documentos de pensamiento radical

documentos de pensamiento radical

sábado, 4 de abril de 2026

2 poemas de PABLO IRÁCULIS de DIME CUÁNTO

  


deseos

 

y si sacamos la cabeza un centímetro apenas
de la nostalgia atrapada en un marco de hojalata
recuerdo de la primera comunión y vemos
la respuesta en el aire resumida en tres palabras
petróleo recién quemado y decimos fuera todos ahora
y si amenazamos con poner un pie lejos de sus centros de internamiento
y a continuación ponemos ese mismo pie y el otro
en cualquier lugar menos tóxico
para que lloren de miedo y no tener que llorar nosotros

por todo lo que se desmorona ante nuestros mismos ojos
y si cuando un invisible mercante hace sonar su sirena
mientras la policía acude a sofocar algún incendio fuera de su control
justo en el momento en que la última y certera bala del amanecer
acierta a dispersar nuestro cansancio acumulado
de muchas palizas en los orificios de la noche en que nos hemos acomodado

abrimos los ojos y nos sacudimos por si cae algo de luz 
y si nos sentimos debajo de las etiquetas
y si hablando entre iguales enrojecemos a una
pasamos de largo ante la misma canción de siempre
salimos a campo abierto como una piel con el sol recién puesto
negamos a tijeretazos ese falsamente piadoso confeti 

en las sucias manos de los mercados y sus alegres cobayas

y veneramos entonces el jugo purificador

que es la caña del tiempo de los árboles

y buscamos la fértil compañía de aquellos

a quienes amamos y nos necesitan de una sola pieza
y si juntamos tu fracaso y el mío en una raíz indivisible
que haga la presión necesaria para reventar el asfalto
y si decidimos poner punto final a todas esas palabras

enterradas en silencios precarios que no nos pertenecen
y arrancamos el hierro envenenado de la memoria libre
que aún aviva nuestras manos siempre tendidas

 




 

 

 

alas

 

que la poesía

no te dé placer

sino alas

 

 




Pablo Iráculis. Dime Cuánto. 2025

Tienes tu ejemplar en: 


viernes, 3 de abril de 2026

3 poemas de PABLO IRÁCULIS de DIME CUÁNTO

                                                                      



                                                                      poder escoger

 

la libertad

de poder escoger
la responsabilidad

de saber hacerlo


 

 

 

lección

 

enseñarle a mi hija
a no conformarse con ser simple objeto de deseo
o sujeto sumiso que consume

peleado siempre con el reloj
y también a que elija entre tanto
trasto inútil sin que sienta
al restar un vacío
que aprenda sin dudarlo
a distinguir cuánto es bastante
y a pensar hacia la tierra
y a amar sobre el mal mismo
las cosas elementales que viven
al margen del asco y del lodo
en el plato que nos ponen delante

 




 

cansado

 

cansado de escuchar a esos que no se cansan
de amargar con su exceso de celo
el veneno imprescindible de la insubordinación
que vierten algunos poetas en nuestros oídos

 








Pablo Iráculis. Dime Cuánto. 2025

Tienes tu ejemplar en: 


jueves, 2 de abril de 2026

habla

 




mi suegra hablaba con la radio debajo de la almohada
la nevera habla con el hielo en el ventilador quejándose de la falta de espacio
los silencios de mis hijos me hablan de lo rápido que pasa el tiempo
mis vecinos hablan a voces sin preocuparse por entender nada
las paredes hablan a través de sus humedades
mi más oscuro deseo habla para el cuello de la camisa
la televisión habla de traiciones mencionando a los teléfonos móviles
yo hablo solo para no despertarme en ciertos callejones

oscuros
la política habla detrás de algunos animales muy peligrosos
las ciudades hablan por señales
las palabras hablan con palabras que en ocasiones son

personas
las personas hablan contra las palabras que hablan

generalmente de sí mismas
los árboles nos hablan desde sus raíces
los gatos hablan con frecuencia de esos contenedores

precintados a las puertas de los supermercados
la tele habla con los diversos acentos de los USA
la buena sonrisa habla y escucha a la vez
el cielo con sur habla claro
el amor habla de calabazas con los melones
invierno y primavera hablan de estos nuevos tiempos 

tan alejados de cualquier estación donde merezca la pena encontrarnos


Pablo Iráculis. Dime Cuánto. 2025

Tienes tu ejemplar en: 



 

miércoles, 1 de abril de 2026

castrados por el mismo patrón



 

a todos los empresarios que hacen de su egoísmo nido
tela asfáltica en que envolver ese odio creciente
hacia cuanto respira sin su consentimiento
porque los miserables lo son por envidia
por saberse personajes sin valor definido
sombras impedidas acomplejados que adquieren su fuerza
ejerciendo un control absoluto sobre eso que llaman

con la boca pastosa el eslabón más débil

a esos que no soportan oír pensar al de abajo

y así niegan el tiempo si no les pertenece bajo sus condiciones
hasta en la cama o el váter quieren activos a sus inferiores
así se vengan contra esa sociedad que los ha maltratado
negándoles la gloria que ellos creen merecer por derecho

didudivino

a los tan singulares moradores de las cumbres más alpargatas 

depositarios de esa verdad con mayúsculas que tontos seremos 

si no abrazamos amorosamente a una señal suya


a los que defienden su posición argumentando
que la humanidad entera está en deuda con ellos

y por eso necesitan obligarnos a adoptar el dulce cáncer

de sus horarios normas ladridos el objetivo es convertirnos

en la exacta herramienta que modele un tiempo mejor
es decir a imagen de sus necesidades y deseos

los cuales serán el inagotable combustible

que nos permita avanzar con paso firme 

la cabeza bien trabada 

hacia la consecución de la gran sacudida

 

a ellos que son el faro de la sabiduría
que guía al pueblo sumido entre tinieblas
la voz de la razón

el mito imprescriptible
y que solo son felices estando en boca de todos

porque son esa imagen perfecta
en el espejo donde deberíamos mirarnos
para poner algo de orden en nuestras vidas ruinosas
a ellos que son la esencia más noble
la única realidad posible

la ingobernable potencia del todo

a esos nuevos dioses tan altos y hermosos
hacedores del progreso con su palabra eterna
nuestro mayor estímulo en las horas más bajas
a todos los grandes jefes porque si no existieran


Pablo Iráculis. Dime Cuánto. 2025

Tienes tu ejemplar en: 


martes, 31 de marzo de 2026

3 poemas de MARINA AOIZ


 

Un libro

 

Marina Aoiz

 

La poesía es el eco de la melodía del universo

en el corazón de los humanos.

 

Rabindranath Tagore

 

 

Aniram tiene 11 años. Atardecer de verano.

Agarra al azar un libro de la biblioteca familiar

y los astros se conjugan

para que despierte a la palabra. El libro,

segunda edición de 1956, de Aguilar,

es la “Obra escojida” de Rabindranaz Tagore.

Un libro de 1.344 páginas, con cubierta

de plástico azul, lomo amarillo, azul y oro,

y una cintita de seda para señalar la página.

 

La foto con la firma del poeta, a la derecha,

en la sexta página. Una Advertencia al lector

señala que se trata de la versión castellana

de las obras de Rabindranaz Tagore, realizada

por Zenobia Camprubí en colaboración

con su esposo, Juan Ramón Jiménez.

La transcripción ortográfica de determinados sonidos,

dice la nota, se respeta por todos los editores de la obra

del escritor bengalí y sus herederos.             

 

Pero Aniram no presta atención a esos detalles.

Abre el libro de hojas de papel muy fino

y de manera arbitraria entra en un universo nuevo.

Las olas de la vida, las voces del viento y el agua…

Aniram lee y lee a lo largo de las vacaciones.

Anota en su cuaderno: “¡Sea hermosa la vida

como la flor del verano, hermosa la muerte

como la hoja del otoño!”. Aprende la sentencia

de memoria. Su corazón despierta a la palabra.

 

Aniram comprende que un viento poeta salió por el mar

y por el bosque en busca de su propia voz.

Afila la punta del lápiz y escribe su primer verso.

Aniram se inicia en la poesía alejándose paso a paso

de la rigidez del colegio, sin revelar su secreto.

Se jura a sí misma convertirse en poeta y viajar a India

para descubrir los lugares por donde transitó Tagore.

Aniram crece en la Shantiniketan de su propio corazón.

Inocente

 

 

Es verano y Tagore,

el poeta de agua,

muestra su alba vestidura

entre las luces del río. Es verano.

Las líquidas palabras

expanden sus rítmicos latidos

entre la avena silvestre y el esplendor

de las doradas espigas.

 

Es verano. Las hojas de los plátanos

cuchichean con las piedras del castillo.

El deseo abre sus labios de fragantes capullos.

 

Es verano y unas sombras

—oscuras, complejas, temibles—

pretenden que probemos

el agraz vino del pecado.

Ignoran, insidiosas,

que la poesía y el maestro

despiertan dulcemente

a las niñas ensimismadas.

 

Es verano. Una pareja de libélulas

se ama en los espejos del aire,

cabalgando sobre el temblor del agua.

 

Es verano y la luz tan inocente.

Remedios

 

 

Orgía de geranios y petunias

en los balcones de forja.

 

Y una larga fila

de mujeres reumáticas

en otro escenario de la tierra.

 

Riegan las macetas con agua clorada.

La que llega al pantano desde tributarios

de nombres ancestrales y de allí

hasta la turgencia de sus casas.

 

Anhelan remedios ayurvédicos:

tulasi, ben, rizoma de cúrcuma.

El fuego prenden con apenas dos ramitas.

Sobre la cabeza, en vasija de bronce,

el agua viaja desde el recóndito pozo.

Sientes su gravedad. Te pesa.

 

Hermosas

como geométricos cristales

estas mujeres esperan brebajes

mirando la vida desde sus negras perlas.

Elegantes, en sus cabellos

se refleja la noche serena. También

el miedo invocan sus espejos. Y la tristeza.

 

Las otras, bellas

a fuerza de peluquería, cirugía y cosmética,

viven al otro lado de la pantalla.

 

Te mueves de unas a otras.

Del corazón del bosque a la luz

de una estrella virtual, sin alma.

Ascética

tu alma busca el pétalo de la flor

más compasiva.

Para abrevar funámbula

en el tenso alambre de la luna,

abres tu corola sedienta.

lunes, 30 de marzo de 2026

ESTULTISOFÍA (fragmento III)

 


bajo la perspectiva necia del ARTE


Desafío a la sacralización del arte perfecto: La Estultisofía desconfía de la

obsesión por lo sublime. Frente al cuadro impecable, reivindica la mancha; frente

a la escultura majestuosa, el bloque de plastilina mordido; frente a la coreografía

precisa, el tropiezo convertido en danza. El arte privado se obsesiona con la

excelencia técnica; el universal se regodea en el fallo compartido.

Revalorización del accidente creativo: Una pincelada torpe es un manifiesto;

una nota desafinada, un descubrimiento sonoro. El arte estulto no teme al error,

lo multiplica hasta convertirlo en escuela. La cultura privada corrige; la universal

abraza la imperfección como musa.

Crítica a la lógica de la belleza: La Estultisofía no busca lo estéticamente

correcto, sino lo grotesco, lo kitsch y lo ridículo. Se premia el collage imposible,

el cuadro pintado con la nariz y el vídeo experimental de cinco horas sobre un

plátano oxidándose. El canon estético queda reducido a souvenir de mercadillo.

Desjerarquización de artistas y públicos: El espectador pinta, el músico barre, la

bailarina sirve cafés y el crítico lava platos. Todos pueden firmar la obra y reclamar

derechos de autor. El arte privado defiende el aura; el estulto lo regala como baratija.

El arte como teatro absurdo: Performances de gente hurgándose la nariz durante

horas, instalaciones hechas con pelos de pubis, recitales de silencios incómodos. El

arte privado lo vende en subastas; el universal lo reparte en plazas públicas.

Transformación de la identidad artística: Ser artista ya no es un oficio, sino

una mascarada diaria: Hoy pintor de manchas, mañana escultor de cubitos de

hielo, pasado director de coros de grillos. La única regla es no tener reglas (salvo

las de la risa compartida).

Aceptación del desconcierto estético: El desconcierto, la risa y el ridículo

se convierten en las materias primas del arte. Lo privado busca armonía; lo

universal se instala en el caos fértil.

La obra como objeto efímero y desechable: El cuadro puede borrarse a las

24 horas, la escultura ser devorada por palomas y la performance terminar en

siesta colectiva. Lo privado busca la eternidad de la pieza; lo estulto se ríe de su

fugacidad y la celebra como accidente.

El artista como farsante feliz: El creador ya no es genio atormentado, sino impostor

voluntario: Firma obras que no ha hecho, se copia a sí mismo de una manera

lamentable, improvisa recitales de sonidos realizados con la concavidad que forma

el arranque del brazo con el cuerpo, más conocida como axila o sobaco. El arte privado

lo acusaría de fraude; el universal lo aplaude como campeón del engaño alegre.

En resumen: El arte estultisófico no embellece el mundo: Lo desordena con

ternura absurda. No vende exclusividad: Comparte confusión. No busca

eternidad: Se conforma con una carcajada pasajera.

«El arte es la mentira que nos permite comprender la verdad» Pablo Picasso (artista)

«El arte es, sobre todo, un estado del alma» Marc Chagall (artista)

bajo la perspectiva necia de la PAREJA IDEAL en la Estultisofía:


Rechazo de la perfección romántica. La Estultisofía rechaza la pareja

monolítica, irrompible e intemporal que ha sido «impuesta» por la mayoría

de sociedades. La noción de encontrar «su media naranja», que colme

todas las expectativas es ridiculizada en favor de una aceptación plena de la

imperfección y la idiotez compartida. En este marco, no existe la exclusividad

como mandato divino: La infidelidad, vista desde lo estulto, pierde su

carga dramática y se transforma en otro de los tantos gestos humanos

incomprensibles, a veces necesarios, a veces absurdos, que no tienen por qué

implicar una catástrofe emocional.

El valor de los desacuerdos y las contradicciones. La pareja no es una

ecuación cerrada, sino una acumulación de contradicciones ambulantes. Aquí

se permite disentir, ser incoherente e incluso amar a varias personas a la vez.

Las tensiones no se reprimen, se celebran como un carnaval filosófico. En

esta lógica, no sólo se admite el desacuerdo, sino también la posibilidad de

relaciones múltiples, como una forma válida de expresar la diversidad afectiva

y relacional humana.

La vulnerabilidad como base de la conexión emocional. Mostrar la propia

estupidez, llorar sin motivo, desear a otro cuerpo sin culpa: Todo cabe en la

pareja estultisófica, donde la máscara cae y se deja ver al idiota sin filtros. En

lugar de castigar los deslices, se aceptan como parte del absurdo de la condición

humana. La vulnerabilidad también es admitir que uno puede desear sin dejar

de amar, y que el afecto no siempre se reparte de forma ordenada y simétrica.

La liberación de expectativas rígidas. El amor no debe obedecer a un

guion. Matrimonio, fidelidad obligatoria, convivencia eterna: Ficciones todas

que la Estultisofía dinamita con entusiasmo. Una pareja puede ser un trío, un

poliedro relacional o simplemente un experimento temporal. La única regla

estultisófica es que no haya reglas inamovibles. El amor se libera cuando se le

permite reinventarse fuera de las fórmulas convencionales. Y, por descontado,

en esta relación, como en cualquier otra, la violencia (sea del tipo que sea) no es

admitida, ni aceptada, ni siquiera pensada como una posibilidad lejana.

La aceptación del absurdo en las dinámicas de pareja. ¿Una discusión por

cómo se pela una naranja? ¿Celos porque tu pareja se enamoró de una planta?

Perfecto. En la pareja estultisófica, todo eso tiene sentido precisamente porque

no lo tiene. No se busca eliminar el sinsentido, sino habitarlo con conciencia.

Incluso la infidelidad, en este marco, se transforma en un acto que, lejos de ser

demonizado, se resignifica como parte de la tragicomedia humana.

El juego como forma de comunicación. En vez de exigir explicaciones

racionales o promesas eternas, la pareja estultisófica prefiere el juego: Fingir

ser desconocidos en una estación de tren, inventar nuevas reglas del amor

cada semana, hacer pactos absurdos como «solo seremos fieles los viernes».

Las relaciones abiertas o no convencionales no son motivo de escándalo, sino

escenarios lúdicos donde el afecto puede manifestarse de formas múltiples

y contradictorias. Los acuerdos deseados, comprendidos y pactados son una

buena cimentación de la relación.

La transformación constante de la pareja. Una pareja no es un monumento,

es una performance, es una acción continua. Puede que hoy sean dos, mañana

tres, o ninguno. La Estultisofía invita a vivir las relaciones como procesos

creativos y desordenados, donde lo que hoy nos une puede ser lo mismo que

mañana nos desuna. Amar también es saber salir, mutar, integrar a otros, o

disolverse sin drama.

El amor como proceso de deconstrucción. Amar estultisóficamente es

cuestionar la idea misma del amor. ¿Por qué no podemos querer a dos personas

al mismo tiempo? ¿Por qué la infidelidad es una traición y no una exploración?

¿Por qué no puede la pareja ser también un trío filosófico que deconstruye

su propia idea del amar? Amar es derribar, dudar, tropezar y reconstruir sin

garantía de éxito.

La pareja como campo de juego filosófico y existencial. La relación

afectiva se convierte en un laboratorio ontológico donde todo puede ponerse

en cuestión: ¿Qué es la fidelidad? ¿Tiene sentido la exclusividad afectiva? ¿Por

qué no enamorarse colectivamente? En este juego, el afecto no se limita, se

expande en direcciones inesperadas. Lo importante no es tener razón, sino jugar

con las preguntas.

La pareja como resistencia a la normalización. Frente a la maquinaria social

que exige orden, control y exclusividad, la pareja estultisófica responde con

desobediencia afectiva. Su misma existencia —caótica, inestable, irreverente—

es un acto poético de insumisión. Normalizar la infidelidad, abrirse al poliamor,

disolver los límites rígidos entre tú y yo: Todo eso se convierte en una forma de

rebelión y en una vía para imaginar otras formas de amar.

En resumen, desde la Estultisofía, la relación de la pareja ideal se redefine

como un espacio de libertad, vulnerabilidad, laberinto creativo y constante

transformación. La perfección y la estabilidad tradicionalmente buscadas

son reemplazadas por la autenticidad, la aceptación de la imperfección y la

celebración del absurdo. Las parejas que adoptan esta visión viven su relación

como una exploración constante de lo que significa compartir el absurdo de la

existencia, sin ataduras a expectativas rígidas, sino fluyendo con el caos creativo

y el juego emocional.

«Lo que necesitamos es menos sentido común y más sinsentido creativo”»

Tristan Tzara (poeta)

«Donde todos piensan igual, nadie piensa mucho.» Walter Lippmann

(filósofo, periodista)

 

 

 

Manel Costa. Estultisofía. Ed. Estulta, 2026

domingo, 29 de marzo de 2026

ESTULTISOFÍA (fragmento II)

 


bajo la perspectiva necia de lo SOCIAL en la Estultisofía:

Desafío a la sacralización del orden social: La Estultisofía cuestiona la

idea de que la sociedad necesita un orden rígido, coherente y permanente para

funcionar. Frente a la obsesión por la estabilidad, la seguridad y la normalidad,

propone una mirada que celebra la inestabilidad, la contradicción y el azar

como motores colectivos. Lo social no se entiende como un edificio sólido, sino

como un castillo de naipes permanentemente a punto de caer, cuya belleza está

precisamente en el derrumbe y en la reconstrucción.

Revalorización de lo inútil en lo comunitario: La vida en común no se mide

por la eficiencia de sus instituciones ni por la utilidad de sus normas, sino por la

capacidad de generar espacios absurdos de convivencia: Plazas para no hacer

nada, asambleas para discutir sobre lo indiscutible, celebraciones sin motivo

alguno. La comunidad deja de ser una maquinaria funcional para convertirse en

un carnaval perpetuo de la improductividad compartida.

Crítica a la lógica de la cohesión social: Mientras el pensamiento tradicional

celebra la cohesión, la unión y la armonía social, la Estultisofía reivindica el

desacuerdo, el malentendido y la contradicción como formas más honestas de

estar juntos. La comunidad no se forja en la unanimidad, sino en el equívoco, el

disparate y la imposibilidad de llegar a conclusiones comunes. La descohesión

se convierte en el verdadero cemento social.

Desjerarquización de las instituciones: En lugar de venerar al Estado, al

Parlamento, a la Iglesia o a la Universidad como depositarios de autoridad,

la Estultisofía los reimagina como escenarios de payasada institucional. Un

ministro puede equivocarse en verso, un juez puede emitir sentencias en forma

de trabalenguas, una catedrática puede dar clase con un zapato en la cabeza y

un clérigo o clériga debe contener la carcajada por la sandeces que dice. Así se

expone que el poder no es trascendente, sino un teatro ridículo que puede ser

reescrito en clave de farsa.

La sociedad como teatro del absurdo: Las convenciones sociales, los

protocolos y las normas de urbanidad se entienden como coreografías absurdas

que se repiten sin que nadie recuerde su origen. Dar la mano, votar, esperar

turno, aplaudir un discurso: Todo puede verse como una puesta en escena sin

sentido. La Estultisofía invita a exagerar, parodiar o sabotear estas rutinas hasta

que se haga visible el vacío que las sostiene.

Transformación de las identidades colectivas: Las identidades sociales

(nación, clase, género, partido, equipo de fútbol…) son entendidas no como

esencias, sino como disfraces. La Estultisofía propone jugar con ellas,

intercambiarlas o inventar nuevas (ser «ciudadano de la República de la

Compasión» o «militante del Partido de los Desorientados»). La identidad social

deja de ser un destino y se convierte en una orgía de máscaras inestables.

La política como juego inútil y mutante: Lejos de entender la política como

gestión seria y trascendental, la Estultisofía la concibe como un juego inútil donde

las decisiones pueden ser reversibles, contradictorias o ridículamente arbitrarias.

Votar puede equivaler a lanzar un dado, legislar a escribir poemas automáticos,

y gobernar a improvisar una salmodia. Así, se desarma la solemnidad del poder

político y se abre la posibilidad de la política como performance.

Aceptación del conflicto y la fragilidad social: En lugar de ocultar los

conflictos bajo discursos de armonía, la Estultisofía propone habitarlos como

parte constitutiva de lo social. La violencia simbólica, la frustración colectiva o

la precariedad del lazo social no se niegan, sino que se exponen en toda su

desnudez absurda pero sincera. La fragilidad, más que un defecto, se convierte

en la única verdad posible de lo común.

Reinvención de la protesta social: La protesta deja de ser solo oposición frontal

al poder para convertirse en experimentación desorientada: Manifestaciones

que marchan en círculos, pancartas en blanco, cánticos en idiomas inventados,

ocupaciones poéticas de espacios públicos... Estas acciones no solo reclaman

derechos, sino que cuestionan la seriedad misma del orden social, desarmando

su pretensión de legitimidad.

En resumen, desde la Estultisofía, la sociedad deja de ser un organismo

racional destinado a la eficiencia y al control, para convertirse en un campo de

experimentación absurda, carnavalesca y dislocada. No se trata de perfeccionar

las instituciones, sino de burlarse de ellas; no de reforzar la cohesión, sino de

aceptar el conflicto; no de buscar la utilidad común, sino de gozar del sinsentido

compartido. La verdadera dignidad social no reside en obedecer las normas,

sino en desobedecerlas de manera creativa, poética y ridículamente colectiva.

«Lo que nos une no es el consenso, sino el conflicto, el disenso». Chantal

Mouffe (filósofa y politóloga)

«El hombre es un ser para la contradicción.» Albert Camus (filósofo)

 

 

Manel Costa. Estultisofía. Ed. Estulta, 2026