en plena sequía,
la piedra cae
y la memoria se rompe.
Feliciano Castaño Villar
Cementerio de San Eufrasio, Jaén
documentos de pensamiento radical
Genocidio,
guerra,
rearme,
catástrofe climática,
especulación,
financiarización,
política espectáculo,
endeudamiento,
obscenidad de lujos y riquezas,
booking si vienda no,
inflación,
precariedad laboral,
escuelas asfixiadas,
hospitales saturados,
servicios sociales colapsados,
pensionistas sin ahorro,
calor asesino,
represión uniformada,
decretos de seguridad,
debate público putrefacto,
No Future,
descomposición de la European Union,
con décadas de viajes Erasmus
y ABCs de títulos de inglés,
antidisturbios en los campus universitarios,
tanquetas y uniformados en las calles
pegando palos a degüello.
De verdad
¿Alguien pensaba que todo esto podía pasar sin reacción alguna?
¿Alguien pensaba que no hay un cuerpo social salvaje,
que late,
llora,
menstrua,
sangra,
abraza,
y grita,
que habla, escucha,
lucha,
piensa,
ama,
y es
capaz
de reaccionar y decir basta?
La violencia social es siempre una consecuencia,
sssssh,
aunque en los diarios,
en las pantallas,
en los libros de texto,
en las aulas,
no lo enseñen.
La violencia social es siempre una respuesta,
sssssh,
a la violencia de Estado,
violencia política,
violencia económica,
violencia policial y militar.
¿Alguien pensaba que todo esto podía permanecer en silencio,
o con un por favor o lo siento?
¿De verdad
pensáis,
sssssh,
que estamos muertos?
Feliciano Castaño Villar
Del manuscrito inédito “La guarida de las luciérnagas”
Heridas en la tierra
Mientras la tierra
se retuerce enfadada
y sus hielos se funden.
Todavía hay quien niega
las heridas desgarradas
que con nuestros actos la cubren.
Mientras los bosques
se encogen entre humo y calores.
Suplicando por agua.
Hay quien sigue gritando
que eso del cambio climático
es una trampa.
¿Cuántas víctimas queréis?
¿Cuánta pérdida es necesaria?
Para tomar acción,
para aceptar la responsabilidad,
para dejar de negarla.
Pruebas de vida
Ahora que las pruebas de vida
cambiaron los periódicos
por metadatos,
y que en lugar de cartas
nos llegan WhatsApps.
¿Dónde quedó
nuestro tacto?
María Mahíllo
Señor antidisturbios,
¿usted puede dormir
después de agredir
a quien defiende sus derechos?
¿Y puede, al llegar a casa,
dar a sus hijos un beso,
sin que la vergüenza
le carcoma por dentro?
¿Qué pasaba por su mente
al elegir su profesión?
¿O es que acaso
no le quedaba otra opción?
¿No se avergüenza su abuela
cuando colabora
en otro desahucio?
¿No le destroza a su madre
cuando golpea a mujeres
que se levantan
frente a sus agresiones?
¿No se escandalizan sus hijos
en las manifestaciones
de estudiantes
cuando a sus compañeros
golpea con su bate?
¿No se pregunta su padre
qué es lo que hizo mal
cuando colabora con aquellos
que los derechos de los obreros
quieren recortar?
En la comida de Navidad,
¿le habla algún familiar?
María Mahíllo
Y llegaron los extranjeros
Por el mar
Con su mal olor
Con su enfermedad.
Sin respetar las costumbres,
Dispuestos a saquear.
Preparados para violar
Las Américas, 1492
Nuestra fiesta nacional.
María Mahíllo