va de siglo, Elegía en Port Bou, su particular "Aullido", la construcción más sólida que hasta el momento nos ha hecho poeta alguno sobre la memoria de los desaparecidos. Así es, envuelto en el frenético ritmo de unos versos construidos sobre una dicción sostenida, Antonio consigue un  tono febril  y rabioso que otorgan una potencia excepcional a este canto elegíaco, acaso no vista desde Miguel Hernández, y desde luego inédito en extensión, generosidad de las presencias, y profundidad de una mirada que, sobrevolando un tiempo terrible, rescata de él todo lo condenado al olvido y la desaparición. 

Es imposible no dejarse arrastrar por el viento de la Historia leyendo a Antonio, y esa es una de las mayores virtudes de su poesía, porque la música de sus versos, el ritmo jazzistico de su dicción, no solo absorbe, conmueve, sino que además, con su palabra punzante, y desde su consciencia generosa, nos hace memoria común con los derrotados, con los débiles, con los que sufren, extendiendo hasta ellos todo el amor, toda la compasión, todo el reconocimiento de la dignidad de quienes padecieron la violencia sobre la que ha crecido nuestro inmundo. 

El presente volumen, Memorial de Ausencia, recoge estos tres libros citados más Obstinada Memoria, y algunos inéditos. En ellos, Antonio sigue creciendo como poeta en torrencialidad, en fertilidad, y a la vez su poesía se va decantando hacia la serena meditación reflexiva como los dos polos, de ritmo y corazón, en los que oscila un pulso poético que la presente antología nos invita a compartir. Gracias Antonio y gracias a Tigre de Papel por este acierto absoluto de reunir toda la obra de uno de los puntales de la poesía crítica en España.

Con una pequeña muestra de los poemas contenidos en el presente volumen os dejamos.
                                


ALGUNAS PRECISIONES

(EN FORMA DE CARTA)

Señor Presidente

ya es hora de deshacer
al menos
(entre otros muchos)
un grave equívoco.
Usted
dice gustar la poesía
retener versos en la memoria,
sentir el sosiego, solaz
y perenne incitación
que proporcionan siempre los clásicos
(como quien dice valor seguro
en términos de mercado)
y aún con frecuencia
(eligiendo con prudencia y tino)
los modernos, nuestros contemporáneos.

Si esto es cierto,
y abundan motivos para creerlo
(lo afirman todos sus hagiógrafos)
aquí hay
Señor Presidente,
al menos,
un grave,
un gravísimo
equívoco.

La poesía,
créame usted,
es rigor,
palabra exacta,
pesa y sopesa
uno a uno
los vocablos,
aquilata cada pausa,
lo dicho, lo apenas nombrado,
incluso el silencio,
cada letra, cada mínimo signo,
créame usted,
Señor Presidente,
es cuestión de conciencia
y en ello le va la vida,
el mundo,
a cada poeta.

Nada debe faltar
o sobrar
pues el poema
no es cosa de adorno,
barata ternura o sentimientos de alcanfor.
Aquí,
la palabra
hiere, traspasa,
se hace carne,
respira y tiembla,
por eso permanece,
vence al tiempo,
nos convoca a través de siglos.
No es cosa de juego
(aunque pueda ser un juego)
ni tan siquiera adormidera,
un revolar de hipidos,
o un lánguido fru fru.

Señor Presidente,
créame usted,
un poeta o un lector,
uno cualquiera entre miles,
jamás equivocaría hasta tal punto,
jamás traicionaría hasta tal punto,
jamás ensuciaría hasta tal punto
las palabras.
Por ellas vive,
a ellas se debe,
son fidelidad y sustento,
y esto,
créame usted,
es ante todo una cuestión de conciencia.

Usted,
Señor Presidente,
ha escogido sus palabras,
conflicto, ayuda humanitaria, daño colateral,
ha decidido nombrar así
lo que cualquier poeta, cualquier ciudadano,
casi cualquier niño o niña llama
guerra, destrucción, barbarie, asesinato.
Y estas palabras,
Señor Presidente,
lo sabe el más torpe de los poetas
(y son casi legión,
lo atestigua quien esto escribe)
y aún el más reciente de los lectores
no son intercambiables.
La distancia entre ellas
es la que media
entre la decencia y la ignominia,
entre la poesía y el crimen.
Y créame usted,
Señor Presidente,
esta distancia
es un abismo.

Usted,
Señor Presidente,
ha escogido
sus palabras.

No se confunda,
serán las suyas
nunca las nuestras,
serán las del crimen
nunca las de la poesía.

                                             De En este lugar, 2004.
                                                 





El presidente Lluis Companys se quita sus zapatos una madrugada de octubre de 1940 en el histórico castillo de Montjüic


Ahora que veo sus zapatos blancos
aplastando entre el barro la colilla
del último cigarro que ha fumado,
mirando el incierto azul que tanto amó
abrir el amanecer y sonríe elegante
- aún sin corbata –
cuando con la punta del zapato
(un zapato blanco como de sportman
o club de tenis o paseo pisando
la grava del parque o veraneo en Cadaqués)
lo aplasta contra la tierra cuya ausencia
le duele más que la propia vida que deja.

Entonces, tras mirar el cielo, sonreír
añorar y ventear el mar lejano,
pide descalzarse y con gesto cuidadoso,
pausado como caricia o cortés adiós
coloca a su derecha, junto al muro,
sus zapatos blancos
(esos zapatos de sportman en día de ejecución)
que quedan tan cerca de la colilla
aplastada y ahora dice
con una tristeza limpia, saboreando
las palabras como despedida o reencuentro,
descalzo para morir pisando tierra
catalana y sonríe de nuevo mas ahora
altivo y espera la descarga y antes aún
dice asesináis a un hombre honrado
(y lo fue con la honradez serena y callada
del tiempo antiguo de la dignidad)
y dice o grita entre disparos Visca
Catalunya Lliure y cuando cae
y nada dice y su cuerpo inerte reposa
en la tierra amada por libre, entonces
ahora, veo sus zapatos blancos
que permanecen en el foso del castillo
esos zapatos como de sportman o veraneo en Cadaqués,
esos zapatos blancos tan de fusilado,
tan de pasear ante el histórico foso
del histórico castillo de Montjüic
(ese castillo y foso tan de fusilados)
una brumosa madrugada de octubre
que nada anuncia salvo la nada y muerte que nada deja.

Nada, salvo unos zapatos blancos
(blancos ya sabéis como de sportman)
que permanecen siempre intactos,
sin sangre, limpios y tan blancos,
en estos muros negros de tanta historia.

                                             De Orilla del tiempo, 2005.



MEMORIA de un mínimo desastre
                                        
                                    Los niños, en Birkenau, eran aves de paso.
                                                                                                          Primo Levi

Hablamos de aves migratorias,
pequeños pájaros
efímeros,
disueltos en humo.
Minúsculas sonrisas
que apenas fueron.

Hablamos del horror de los pájaros
perdidos para siempre,
inconclusos.
              De la ausencia de la carne
y la ingrávida condición
de lo nunca soñado.

Hablamos del tiempo de los verdugos
y la ignominia.
Del vacío de Dios
y su densa humareda cubriendo los siglos.

Hablamos de aves migratorias,
              de la culpabilidad de los ornitólogos
y el leve peso de la inocencia.

Y queremos
que este pequeño desastre ecológico
(apenas unos cientos de miles
de mínimos pájaros judíos)
quede para siempre consignado.

                                                                   
                                   no stan muridus lus páxarus
                                       di nuestrus bezus.
                                                              Juan Gelman


                                                                   De Orilla del tiempo, 2005.



Poema perro para Emmanuel Levinas



En milimétrico ejercicio
o precisa ciencia meticulosa
nos habían despojado,
desgajado y perdido cada día
más hondo, más al hueso,
mondos ya de humanidad, restos
sin rescoldo apenas de aquello
que un tiempo fuimos y ya era
hueco, vacío ni tan siquiera memoria.

El campo, las alambradas, los gritos,
muertes, la rutina, caminar, fiebre,
los muertos, seguir, el sopor sin descanso,
trabajo, rutina, la mierda, el hambre,
las letrinas, los muertos, las órdenes, el frío.

Todo era vacío
hueco del tiempo inmóvil,
duración de huesos sin dignidad, 
ausencia de mí y de nosotros,
sólo durar sin mirada ni palabra,
oración o blasfemia. La nada
hecha fatiga, sudor, temblor
sin nombre ni voz.

Mas aquella mañana incierta
del infinito invierno de bruma y frío
caminábamos al trabajo por la vereda
que circunda el campo y fue entonces.
Entonces le vimos como aparición
tras el desmonte, los ojos fijos,
orejas erguidas, cabeza ladeada,
jadeante, con la lengua fuera,
famélico, el rabo tieso, todo costillas,
aún más delgado que el más delgado de nosotros.
Y nos mira con ojos fijos, extáticos,
(a nosotros nos mira que nada éramos
que éramos la nada o nada más
que carne kosher de campo
destinada a ser sólo nada).
Y avanza temeroso y nos huele
y mueve el rabo y humanos nos reconoce
y nos reclama como amos.
Espera protección,
amparo y cariño
(y parece tan perdido).

Así,
cada día acompañándonos al trabajo,
corriendo alegre junto a nosotros,
alimentado de las sobras miserables
de nuestras miserables sobras
nos dio nombre y dignidad,
palabra y un rostro
en el que mirar y ver
no vacío sino los ojos
perdidos del ser humano.

Así,
un perro, sólo un perro
famélico, escuálido, sarnoso
(al menos tan sarnoso
como el más escuálido de nosotros)
anuló
para siempre
la meticulosa ciencia
del verdugo.  


                                           De Orilla del tiempo, 2005.


EL ÁNGEL DE LA HISTORIA SONRÍE A PAUL KLEE


Principio de poesía puede ser
esta luz esta alegría desbordante,
como un juego de colores, peces
cruzando el Nilo o casas rojas
y amarillas en Kairouan, como
un pintor que nace deslumbrado,
como jinete azul que cruzara
el desierto y nos diera
o de la grupa dejara caer
los ritmos más estrictos y más libres.

Principio de poesía puede ser
también la pesadilla parda
eructando terror en el lienzo
como un grupo de locos poblando
la historia o el timbalero marcando
el paso de la muerte que habla alemán
como devorador de niños o arrebato
de miedo o danzas causadas por el
frío terror del pintor de paredes.

Puede ser principio de poesía
un drama de muñecas, jirones rotos
o busto de niño marcado por la historia,
costurones de muerte cuarteando
boca y ojos, cara, cicatriz sin sonrisa
y al fin puede ser el hombre
marcado, borrado de la lista,
inexistente judío galiciano, errante
en la aflicción de la luz sabiendo
que todo corre en pos de algo.

Puede ser poema o principio
al menos fijar la muerte por la idea,
lápidas, cruces, casas, ciudad derruida,
aplastando al poeta, hombre guerrero,
ingenuo sacrificio, embarrado sueño
en las trincheras, locura en Cracovia,
al fin descanso en sábana blanca del delirio
como tantos muertos muerto por la idea.

Principio de poema puede ser o es
este viaje camino de una estrella,
antaño salido del gris de la noche
y ahora flotando sobre ventisqueros
rumbo a estrellas sabias pues no abdica
y con maltrecha y rota, única ala de ángel
intenta ahora y siempre volar. Y así
caída, huesos quebrados, dolor,
ensimismamiento, compañeros muertos,
torturados, despojos, húmeros
              sin fosa, gritos. Mas aún y siempre
sigue siendo fiel a la idea de volar

y pues no abdica ni cesa
con el alma en cabestrillo
              se arroja de nuevo
le nacen alas estrenando pájaro o ángel
o grito de los humildes hecho canción
o nube de dioses inventados, dioses pájaros
que caen de nuevo con estruendo de huesos
rotos como un Fenix anciano pajarraco
sin plumas, mutilado pero erguido.

Es así poema o principio este
              ángel niño, pájaro anciano, ala rota,
desplumada siempre, renaciendo siempre
con asombrosa fidelidad a los vencidos
como costumbre de Fenix anciano
con ala rota o revolución o ángel niño
con su cascabel que juega como tan
olvidadizo del fracaso y vuelve siempre
al vuelo y repite su caída y ceniza y muerte.

Tal vez principio de poema puede ser
esta loca esperanza de arcos avanzando
desgajados, desprendidos, juntos como
deseo común o sueño erguido de piernas
y colores siempre hacia nosotros proyectados,
puertas infinitas abiertas, llamando, pidiendo
que entremos y caminemos también llenando
el instante que rompe la superposición,
el silencio que quiebra la horizontal,
liberando la piedra que soporta y nada sabe
              y permanece inmóvil como acatamiento
de gravedad y progreso, sirviendo
sin atreverse nunca a saltar romper
reconocerse y al fin ser sólo
arco sin orden ni arquitecto.

Tal vez principio de poesía es o pueda ser
esta predicción de tiempo nuevo que nunca
llega y siempre avanza y regresa
como certeza o sueño, afán o esperanza
de esta unánime rebelión de viaductos
o revolución de arcos, todos fuera
de la fila y el orden sin otra ley
que la libertad que escogen cuando
ya caminan por un tiempo sin historia.

Tal vez todo vuelva a ser
y ya para siempre (como un poema
o lienzo o respuesta) un juego
de colores, alegría desbordante o
luz de mezquita y desierto o
tal vez sea siempre poema las danzas
causadas por el miedo y al fin
el ángel de la historia mirando siempre
atrás despojos, ruinas, cadáveres
pero llevado, arrastrado, impelido
por huracán hacia un futuro que nunca
verá como abandono o desaliento o imposible.


Ángel que avanza entre ruinas
buscando el arco libre o la luz
o los colores, herido por la nostalgia
o piedad, arrastrado por la historia,
siempre a ciegas como una condena.

Principio de poema
es el ángel de la historia

tal vez poema o ángel o historia
o tal vez condena, esperanza o ruina
o luz que estalla en lienzo poema historia
como geometría de la belleza y el espanto.
        
Así el poema es color rigor y grito.
Así nos convoca.


                                                        De Orilla del tiempo, 2005.





   Memorial de ausencias
   Antonio Crespo Massieu
  Tigres de papel, Madrid 2019

   Fotografía de Carlos Pérez Siquier