documentos de pensamiento radical

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martes, 4 de octubre de 2022

Once mil vírgenes


 

 

Un político de izquierda anticapitalista le reprocha a otro político de izquierda anticapitalista el comprarse una casa por encima de las posibilidades de los que, en general, votan a la izquierda anticapitalista. Un tercer político de izquierda anticapitalista le afea al primer político (a la sazón alcalde de una ciudad muy del sur) la concesión de la medalla de oro de la ciudad a la santa patrona de la misma, por más señas una talla de 1943, año de gloria. El político reprendido (el de la medalla) se defiende alegando la identidad espiritual del pueblo y, por los mismos días, permite que cientos de niños lleguen tarde a clase y que otros cientos de personas lleguen tarde a su lugar de trabajo porque la ciudad (la misma de la medalla) está colapsada por la salida de la correspondiente hermandad camino del Rocío, adonde se dirigen a rendir tributo a la Virgen (una talla de procedencia francesa, de entre los siglos XIII y XIV pero -¡cuidado!- no la misma que ha recibido la medalla).

Utilizo este ejemplo –y muchos otros similares- para explicar a mis alumnos norteamericanos los caminos insondables de la religiosidad popular española. Por más que la teología canónica haya explicado ad nauseam que, pese a sus múltiples advocaciones, la Virgen María es Una, en el territorio cultural mediterráneo nos aferramos a la certeza de que cada Virgen es cada Virgen, y de que no es lo mismo (¡cómo va a ser lo mismo!) la Virgen de mi pueblo que la del tuyo. Es una capacidad para aprehender lo inefable que supera con creces el asunto del misterio de la Santísima Trinidad y que sin duda envidiaría San Juan de la Cruz, tan preocupado en sus glosas por aclarar que, cuando la Amiga imagina al Amigo en una cueva umbría y tibia, lo que en realidad expresa es el anhelo del alma cristiana por alcanzar la unión mística con Dios (aquí falta un emoticono de perplejidad).

Leo Spitzer, sabio y sensible hispanista de origen austriaco, se llevó años intentando entender el arte barroco español; lo conocía, podía describirlo, pero no lo entendía. Viajó entonces, allá por los años treinta del siglo XX, a Madrid y Sevilla. Al contemplar Las Meninas exclamó “¿Dónde está el marco?”, formulando así el teorema básico de la cultura barroca: no hay fronteras entre la realidad y la ficción; al contemplar la semana santa sevillana exclamó “¡La muerte hecha carne!”, formulando el segundo teorema incuestionable de nuestra paradójica concepción del mundo: somos incapaces de conceptualizar ni una sola idea si no está hecha de materia.

Por encima –muy por encima- de nuestra (dudosa) razón ilustrada, los de aquí –indefinido territorio que, como mucho, acaba en Los Pirineos- entendemos el amor sagrado de una manera muy particular. Hace unos años visité con unos colegas antropólogos el pueblo de Santa María la Real de Nieva (Segovia); queríamos grabar el repertorio de canciones que, en la romería de cada año, las cuatro cofradías de la localidad dedican a su patrona, la Virgen de la Soterraña, a quien ofrecen cirios gigantescos y ornamentados. Es espectacular, la verdad, Spitzer se hubiera desmayado de comprensión. Lo cierto es que concertamos una entrevista con la maestra del pueblo para que nos explicara el rito y nos orientara en el trabajo de campo, confiados en que tal autoridad sería la mejor guía. La educadísima y generosísima maestra, efectivamente, nos facilitó todo el trabajo de documentación, pero también procuró férrea y sistemáticamente que no dudáramos del milagro de la Soterraña: quemada por sarracenos (de ahí su rostro ennegrecido), enterrada por cristianos para protegerla de los infieles (de ahí su denominación de “subterránea”) y finalmente aparecida, a finales del siglo XIV, al pastor Pedro Amador Vázquez quien, sin saberlo, contribuía con su visión al jolgorio apostólico de la Reconquista.

Y aquí seguimos, enzarzando en debates políticos a vírgenes diversas, negando que la Virgen María sea solo Una porque, claro, si admitiéramos eso, ¿de cuál de las dos Españas sería patrimonio?

 

 

 

 

 

“El Ayuntamiento de Cádiz concede la Medalla de Oro a la Virgen del Rosario por el ´componente popular´”. elDiario.es, 26 de mayo de 2017. https://www.eldiario.es/andalucia/cadiz/ayuntamiento-cadiz-medalla-virden-rosario_1_3375197.html

 


María Jesús Ruiz. Lo contrario al olvido. (de memoria y patrimonio). Ed. Lamiñarra. 2020

lunes, 3 de octubre de 2022

Un dromedario en Manhattan



 

En una de las muchas jugosas escenas que nos han regalado Diane Keaton y Woody Allen, ella se muestra inquieta por lo extraño de algunos acontecimientos que ocurren en Manhattan; para intentar calmarla, su marido le responde: “Ya sabes, Manhattan es un cajón de sastre” (Manhattan murder mistery, 1993). Es verdad. La primera y última impresión que una tiene en la Isla es que allí hay un sitio para todo el mundo: vengas de donde vengas, seas como seas, pienses lo que pienses y sientas lo que sientas, hay un sitio para ti en Manhattan. Allí llegaron los irlandeses, los italianos, los libaneses, allí encontraron su sitio los judíos supervivientes del nazismo, los exiliados españoles del 39…

Allí, en Manhattan, hay un dromedario. Fue creado en el siglo XI por uno de los pintores que decoraron San Baudelio de Berlanga, una ermita mozárabe pequeña, misteriosa y sensual que toma el sol desde hace diez siglos recostada sobre una ladera verde en la esquina fronteriza de Soria con Guadalajara.

Las luminosas pinturas de San Baudelio estuvieron protegidas durante cientos de años por la hermosa palmera que sirve de fuste y techo a la arquitectura de la ermita. En 1922, León Levi, actuando como intermediario del coleccionista norteamericano Gabriel Dereppe, compró la ermita a la familia propietaria. Como cuenta el profesor Escolano Benito en su conmovedor libro sobre San Baudelio, “el gobierno de la nación tomó cartas en el asunto para evitar el expolio. Un pleito que duró cuatro años y que, tras varias vicisitudes, llegó hasta el mismo Tribunal Supremo, que sentenció al fin en 1925 que los propietarios de aquella iglesia, sin culto desde hacía muchos años, tenían potestad para disponer libremente de las pinturas. Lo demás vino después. Expertos italianos en las técnicas de arrancado y entelado de frescos murales hicieron el delicado trabajo de extracción y preparación de los 23 lienzos que salieron para América en 1926”.

El dromedario –símbolo de la humildad porque se arrodilla para recibir su carga y del alma meditabunda por su condición de rumiante- abandonó la pared de la ermita y fue a dar con sus huesos al Museo de los Claustros de Nueva York, en donde permanece acompañado de otros frescos de San Baudelio: los que representan las escenas de los perros rampantes, la curación del ciego, la resurrección de Lázaro y las tentaciones de Jesús. El expolio, sin embargo, no consiguió dejar en blanco los muros de la iglesia: la impregnación de las pinturas era tan profunda que actualmente se puede apreciar la huella imprecisa de las figuras, la de ese dromedario entre ellas, cuyo autor –a juzgar por las proporciones con que lo retrata- no tomó su modelo del natural, sino de una ilustración de alguno de los Beatos conocidos en la época.

La amarga crónica del expolio cultural en España ni ha terminado ni tiene como principal protagonista a Mr. Marshall. El amigo norteamericano sigue, hoy por hoy, comprando, por ejemplo, archivos y fonotecas cuyos propietarios no encuentran apoyo alguno por parte de la Administración Pública para conservar y proteger ese patrimonio. Sin ir más lejos, hace cinco años la entonces Consejera de Cultura de la Junta de Andalucía, Rosa Aguilar, explicó que el gobierno andaluz “no podía hacer nada” por la salvaguarda de la sevillana Venta de los Gatos, escenario de una de las más emblemáticas leyendas de Bécquer y patrimonio por cuya protección claman miles de sevillanos. Aludía la consejera a la condición de propiedad particular de la casa, exactamente los mismos argumentos esgrimidos por el Tribunal Supremo en 1925 en relación al expolio de San Baudelio.

Igual llegan un día los americanos y se llevan la Venta de los Gatos piedra a piedra, y a cambio nos devuelven el dromedario, como nos devolvieron en 1957 un par de lienzos de San Baudelio (de tema cinegético) a cambio, eso sí, de desmontar piedra a piedra, para llevársela al exilio, la iglesia románica de San Martín de Fuentidueña (Segovia), hoy también en Nueva York.

En el Museo de los Claustros, al norte de Manhattan, a seis mil kilómetros de su sombra y del paisaje que lo vio crearse, hay un dromedario exiliado. No canta, no baila, no se lo pierdan.

 

 

 

 Agustín Escolano Benito: San Baudelio de Berlanga. Guía y complementarios. Soria, Necodisne Ediciones, 2005.

 

The Met Closters Museum: https://www.metmuseum.org/

 

“Rosa Aguilar, sobre la Venta de los gatos de Bécquer”. elDiario.es, 28 de octubre de 2005: https://www.eldiario.es/andalucia/sevilla/cultura-venta-gatos_1_2410967.html



María Jesús Ruiz. Lo contrario al olvido. (de memoria y patrimonio). Ed. Lamiñarra. 2020

domingo, 2 de octubre de 2022

El príncipe durmiente

 


 

Es un cuento tradicional, igual que La Cenicienta, Caperucita Roja, Hansel y Gretel y todos aquellos pescados en el mar de la oralidad por los hermanos Grimm y el resto de la peña romántica, deslumbrada por la milagrosa supervivencia de los relatos folklóricos. Más en concreto, El príncipe durmiente (o El bello durmiente) es un contracuento, algo habitual en el repertorio de las narraciones tradicionales, como bien explica Ernesto Rodríguez Abad. Cuenta la fábula que hoy todos conocemos de La Bella durmiente, pero invirtiendo los roles: aquí es el hombre –sometido a un malvado rey- quien se sume en un sueño larguísimo a la espera de que una mujer decidida y valiente acuda a despertarlo y a regresarlo a la vida y al amor. En España, El príncipe durmiente fue rescatado por Machado y Alvarez a finales del siglo XIX y, ya a finales del XX, volvió Antonio Rodríguez Almodóvar a llamar la atención sobre él incluyéndolo en sus Cuentos de la media lunita. Sin embargo, la fortuna le ha sido adversa, no ha encontrado buena acogida entre el gran público y, sin que casi nadie lo advirtiera, ha caído en el olvido. Quizás sean los tiempos, estos tiempos (¡O tempora, o mores!).

Desde que los estados decimonónicos apreciaran –con total agudeza- en el folklore una herramienta para definir nacionalismos y representar ideologías, los totalitarismos políticos han ido, uno a uno, desangrando la tradición: en cada momento, el Poder seleccionaba aquella porción de la cultura popular que convenía para la cohesión de los grupos humanos bajo las correspondientes consignas y rechazaba, censuraba o sencillamente prohibía explícitamente aquella otra porción que pudiera contribuir a desviar conductas, a reflexionar de modo crítico o a poner en duda las mismas consignas.

Nuestro país ha tenido el mejor ejemplo de esto en la labor depuradora del folklore llevada a cabo por la Sección Femenina (1934-1977) a través de su control de los libros escolares y de la manipulación memoricida de la educación infantil. El Órgano de Falange liderado por la Hermanísima hizo del cancionero tradicional infantil un asunto exclusivamente de niñas, algo para lo que se apoyó rotundamente en el exterminio de la coeducación y que dejó fuera de la canción socializadora –y del goce de la poesía- a todos los varones nacidos, más o menos, a partir de 1930. Tal apartamiento del juego y de la comunicación dio como resultado un país de hombres silenciosos, de ingenio apagado y, sobre todo, de una vergüenza perenne e irremediable ante las emociones. Naturalmente, el repertorio tradicional de cuentos y canciones usado por las niñas sufrió una limpieza a fondo: se procuraron eliminar de la memoria ciertos temas “no apropiados para los limpios labios” de las futuras mujercitas (referentes al incesto, al adulterio o a la homosexualidad, por ejemplo), se alteraron otros desviando sus fábulas desde las insinuaciones pecaminosas que podían contener hacia sentidos más cristianos y ejemplares y, en fin, se enaltecieron otros muchos a los que se creía emblemáticos de lo que una mujer, andando el tiempo, debía llegar a ser.

En tal quehacer se vieron implicados tanto La bella durmiente como su contracuento, El bello durmiente. A ella, por hacendosa, humilde y obediente, se la salvó de la quema quijotesca de cuentos prohibidos y se la hizo heroína solemne del martirologio femenino. A él, por permitirse el mismo derecho al sueño, la fragilidad y la paciencia que el concedido a las mujeres, se le borró de un plumazo de la memoria.

Pero he aquí que, tras el nacionalcatolicismo de la Sección Femenina y tras la muerte del que todavía vergonzosamente algunos “patriotas” veneran, otro ismo vino a empeorar las cosas. El feminismo de las últimas décadas –al menos cierto feminismo- ha seguido desangrando la tradición y ahora, por querer borrar la manipulación y la impostura que, en efecto, se obró en la educación de las niñas a través de La Bella durmiente y su recatada parentela, intenta el olvido de todos los cuentos de hadas. Y es que ese feminismo no sabe –y debería saberlo- que los cuentos de hadas tienen, todos, su contracuento y que en ese repertorio inmenso y centenario se guardan todos los conflictos y todas las soluciones para esos conflictos que la memoria cultural del ser humano ha ido sabiamente amasando.

Así que en lugar de rescatar El príncipe durmiente y empezar a devolver la emoción, el placer del sueño y la virtud de la paciencia a los hombres, ese feminismo opta por eliminar a La bella durmiente y cooperar, de nuevo, en el memoricidio infantil que inauguraron las “flechas” de Pilar Primo de Rivera. Y eso es una tragedia. Porque si contáramos a nuestros niños y niñas el cuento y el contracuento quizás pudieran resolver, en poco tiempo, ese desencuentro que alguien ha dicho que define hoy al amor: los hombres buscan una mujer que ya no existe y las mujeres buscan un hombre que todavía no existe, que tiene que despertar… Quizás lo haría con un beso.

 

 

 

Antonio Rodríguez Almodóvar: Cuentos de la Media Lunita. El bello durmiente. Sevilla, Algaida, 1987.

Ernesto Rodríguez Abad: El príncipe durmiente. Diego Pun Ediciones, 2018.

Cristina Gómez Cuesta: “Entre la flecha y el altar: el adoctrinamiento femenino del franquismo”. Cuadernos de Historia Contemporánea, vol. 31, 2009, pp. 297-317.

 

 

 


 

María Jesús Ruiz. Lo contrario al olvido. (de memoria y patrimonio). Ed. Lamiñarra. 2020

sábado, 1 de octubre de 2022

Matarile

 



 

La dramática nostalgia por Sefarad que los judíos procedentes de allí continúan –tras siglos de desarraigo- sintiendo tiene su manifestación más emblemática en la llave, esa llave que guardan muchas familias sefarditas desde hace más de quinientos años, la llave de la puerta que ya no existe de la casa que ya no existe, pero que sigue abriendo la puerta de la memoria.

 

En la tradición oral la llave, muchas veces, funciona como símbolo de libertad: abre el acceso a otro mundo que los verdugos nos niegan y sintetiza la inteligencia de dar con la cerradura correcta. Igual que las comunidades sefarditas han fundado su derecho a la patria en la llave familiar, así la canción tradicional pone en boca de mujeres el arcaico símbolo de la llave para aventurar su destino. Para cantar el Matarile las niñas se sitúan en dos grupos, frente a frente, y mantienen el siguiente diálogo-canción:

 

 -¿Dónde están las llaves, matarile, rile, rile?,

¿dónde están las llaves, matarile,  rilerón?

-En el fondo del mar, matarile, rile, rile…

-¿Quién irá a buscarlas?

-Irá Merceditas.

-¿Qué oficio le pondremos?

- Le pondremos costurera

-Ese oficio tiene multa.

-Le pondremos peinadora.

-Ese oficio no lo quiero…

 

Los oficios tradicionales asignados por el grupo nunca fueron del gusto de las niñas, que repetían hasta el infinito su negativa a ejercer de costureras, peinadoras, planchadoras o incluso secretarias, dejando siempre el juego sin resolver. En la memoria cultural femenina podría estar la clave de esa llave, a la que una solo se aventuraría a ir buscar hasta el fondo del mar a cambio de poder abrir la puerta a un sitio más digno.

 

En muchos relatos de la tradición oral (cuentos y romances) las que tienen las llaves son las mujeres poderosas o, en el peor de los casos, transgresoras del sistema patriarcal. Así la proverbial adúltera Albaniña, hastiada de un marido ausente y exigente, que recibe al amante maldiciendo al esposo:

 

-Pase, pase, caballero     una nochecita o dos,

mi marido está de caza     en los Montes de León,

para que no vuelva más     le echaré una maldición:

cuervos le saquen los ojos,     águilas el corazón

y los perros con que caza     lo saquen en procesión.

 

Y recibe al esposo ocultando al amante y fingiendo que su “color mudada” se debe a otra razón:

 

-Ni yo tengo calentura     ni yo tengo nuevo amor,

que se perdieron las llaves     de tu lindo comedor.

 

Las mujeres añosas y crueles, envidiosas de la renovación de la vida representada por las jóvenes, tienen asimismo la llave y la usan para encerrar a estas últimas, castigándolas con el hambre y la soledad. Actúa así la reina madre del romance del Conde Niño, para prohibir a su hija adolescente que vaya al encuentro del amor; y así también la protagonista de La mala suegra, que vigila a su joven nuera parturienta “por el ojo de la llave” esperando el momento de malograrle el parto.

 

Como los sefarditas desterrados, las mujeres llevamos siglos viviendo en una diáspora imaginaria que nos aisla a las unas de las otras y nos hace pensar que la llave que guardamos no abre ninguna puerta que dé a la felicidad. Hay en nuestra memoria cultural una honda y fatídica certeza de que la llave solo cierra y de que el encierro es el castigo; cuando nos hacemos poderosas caemos en la tentación de encerrar a las otras y a los otros; y confundimos fatalmente el significado de la llave cuando solo entre rejas nos sentimos amadas: Cárcel de oro.




María Jesús Ruiz. Lo contrario al olvido. (de memoria y patrimonio). Ed. Lamiñarra. 2020

Fotografía de Abel A. Murcia

viernes, 30 de septiembre de 2022

CIUDAD IMPOSIBLE / CIUTAT IMPOSSIBLE un poema del libro Resistir a les palpentes / Resistir a tientas de Tony García del Río


 

CIUDAD IMPOSIBLE

 

Nunca volverás a aquella calle

ni habitarás la ciudad a la que no perteneces, aunque la sientas tan tuya como los dientes. Urbe invisible, calles de neón y hormigón,

ruidos mudos de una ambulancia que rompe la madrugada y hiere tu vínculo con su cartografía,

la de tus sueños y sus temores.

 

Ahora, la habitas de otra manera

a través de mapas, historias y recuerdos, recorres los callejones del barrio viejo,

las grandes avenidas con casas de putos burgueses que almuerzan en el balcón parapetados de tu mirada. Y el túnel que,

lleno de yonquis, jeringas y cucharas sucias de óxido y restos de caballo, lleva a la montaña naranja

donde por la tarde se refleja la luz amortiguada de los vidrios de los nichos calentados por el sol.

 

No hay música,

solo las pisadas sobre el pavimento sin asfaltar,

el ruido del deslizar de la grava con el contacto de un neumático y las bocinas del puerto al fondo.




Allí, en el cerro donde el mar se esconde y juega con tu paciencia,

detrás de la sonrisa borrosa

de ángeles de piedra a los que les falta un trozo de nariz.

 

Todo lo miras detrás de un vidrio, dentro de la muerte

rodeada de una hilera de bombillas eléctricas en forma de vela.

Ni eso es real,

hostiaaaaa

 

En el reflejo, y a contraluz,

puedes ver tu imagen desenfocada flaco, despeinado y vestido de negro,

con la camisa desabrochada y decenas de amuletos en el pecho abierto.

Detrás, con plena claridad observas

farolas encendidas, paseos y grandes avenidas humeantes.

La ciudad que nunca será y tu frágil invisibilidad.



CIUTAT IMPOSSIBLE

Mai no tornaràs a aquell carrer

ni habitaras la ciutat a la què no pertanys, encara que la sentes tan teua com les dents. Urb invisible, carrers de neó i formigó,

sorolls muts d’una ambulància que trenca la matinada i fereix el teu lligam amb la seua cartografia,

la dels teus somnis i els teus temors.

 

Ara, l’habites d’una altra manera

a través de mapes, històries i records, recorres els carrerons del barri antic,

les grans avingudes amb cases de putos burgesos que esmorzen al balcó parapetats de la teua mirada. I el túnel que,

ple de ionquis, xeringues i culleres brutes d’òxid i restes de cavall, porta a la muntanya taronja

on al vespre es reflexa la llum esmorteïda dels vidres dels nínxols calfats pel sol.

No hi ha música,

només les petjades sobre el paviment no asfaltat,

el soroll del lliscar de la grava amb el contacte d’un pneumàtic i les botzines del port al fons.


Allà, al turó on el mar s’amaga i juga amb la teua paciència, darrere del somrís esborronat

d’àngels de pedra als què els hi falta un tros de nas.

 

Tot t’ho mires darrere d’un vidre, dins la mort

envoltada d’una filera de bombetes elèctriques en forma d’espelma.

Ni això és real,

hòstiaaaaa

 

Al reflex, i a contrallum,

pots veure la teua imatge desenfocada prim, descabellat i vestit de negre,

amb la camisa descordada i decenes d’amulets al pit obert.

Al darrere, amb plena claredat observes

fanals encesos, passejos i grans avingudes fumejants.

La ciutat que mai serà

i la teua fràgil invisibilitat



Puedes acceder al poemario online en el link:


https://ojs.uv.es/index.php/kamchatka/article/view/19317/16858


Para quien quiera comprar el libro físico, tiene que ir o ponese en contacto con la librería  LA REPARTIDORA, en Valencia, en el Carrer del Reverend Rafael Tramoyeres, 8, 46020.
 
Fotografía Rodrígo Valero

jueves, 29 de septiembre de 2022

7 poemas de RETRATOS PARISINOS / PORTRAITS PARISIENS

 


RETRATO DE PARÍS (II)

 

 

¿NO os acordais de Sodoma (o de Nínive),

de su nieve semejante a la ceniza blanca?

Si el pecado nos satisface ¿podremos relegarlo a vestigio? Si la ciudad se viste de transparencia: ¿seguirá siendo la ciudad del pecado? Sobre ruinas proscritas se construye el espacio abierto que alcanza la mirada: templos y lupanares, los primeros: ¿verdad, Gail? ¿Podemos olvidar el pasado y sus sombras extendidas por el paisaje ardiente? Sí, pero tú siempre tendrás trabajo rezando el rosario.

  Si el retrato de Paris es el retrato de sus calles, de sus casas y de sus gentes, tiene que ser un retrato nocturno, porque en la oscuridad para nada sirve el esfuerzo de desvanecerse y la luz eléctrica deforma los arboles de Montmartre hasta convertirlos en espuma. Es invierno en Paris y nadie llevará la Ausencia como castigo sino como don. Nos abrazamos con fantasmas más reales que flores fugitivas y la fiebre escribe la crónica de un extravío. Es invierno y la Presencia nos lleva a los pasajes desconocidos de Paris. Ella toma el retrato del silencio, de la soledad donde habitan los miserables sin techo, porque todo techo es falso, humo, orvallo… En el horizonte, la ciudad se enciende contra la maldición / bendición del artista en guerra, en parisant.

 

20-28-Fevr-2022

 

 

EL MURO DE PARÍS

 

NO EL MURO de la vergüenza ni el de las lamentaciones…

París tiene otros muros, como el muro de los federados, en Père Lachaise. ¿Es este muro de ladrillos huecos tan sólido como el mármol? Cada persona construye su muro cuando añade su corazón (y su miedo) a esa torre de Babel que es el lenguaje. Resignado a la (sin)razón, cada parisino sobrelleva su máscara para olvidar el suplicio que le inflige el tiempo, ese futuro de fusibles fundidos que conserva huellas de corales indelebles. No viniste a morir aquí, aunque fueras un suicida en potencia. Amarga es la imagen del poeta que en nombre de todos / de nadie construye su muro, con relojes y maletas amontonadas en una plaza pública mientras los jóvenes escriben medias mentiras en sus grafitis. ¿Qué mejor muro que el que erradica el filo de los dientes que desgarran al ángel de carne? ¿Somos ladrillos del muro o necesitamos controlar el pensamiento para ver que dentro del muro no está la luz sino la confusión? Tú cantas un mundo destrozado por la guerra de nuevo en Europa. ¡Oh madre-materia ¿por qué el muro es tan alto? ¿Hay alguien ahí fuera? Nadie responde. Una multitud se mueve por el periférico con las venas llenas de gasolina. No el muro de Berlín, al muro invisible de la banlieue no se acercan ni los turistas. 

 

 

 

 

 

 

 


 

RETRATO DE J.P. SARTRE

 

CÓMO MOSTRAR la nada a aquel que sufre?

Y además es miope.

Se muestra el vacío en el segundo donde ya no soy más que él. Si él es  elefante, yo soy la zorra que pasa sus pies sobre sus cabellos grasientos. ¿Para qué la filosofía si no sirve para amar? Estoy segura que uno de los pliegues oscuros del tiempo nos acercó para borrar el muro del sexo. Sus gafas de culo de botella ¿le ciegan de savia los ojos o le sirven de máscara al borde quebrado de la amargura, de no importa qué ribera de meandros destrozados?

 

 



PORTRAIT DE J.P. SARTRE

 

COMMENT montrer le néant à celui qui souffre ?

Et qui est également myope.

Le vide se manifeste à la seconde où je ne suis plus que lui. S'il est un éléphant, je suis la renarde qui passe ses pieds sur ses poils gras. À quoi sert la philosophie si elle ne sert pas à aimer ? Je suis sûr que l'un des sombres plis du temps nous a rapprochés pour effacer le mur du sexe. Ses lunettes à monture de bouteille lui aveuglent-elles les yeux de sève ou lui servent-elles de masque sur le bord brisé de l'amertume, de n'importe quelle rive de méandres bouleversés?


 



PORTRAIT DE MME BENABED

 

 

Es muß jetzt der Augenblick sein

für eine gerechte Geburt.

PAUL CELAN

 

¿HAY ALGÚN instante adecuado

 para nacer (o morir), Patricia?

El tiempo vigila desde lo oscuro, el vicio y la virtud. El dolor nos enseña que no hay mayor templo que la carne. ¿Está el templo (del amor) dentro del cuerpo o de la piedra que desecharon los canteros? Nadie ve la luz del templo, aunque alumbre ese tiempo inasible de la felicidad. Casi nadie interpreta bien la sombra (sólida) que le acompaña dentro del cuerpo. Aprender a morir es aprender a soportar el dolor del amor.

***

Y A-T-IL UN bon moment pour naître (ou mourir), Patricia ?

Le temps surveille le vice et la vertu dans l'obscurité. La douleur nous enseigne qu'il n'y a pas de plus grand temple que la chair. Le temple (de l'amour) est-il à l'intérieur du corps ou du granit que les tailleurs de pierre ont jeté ? Personne ne voit la lumière du temple, même si elle éclaire cet insaisissable temps du bonheur. Presque personne n'interprète bien l'ombre (solide) qui l'accompagne à l'intérieur du corps. Apprendre à mourir, c'est apprendre à supporter la douleur de l'amour.






RETRATO DEL SEÑOR PROUST

 

¿DÓNDE están los paraísos perdidos, Señor Proust ?

                                                                 El tiene la pose hierática del enfermo imaginario, la impresión de asistir al nacimiento de un sueño (o de una novela parisina). Lleva el luto blanco de las orquídeas, como el olvido que nunca / siempre vuelve del misterio. Sus ojos son almendras perfectas; los labios, medio ocultos por el bigote, traen el frío oscuro de la noche. El lienzo es lugar que llora su propia ausencia. Entonces él, con una voz apagada, responde: «Los verdaderos paraísos son lugares en la mente».

 

OÙ  sont les paradis perdus, M. Proust ?

                                                                              Il a l’air hiératique d’un faux malade, l’impression d’assister à la naissance d’un rêve (ou d’un roman parisien). Il porte le deuil blanc des orchidées, comme l'oubli qui (ne) revient jamais /toujours du mystère. Ses yeux sont des amandes parfaites ; ses lèvres, à demi dissimulées sous sa moustache, apportent le froid sombre de la nuit. La toile est un lieu qui pleure sa propre absence. Puis, d'une voix éteinte, il répond : ─ « Les vrais paradis sont des lieux dans l’esprit ».

 

 

28-02-2022

9 Ventôse - CCXXX





LA BELLE DAME SANS MERCI

 

 

 

PREGUNTAD a la poeta por esas palabras (in)concretas

donde se esconde el pensamiento (im)posible del dolor.

¿Es como el dolor de la nieve cuando llega el fin del invierno o la desesperación que sufren las sábanas, acostumbradas a la dualidad, cuando se encuentran con solo un cuerpo? ¿Acaso como el perfil de un fármaco[1] que induce la paranoia de la palabra en un laberinto poético? No. El fármaco es flor sin piedad que [no] recela de la belleza.

 

¿Es el mal flor necesaria?

Un instant sans temps ouvre sa gueule

et avale l’espace du dedans

 



[1] Referencia a los fármacos neurolépticos, como por ejemplo, la lamotrigina prescrita para la epilepsia y el trastorno bipolar. Ver formula en la página siguiente.

 

 



Santiago Aguaded Landero. Retratos parisinos / portraits parisiens. 

Si alguien quisiere comprar el libro: acsal2022@protonmail.com