…bajo
la perspectiva necia del ARTE
■ Desafío
a la sacralización del arte perfecto:
La Estultisofía
desconfía
de la
obsesión
por lo sublime. Frente al cuadro impecable, reivindica la mancha;
frente
a
la escultura majestuosa, el bloque de plastilina mordido; frente a la
coreografía
precisa,
el tropiezo convertido en danza. El arte privado se obsesiona con la
excelencia
técnica; el universal se regodea en el fallo compartido.
■ Revalorización
del accidente creativo:
Una pincelada torpe es un manifiesto;
una
nota desafinada, un descubrimiento sonoro. El arte estulto no teme al
error,
lo
multiplica hasta convertirlo en escuela. La cultura privada corrige;
la universal
abraza
la imperfección como musa.
■ Crítica
a la lógica de la belleza:
La Estultisofía
no
busca lo estéticamente
correcto,
sino lo grotesco, lo kitsch
y
lo ridículo. Se premia el collage
imposible,
el
cuadro pintado con la nariz y el vídeo experimental de cinco horas
sobre un
plátano
oxidándose. El canon estético queda reducido a souvenir
de
mercadillo.
■ Desjerarquización
de artistas y públicos:
El espectador pinta, el músico barre, la
bailarina
sirve cafés y el crítico lava platos. Todos pueden firmar la obra y
reclamar
derechos
de autor. El arte privado defiende el aura; el estulto lo regala como
baratija.
■ El
arte como teatro absurdo:
Performances de gente hurgándose la nariz durante
horas,
instalaciones hechas con pelos de pubis, recitales de silencios
incómodos. El
arte
privado lo vende en subastas; el universal lo reparte en plazas
públicas.
■ Transformación
de la identidad artística:
Ser artista ya no es un oficio, sino
una
mascarada diaria: Hoy pintor de manchas, mañana escultor de cubitos
de
hielo,
pasado director de coros de grillos. La única regla es no tener
reglas (salvo
las
de la risa compartida).
■ Aceptación
del desconcierto estético:
El desconcierto, la risa y el ridículo
se
convierten en las materias primas del arte. Lo privado busca armonía;
lo
universal
se instala en el caos fértil.
■ La
obra como objeto efímero y desechable:
El cuadro puede borrarse a las
24
horas, la escultura ser devorada por palomas y la performance
terminar en
siesta
colectiva. Lo privado busca la eternidad de la pieza; lo estulto se
ríe de su
fugacidad
y la celebra como accidente.
■ El
artista como farsante feliz:
El creador ya no es genio atormentado, sino impostor
voluntario:
Firma obras que no ha hecho, se copia a sí mismo de una manera
lamentable,
improvisa recitales de sonidos realizados con la concavidad que forma
el
arranque del brazo con el cuerpo, más conocida como axila o sobaco.
El arte privado
lo
acusaría de fraude; el universal lo aplaude como campeón del engaño
alegre.
En
resumen:
El arte estultisófico no embellece el mundo: Lo desordena con
ternura
absurda. No vende exclusividad: Comparte confusión. No busca
eternidad:
Se conforma con una carcajada pasajera.
• «El
arte es la mentira que nos permite comprender la verdad» Pablo
Picasso (artista)
• «El
arte es, sobre todo, un estado del alma» Marc
Chagall (artista)
…bajo
la perspectiva necia de la PAREJA IDEAL en la Estultisofía:
■ Rechazo
de la perfección romántica. La
Estultisofía
rechaza
la pareja
monolítica,
irrompible e intemporal que ha sido «impuesta» por la mayoría
de
sociedades. La noción de encontrar «su media naranja», que colme
todas
las expectativas es ridiculizada en favor de una aceptación plena de
la
imperfección
y la idiotez compartida. En este marco, no existe la exclusividad
como
mandato divino: La infidelidad, vista desde lo estulto, pierde su
carga
dramática y se transforma en otro de los tantos gestos humanos
incomprensibles,
a veces necesarios, a veces absurdos, que no tienen por qué
implicar
una catástrofe emocional.
■ El
valor de los desacuerdos y las contradicciones. La
pareja no es una
ecuación
cerrada, sino una acumulación de contradicciones ambulantes. Aquí
se
permite disentir, ser incoherente e incluso amar a varias personas a
la vez.
Las
tensiones no se reprimen, se celebran como un carnaval filosófico.
En
esta
lógica, no sólo se admite el desacuerdo, sino también la
posibilidad de
relaciones
múltiples, como una forma válida de expresar la diversidad afectiva
y
relacional humana.
■ La
vulnerabilidad como base de la conexión emocional. Mostrar
la propia
estupidez,
llorar sin motivo, desear a otro cuerpo sin culpa: Todo cabe en la
pareja
estultisófica, donde la máscara cae y se deja ver al idiota sin
filtros. En
lugar
de castigar los deslices, se aceptan como parte del absurdo de la
condición
humana.
La vulnerabilidad también es admitir que uno puede desear sin dejar
de
amar, y que el afecto no siempre se reparte de forma ordenada y
simétrica.
■ La
liberación de expectativas rígidas. El
amor no debe obedecer a un
guion.
Matrimonio, fidelidad obligatoria, convivencia eterna: Ficciones
todas
que
la Estultisofía
dinamita
con entusiasmo. Una pareja puede ser un trío, un
poliedro
relacional o simplemente un experimento temporal. La única regla
estultisófica
es que no haya reglas inamovibles. El amor se libera cuando se le
permite
reinventarse fuera de las fórmulas convencionales. Y, por
descontado,
en
esta relación, como en cualquier otra, la violencia (sea del tipo
que sea) no es
admitida,
ni aceptada, ni siquiera pensada como una posibilidad lejana.
■ La
aceptación del absurdo en las dinámicas de pareja. ¿Una
discusión por
cómo
se pela una naranja? ¿Celos porque tu pareja se enamoró de una
planta?
Perfecto.
En la pareja estultisófica, todo eso tiene sentido precisamente
porque
no
lo tiene. No se busca eliminar el sinsentido, sino habitarlo con
conciencia.
Incluso
la infidelidad, en este marco, se transforma en un acto que, lejos de
ser
demonizado,
se resignifica como parte de la tragicomedia humana.
■ El
juego como forma de comunicación. En
vez de exigir explicaciones
racionales
o promesas eternas, la pareja estultisófica prefiere el juego:
Fingir
ser
desconocidos en una estación de tren, inventar nuevas reglas del
amor
cada
semana, hacer pactos absurdos como «solo seremos fieles los
viernes».
Las
relaciones abiertas o no convencionales no son motivo de escándalo,
sino
escenarios
lúdicos donde el afecto puede manifestarse de formas múltiples
y
contradictorias. Los acuerdos deseados, comprendidos y pactados son
una
buena
cimentación de la relación.
■ La
transformación constante de la pareja. Una
pareja no es un monumento,
es
una performance, es una acción continua. Puede que hoy sean dos,
mañana
tres,
o ninguno. La Estultisofía
invita
a vivir las relaciones como procesos
creativos
y desordenados, donde lo que hoy nos une puede ser lo mismo que
mañana
nos desuna. Amar también es saber salir, mutar, integrar a otros, o
disolverse
sin drama.
■ El
amor como proceso de deconstrucción. Amar
estultisóficamente es
cuestionar
la idea misma del amor. ¿Por qué no podemos querer a dos personas
al
mismo tiempo? ¿Por qué la infidelidad es una traición y no una
exploración?
¿Por
qué no puede la pareja ser también un trío filosófico que
deconstruye
su
propia idea del amar? Amar es derribar, dudar, tropezar y reconstruir
sin
garantía
de éxito.
■ La
pareja como campo de juego filosófico y existencial. La
relación
afectiva
se convierte en un laboratorio ontológico donde todo puede ponerse
en
cuestión: ¿Qué es la fidelidad? ¿Tiene sentido la exclusividad
afectiva? ¿Por
qué
no enamorarse colectivamente? En este juego, el afecto no se limita,
se
expande
en direcciones inesperadas. Lo importante no es tener razón, sino
jugar
con
las preguntas.
■ La
pareja como resistencia a la normalización. Frente
a la maquinaria social
que
exige orden, control y exclusividad, la pareja estultisófica
responde con
desobediencia
afectiva. Su misma existencia —caótica, inestable, irreverente—
es
un acto poético de insumisión. Normalizar la infidelidad, abrirse
al poliamor,
disolver
los límites rígidos entre tú y yo: Todo eso se convierte en una
forma de
rebelión
y en una vía para imaginar otras formas de amar.
En
resumen,
desde la Estultisofía,
la relación de la pareja ideal se redefine
como
un espacio de libertad, vulnerabilidad, laberinto creativo y
constante
transformación.
La perfección y la estabilidad tradicionalmente buscadas
son
reemplazadas por la autenticidad, la aceptación de la imperfección
y la
celebración
del absurdo. Las parejas que adoptan esta visión viven su relación
como
una exploración constante de lo que significa compartir el absurdo
de la
existencia,
sin ataduras a expectativas rígidas, sino fluyendo con el caos
creativo
y
el juego emocional.
• «Lo
que necesitamos es menos sentido común y más sinsentido creativo”»
Tristan
Tzara (poeta)
• «Donde
todos piensan igual, nadie piensa mucho.» Walter
Lippmann
(filósofo,
periodista)
Manel Costa. Estultisofía. Ed. Estulta, 2026