documentos de pensamiento radical

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sábado, 12 de septiembre de 2026

4 poemas de "Tanque de tormentas" de Esther Mañoso




ABRAZO


Escribo porque no puedo decir

lo que no puedo decir

y porque al salir por las manos

las palabras se saltan con ventaja

el nudo de la garganta,

ese que apenas deja pasar

un hilo de aire,

un hilo de voz.


Escribo para no huir,

para no caerme tanto,

para encontrar en el fondo

esas palabras escurridizas

que dibujen

mi idea de las cosas.

Escribo para no ir a terapia,

porque cada palabra vertida

sana un poco los agujeros

de metralla de mi pecho.


Escribo por mí

porque me abraza fuerte

y largo.


Escribo por ella,

porque sé que sabía

que podía hacerlo

y hacerlo bien.









LO QUE ME HACE

Si me privan de morder una cereza,

del roce de una sábana blanca de algodón,

––suave de tan usada––

en el interior del tobillo.


Si no puedo andar descalza

por las rocas o el bosque,

transportar un libro en el bolso

como si fuera un arma.


Beber agua fría de la mano

como cuando me la daba mi madre.


Si me impiden abrazar y parar

el mundo

o reír a carcajadas haciendo el amor.


Si no tengo sus besos diminutos

cada mañana

o no me dejan bailar

como si nadie me viera.


Regocijarme en la nostalgia,

beber vino juntos.

Si no tengo todo esto,

¿para qué estar vivo?






RUINAS

Templo calcinado por las llamas

ya no huesos, ya no sangre.

Cuerpo latente bajo una capa

espesa de cenizas, de lodo.

Piel erizada, garganta bendita,

fuente de leche y agua

dulce túnel de miel

espectáculo de gemidos.

Este hogar ya solo habitado

por las corrientes de aire

de una casa en ruinas.







CHARCOS

Saltar dentro de un charco después

de una tormenta

es pensar en el abismo y topar con el suelo

bajo el espejo.


Es rebelarse contra los zapatos limpios,

los calcetines planchados

y el qué dirán.

Es volver al lugar donde se era

una misma,

volver a la capacidad de asombrarse.


La primera vez que llovió cuando

ellos ya andaban

los llevé a pisar los charcos

que dejó la tormenta.


No vi mejor forma de sembrar

la revolución.



Esther Mañoso. Tanque de tormentas. Ed. Cuadranta, 2025

viernes, 11 de septiembre de 2026

CUESTIONARIO PREMATRIMONIAL



¿Crees en mi amor a primera vista?

¿Y a segunda?

¿Cuál es tu ideología? ¿Quieres saber la mía?

¿Aún recuerdas cómo se juega?

¿Prefieres la poesía o el chocolate?

¿Crees en la plancha?

¿Sabes abrazar? ––pero bien—.

¿Y calentar los pies?

¿Me dejarías la más fría?

¿Sabes reírte de ti mismo?

¿Cómo de rápido mueves las manos? ¿Y la lengua?

¿Prefieres carne o pecado?

¿Conoces el significado de la palabra jipiar? ––hazlo—.

¿Sabes volar?

¿Crees que estas preguntas sirven para algo?

––Bésame—.




Esther Mañoso. Tanque de tormentas. Ed. Cuadranta, 2025

jueves, 10 de septiembre de 2026

3 poemas de "Tanque de tormentas" de Esther Mañoso




DE LOS PÁJAROS, EL VUELO

Oír un trinar mientras despierto y desear

entenderlo: primitivo conjunto de notas

que se enredan divertidas en el martillo,

el yunque y el estribo, como hilo invisible

que amarra sin apretar los sueños y los eleva.


No soy más que los pájaros que anidan

en mi cabeza, elegantes vertebrados plumíferos

que antes reptaban por el suelo, como yo

y ahora planean, decididos, hacia el horizonte.


El aire entre sus plumas ligeras me sostiene,

me dirige y acrecienta las ganas de ascender,

de jugar con el aire, de usarlo en mi ventaja

para suspenderme en la idea que persigo.


Volar en grupo, imantarme a los otros

realizar movimientos danzarines al unísono

––empatía deliciosa, que consigue sin esfuerzo

que el vuelo sea grácil, sencillo, cotidiano––

cuando nada es más asombroso que conseguirlo.








TIEMPOS MUERTOS

Tiempos muertos, recuerdo infantil.

Picor de cicatriz mal curada en día de tormenta.

Hueco de espera, ansiedad.

Leo.

Hacer útiles los tiempos muertos,

no parar, no sea que escuches.

Buscar el poema que se escapa.


Este momento dorado,

la sombra que proyecta la valla

contra las letras

y ese color irrepetible

me abraza y me arropa.


Divagar, no escribir ni un solo verso,

pensar en el color que le da la luz

a la hoja de papel en esta hora.


El verdadero poema, la luz sobre el poema.







ESO

Lo sabe todo sobre sexo.

Lo aprendió a los cuatro en el hueco

de la escalera

y a los seis en la trastienda

de su abuelo

con los primos.

Por aquello fue penitente

y descalza durante años.


A los dieciocho, por fin,

se dejó ir como un pez que se resbala

entre las manos

para volver al océano

[de donde nunca debió salir].


Asesoró sobre juguetes

a señoras que nunca en su vida

han tenido un orgasmo:

regalo animal que sus maridos

consideran demasiado caro

––pensar en el otro cuerpo

antes que en el propio,

regalar tiempo, lengua y manos

parece no estar al alcance de todos––.


Se vacía en cada encuentro,

como un globo que se desinfla

para ascender más deprisa.


Sabe volar y hacer volar

(si tienes alas)

o nadar si eres de agua.


En realidad no sabe nada sobre sexo,

sabe algo más de amor

y no es mucho.

Para ella el sexo nunca es solo eso,

es el origen de todos los poemas.



Esther Mañoso. Tanque de tormentas. Ed. Cuadranta, 2025

miércoles, 9 de septiembre de 2026

CEMENTERIO



Todos estos muertos no son míos.

Tampoco son suyos

los espacios

que dejaron

ni los cubículos

diminutos

que ahora habitan.


En la muerte también hay clases:

puedes criar malvas

en un panteón

familiar de mármol travertino,

o en un hoyo común

sin nombre.


Tampoco son suyas las fosas

de los muertos que son de nadie,

cuerpos que ni saben quiénes son.


Y mientras las cunetas repletas

de memorias sin cara,

con todo el amor y el anhelo de respuestas,

sin flores que cambiar el día

de los santos.


No todos estos muertos tienen flores.

A algunos se las dieron en vida,

en un paseo por el campo,

cuando aún podían olerlas.


¿Quién querría flores

cuando ya no tiene nariz ni ojos?


Todos estos muertos son de alguien,

como los espacios que ocupan

previo pago

anual.




Esther Mañoso. Tanque de tormentas. Ed. Cuadranta, 2025

martes, 8 de septiembre de 2026

STENDHAL




Me miraba


como Stendhal perdido

en Florencia

al pórtico de Santa Croce;

como se mira el cabello de la Venus

de Hirémy-Hirschl

revolcada

en las olas.


Me miraba


mezcla de fascinación

y víscera pura,

inmensa alegría

y desborde abrumador.


Me miraba


como a la mismísima Afrodita

o alguna diosa

––aún no inventada––

con pureza infantil y sublime

amor.


Me miraba


y con esa lágrima sutil

entendí que nadie volverá

a mirarme

así.


Maldita cúspide divina

desde la que ya nada

tiene la misma altura


para mi daño.




Esther Mañoso. Tanque de tormentas. Ed. Cuadranta, 2025

lunes, 7 de septiembre de 2026

OCTUBRE CASTÚO



––Estás aviá si crees que octubre

te va a traer algo bueno.

Octubre a ti solo te quita.


Octubre te quita las hojas de los árboles

y el polvo de las mantas,

una hora de sol de los días,

las ganas de verano.


Octubre te quita a tu padre

y te quita

a

tu

madre.


Vas arrengá cargando con la pena

bajo el sol

porque se te cayeron

los palos del sombrajo

después de ser madre,

después de perder a tu madre.


Resuenan, aún más en octubre,

esos ecos del castúo

en las paredes vacías.

Palabras aprehendidas

y prendidas a mis entretelas.


––Ya sabía yo que heredarías algo

de la casta de los Piruches.

Me imagino a esos pieleros

por los montes extremeños

a caballo,

peleándose por la comida,

rompiendo corazones y enaguas.


––Ni una alegría me has venido a dar.

Octubre, el mes que me quita.

Me quita el amor,

los hilos de sostén,

las ganas

y el brillo.


Esther Mañoso. Tanque de tormentas. Ed. Cuadranta, 2025

domingo, 6 de septiembre de 2026

DIFUNTA CORREA




A Almamar y todas sus Difuntas Correas

La santa murió deshidratada

cruzando el desierto sanjuanino

detrás de su amado

con un hijo a la teta.


Cuenta la leyenda que bajo

la sombra de un algarrobo

desfalleció

con su hijo en brazos.


El bebé,

––¡bendito instinto de supervivencia!––

mamó de su madre

muerta

––canibalismo legítimo––

hasta que lo encontraron

unos arrieros.


Trenzas cortadas,

piernas ortopédicas,

fotos, cartas de amor,

matrículas de coches,

cintas de colores colgando del techo,

flores de tela

con el color comido

por el polvo.


Y botellas de plástico

llenas de agua;

cientos de ellas,

apiñadas.


Todo para honrar a

Deolinda Correa de Bustos,

que fue claro ejemplo

de lo que salva la teta,

de lo que muere

cuando no le das

agua.




Esther Mañoso. Tanque de tormentas. Ed. Cuadranta, 2025