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Ardía lo existente todo ardía
ciudades bosques dignidad humana
y entonces se quemaron a sí mismos –como bonzos, decimos–
porque arde el desespero más que la gasolina
Ardían los campos de Vietnam y ardía Praga
El monje Thich Quang Duc en Saigón
Jan Palach ante los tanques soviéticos
Joseba Elosegi en el frontón de Anoeta
Mohamed Buazizi en Túnez: todos ellos en llamas
Prenderse fuego a sí mismo: la forma de protesta más extrema
Ahora se acercan las llamas a Pinares Llanos
los territorios amados de la Sierra
de Guadarrama los pinares los prados las dehesas
Arde la memoria ¿se está quemando a lo bonzo?
Arden las pérdidas –decía Gamoneda–
Heráclito mostraba cómo todo lo gobierna el fuego
Fantaseamos con tener y poder pero
¿quién es dueño de nada salvo el fuego?
Arden las trenzas de las muchachas y las cometas de los niños
arden pasado y futuro como dos hermanos enemigos
lo existente arde ¿no veis cómo está ardiendo?
Nos acostumbraremos, dicen – y ¿puede ser verdad tanto fracaso?
Aquí no puede pasar –nos engañábamos, sabiendo
que estaba el incendio cada vez más cerca
¿Quién es dueño de nada salvo el fuego?
¿Quién sobrevive al incendio de lo que más se ama?
El fuego devora estos versos
Yo no me quemaré a lo bonzo
Este poema sí lo hace
2
Catástrofe basada en hechos reales
Megaincendio basado en hechos reales
Fin de mundo basado en hechos reales
reales y tan bien conocidos
que hacerse de nuevas
debería hacernos arder la cara
de vergüenza
Jorge Riechmann. inédito
24 de julio de 2026
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