TRABAJOS FORZADOS II
Trabajar
desde la perspectiva del vigilante que contempla el erial a la intemperie, bajo
la lluvia, desde la posición de aquel que mira sin decir esta boca es mía, explora grietas y conflictos, ha visto y se
dispone a registrar esa mirada como evidencia de un determinado accidente, sin
olvidar que la poesía es palabra
bajo
palabra,
palabra contra palabra, palabra entre palabra, palabra por palabra, palabra sin palabra, palabra tras palabra y sin dejarse arrastrar por el terco e incansable vendaval de la historia que siempre sopla a favor de los que juegan con las cartas marcadas y no conocen la derrota.
PUNZAR
Ahondar, picar, traspasar,
generar bajo el torrente
un surco por el que discurra
indomable el pensamiento,
provocar sin pretenderlo
un acontecimiento
que consista en disolverse
por los sumideros de la historia
para explorar lo que hay al otro
lado de
la cruz,
la piedra negra
y el
muro de los lamentos.
LA VIDA EN LA FRONTERA
La vida allí no vale nada,
es entrega y promesa de plenitud,
el lugar donde se abre
la herida de la posibilidad,
donde el territorio
que una mirada alcanza
indica la extensión
de un espacio inexplorado,
no inconquistable,
el resquicio por el que se intuye
que hay una oportunidad
más allá de este mundo.
Allí la vida no vale nada:
lo que se da y se pierde
es todo cuanto nos pertenece.
ARRABAL DE LA IMAGINACIÓN
Bordear y no centrar,
derribar barreras
y no fortalecerlas
con infundados
miedos y prejuicios,
cruzar el río,
ganar la otra orilla
y alimentar la pulsión
que oriente
nuestra práctica
hacia una idea
que prenda en el deseo
de (re)conocimiento del otro.
En el afuera está su adentro.
A CIELO ABIERTO
Trabajar
sin esperar de la mala tierra alimento, recompensa o beneficio alguno, abonando
un pensamiento no sometido que se levante contra este cielo infernal a partir
de la ruptura con ciertas maneras preeminentes de entender la existencia,
basado en el potencial emancipador de un lenguaje que no renuncie a su fuerza
insurgente y expansiva, articulado alrededor del árbol de la vida, en torno a
los principios de diferencia, contradicción y excepcionalidad y que entienda su
labor como una incansable producción de alternativas al mundo real.
Desplegar
un pensamiento nómada al albur de la incertidumbre y la errancia, a cielo
abierto, expuesto a la inclemencia de la historia y a la intemperie del camino
y no al abrigo de cualquier escuela o doctrina alojadas en sus principales
plazas, tribunales, instituciones y avenidas.
Alfredo Saldaña. Malpaís. Ed. La Isla de Siltolá, 2015

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