esta
puerta desvencijada
no es idéntica a aquella otra
en la parte antigua de la ciudad de Rodas
muy cerca de la muralla que conectaba con un
azul
como ninguno que haya vuelto a ver desde
entonces
o este huerto a pleno rendimiento
igual al que asomaba tras la supuesta casa
que marcaba el lugar de nacimiento
de san Pedro o san José no recuerdo
y que fue lo que verdaderamente despertó mis
ojos
fuera del circo de las hordas de turistas en
Roma
este cementerio no es una copia exacta
al de Kilronan en la isla de Inishmore
donde jugaba con el mar de un agosto
negro como el fin de los días
la tumba del marido de la propietaria
del bed&breakfast donde nos alojábamos
mientras cientos de yankis buscaban sus
raíces
por los innumerables pubs de la isla
esta tumba a la sombra
de un obelisco de bolsillo con su yugo y sus
flechas
no se da un aire a la de Voltaire en el
panteón de París
sobre la que dejé mi impronta
tan espesa y oscura
en la mañana después de mezclar
todas las bebidas del mundo
esta pared no se disuelve
mirada adentro igual que la pared de la
entrada
en la casa de unos amigos en Rathmines Dublín
donde experimenté con descargas eléctricas
antes de que apareciera Charly para tumbarnos
a todos
y dejarnos luego a los pies
de una patrulla de skinheads quinceañeros
que a punto estuvieron
de rematarnos a golpes de bate de béisbol
camino del apartamento que danzaba detrás de
unos setos
como un furby con un jalapeño incrustado en
el culo
esta recepción oficial
para saludar a los jugadores del Racing
recién ascendido a primera
no se parece un huevo a aquella otra
en la que te entregaron un premio de poesía
joven
mismas caras mismos gestos de déjate palmear
la espalda
y sobre todo sonríe a la cámara
que me hacen falta muchos actos
de gran relevancia sociocultural como este
para petarlo una vez más
en las encuestas sobre intención de voto
con la única diferencia de que aquí no está
como entonces José Hierro pasando vergüenza
el loco de esta película
no es la viva imagen de aquella mujer
que vivía sola en una casa medio en ruinas
en la carretera del depósito de aguas del
pueblo
de la que tanto me reí hasta que 30 años más
tarde
descubrí que la causa de su locura
era el asesinato de su marido a manos de los
fascistas
y que el único motivo
por el que las demás viudas de los
alrededores
que venían a tocar a viuda de rojo
por cada dos casas aproximadamente
no habían perdido la cabeza al igual que ella
era porque no se lo pudieron permitir
demasiados hijos que sacar adelante
tierras que trabajar
misas con las que expiar sus pecados
tal acumulación de silencio
solo era posible sepultarla
en una cabeza bien amueblada
mejor no correr riesgos permitiendo
que la lengua se soltara a deshora
y este silencio sin motivo de ahora
de los que tan poco tienen que perder
qué poco se parece a aquel otro
Pablo Iráculis. Paisajes Vetados. 2026
Fotografía de María Ruiz-Funes






