documentos de pensamiento radical

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martes, 6 de diciembre de 2022

4 poemas de ALBERTO GARCÍA-TERESA de CUANDO DEJAMOS ATRÁS LO POSIBLE




Ventana debería llamarte, compañero,

porque en tus ojos está

la oportunidad de asomarme

al abrazo con el resto de animales.

 

No me reflejo en tus pupilas;

me abres el mundo con ellas.

 

Ahí se abisma la comprensión

de tu individualidad, del pulso

y sentido por el cual amas la vida.

 

¿Cómo seguir considerándote instrumento,

comida, función, negocio, si te miro

y me miras, si te hablo y

respondes, si me hablas

y me desborda la ternura, el entusiasmo,

el calor de la manada;

cuando se enuncia en tu iris

todo un manto de expresiones, temores y anhelos?

 

¿Quién elige dañar, entonces?

 

Tus ojos nos sacan

del paradigma del verdugo.

 

 

**

 

 

Convivir no implica comprender

a quien comparte sendero contigo.

Podemos ir trazando

dos surcos que se ignoran.

 

Aunque, tal vez,

si miramos la longitud de sus huellas,

el tacto de sus pasos,

la tensión de las patas y el titubeo

de sus pezuñas, alas, escamas, aletas

 

podamos quizá comenzar a entendernos.

 

Entonces, palpar

su miedo,

su alegría, su angustia,

 

es intentar empezar a balbucear

el auténtico lenguaje del amor:

aquel que no sabe de espejos;

aquel que no sabe de pieles;

aquel que sencillamente da

porque dar le vuelve pleno.

 

 

**

 

 

Para Mariángeles Maeso, por tanto

 

 

Construyen las golondrinas

en la casa de María Ángeles Maeso

nidos en las fisuras del muro que se vence.

 

En esa fractura del mundo,

ellas son capaces de generar y cobijar vida.

 

A pesar de la cercanía del derrumbe

del cielo, de la precariedad del sustento,

se aferran decididamente a esa veta de esperanza.

Arman su trinchera de trinos

frente a la fatalidad

con la convicción del fulgor de lo perecedero.

Deletreando el presente,

bailan alrededor de lo que se descompone.

 

Nosotros, tal vez,

nos dejaríamos devorar por la pesadumbre

y rumiaríamos inertes la desidia

asolados por la proximidad de la tragedia.

 

Las golondrinas, sin embargo,

persisten cada verano, año tras año.

Sin achantarse ante la inminencia del

desplome, apuran

esa oportunidad de existencia

y, desde la grieta,

vuelan.

 

 

**

 

 

Gorriones

sobre la estatua

del águila imperial:

 

la irónica victoria

de los perseguidos.


 

 

 

 

ALBERTO GARCÍA-TERESA

 CUANDO DEJAMOS ATRÁS LO POSIBLE (BAILE DEL SOL, 2022)

lunes, 5 de diciembre de 2022

10 poemas de ALBERTO GARCÍA-TERESA de CUANDO DEJAMOS ATRÁS LO POSIBLE




 

PERIFERIA

 

Para la Asociación Vecinal del Ensanche de Vallecas

 

 

A la periferia es desplazado,

fuera de las murallas,

todo aquel que no merece ser protegido

 

porque es recurso prescindible,

porque sus brazos son intercambiables,

porque su apellido no conlleva escaleras.

 

Barriadas donde se apilan los despertadores,

las luxaciones y las horas descontadas,

en las que caen los escombros

a ritmo de despido,

recorte y miedo al futuro.

 

Duelen el desprecio

y la instrumentalización de los pulmones.

Duele la arrogancia centrípeta

de quien cartografía los días.

 

Pero, sobre terreno asfaltado,

es en los márgenes donde brota la vida,

donde se levanta la primavera con una

lógica distinta a la medida del humo.

 

Jardineros de la utopía,

se construyen las calles con la complicidad

del presente batallado, de los vínculos

florecidos fuera de las retículas comerciales,

con el bullicio de los pasos

hermanados por el polvo.

 

La risa suena mejor en los patios abiertos.

 

La textura de la solidaridad abriga

allí donde se tiene conciencia de que

la altura de los hombros

solo mide la distancia de la caída.

Y, entonces, con la firmeza del tiempo

trenzado desde abajo, únicamente

se atiende al canto que une

todas las heridas de las manos.

 

Aquí, en la periferia,

nos consideráis expulsados

pero, en verdad,

cuando nos abrazamos,

vosotros sois el territorio sitiado.

 

 

**


IMPUNIDAD

 

 

Quienes ostentan el Poder siempre lo ejercen con el horizonte de la impunidad sobre sus mejillas.

 

Impunidad ante los instrumentos de la Justicia, a quienes construyeron sus nichos y sus maxilares.

 

Impunidad ante la Historia, pues poseen los libros, la tinta y las sílabas de los escribas.

 

Impunidad ante sus iguales, porque tienen claro el entramado del tejado.

 

Y, ahora, impunidad en la irresponsabilidad ante el colapso ecológico.

 

Creencia en la impunidad por la posición privilegiada, por la herencia de la abundancia y de los títulos de propiedad, por los regueros de migas de pan.

 

Solo desde esa hiriente conciencia se puede comprender la sonrisa de quienes se consideran por encima del resto de personas y de seres vivos.

 

 

**

 

IGUALDAD DE OPORTUNIDADES

 

 

Las mismas personas que colocan

 

            las piedras,

            las arenas movedizas,

            los pozos,

            las matas de zarzas

 

son las que afirman que todo es cuestión

de voluntad

             de caminar

                         hasta la meta.

 


 

III

 

 

 

La pancarta es el grito de la multitud.

 

 

*



El spray es un regurgitador de consignas.

 

 

*



Fue la huelga general completa: hasta los relojes se detuvieron.

 

 

*



La alcantarilla es la cúpula del poder.

 

 

*



Reparte octavillas para la huelga como quien esparce semillas en el campo.

 

 

*



En el transporte público late un pálpito subversivo: las barras del techo colocadas para que nos sujetemos los pasajeros nos incitan continuamente a tararear la Internacional.

 

 

*

 

 

Los edificios entrevistos entre la contaminación parece que se esconden por vergüenza ajena.

 

 

 

 

 

 

 

ALBERTO GARCÍA-TERESA

 CUANDO DEJAMOS ATRÁS LO POSIBLE (BAILE DEL SOL, 2022)

domingo, 4 de diciembre de 2022

CUANDO MIS CROMOSOMAS

 



Cuando mis cromosomas optaron por la xy,

afuera me dieron un altavoz

y un escalón de cinco centímetros

sobre las niñas que me rodeaban.

Me pusieron a caminar con una malla de mujeres mudas

que alimentaban y cuidaban de mis brazos

y mi sonrisa, y que depositaban su oxígeno

en los surcos donde se posarían mis pies.

 

Yo también construí con saliva esa carcasa;

con los trayectos repetidos,

con el lenguaje manoseado,

con las miradas cómplices, las risas ignorantes,

los silencios cobardes, la pasividad gomosa.

 

Yo mismo me apoyé cómodamente

en la amalgama uniformada de cuerpos

que atendía dócil mis carencias.

Yo mismo corrí por ese sendero desbrozado

por convencionalismos y privilegios

mientras se apilaban obstáculos en su vereda.

 

Y hoy puedo ver

que las marcas de estas uñas

también llevan mi nombre,

que mi piel también arropa

la violencia del patriarcado.




ALBERTO GARCÍA-TERESA

 CUANDO DEJAMOS ATRÁS LO POSIBLE (BAILE DEL SOL, 2022)

sábado, 3 de diciembre de 2022

2 poemas de VIKINGO de ÁGATA NAVALÓN

 


 

VINLAND


Hemos estado allí ¿lo recuerdas?

 

No dejamos rastros ni rostros,

solo tierra y silencio con pupilas plantadas,

cuyas raíces ruidosas aplastábamos al caminar.

 

La bautizaste Vinland pero nunca se materializaba ese nombre.

 

¿Qué es esto? ¿Cómo se llama? Dilo,

nómbralo, nómbranos, nombra el nombre 

-gritabas-,

mientras te soñabas dueño,

tú vikingo dueño de la tierra, dueño de mí, dueño

de la hoja seca y el fruto licuado:

zumo caliente podrido

que se imagina divino; líquido

mágico ladrón de esferas,

 

las nuestras.

 

Regresaré, regresaremos -me decías-.

y después, luego, más allá del entonces,

más lejos de tu grito y tu nombre y tu mirada férrea sobre mi y esa tierra,

han escavado, nos han buscado,

ellos, aquellos que no son nuestros hijos,

sombras de los  hijos muertos que me arrancaste,

tú y los otros.

 

Fue solo un colapso,

un asentamiento inconcluso,

un destello,

aquí,

han escrito ellos.

 



LAVANDERÍA


Insolventes e intangibles para los imperios de las luces azules,

caminan empujando sus enseres los hijos de las calles.

 

No los mires, vikingo, esa es la norma.

 

Infranqueables se apoyan en los muros pintarrajeados,

en los que las mesnadas urbanas han perfilado un territorio.

 

Huele a hamburguesa de carne cultivada en los sótanos de los garajes alquilados.

 

El ascensor se ha vuelto a parar en el piso equivocado,

respira, vikingo, llegaremos a tiempo a izar las velas.

 

Los taburetes metálicos pintados de naranja son iluminados

por las bombillas recicladas de las casas abandonadas.

Son contaminantes, es el plomo.

Tú, no logras entenderlo.

 

La mujer de jersey lanudo y azulado de fibras tóxicas y orientales,

tocadas por manos pequeñas, devora carne.

No tiene esclavas.

No será enterrada con su barco.

No cultivará en el invierno.

No empuñará la espada.

No caerá su cuerpo sobre el enemigo casi rendido.

No lo arrastrará por la playa.

Ningún rizo le traerá una dicha,

ningún rizoma que enganche con su conocimiento sensible.

 


La trayectoria circular de las estrellas no sabe de todos estos movimientos terrestres.

 

Las miramos tras el cristal que complacientemente detergenado

nos esconde en este purgatorio,

lejos de la última batalla.

 

No ganamos,

estamos en tierra lavando escudos con líquido oxigenante.

 

 

Ágata Navalón. Vikingo. El Petit Editor.

viernes, 2 de diciembre de 2022

3 poemas de LAS FLORES ME LLAMAN de JUAN ANTONIO MORA RUANO


 

 

MI FAMILIA IBA AL CINE

 

Los domingos íbamos al cine Avenida, fila 8

Con mis padres veíamos

Películas americanas, comedias vanas,

Comedias de Hollywood

De un capitalismo de color y falso.

A veces, películas de Drácula

De terror.

Mi hermana se tapaba los ojos

Y yo, la boca como un pajarito asustado.

Mis padres, mi hermana Paquita

Y yo, íbamos al cine.

Siempre juntos, siempre solos

 

                                                               26/04/2022

 

 Te pido perdón,

Por no hacerte

                  Feliz.

Cada mañana amanecida

                   Lo intento.

Te pido perdón.

 

                                                   22/01/2022

 


 

                LOS TRANVÍAS

 

 

Amo la lentitud de los tranvías

Su pausa prolongada

Que intimida,

Su sosiego tranquilo

Fuera de la velocidad fría

De los automóviles.

Miro la calle vacía

Y me duermo.

(Las casas no son más que casas).


 

Juan Antonio Mora Ruano. Las flores me llaman. Corona del Sur, 2022

jueves, 1 de diciembre de 2022

La isla mínima por Alberto Rodríguez

 



Alberto Rodríguez viene del cómic, del cine negro que tanto le gusta a Garci, pero Rodríguez le da a lo suyo un toque a Giralda para que no suene a plagio. A nadie le gusta el sucedáneo y por eso el PP encofra las urnas y a Pedro Sánchez se le va el sueldo en fotocopias. Podemos es tercera persona del condicional simple que no aguanta un invierno legislatorio. En democracia, policía y derechona van de la mano al consenso, donde siempre gana el Banco Santander. Para cambiar el panorama –já– es necesario un Anguita de lectura y compromiso que además es pan para hoy y desangre para la Cuba de Tsipras.

Alberto Rodríguez se lleva el celuloide al ceceo andalú. Al sevillanismo del chiste corto y el pescaíto miserable que reutiliza el aceite. Rodríguez le da toque a lo manido para hacerlo más real y menos cine que es como mejor funciona en taquilla si no eres Batman. Alberto Rodríguez (no utilizaré las siglas para que la gente no le confunda con la Quintana) ha cuajado la fotografía en vericuetos de niebla que atrapa la atmósfera de nuestra emoción. Dice AR –con perdón– que la película hay que verla en cine para no perderse lo envolvente del sonido que ayuda a meter al espectador en el cañaveral. Alberto es educado y no quiere decir que si no vas al cine, él no se come el arroz. Por eso los planos de arrozales tan a lo Zóbel. Hay mucha Cuenca en esta Doñana.

Alberto Rodríguez aprovechó unas fotografías fractales del CSIC para introducir los títulos de crédito que ya quisiera Saul Bass. Son cuadros en sí mismos. Héctor Garrido le facilitó los lienzos y AR ha construido un resto de cine. Esos planos de los deltas de Doñana recuerdan a los encéfalos humanos, y vamos comprendiendo la misteriosa sinestesia que Rodríguez nos plantea: un subterfugio latente y horizontal que la música de Julio de la Rosa ayuda a asimilar.

El japonés Takashi Makino es quien más se ha acercado a ese cine físico de vísceras. En Space Noise, (descargable en Vimeo), plasmó la visión del ojo cerrado, esa filigrana de rayo que vemos cuando no vemos. Representó la visión de lo invisible, la visión del ruido en el fosfeno, la nieve de la televisión que tenemos dentro. El japonés que se partiera el cráneo con cinco años en un accidente de tráfico, llegó a este cine como búsqueda, como forma de recrear aquella visión plástica del hostiazo. En esa vanguardia de lo sensorial se mueve también Daichi Saito, queriendo llevar lo visual hacia lo orgánico.

Otro de los aciertos de La isla es hacer que Javier Gutiérrez se vuelva principal. Es de lo mucho y bueno que la compañía Animalario ha traído a la escena española. Al igual que Alberto San Juan se destapó con Bajo las estrellas, o Roberto Álamo con Urtain, Gutiérrez va sobrado desde siempre. A Raúl Sánchez Arévalo le toca rendirse a la diferencia que hay entre lo bueno y lo genial.

Los comienzos de los setenta han sido una buena cosecha para el mundo de la imagen. Nacían los hijos de los “revolucionarios” años 60 y la progresía española, que no tiró una piedra, fue escondiendo la mano por donde les dejaban que en algunos fue la cirrosis y en otros una prole de Liceo que salió artista.

Otro es Guillermo Toledo, al que su compromiso animal le está haciendo pagar el desclase. Willy descubrió tarde la militancia como reconoce en su libro Razones para la rebeldía y ahora actúa en otros escenarios que, se conoce, le interesan más. Animalario no deja de ser el hijo rana que tiene Prisa por matar al padre. El perro andaluz de esta cuadrilla de Residencia fue aquella ceremonia de los Goya, donde pudimos creer en la tele durante tres horas.

El desclasamiento ha de ser elegante para no ser falso. El olvido hay que ganárselo. No se puede acelerar el tiempo porque si no pasamos del Franquismo al Psocialismo, de Presidente del Gobierno a Consejero de Iberdrola o del Tajamar a Lavapiés, pero cobrando al pasar por la casilla giratoria.

Si se viene del parné hay que ser un poco Juan Ramón. Hay que ser más Ken Loach y asumir la contradicción para no caer en su caricatura.

Javier Gutiérrez crea un personaje enigmático, con su cianosis de marisma en los ojos. JG tiene abanico, habrá que esperar a que la ojera haga pozo y el rostro se le esponje para que algún director le sacristane y le lluevan los premios por algo menor, casi póstumo.

Por los cienos de este cine negro andaluz, del que Alberto Rodríguez es especialista (no olvidar sus 7 vírgenes y Grupo 7), desfilan los fantasmas del paro, los espectros de la niña puta y el padre esquirol. El licántropo de la miseria con su eterno conflicto de clases.

AR acierta con el título al demostrar que se puede hacer un producto sin caer en la copia made in USA. Sabe explotar la carpetovetonia, eso que Valle–Inclán llamaba Ruedo Ibérico, y Alberto Rodríguez Parque Nacional.

Javier Gutiérrez parece el hermano bajito de Torrente, más cabrón y Conan Doyle. Alberto Rodríguez consigue con La isla mínima parecer alemán, de no saber que es un sucedáneo de Memories of murder del genio Bong Joon–Ho, que es sucedáneo de Intentions of morder de Imamura, y así sucesivamuerte hasta llegar a la Grecia de Confucio.

 

 

 Jonás Sánchez Pedrero. Trilogía 59. Ed. Ediciones del Ambroz, 2021.

miércoles, 30 de noviembre de 2022

El viento que agita la cebada por Ken Loach

 



Recuerdo que vi esta película en inglés en el piso de un amigo exiliado a Irlanda para buscar trabajo. Había estudiado Químicas en Sevilla y ahora trabajaba en una cafetería instalada en un sótano, antigua carbonería reformada al efecto. Hay que tener poca vergüenza y mucha necesidad para cambiar la guasa de Los cantores de Hispalis por el chiribiri de Dublín. Estuve cinco días y me sobraron cuatro. Creo que al quinto me habría lanzado desde el inmenso ventanal de ladrillo por el que no entraba más que tristeza.

Uno piensa que hay pocas ciudades más lamentables que Dublín. Pocas ciudades le han sacado más partido a sus zulos, quizá Cracovia, pero la ciudad polaca tenía una belleza lúgubre. Un cirio en cada mesa y suelos de madera del XIX, atractivo para turistas y comerciales de extintores.

En otras mentiras escribí que Irlanda tiene muchos nobeles de escritura porque es lo único que puedes hacer allí. En cuanto venden un libro se piran, claro. Dublín, en definitiva, no ofrecía más que tardes de manta y sofá, una vez visto el Trinity College.

Todavía veinteañero y con compañeras de piso, lo normal es acabar viendo porno con cerveza. Aquel sevillano puso una lamentable película donde Silvestre Stallone se iniciaba en el cine al estilo Poli Díaz. A él, aquello le hacía mucha gracia, creo que por un rubor maltratado. Al quinto proyectado me rebelé por no revelarme como un asesino en serio.

Ahí tienes el taco de las películas”, me dijo encarado por no encontrar divertida la enésima empollada de Stallone.

Antes del Pendrive y el Disco Duro externo, hubo una época en que las películas rulaban en CD o DVD hasta los portátiles de los estudiantes que aplacaban así, la falta de dinero para ir al cine. Pasando los cedeles como si fueran cromos encontré la película de Loach, al que ya conocía por Tierra y libertad.

El director británico demuestra cómo el panfleto puede resultar. Que en cine, como en todo, solo hay calidad o bodrio. Loach viene de Miguel Hernández, pero sin llegar a César Vallejo. A veces se pone urbanita en plan antiTatcher y se sale, pero lo que de verdad tiene es pellejo británico, esa piel mortecina de turista en Benidorm comiendo paella sin alterarse. Hay en Loach un brigadista de la horchata.

Sus guiones los suele firmar Paul Laverty al que pescó Icíar Bollaín como marido durante el rodaje de Tierra y libertad. La Bollaín sabía que de eso no había en España y que si quieres llegar a ser alemán hay que empezar por casarse con un inglés y así sucesivamente.

Laverty como guionista que es, tiene culpa de que le dieran la Palma de Oro en Cannes a este peliculón. Ya había demostrado su valía en Mi nombre es Joe donde Peter Mullan recibió otra palmada. Con Felices dieciséis la palmada se la dieron a él.

Laverty matrimonia con Bollaín, pero él está casado con Ken Loach, porque escribir hace la vida y a Icíar la encontró en un rodaje. Con El viento que agita la cebada Paul tuvo su mejor hijo. Ya sabemos que la mentira del cariño se rompe a poco que toquemos el lenguaje. No se quiere igual porque se quiere diferente. PL quiso más al viento porque le salió toda la lírica necesaria para tratar la lucha de una forma poética.

Según se desarrolla la película nos damos cuenta que el tema es lo de menos. Que puede ser Irlanda y el IRA como ETA y Euskadi. Que lo mismo da Méjico y el EZLN que el Estado Islámico e Irak. Aquí Loach demuestra la esterilidad de la lucha. Del precio que hay que pagar por la ingenuidad del cambio. Que la ideología es un viento que agita la cebada que alguien cortará para volver a brotar irremediablemente.

Que nadie espere soluciones. Aquí Loach muestra una realidad subjetiva (“somos subjetivos porque somos sujetos” decía Bergamín) donde unos se conforman con la bandera, otros tienden al martirio de la pistola y otros a la mística del escaño.

A veces, recuerda a la crudeza de Paradise now. Otras, evoca a Lucio con sus cojones por fuera. Otras, al olvidado premio Nobel de Literatura Subcomandante Marcos.

La editorial Txalaparta, tan incorrecta siempre, ha publicado la autobiografía de Lucio Urtubia encargado de falsificar la documentación a Albert Boadella para salir de España tal y como cuenta el de Els Joglars en sus Memorias de un bufón. También publicaron la vida de Jaime Jiménez Arbe: Me llaman El Solitario; autobiografía de un expropiador de bancos, que interesa como thriller policiaco.

Otro thriller insólito fue el que propuso Pablo Martín Sánchez con El anarquista que se llamaba como yo. Hace unos años le premiábamos en Gervasia en el concurso de relatos.

Para enterarse bien de lo que es el compromiso basta echar un vistazo a los títulos de la editorial Virus y si alguien quiere saber lo que ha sido una cárcel que se lea el que firmó Xosé Tarrío, preso FIES por más señas.

A mí, con la cebada, se me va la olla.

 

 

 Jonás Sánchez Pedrero. Trilogía 59. Ed. Ediciones del Ambroz, 2021.