documentos de pensamiento radical

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sábado, 19 de junio de 2021

3 poemas de GRITO de MIGUEL FERNÁNDEZ RIVERO

 



XIII

 

Entre sus labios

los pájaros salvajes

se vuelven viento.

 

 


 

LOS SEÑORES

 

Nosotros somos las manos, la fuerza que genera la energía que sustenta a los Señores. Ellos son la Élite, los Magos del sistema. Tienen el poder y las herramientas  necesarias para limitar nuestra libertad. Pero la libertad ya no existe, es un espejismo creado por esta sociedad de consumo, por estos tiempos de bienestar y de una inducida e hipnótica felicidad. Somos esclavos del Invisible Gobierno Global que manejan los Señores, es decir la Élite.

 

 

XIV

 

Calle del viento

dilatando en revuelo

la voz del pueblo.

 

 

 

LOS SEÑORES

 

Sí, compañero, la Democracia ha muerto. Somos ciudadanos de un Imperio Global instaurado por el poder planetario de los grupos multinacionales financieros e industriales, y por las organizaciones e instituciones internacionales que están por encima de las leyes y del poder político de los países, y por encima de democracias, regímenes o dictaduras Sí, compañero, la libertad no existe. Vivimos dentro del confortable útero de un mundo feliz, creado por los Señores.

 

 

XIX

 

El fusil tiembla

en sus débiles manos,

niño guerrero.

 

 

 

 

LOS SEÑORES

 

Somos los ladrillos y estamos envueltos, más bien enclaustrados, en unos tiempos de abundancia y de una inducida e hipnótica felicidad. Ellos son los Señores y nos han creado una sociedad feliz, somos felices, y esta felicidad nos hunde en el conformismo de una masa de individuos sumisos y consumistas. Nuestra libertad radica tan solo en nuestra capacidad de consumo dentro de un sistema controlado y alentado por los Señores, libertad que nos esclaviza y nos hace dependientes.



Miguel Fernández Rivero. Grito. Ed. Opera Prima, 2020

viernes, 18 de junio de 2021

DOS POEMAS DEL CIRCO DEL MUNDO POR SAL

Maléfico aroma que adormece el mundo

LE PARADIS / L’ENFER D’OVERLI

 

 

Love was faceless.

CAROL MUSKE-DUKES

 

 

(DES)HACER el mundo con versos o imágenes,

con el humo ácido de un paraíso prohibido.

Si el Mal acude a la cita con sus cabellos rojos y un ramo de adelfas podridas: ˗ ¿qué haré sino sentarme sobre el arcón de la música y apoyarme en la bola del mundo?El infierno es un lugar lleno de escombros asépticos. El Mal huele mal como la Vida. Peor que la Muerte.

Mas yo quiero ver la Verdad sentada a mi derecha y a la Izquierda al Diablo sin disfraz. La Verdad sin rostro. Como el Amor verdadero es sin cara. Quiero atravesar de mentiras sus certezas y romper todos los espejos. Si no sobrevive (el amor) al resurgir de mis sueños, nada podrá salvarme excepto ese oficio íngrimo del Arte, que incendia de Olvido la habitación higiénica de Honfleur.

 

C.B.


Arco iris del bien y del mal


LA POETA DEL BIEN SE DESPIDE DE (LA) AURORA

 

 

El futuro es un fusible fundido.

JACK LANDES

 

PECES invisibles vigilan tu ataúd.

Acaso mi resistencia para el Mal sea (i)limitada. ¿Y qué, si mi débil corazón de verdugo no es más que juguete en manos de los demonios/pinceles de Isidoro? ¿Acaso sus animales no son fantasías de otra evolución? Así los pintó, sufriendo, gozando, al borde del abismo más insolente.

 Si luchas por la Paz: ¿debes encerrarte en esa alambrada que has construido por casa o preparar la Guerra? ¿Qué munición usarás? Acaso en la Cañada compartas el agua, el pan y el fuego que tanto precisas con hombres espurios: nunca uses piedra para hacer pedestales a los hombres de letras. Si precisas el aire de la Aurora, no confíes en el futuro: - «la verdad es cualquiera y lo precioso es el instante que se va». Compra cien acres de tierra, repártela entre cuarenta sombras[1] y cultiva lo que te corresponda.

 



[1] Una hectárea es capaz de sostener a dos vacas o su equivalente en ganado menor. Creo que también es tierra suficiente para una familia de cuatro personas.

 








 

jueves, 17 de junio de 2021

LA GRAN CONVERSIÓN

 



¿Cuánto tiempo se tarda en pasar

de comunistas a consumistas?



Antonio Orihuela. Lavar carbón. Ed. Amargord, 2019

miércoles, 16 de junio de 2021

Jorge Riechmann. Informe a la Subcomisión de Cuaternario. (frag. V)

 


 

otra praxis social

 

Una parte del movimiento ecologista (y su expresión política —permítaseme aquí simplificar un poco—, los partidos verdes) se extravió en los años 1980-90, cediendo ante el empuje del neoliberalismo. Depuso su crítica antisistema (esto es, su crítica sistémica del capitalismo) y se limitó a intentar encontrar soluciones pragmáticas a una situación que se agravaba constantemente. Se concentró en tratar de conseguir mejoras marginales dentro de los estrechos márgenes de acción que permitía el sistema. Y perdió parte de su alma en alianzas con el poder corporativo de las grandes empresas. Aquí sería ilustrativa la historia de desnaturalización de Die Grünen, los Verdes alemanes…

Hoy no necesitamos (prioritariamente) acumular más datos sobre la crisis multidimensional, o frangollar nuevos modelos científicos: necesitamos sobre todo construir movimiento social.

Los problemas ecológicos son, esencialmente, asuntos sociopolíticos y culturales. Presentarlos como cuestiones técnicas —así lo hace sistemáticamente la cultura dominante— es un reduccionismo que trabaja a favor de la ilusión de un “capitalismo verde” —pero esa expresión es un oxímoron—. Hoy no necesitamos (prioritariamente) más avances técnicos, aunque algunos de ellos puedan ser bienvenidos, sino otra praxis social. Necesitamos construir movimiento social.

Lo “verde” no es el coche eléctrico, pongamos por caso: es caminar, pedalear y usar transporte colectivo. Darnos cuenta de esto resulta fundamental.

 


tres claves

 

Si consideramos que una de las tres claves básicas de la espiritualidad (y de la vida buena) es el descentramiento del ego (las otras dos serían a mi entender la conexión con todos los seres y el amor compasivo), y advertimos la forma radical y obsesiva en que la comunicación a través de las “redes sociales” refuerza el ego —la conclusión es fácil de extraer…

 

un cronista fue a visitar la exposición

“después del fin del mundo”

 

Incluso gente con la sensibilidad despierta y la cabeza bien ordenada, como Martín Caparrós, razonan de este modo: “Yo no digo que no haya un desbarajuste climático; digo que cambiará cosas y seguiremos viviendo un poco peor y un poco mejor —según quién, según dónde, como siempre— y que el gran problema de las predicciones catastrofistas es que imaginan las amenazas del futuro pero no saben imaginar las herramientas que entonces las enfrentarán”.[i]

Eso puede parecer plausible mientras no se ponga uno a estudiar en detalle qué está sucediendo con el clima, con el petróleo, con los demás recursos energéticos, con el agua, con el suelo fértil, con los océanos, con los ecosistemas terrestres, con los minerales, con la demografía, con la producción de alimentos… y cuáles son en detalle las respuestas (o la ausencia de ellas) que las sociedades industriales están preparando para el colapso civilizatorio en que ya estamos.

Mientras no piense uno en lignito y litio, la fantasía es libre… (y todavía más si sostiene uno que “todo es una construcción cultural”, como creen muchos contemporáneos). Pero si nos tomamos el trabajo de estudiar estos ingratos asuntos, llegaremos a la conclusión de que “imaginar las herramientas que entonces las enfrentarán” es el brindis al sol de la fantasía tecnólatra que constituye la última línea de defensa de este sistema frente a la trágica realidad que afrontamos.

“Lo mejor de los apocalipsis es que nunca suceden”, dicen los vendecalma para tranquilizarnos. Sí, así ha sido siempre en la historia humana. Hasta ayer mismito.

“El Antropoceno es un Apocalipsis, pero un Apocalipsis que ya ha sido revelado y ya está sucediendo, aunque no todo a la vez y no todo de la misma manera…”[ii]

Ecosocialismo o barbarie, decimos. Philip Roth escribió en El animal moribundo (2001), tratando de diagnosticar el tiempo que venía: la barbarie.com.

 


 

 es a la vez el programa mínimo y el programa máximo

 

Descentrar el ego y descentrar al ánthropos.

 

Y no dejar de pensar (lo cual, nos dice el profesor mexicano Luis Tamayo, se hace siempre contra sí mismo, con el otro y con el mundo).[i]

 



[i] Dice, con mayor precisión: “No es imposible construir una humanidad acorde y respetuosa de su sí mismo entero (lo cual incluye a su entorno), pero esa tarea no es de ninguna manera sencilla pues implica la revisión de nuestras propias concepciones, que realicemos la complicada tarea de pensar (lo cual se hace, indican Heidegger, Freud y Lacan, contra sí mismo, con el otro y el mundo y en un tiempo unificado en el presente por la conciencia de la finitud)”. Luis Tamayo, La locura ecocida. Ecosofía psicoanalítica, Fontamara, Ciudad de México 2017, p. 142.




[i] Martín Caparrós, “Después del fin del mundo”, El País Semanal, 11 de febrero de 2018. El autor apoya su reflexión antiapocalíptica en la exposición “Después del fin del mundo” (comisariada por José Luis de Vicente), CCCB, Barcelona, 25 octubre 2017 a 29 abril 2018; http://www.cccb.org/es/exposiciones/ficha/despues-del-fin-del-mundo/224747

[ii] Roy Scranton en su libro de 2018 We’re Doomed –Now What?,citado en Andy Martin, “Climate change has doomed us – now what on earth should we do about it?”, The Independent, 11 de agosto de 2018; https://www.independent.co.uk/news/long_reads/climate-change-stop-global-warming-apocalypse-earth-planet-roy-scranton-essays-a8484271.html



Jorge Riechmann. Informe a la Subcomisión de Cuaternario. Ed. Árdora, 2021

martes, 15 de junio de 2021

Jorge Riechmann. Informe a la Subcomisión de Cuaternario. (frag. IV)

 


ficciones compartidas

 

La formulación de Yuval Noah Harari sobre la “diferencia específica” de Homo sapiens es interesante: se refiere a nuestra capacidad de crear ficciones compartidas. Ficciones que luego constituyen realidades sociales tan firmes y pétreas como montañas de basalto: basta pensar en asuntos como el mito del Progreso, en la base de nuestra actual tecnolatría… Imaginarios sociales, marcos cognitivos, ideologías, cosmovisiones, paradigmas culturales: esas ficciones compartidas que determinan lo que existe o no, lo que se percibe o no, lo que puede pensarse o no —lo que puede hacerse para transformar nuestras realidades o no.

Lo podríamos decir con versos de Robinso


Jorge Riechmann. Informe a la Subcomisión de Cuaternario. Árdora Ed. 2021

n Jeffers: “Las hormigas, o las sabias abejas, o una manada de lobos/ cooperan por instinto, pero el hombre necesita mentiras;/ el hombre —con su admirada más compleja mente—/ necesita mentiras para mantener unido ese cuerpo que forman muchas gentes,/ pacificar el Estado y conservar el poder.”[i]

Fue “la aparición de la ficción” el secreto que permitió a nuestra especie sistemas de coordinación y dominación que, a la postre, llevaron a fundar incluso imperios que gobernaban a cientos de millones de individuos.[ii] Es la imaginación la que nos permite participar de mitos e ideas comunes —hasta forjar enteros mundos imaginarios que son para nosotros más reales que la realidad— y con ello facilitan la cooperación exitosa. “Cotillear [que es otra facultad humana clave] te permite crear sociedades de 150 ó 200 individuos. Para crear grandes redes de cooperación política, la clave es la imaginación, la capacidad para crear y difundir ficciones. Realidades que existen porque nosotros nos las inventamos. El poder se basa en la ficción: la religión, evidentemente, pero también la economía y la política. La nación es una ficción. El dinero también. Pero sirve para que personas que no se conocen colaboren, porque ambas creen en una misma historia. Dos chimpancés que no se conocen no sabrán intercambiar un plátano y un coco. Nosotros sí sabemos cambiar un trozo de papel en el que ambos creemos por una botella de agua.”[iii]

Edgar Morin cita a Michel Le Bris (en Kong, novela de 2017): “Habitamos nuestros sueños y ellos, correspondiendo, nos hacen habitar el mundo”. Soñar es hermoso e imprescindible, pero ¡no podemos vivir como sonámbulos! Tomar cierta distancia crítica para llegar a asomar la nariz fuera de nuestros mundos construidos socialmente es cualquier cosa menos fácil… El coraje ético y la investigación científica lo posibilitan, pero no garantizan nada.

 

 

gente buena que hace cosas malas

 

El físico Steven Weinberg escribe: “Con o sin religión siempre habrá gente buena haciendo cosas buenas y gente mala haciendo cosas malas, pero para que gente buena haga cosas malas hace falta la religión”.[i] Correcto, siempre que entendamos “religión” en un sentido antropológico amplio: cierto nexo de creencias que reclama para sí un fundamento absoluto. En ese sentido, el cientificismo y la tecnolatría se convierten también en religiones.[ii] Y permiten, entonces, que la gente buena haga cosas malas…



[i] Lo cita Jorge Wagensberg en “La religión en aforismos”, Babelia, 20 de enero de 2018; https://elpais.com/cultura/2018/01/16/babelia/1516120429_541868.html

[ii] Ya escribía Aldous Huxley en 1943: “La idolatría tecnológica es la religión cuyas doctrinas se promulgan implícita o explícitamente en las páginas publicitarias de diarios y revistas, la fuente de la que millones de hombres, mujeres y niños de los países capitalistas extraen su filosofía de la vida” (en su ensayo “Idolatría”, recogido en Huxley y Dios -ed. de Jacqueline Hazard Bridgeman-, Thassalia, 1995).


[i] Versos del poema FAITH; traducción mía (J.R.).

[ii] Es una de las tesis que defiende Harari en su libro De animales a dioses, Debate, Barcelona 2014.

[iii] Yuval Noah Harari, “Estamos a punto de convertirnos en dioses”, entrevista –a cargo de Ernest Alós-- en El Periódico, 22 de septiembre de 2014. En esta entrevista, el historiador israelí apunta después que “la única realidad es el sufrimiento. Y su reverso, la felicidad. Muchas veces estas ficciones esconden la realidad del sufrimiento ante nuestros ojos. Eso es moralmente peligroso. Cuando una nación se embarca en una guerra, la nación es una ficción pero el sufrimiento es real y no lo tenemos que olvidar. El sufrimiento de humanos y otros animales sí es real. Ante esa realidad tenemos un compromiso ético.”

 

 

Jorge Riechmann. Informe a la Subcomisión de Cuaternario. Árdora Ed. 2021

 

lunes, 14 de junio de 2021

UN POEMA DE EL CIRCO DEL MUNDO DE SAL Y OVERLI (1)

 

En esta serie de 5 poemas, el poeta (Santiago Aguaded Landero) dialoga con la imagen pictórica de Overli, el artista (Isidoro Fernandez Palma, Lepe, 1952-2001)


Agradecimiento especiales a Magdalena Salvador León que autoriza la reproducción digital para este blog. Asimismo si alguien estuviere interesado en adquirir reproducciones de los lienzos y/o el libro contacte con:  overli.asociacion@gmail.com


CANTO A LA PAZ DESDE EL UNIVERSO

 

 

  

 

¿EXISTE PAZ en el mundo, Isidoro?

 

Él silba animales interiores, huellas voladoras, soles de música infantil y como Blake dibuja paraísos grises que no existen salvo en canciones de inocencia. Mas nadie es inocente. Ni puede serlo. Sería indecente. ¿Es Paraíso un lugar donde tigres conviven con gacelas? No.

 

Yo pienso la Violencia que [no] es Guerra invisible mientras otros ven Armonía en universos de fuego, en un viento fuerza doce o en una mina oscura donde los canarios silban grisú. Y al final qué nos queda de la sílaba incendiada, Isidoro: ¿un puñado de huesos, una huella en el agua, un lugar que no es nuestro… tal vez el arte?




           


Jorge Riechmann. Informe a la Subcomisión de Cuaternario. (frag. III)


 

 

mentes por todas partes

 

Cuando nos pusimos a estudiar a los grandes simios, descubrimos elevadas capacidades cognitivas.

Cuando nos pusimos a estudiar a los cetáceos, descubrimos grandes capacidades cognitivas.

Cuando nos pusimos a estudiar a los elefantes nos sucedió lo mismo. Hemos ido viendo que en realidad todos los mamíferos somos bastante parecidos en cuanto a muchas capacidades emocionales y cognitivas básicas. Y también nos quedamos asombrados al considerar las habilidades de aves como los córvidos o los loros… Y ¿qué decir de la “inteligencia extraterrestre” del pulpo, ahora tan estudiada?[i]

En realidad nada de esto debería sorprendernos —si tenemos una visión evolutiva de la realidad—. Las capacidades emocionales y cognitivas de los seres vivos evolucionan a lo largo del tiempo, y las diferencias que encontramos entre unas clases de seres y otras son de grado —no se trata de naturalezas diferentes—. Compartimos una historia evolutiva común en el seno de la Madre Tierra. Todos los animales somos hermanos, se titula un libro que escribí hace años.

¿Y las plantas? Un defensor de los animales tan destacado y meritorio como Peter Singer nos pregunta: si un árbol no puede sentir nada, ¿puede importarle al mismo árbol ser talado?[ii] Pero ¿está tan claro que ese criterio de sintiencia se detenga en el mundo animal? También hace poco tiempo que nos hemos puesto a estudiar las capacidades “avanzadas” de las plantas, y lo que se ha ido descubriendo nos deja atónitos. No cabe seguir considerando a las plantas como pasivos autómatas orgánicos. Sienten e integran información procedente de docenas de variables ambientales, y usan este conocimiento para desarrollar comportamientos flexibles. Por ejemplo, pueden reconocer si otras plantas cercanas son de su misma especie o foráneas, y adaptar a la situación su búsqueda de nutrientes y energía. Pueden reconocer a predadores y desarrollar estrategias de defensa (por ejemplo, sentir que se acercan orugas peligrosas y segregar aceites repelentes como respuesta). Pueden comunicarse entre sí, y con otros organismos (como microbios y parásitos), usando una variedad de canales (incluyendo el impresionante medio subterráneo que forman las redes de micorrizas). Desarrollan formas de memoria…[iii]

Tiene todo el sentido hablar de “las mentes de las plantas”, aunque éstas sean bastante diferentes de las mentes animales. “Todos los seres vivos, incluso las plantas y los microorganismos, perciben. Para sobrevivir, un ente orgánico tiene que percibir; debe buscar, o al menos reconocer, el alimento y evitar los entornos peligrosos. Para percibir, un ser vivo no necesita ser consciente.”[iv] Percepción, sensación y elección se dan no sólo en los seres humanos, sino en todas las formas de vida terrestre. Gaia está llena de mentes de muy diferentes clases.

Esto nos lleva a una constatación sencilla: la visión del mundo animista, que solemos juzgar primitiva, en muchos aspectos resulta más adecuada que el mecanicismo que se impuso como acompañante de la física galileana-newtoniana. El mismo proceder de la ciencia analítico-reductiva, cuando lo llevamos a cabo de buena fe, sin ceder a prejuicios y sin olvidar los momentos posteriores de síntesis y recomposición del conocimiento,[v] nos lleva hasta este resultado: mentes por todas partes.

No somos máquinas: somos organismos vivos integrados en ciclos naturales de una complejidad exquisita. La analogía con las máquinas (los relojes en el capitalismo temprano, los ordenadores en el capitalismo tardío) nos confunde de manera extremadamente destructiva. El problema no es analizar las partes (de un organismo, por ejemplo): es olvidar que esas partes forman un todo, anidado en otras totalidades, y así hasta llegar a Gaia —la Madre Tierra.

 

 

 

almas que migran

 

El mito de la transmigración de las almas nos remite a verdades ecológicas básicas: hay muchas clases de seres animados en el mundo (con diferentes clases de mentes y sensibilidades), todos los seres vivos somos parientes evolutivos, y “todo está conectado con todo”.[vi] De hecho, nos dirá Tim Morton, la interconexión de todos los seres es el pensamiento ecológico,[vii] la clave de bóveda de la arquitectura intelectual más importante que necesitamos. (Él lo llama the mesh, la malla: “la interconexión de todos los seres, vivientes y no-vivientes”.)

Una intuición básica de Henry D. Thoreau, explica Antonio Casado da Rocha —uno de sus mejores conocedores en nuestro país—, es precisamente la interidentidad o interdependencia: necesitamos lo no-humano para realizar o preservar lo humano.[viii] Lynn Margulis y Dorion Sagan nos recuerdan que “desde el origen de la vida todos los seres vivos, sea directamente o a través de un circuito, han estado conectados”.[ix] Y George Monbiot remacha: “El estudio de los sistemas complejos revela la naturaleza como una serie de sistemas autoorganizados y autorregenerativos cuyos componentes están conectados entre sí de formas que, hasta hace poco, eran apenas imaginables. Muestra que, como el gran conservacionista John Muir propuso, «cuando tratamos de elegir algo por sí mismo, lo encontramos enganchado a todo lo demás en el universo». Lejos de hallarnos separados de la naturaleza o ser capaces de dominarla, estamos incrustados en ella, íntimamente conectados a procesos que nunca podemos controlar por completo. Eso nos permite, potencialmente, ver el mismo universo como una red de significados: una poderosa nueva metáfora raíz que podría, tal vez, cambiar la forma en que vivimos”.[x]

Y por todo ello no deberíamos pensar la vida en la Tierra bajo la imagen tradicional de la Gran Cadena del Ser, una jerarquía que culmina en la especie humana, sino más bien bajo la noción de holarquía que acuñó Arthur Koestler (1905-1983), donde coexisten sin jerarquía seres menores en conjuntos mayores (partes que son también a su vez totalidades). La vida como un gran entramado fractal de seres interdependientes.

Esto de la transmigración de las almas parece de entrada, por tanto, un mito valioso. Serge-Christophe Kolm sugirió que el budismo supersticioso se distingue del budismo filosófico profundo porque el primero se toma literalmente la doctrina de la metempsicosis, y el segundo la considera en su dimensión simbólica.[xi] Mas este tratamiento del mito no es propio del budismo, sino de cualquier sistema de pensamiento: a la literalidad del mito, desde un punto de vista más avanzado, la llamamos superstición (pensemos en la resurrección de la carne para los cristianos, por ejemplo). Pero eso no anula el contenido de verdad del mito —cuando tal verdad existe.

 



[i] Peter Godfrey-Smith, Otras mentes, Taurus, Madrid 2017.

[ii] Peter Singer, The Expanding Circle, Clarendon Press, Oxford 1981, p. 123.

[iii] Laura Ruggles, “The minds of plants”, Aeon, 12 de diciembre de 2017; https://aeon.co/essays/beyond-the-animal-brain-plants-have-cognitive-capacities-too

[iv] Lynn Margulis y Dorion Sagan, ¿Qué es la vida?, Tusquets, Barcelona 1996, p. 32. Escriben también: “La vida es menos mecanicista de lo que nos han enseñado a creer; pero, puesto que no desobedece ninguna ley física o química, no es vitalista. Sentimos en nuestro fuero interno un alto grado de libertad, pero todos los demás seres, bacterias incluidas, también toman decisiones con consecuencias medioambientales. Almacenada y transformada en vida, la energía de la luz solar impulsa el crecimiento celular, el sexo y la reproducción de formas de vida muy similares. Quizá todos los seres vivos compartan nuestro sentido del libre albedrío. (…) Hasta en el nivel más primordial, la vida parece implicar sensación, elección, mente. (…) Los seres no humanos escogen, y todos los seres influyen en la vida de los otros” (p. 178 y 180).

[v] El problema lo tenemos con el mecanicismo, no con los procedimientos de análisis y reducción –siempre que se lleven a cabo de manera sensata—. Podemos —deberíamos— pensarnos como naturalistas no reduccionistas, a la manera de Hilary Putnam: “Sigo siendo una persona religiosa [dentro del judaísmo] y sigo siendo un filósofo naturalista. (…) Un filósofo naturalista pero no un reduccionista. Es sabido que la física describe las propiedades de la materia en movimiento, pero los naturalistas reduccionistas olvidan que el mundo posee muchos niveles formales distintos, incluido el de las acciones humanas moralmente significativas, y la idea de que todos estos niveles puedan reducirse al ámbito de la física creo que es una entelequia. Es más, como todos los pragmatistas clásicos, no veo que la realidad sea moralmente indiferente: la realidad, tal y como vio Dewey, nos plantea demandas. Puede que los valores sean creados por los seres humanos y las culturas humanas, pero creo que eso es así como consecuencia de demandas que no creamos nosotros. Es la realidad la que determina si nuestras respuestas son adecuadas o inadecuadas” (Hilary Putnam, La filosofía judía, una guía para la vida, Alpha Decay, Barcelona 2011, p. 19-20).

Este naturalismo no reduccionista está cerca del naturalismo poético de Sean Carroll: aunque sólo existe el mundo natural, hay más de una forma útil y significativa de hablar acerca del mundo. “El naturalismo sostiene que no existe más que un mundo, el natural (…). Naturalismo poético nos indica que hay más de una forma de hablar del mundo. Emplear un vocabulario de ‘causas’ y ‘razones’ por las que ocurren las cosas nos resulta natural, pero estas ideas no forman parte de cómo funciona la naturaleza en sus niveles más profundos. Son fenómenos emergentes, parte de cómo describimos nuestro mundo cotidiano. La diferencia entre la descripción de lo cotidiano y lo profundo surge de la flecha del tiempo, la diferencia entre pasado y futuro que, en última instancia, puede rastrearse hasta el estado especial en que se inició nuestro universo al poco del Big Bang” (Sean Carroll, El Gran Cuadro, Pasado & Presente, Barcelona 2017, p. 12).

[vi] Ésta es la primera “ley” informal de la ecología según Barry Commoner, de acuerdo con la cual “todo está conectado con todo lo demás”. La biosfera es una compleja red, en la cual cada una de las partes que la componen se halla vinculada con las otras por una tupida malla de interrelaciones. Las otras tres serían: 2) todas las cosas han de ir a parar a alguna parte. Todo ecosistema puede concebirse como la superposición de dos ciclos, el de la materia y el de la energía. El primero es más o menos cerrado; el segundo tiene características diferentes porque la energía se degrada y no es recuperable (principio de entropía). 3) La naturaleza es la más sabia (o “la naturaleza sabe lo que hace”, traducción del inglés nature knows better). Su configuración actual refleja unos cuatro mil millones de años de evolución por "ensayo y error": por ello los seres vivos y la composición química de la biosfera reflejan restricciones que limitan severamente su rango de variación. 4) No existe la comida de balde. No hay ganancia que no cueste algo; para vivir, hay que pagar el precio. Véase Barry Commoner, El círculo que se cierra, Plaza y Janés, Barcelona 1973, p. 33-45.

[vii] Timothy Morton, The Ecological Thought, Harvard University Press 2012, p. 7. Como es obvio, el pensamiento ecológico entendido de esta forma queda muy cerca de la filosofía budista…

[viii] Antonio Casado da Rocha, “Pensar con Thoreau (siete tesis)”, blog Laguna, 15 de diciembre de 2017; https://1aguna.blogspot.com.es/2017/12/pensar-con-thoreau-7-tesis.html .

[ix] Lynn Margulis y Dorion Sagan, ¿Qué es la vida?, Tusquets, Barcelona 1996, p. 26.

[x] George Monbiot, “Stepping back from the brink”, 31 de enero de 2018; http://www.monbiot.com/2018/01/31/stepping-back-from-the-brink/ . Se trata de una reseña de un libro muy prometedor, The Patterning Instinct de Jeremy Lent (2017).

[xi] El budismo identifica una parte importante de las causas del sufrimiento humano en la dinámica mental –cuya teoría se describe, metafóricamente, como ciclos de “renacimiento”—. Kolm señala que creer literalmente en la metempsicosis o transmigración de las almas es una piedra de toque para detectar un budismo superficial o supersticioso. Para el budismo profundo o avanzado, la metempsicosis es sólo una metáfora de los cambios psíquicos del ser humano. (Si no fuera así, se daría una insoluble contradicción en el budismo: dado que éste defiende que no existe un alma o un yo en sentido sustantivo, ¿qué sería lo que transmigraría de un cuerpo a otro, en la rueda de las reencarnaciones?) Véase Kolm, Le bonheur-liberté (bouddhisme profond et modernité), PUF, París 1982 (segunda edición en 1994).


Jorge Riechmann. Informe a la Subcomisión de Cuaternario. Árdora Ed. 2021