HALLAZGO LIMINAL
Vine a las palabras
extrañas
por reencontrar la
noche del niño.
Respiro el carbón de
las calles del norte
sin lenguaje para
volver a casa.
Aquí, en la isla de
los cuervos,
salgo a acariciar la
hierba por las tardes,
aprendo de los
árboles que me hablan
y he sentido como
hallazgo liminal
mi sonrisa indefensa
de extranjero.
Reconocerme
vulnerable
situado al otro
lado
de los márgenes
del entendimiento.
Sigamos resbalando
por el hielo del mundo.
No importa perder, tampoco perderse.
OYE LOS VIOLINES RABIOSOS
Ahora que nuestra
patria es la huida
comprendo que cuando
era niño
viví en la música
estos días contigo.
Visiones sonorosas
que me dieron
la intuición de una
ínsula extraña.
Sinestesias de
violines coléricos
que hicieron de lo
raro mi familia.
Hermana de fuego, tú
me has traído
a unos paisajes que
yo conocía,
aunque nunca los
hubiera pisado.
Estos acordes de un
hambre antiguo
dicen cosas que no sé
que sabía.
Corrientes submarinas
de mi ser,
pasillos melodiosos
uniendo las islas que
amo.
Pareciera que el niño
nos soñara escuchando,
narrador omnisciente,
pequeño dios salvaje.
Tan sólo sed de vida,
no le importa que duela
o a dónde nos
conduzca y lo celebramos
sin saber a quién o a
qué obedecemos.
Siempre acaba en
exilio la canción del deseo.

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