documentos de pensamiento radical

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miércoles, 14 de enero de 2026

9. Camino


 

 

 La vida es un sueño despierto

y la muerte es un regreso al hogar.

Proverbio chino




Aquellos días esperaba

el amanecer brumoso

para salir a caminar

empujado por un ansia

enfermiza y ardiente.

 

En cada paso quería

construir un propósito

que mutara la existencia

marcada por una línea

—un horizonte alcanzado

a mi paso, con la sangre—,

confiando en una señal

del camino que indicase

la dirección propicia.

 

Tuve que caminar días

y noches, semanas y años

hasta percibir una condición

inicial: el vaciamiento.

 

Entonces las caminatas

me llevaban al límite

de los acantilados para pensar

en la facilidad de una caída

contra la espuma alterada,

los golpes contra la piedra,

ser succionado por el mar.

 

Habría de limpiar cuerpo

y mente de la oscuridad,

lo terrible, lo abisal

y tal vez así poder

ocupar la cavidad

con algo innominado,

sustancial e icónico:

un propósito para vivir.

 

Construir un buen propósito

que apenas me ha sostenido

durante un tiempo limitado

que me concedió señal

y espera infundada

sin saber deleitarse

por anhedonia mórbida.

 

He regresado a la casa,

encerrado tras el fulgor

del ruido y de la masa mundana,

he habitado entre paredes

más altas que murallas

—la decepción también

asesinó las caminatas—,

sin esperanza en nadie ni nada,

para vivir mi desasosiego

repasando las múltiples maneras

de acabar con la existencia.



Enrique Arias Beaskoetxea. País de Niebla. Ed. Passer. 2025


lunes, 12 de enero de 2026

1. El Ser





 

 Sin duda hay cosas que no pueden expresarse en palabras.

Se manifiestan solas. Son algo místico.

Ludwig Wittgenstein




La existencia del ser no es un paisaje

a describir, a analizar;

para llegar a su centro

se necesita sustraer

todo aquello que es accesorio,

distrae la atención,

lo que impide, lo que aleja.´


La dimensión del Ser

es el espacio del no-lugar,

el tiempo sin relojes,

el aire detenido,

el flujo remontando

el río a contracorriente

alejándose del mar.


Y la quietud del Ser,

allá donde sea forma

construida por el pensar,

no es sino profundo sentir

del alma descarnada

—con serenidad, sin esfuerzo—,

quedando la síntesis

intocable, inefable

de aquello que se comenzó

a buscar con pasión.


El bosque no es un muro

de protección, sino fondo

de paisaje engañoso

—pues oculta y no enseña—,

el arbusto es estorbo

que ralentiza la marcha,

refrena el pensamiento.


Los senderos no son rutas,

sino bifurcaciones que alejan

al turbado individuo

de su búsqueda capital.


El claro del bosque

está allá donde el viento

acaricia la mano,

donde el silencio inerme

se enfrenta al reflejo

de los árboles distantes.


El claro del bosque

es reconocible solo

por quien ha abandonado

el rastro del cazador,

la exploración del suelo

carente de señales en la tierra.


Solo está al alcance,

para quien desprovisto

de afanes secundarios,

esté dispuesto a mirar

con otros ojos a la luz

y la sombra, y percibir

en su confluencia original

un punto que permanece

sin soporte, desatento

a desvaríos y delirios.



Enrique Arias Beaskoetxea. País de Niebla. Ed. Passer. 2025

Fotografía de María Ruíz-Funes Torres

lunes, 5 de enero de 2026

DONDE EL AMOR, ALLÍ EL MUNDO de JORGE RIECHMANN (fragmento VIII)

 



Hipernormalidad

 

Un concepto al que tendríamos que haber prestado atención desde hace tiempo es el de hipernormalidad. Lo acuñó el antropólogo Alexei Yurchak (nacido en la URSS en 1960, emigrado luego a EEUU) para describir la forma en que las sociedades se enfrentan a la inminencia de un cambio drástico o un colapso, pero continúan funcionando como si nada estuviera mal. Es una especie de “vida fingida” donde la gente mantiene una apariencia normal y continúa con su rutina diaria, a pesar de saber que el sistema está en crisis o que la realidad está a punto de cambiar drásticamente.

 

Yurchak acuñó el término hipernormalidad en su libro de 2005 Todo era para siempre hasta que dejó de serlo (en castellano: Siglo XXI, 2024). El libro se centró en las condiciones políticas, sociales y culturales durante lo que él denomina “socialismo tardío” (el período posterior al estalinismo pero anterior a la perestroika , de mediados de la década de 1950 a mediados de la de 1980), que finalmente condujo al colapso y disolución de la Unión Soviética en 1991.

 

Según Wikipedia, los hermanos y autores de ciencia ficción Arkadi y Boris Strugatski describieron la realidad que Alexei Yurchak posteriormente denominaría hipernormalización en su novela de 1971 Roadside Picnic. Este libro sirvió de inspiración para la película de Andrei Tarkovski de 1979 Stalker (1979).[10] En 2016, el cineasta británico Adam Curtis lanzó su documental HyperNormalisation, llevando el concepto a un público más amplio.[11]

 

En el contexto de la Unión Soviética antes de su derrumbe, Yurchak observó que, aunque la gente sabía que el sistema era insostenible, continuaban con sus vidas como si fueran eternas, perpetuando una “normalidad” que ya no se correspondía con la realidad. Esta “hipernormalidad” se manifiesta en la persistencia de rituales, costumbres y formas de representación que se mantienen a pesar de la evidencia de su inadecuación. Otra paradoja destacada por Yurchak: “Si bien la caída del sistema era inimaginable antes de que comenzara, no sorprendió a nadie cuando sucedió”.[12]

 

El concepto, surgido del análisis de la vida soviética, ¿no tiene incluso más pertinencia aplicado al capitalismo actual? Así lo desarrollan Iván de la Nuez (“la hipernormalización —un concepto fértil donde los haya— nos sirve para entender las crisis respectivas del comunismo, del capitalismo y de lo que hoy se ha dado en llamar mundo postdemocrático”)[13] o Gil-Manuel Hernàndez i Martí:

Como sucedió en la Unión Soviética, el sistema ‘no sabe’ o no quiere saber de su desplome, que es bien real y se manifiesta en múltiples evidencias. De ahí tanto negacionismo promovido por el poder. El sistema en crisis terminal no se quiere conocer a sí mismo, pues se ha basado en la fe en su eternidad, en estar hecho para siempre (…). El porvenir del capitalismo era radiante y también se nos anunció que era para siempre, pero cada día que pasa se atisba más su hundimiento, su finitud, es decir, su colapso.[14]

 

Vidas dañadas que se obstinan en prolongar una vida fingida… hasta que el colapso impide seguir con la función.

 

 

Sobre clivajes, decrecimientos y crímenes

 

Politólogos y politólogas emplean un concepto básico en su disciplina, cleavage (a menudo españolizado como clivaje, sobre todo en América latina), que sirve para ordenar el campo de la política. Tenemos para empezar (desde los tiempos de la Revolución francesa en nuestra pequeña Europa) una divisoria izquierda-derecha y después se nos añaden otras: patriarcal-antipatriarcal o ecologista-productivista, y se va organizando un campo político más complejo.

 

Creo que decrecimiento es como una nueva divisoria básica, que tiene que ver algo con la divisoria ecologismo-productivismo, pero no es exactamente lo mismo: porque si hay algo que marca buena parte de los fenómenos sociales y ecológicos a que asistimos es la extralimitación (en inglés overshoot).[15] Es el fenómeno básico y más importante al que deberíamos prestar la mayor atención, aunque apenas lo vemos.

 

Lo más importante de lo ocurrido en los últimos decenios ha sido esa extralimitación ecológica: el chocar de las sociedades industriales contra los límites biofísicos de la Tierra y seguir empujando. Estamos lejos de tener ni siquiera mínimos de racionalidad social, porque nos fijamos en mil cosas antes que en eso: como sociedad, concedemos mil veces más importancia a las frivolidades anuales en torno al festival de Eurovisión que a la posible interrupción de la corriente termohalina del Océano Atlántico.[16] Y así la cuestión decrecimiento-crecentismo se convierte en una divisoria política fundamental: éste es mi punto de partida desde hace tiempo.

 

Podríamos partir de lo que decía Emilio Santiago Muiño hace algunos años de forma muy lapidaria, antes de su giro hacia el “pragmatismo verde”: “o nos empobrecemos o matamos”. Ésa es una disyuntiva veraz: o nos empobrecemos (luego cabe precisar en qué sentido) o nos convertimos en asesinos (en realidad: más asesinos todavía de lo que somos ya ahora), sabiendo que después de todos modos moriremos matando.

 

“Empobrecerse”, en términos ecológicos, no significa vidas peores o vidas humanas indeseables, pero sí quiere decir hacer menos cosas, emplear mucha menos energía y muchos menos materiales, vivir de otra manera. Lo cual, desde el conjunto de valores que ahora prevalece, se ve como mero empobrecimiento: una vida cuantitativamente menos próspera (aunque pueda ser cualitativamente más rica).[17] De hecho, si lo pensamos un poco, una parte importante de los debates en ecología política y en el antiecologismo de los últimos años lo que hacen es situarse en esa línea divisoria política decrecimiento-crecentismo, y ahí tenemos a una ultraderecha antiecologista gritando de manera cada vez más estridente: “queréis empobrecernos”. Y frente a ella tenemos a los sectores (minúsculos en términos sociales) con una visión algo más ajustada de dónde estamos, y que por eso defendemos el decrecimiento. Nosotros les decimos: “queréis que nos convirtamos aún más en asesinos de lo que ya somos” (para acabar colapsando de todas maneras).

 

En resumen, el decrecimiento no es una cuestión más que podamos situar en el mismo plano que reciclar bien o eliminar los plásticos desechables. La cosa va de vida o muerte, de asesinar y ser asesinados. Decrecimiento o crimen, podríamos decir: ecocidio, genocidio, antropocidio.

 

 

Sin cambio sistémico estamos perdidos

 

“El uso adecuado de la ciencia no es dominar la naturaleza, sino vivir en ella” sentenció Barry Commoner en 1970, en su famosa alocución televisada por la CBS el 22 de abril, el primer Día de la Tierra. Ah, si pudiéramos superar el narcisismo de especie, la pulsión de dominio y el automatismo de la acumulación de capital...

 

Estamos llamando “transición ecológica” a algo que no es una transición ecológica. Estamos llamando “lucha contra el cambio climático” a algo que no lo es. Nuestra respuesta a los mayores peligros a que se ha enfrentado nunca la especie humana es desplegar una gigantesca ideología del “como si”: hagamos como si estuviésemos respondiendo de verdad… Palabras como greenwashing o “ecopostureo” se quedan cortas a la hora de captar esa realidad.

 

Estamos en un proceso de progresivo colapso ecosocial, beyond the limits: chocando con fuerza contra los límites biofísicos de la Tierra, y desbordándolos. La respuesta adecuada —si hubiera un mínimo de racionalidad ecosocial— sería un decrecimiento justo, más allá del capitalismo. Como las fuerzas que defendemos esto estamos en minoría (en minúscula minoría), el camino que se va siguiendo es muy diferente: auge de la ultraderecha (con su proyecto de violencia y exclusión), militarización de la sociedad, degradación democrática, guerras por los recursos… Eliane Brum pide “hoy, ya ahora, una respuesta a la altura de una especie en peligro de extinción”, nuestra especie:

Los mensajes de esperanza, en la época actual, se limitan a ser ficción de mala calidad. Entramos en una época de total incertidumbre sobre cómo se comportará el sistema planetario ante la destrucción sistemática de la naturaleza, que, increíblemente, continúa. Tiempos como estos exigen que los adultos se comporten como adultos, algo que afirmo con poca o casi ninguna esperanza, ya que, como periodista, lidio con la realidad, que es la de generaciones de adultos frágiles, moldeados por el consumismo, que se derrumban ante cualquier crítica o adversidad y que prefieren el escapismo a afrontar las dificultades.[18]

 

José Antonio Marina diagnostica una especie de impotencia confortable: “No hay esperanza en el futuro… pero bueno, ya me arreglo bien los fines de semana”.[19] Sin embargo, se diría que hay cada vez más impotencia y cada vez menos comodidad. Yo mismo hablo, desde hace muchos años y pensando en el Norte global, de confort dentro del crimen: pero va aumentando la proporción de crimen y menguando la de confort, incluso en los centros privilegiados del sistema…

 

Qué extravío caracterizar la ecología como una especie de bien de lujo –cuando nos ilustra sobre los aspectos más básicos de lo que somos y podemos ser… Llamamos al agua o al suelo “recurso natural”, pero son vivos medios vitales. Llamamos al petróleo “recurso natural”, pero es un regalo fósil recibido del pasado. Llamamos a las criaturas “recursos naturales”, pero son vida que vive. No somos los amos de una hacienda esclavista; somos los huéspedes de la casa común. Y se trata de ser buenos huéspedes…

 

Se fantasea con un capitalismo que no sea capitalismo, y a eso lo llaman capitalismo verde y economía circular.[20] Hemos hablado de decrecimiento con justicia: ello exige (ojalá las cosas fuesen más fáciles) superar el capitalismo… Ay, compañeros y compañeras: sin cambio sistémico estamos perdidos.

 


Jorge Riechmann. Donde el amor, allí el mundo. Ed. El Desvelo, 2025

Ilustración: Collage de Ana Deacracia


[12] Alexei Yurchak, Todo era para siempre hasta que dejó de serlo, Siglo XXI, 2024, p. 20.

[13] Iván de la Nuez, “Hipernormalización”, Palabra Pública, 10 de octubre de 2024; https://palabrapublica.uchile.cl/hipernormalizacion/

[14] Gil-Manuel Hernàndez i Martí, “La hipernormalización ante el colapso”, manuscrito que será pronto publicado en la revista 15-15-15; comunicación personal, 15 de mayo de 2025. El autor explica que, “como sintetiza Miguel Cane (2025), el concepto de hipernormalización posee una relevancia en la sociedad contemporánea tan acusada que parece haber sido inventado ayer. Para este autor «el concepto describe un fenómeno en el que la realidad se vuelve tan compleja, caótica y absurda que las personas, incapaces de comprenderla o cambiarla, optan por aceptar una versión ficticia y simplificada de la misma. Es una especie de pacto colectivo: todos sabemos que el sistema está podrido, pero fingimos que no es así para poder seguir adelante. Yurchak lo llamó ‘hipernormalización’ porque, en lugar de normalizar, llevamos la ficción a un nivel hiperbólico, donde la mentira se convierte en la norma (…) La hipernormalización no es solo un concepto académico; es una realidad cotidiana, un mecanismo de supervivencia en un mundo que parece decidido a implosionar.»

Por eso sostenemos que ese mismo mecanismo psicosocial de hipernormalización se ha redefinido a escala global en el presente. Hoy, en medio de un colapso civilizatorio multidimensional —climático, energético, económico, institucional, cultural—, el mundo contemporáneo vive en una hipernormalización a escala planetaria. A diario se multiplican los signos del fin de una era, pero se sigue operando bajo las coordenadas del crecimiento infinito, el progreso, la innovación salvadora y la restauración imposible de una ‘normalidad’ que ya operaba mediante una lógica de crisis recurrentes antes del derrumbe final. Vivimos en un mundo donde todo parece continuar, aunque todo esté desmoronándose.

La hipernormalización es una paradoja: al imponer la ficción de que el sistema es estable, los poderes dominantes que viven de él no lo salvan, sino que agravan su colapso. Ignorar las señales de crisis —económicas, ecológicas, psíquicas, sociales— no detiene el deterioro; lo acelera de forma corrosiva y descontrolada. Así, al tratar de preservar la ‘normalidad’, lo que realmente se consigue es intensificar el colapso civilizatorio. A mayor hipernormalización más se reproducen las disrupciones en las estructuras del sistema. Dicho de otro modo, la hipernormalización intensifica el colapso y aumenta las probabilidades de que sea caótico y catastrófico. Ésta es la paradoja que urge explorar si queremos recuperar alguna forma de lucidez colectiva.”

La referencia que aporta Hernàndez i Martí es: Miguel Cane, “Hipernormalización: El arte de mirar hacia otro lado mientras el mundo arde”, Purgante. Revista de Cultura y Artes, 2025; https://revistapurgante.com/hipernormalizacion-el-arte-de-mirar-hacia-otro-lado-mientras-el-mundo-arde/

[15] Véase, sobre la extralimitación ecológica, Katherine Richardson, Will Steffen y otras: “Earth beyond six of nine planetary boundaries”, Science Advances, 13 de septiembre de 2023; https://www.science.org/doi/10.1126/sciadv.adh2458

[16] Un asunto que podría ser bastante apocalíptico para Europa. Véase Jonathan Watts, “Atlantic Ocean circulation nearing ‘devastating’ tipping point, study finds”, The Guardian, 9 de febrero de 2024; https://www.theguardian.com/environment/2024/feb/09/atlantic-ocean-circulation-nearing-devastating-tipping-point-study-finds . Así como https://insideclimatenews.org/news/09022024/climate-impacts-from-collapse-of-atlantic-meridional-overturning-current-could-be-worse-than-expected/ . El artículo científico aquí: René M. van Westen y otros, “Physics-based early warning signal shows that AMOC is on tipping course”, Science Advances, 9 de febrero de 2024; https://www.science.org/doi/10.1126/sciadv.adk1189

[17] Estas ideas decrecentistas no son nuevas, sino algo muy básico que llevan diciendo los movimientos ecologistas más consecuentes desde hace más de medio siglo. Significan cambio de modelo de producción, de formas de consumo, de formas de ocupación del territorio, de modos de vida. Creo que es útil la noción de modo de vida imperial, que emplean Alberto Acosta, Ulrich Brand y otros analistas e investigadoras. Estamos viviendo (sin conciencia de ello en la mayoría de los casos) modos de vida imperiales. Eso, políticamente, nos complica mucho la vida en el Norte global: incluso las personas pobres aquí tienen buena parte de su vida organizada en la extralimitación, no porque ellos y ellas lo quieran, sino porque en estos lugares todo el mundo participa en un montón de infraestructuras y dinámicas insostenibles donde no podemos no estar.

[18] Eliane Brum, “¿El año en que se aceptará el fracaso?”, El País, 3 de enero de 2021. La gran ensayista y periodista brasileña señala también: “Para los científicos del clima, 2023 ha demostrado qué ocurre cuando los gobiernos se someten a los intereses de las grandes corporaciones y sus accionistas multimillonarios y supermillonarios y no hacen lo que deberían para controlar el calentamiento global causado por los combustibles fósiles, la deforestación y la crianza de ganado bovino a niveles industriales. Ha sido el más caluroso de los últimos 125.000 años y ha provocado una escala de fenómenos extremos, con muertes y destrucción sin precedentes, en todos los puntos del planeta. El problema es que no ha sido una mera anomalía, sino tanto el resultado de la persistente acción de destrucción de la naturaleza, a pesar de todas las advertencias de las últimas décadas, como el resultado de la inacción de los gobiernos, que continuará, como se evidenció en la vergonzosa cumbre del clima celebrada en el petroemirato de Dubái. Y la inacción, en este caso, es acción. Lo que 2023 ha dejado claro es que ya no estamos en la fase en que, tomando un conjunto de medidas (que sabemos exactamente cuáles son desde hace décadas), será posible controlar el calentamiento global a niveles compatibles con la calidad de vida humana. Entramos en territorio desconocido.”

[19] Borja Hermoso: “Genovart y Marina: cara a cara sobre el miedo y la duda” (diálogo), El País Semanal, 17 de diciembre de 2023.

[20] A cultivar maíz de regadío (en zonas mediterráneas donde no sobra agua, sino que más bien falta) para fabricar piensos que alimentarán al ganado porcino de las macrogranjas lo llaman las autoridades aragonesas “economía circular”. En una región donde en 2023 hay ocho cerdos por cada ser humano: casi diez millones de animales en las condiciones infernales de las macrogranjas porcinas.

domingo, 4 de enero de 2026

DONDE EL AMOR, ALLÍ EL MUNDO de JORGE RIECHMANN (fragmento VIII)

 


Racionalidad colectiva

 

Parecemos incapaces de desarrollar una mínima racionalidad colectiva que nos permita conectar las causas sistémicas de los desastres que experimentamos con las consecuencias ecológicas que se nos muestran a diario desde la ciencia. En este aspecto se diría que nuestras sociedades no han avanzado, sino más bien retrocedido. Pensemos en dos fenómenos recientes muy llamativos que nos permitirían establecer esta conexión: el aceite de oliva en el conjunto de España y el agua en Barcelona. Han bastado dos años de caída a la mitad de la producción del olivar para ver multiplicado el precio del aceite, convirtiéndolo casi en un producto de lujo (para el de mejor calidad, ¡veinte euros el litro en 2023!). Y luego, en Barcelona, la espada de Damocles de las restricciones de agua que ha reactivado el debate alrededor de la posibilidad de traerla en barcos o de reforzar las infraestructuras de desalinización y de regeneración de aguas residuales. “Regeneración” significa una depuración reforzada, de manera que lo que sale de las cloacas pueda volver a entrar al abastecimiento de la ciudad: beber orina purificada. Todo esto parece lo suficientemente llamativo para hacer pensar que algo muy básico no funciona.

 

Pero ante esas alarmas que aparecen en forma de inflación, precios elevados, restricciones e imposibilidad de acceder a bienes básicos para parte de la población,[1] se siguen ofreciendo como soluciones intentos tecnológicos o meramente logísticos de hacer recular, de nuevo, unos límites ecológicos cada vez más inevitables. Son formas de huida hacia delante. Parece que no hay manera de “conectar los puntos” (como dicen los anglosajones), de dar dos o tres pasos de razonamiento que unan el precio del aceite con el calentamiento global y la crisis ecológica.

 

Ya evoqué antes el manifiesto firmado por cientos de científicos en la antesala de la COP28 de Dubai, quienes dicen que tiempo atrás estábamos preocupados, que luego nos alarmamos y que ahora estamos aterrorizados. Este tránsito a un terror racional parece que colectivamente somos incapaces de llevarlo a cabo (con el fin de tomar las decisiones sistémicas adecuadas a la envergadura del problema). Pero si, en lugar de un par de malas cosechas de aceite de oliva, hablamos de dos temporadas malas de trigo y arroz, veremos hambrunas y muerte para una gran parte de la humanidad. Las “revueltas del pan” que ya hemos conocido (y que, como sabemos, han sido históricamente detonantes de muchos procesos revolucionarios) parecerán poca cosa frente a lo que vemos dibujarse en nuestro horizonte.

 

 

Se sigue pensando en soluciones de lujo, cuando necesitamos salidas de emergencia

 

En una entrevista para Alba Sud, se me preguntaba por el fuerte debate que se ha producido dentro del movimiento ecologista entre aquellos sectores conservacionistas que ponen en el centro el paisaje y su preservación y aquellos que defienden que no hay nada más urgente la transición a las energías renovables. En Cataluña este debate se ha centrado sobre todo alrededor de los parques eólicos y solares, especialmente el proyecto del parque eólico “Tramuntana” en el Golf de Roses, pero debates análogos se están dando en todas partes. En Galicia, por ejemplo, Ecologistas en Acción se ha partido en dos.[2]

 

Los movimientos en defensa del territorio chocan a veces contra los partidarios de una transición energética ya mismo, a toda velocidad, sin aspavientos ni cortapisas, a lo grande, como sea. No es nuevo en la historia del movimiento ecologista, donde a veces se han dado posiciones NIMBY (Not in My Backyard, “que no me lo pongan cerca a mí”)[3] ante instalaciones problemáticas, como un vertedero o una incineradora. Eran reacciones iniciales ante lo que se percibía (casi siempre correctamente) como una agresión al territorio y a las vidas de sus habitantes, donde estaban implicadas cuestiones serias de justicia ambiental. Por otra parte, cuando los colectivos se informaban y eran capaces de ampliar su perspectiva, el movimiento solía madurar y era capaz de generar propuestas en positivo, con perspectiva general de bien común.

 

Creo que en el debate actual en torno a las macroinstalaciones de aerogeneradores y “huertos solares” fotovoltaicos han aparecido tres posiciones bastante definidas: por un parte, lo que llamo ambientalismo de lujo frente a un ambientalismo de emergencia. Este ambientalismo de lujo obvia los fenómenos de escasez y la brevedad de los plazos para actuar, y se moviliza por la protección del paisaje y los valores naturales (cuestión sin duda importante); pero ignora en muchos casos otros factores como el agua, la energía o la dramática pregunta sobre qué vamos a comer mañana. Del lado del ambientalismo de emergencia, tenemos compañeros y compañeras que entienden la urgencia como estrictamente climática y que ven en el impulso de las energías renovables el factor decisivo que nos va a sacar de la zona de peligro en la que estamos[4] (diría que se equivocan en eso, salvo si ponen una reducción drástica del uso de energía en el Norte global como primer paso de una verdadera transición energética).[5] No obstante, a menudo ni unos ni otros abordan en serio los cambios sistémicos que habría que llevar a cabo: suelen permanecer en el marco del “capitalismo verde”.

 

Finalmente estaría (estaríamos) un tercer sector minoritario que es bien consciente de la emergencia que vivimos y no minusvalora lo trágico de nuestra situación, pero considera que las soluciones han de desarrollarse dentro de un paradigma alternativo, claramente poscapitalista y decrecentista, y que, por tanto, han de darse transformaciones profundas en la sociedad.[6] A esto podemos llamarlo un ecologismo de emergencia consecuente. Como he defendido en otros lugares, una reducción del nivel de vida material (correlacionado en última instancia con el consumo de energía y materiales, o con la huella ecológica) es compatible con una alta calidad de vida para la gente, pero sólo si somos capaces de cambios radicales en las estructuras productivas, las formas de propiedad, las relaciones de dominación, las concepciones de vida buena…[7] En definitiva, un cambio sistémico que nos llevase más allá del capitalismo. Menos turistas y más labriegos, podríamos decir a modo de consigna, pero enseguida nos preguntarán: en las sociedades del Norte global, ¿quién quiere eso?[8]

 

“Crear horizontes de deseo” (esa consigna-fetiche que oímos tantas veces en los círculos de nuestras desorientadas izquierdas) está muy bien. Horizontes de deseo que no se materialicen en sufrimiento y daño a otros ya va resultando más complicado…[9]

 

Jorge Riechmann. Donde el amor, allí el mundo. Ed. El Desvelo, 2025

Collage de Ana Deacracia




[1] Philip Alston, Relator Especial de la ONU sobre la extrema pobreza y los derechos humanos, visitó España del 27 de enero al 7 de febrero de 2020, y encontró “niveles aterradores de pobreza y exclusión, políticas gubernamentales que no llegan a las personas que necesitan apoyo y niveles escandalosamente altos de desigualdad” (https://www.plataformatercersector.es/es/noticias/philip-alston-el-covid-19-ha-puesto-en-evidencia-grandes-defectos-en-las-politicas-publicas#:~:text=la%20ON...-,Philip%20Alston%2C%20Relator%20Especial%20de%20la%20ONU%20sobre%20la%20extrema,combatir%20la%20pobreza%20en%20Espa%C3%B1a ). Yayo Herrero recuerda que un 35% de la población de nuestro país padece pobreza severa, y un 15% pobreza extrema (comunicación personal, 21 de octubre de 2024). Además, aumenta el número de los working poor, personas que a pesar de tener empleo viven en la pobreza: en 2022, casi una de cada tres personas (el 29%) en riesgo de pobreza en España tenían trabajo, pero de tan baja calidad que resultaba insuficiente para salir de las penurias.

[2] “Ecologistas en Acción Zamora rompe con la Confederación”, eldiario.es, 7 de diciembre de 2023; https://www.eldiario.es/castilla-y-leon/sociedad/ecologistas-accion-zamora-galicia-rompen-confederacion_1_10750953.html

[3] “Como elemento fundamental de la externalización dominaba una actitud de not in my backyard, es decir, que las consecuencias negativas no se percibieran en el propio patio. Not in my backyard: tal podría considerarse la actitud generalizada del modo de vida imperial. A partir de los años 1960 se sumaba el traslado de muchas ‘industrias sucias’ o industrias con un alto grado de intensidad laboral [desde los países occidentales] a países del Sur global”. Ulrich Brand y Markus Wissen, Modo de vida imperial, op. cit., p. 124.

[4] Véase por ejemplo Carlos Arribas, Daniel López Marijuán y Rafael Yus: “Energías renovables sí, pero no así. Entonces, ¿cómo?”, El Salto, 11 de octubre de 2024; https://www.elsaltodiario.com/opinion/energias-renovables-no-asi

[5] Importante al respecto el trabajo de Jean-Baptiste Fressoz, entre otros. Véase por ejemplo “La transición energética no ha comenzado” - El Laboratorio del Decrecmiento dialoga con Jean-Baptiste Fressoz, primavera de 2024; https://youtu.be/4AKuZK_4Hak?si=skdnNjXzPAEEIggk . Véase también https://www.sinpermiso.info/textos/el-mito-de-la-transicion-energetica-entrevista-a-jean-baptiste-fressoz . Y sobre todo su libro Sin transición. Una nueva historia de la energía, Arpa, Barcelona 2025.

[6] Véase Jorge Riechmann, “Sobre las propuestas energéticas de la Comisión Europea, la necesidad de decrecimiento y los planes A, B y C”, eldiario.es, 24 de julio de 2021; https://www.eldiario.es/ultima-llamada/propuestas-energeticas-comision-europea-necesidad-decrecimiento-planes-b-c_132_8149096.html

[7] Véase Jorge Riechmann, “Transiciones ecosociales, colapso, decrecimiento: ya no tendremos tiempo de equivocarnos dos veces”, Sistema 269-270, enero de 2024. Esta tercera posición sería la de un ecosocialismo-ecofeminismo decrecentista, lo que yo he llamado en otros textos un ecosocialismo descalzo.

[8] Bueno, con respecto a lo primero se va avanzando en nuestro país, en la primavera y verano de 2024, con manifestaciones bastante masivas contra el turismo masivo en las Islas Canarias, Mallorca, Barcelona, Málaga, Valencia y otros lugares. Lo segundo llegará también. Véase Sandra Vicente, “Miles de personas protestan en Barcelona y Girona contra el turismo de masas: Sus cruceros nos suben el alquiler”, eldiario.es, 6 de julio de 2024; https://www.eldiario.es/catalunya/miles-personas-protestan-barcelona-girona-turismo-masas-cruceros-suben-alquiler_1_11502773.html?s=09

[9] Véase al respecto Jorge Riechmann, “Sobre energía, transiciones ecosociales y modos de vida”, revista Nuestra Bandera 262, (monográfico Reflexiones críticas en torno a la transición energética), primer trimestre de 2024. Para toda esta reflexión resulta clave la noción de modo de vida imperial que han desarrollado Brand y Wissen.




sábado, 3 de enero de 2026

DONDE EL AMOR, ALLÍ EL MUNDO de JORGE RIECHMANN (fragmento VII)

 


Colapso en tiempo real

 

El sexto informe de evaluación del IPCC define los tipping points (puntos de inflexión o, más bien, puntos de vuelco) como umbrales críticos más allá de los cuales un sistema se reorganiza en busca de estabilidad, a menudo de forma abrupta y/o irreversible. El informe Global Tipping Points 2023 concluyó, tras analizar 26 de estos puntos climáticos críticos, que la subida de las temperaturas en las últimas décadas hace que estamos a punto de cruzar cinco de esos umbrales: el colapso de las capas de hielo de Groenlandia y de la Antártida occidental, la desaparición de los arrecifes de coral de aguas cálidas, la ralentización de las corrientes del Atlántico Norte y el deshielo del permafrost.[1] Los bosques boreales, los manglares y las praderas marinas son otros tres sistemas ecológicos que podrían correr el riesgo de colapsar dentro de poco (en la década de 2030), ya que el calentamiento global va camino de superar los 1’5 °C y luego los 2ºC (por encima de las temperaturas preindustriales).[2]

 

“Estamos viviendo el colapso climático en tiempo real”, denuncia Antonio Guterres, secretario general de NN.UU.[3] Podría de hecho ampliar su aserto: como nos dicen los y las científicas del IPBES, estamos viviendo el colapso de la biodiversidad y las poblaciones de seres vivos en tiempo real… Las poblaciones de vertebrados del mundo han disminuido un 73% (casi tres cuartas partes) en sólo medio siglo, en el período 1970-2020: es el dato estremecedor que aporta el informe Planeta vivo 2024.[4] En suma, estamos viviendo el colapso ecológico en tiempo real (por más que los desinformadores sostengan lo contrario).

 

Pero no se trata sólo de colapso ecológico, como si éste pudiese ocurrir sin afectar a nuestras estructuras sociales (ay, por todas las rendijas se desliza nuestra creencia irracional en el exencionalismo humano). Estamos en un tiempo de rupturas y discontinuidades, deslizándonos rápidamente hacia un colapso ecosocial.[5]

Se comienzan a percibir con intensidad las consecuencias de vivir bajo un orden económico, político y cultural que pone en riesgo la propia vida humana y la de muchos otros seres vivos. Caos climático, escasez ligada al uso irracional de bienes finitos, dificultad en el acceso al agua, rápido deterioro de los suelos vivos, pérdida de biodiversidad… Al ser la especie humana absolutamente dependiente de los bienes y ciclos naturales, obviamente, esta crisis es también social. Asistimos a una creciente vulneración de la protección social –que afecta asimétricamente en función de la clase, la edad, el género, la procedencia, el color de la piel, la diversidad funcional o la especie–, a la degradación de la democracia, al recorte de derechos sociales y económicos adquiridos con mucho esfuerzo, a guerras, a migraciones forzosas –internas e internacionales–, al extractivismo, a la expulsión de personas de sus barrios y territorios por diferentes causas y a la aparición de nuevas formas de explotación. La crispación, el cansancio, la enfermedad física y mental, la desconfianza, la sensación de abandono e impotencia y la tristeza se extienden entre parte de la población. Esta situación está erosionando los valores que apuntalan los Derechos Humanos y la cultura de paz. Vivimos una quiebra de la razón humanitaria y la eclosión de movimientos y políticas que defienden explícitamente salidas autoritarias, misóginas, racistas y violentas a los problemas, que alientan e impulsan ataques directos a la democracia.[6]

 

Quizá Roger Hallam tiene razón cuando sostiene que la situación es objetivamente prerrevolucionaria:

Los regímenes neoliberales van a colapsar con miles de millones de refugiados y escasez masiva de alimentos. Estas son condiciones objetivas que desencadenan una revolución (…). Del mismo modo que era obvio que Rusia iba a perder contra el ejército alemán [en la Primera Guerra Mundial que antecedió a la Revolución de Octubre] y que el Estado francés se iba a quedar sin dinero [antes de la Revolución Francesa], también con +2ºC es obvio que los regímenes políticos occidentales van a colapsar. El hecho de que esto no se vea como algo obvio se debe al poder de la ideología sobre los hechos.[7]

 

“Primero, estábamos preocupados. Después nos alarmamos. Ahora estamos aterrorizados. Los líderes mundiales conocen los peligros de la crisis climática desde hace décadas, pero no están actuando en consecuencia”, denuncian los y las investigadoras.[8]

 


Jorge Riechmann. Donde el amor, allí el mundo. Ed. El Desvelo, 2025




[1] Juan F. Samaniego, “La Tierra está a punto de cruzar cinco umbrales críticos”, Climática/ La Marea, 6 de diciembre de 2023; https://www.climatica.lamarea.com/tierra-cinco-umbrales-criticos/ . Véase la presentación de este informe, elaborado desde la Universidad de Exeter, en https://unfccc.int/event/university-of-exeter-global-tipping-points-report-2023

“El cambio climático actual y la pérdida de naturaleza podrían provocar cambios fundamentales en elementos clave del sistema terrestre, con repercusiones de gran alcance para miles de millones de personas en todo el mundo”, afirma uno de los autores principales del informe, Jonathan Donges. “Estos efectos incluyen la aceleración del aumento del nivel del mar, el cambio de los patrones climáticos y la reducción de los rendimientos agrícolas, con el potencial de desencadenar puntos de inflexión sociales negativos que conduzcan a conflictos violentos o al colapso de las instituciones políticas. Los puntos de inflexión no son entidades separadas, sino que están estrechamente relacionados: el desencadenamiento de un punto de inflexión en el sistema terrestre o en las sociedades humanas podría a su vez desestabilizar otro sistema de inflexión, haciendo posibles las cascadas de inflexión”. Nota de prensa del PIK (Potsdam Institute for Climate Impact Research): “500+ pages, 200+ researchers: Global Tipping Points Report delivers comprehensive assessment of tipping point risks and societal opportunities”, 6 de diciembre de 2023; https://www.pik-potsdam.de/en/news/latest-news/500-pages-200-researchers-global-tipping-points-report-delivers-comprehensive-assessment-of-tipping-point-risks-and-societal-opportunities

[2] En mayo de 2024, James Hansen –a quien llamo a veces, en broma, el Climatólogo en Jefe del planeta Tierra– observó: a efectos prácticos, estamos sobrepasando justo ahora el límite de +1’5ºC (sobre las temperaturas preindustriales), el límite “de seguridad” que establecía el acuerdo climático de París (en 2015). Tuiteó el científico: “La temperatura global ahora está cerca de su punto máximo debido a la disminución de aerosoles junto con El Niño. ¿Hasta dónde caerá en la próxima La Niña? Si el promedio de El Niño/La Niña es ~1’5°C, dado el desequilibrio energético de la Tierra, ahora estamos superando el nivel de +1’5°C, a efectos prácticos”. https://x.com/DrJamesEHansen/status/1791098653622571341

[3] Lo dijo en un mensaje difundido al tiempo que se presentaba el informa (provisional) sobre el estado del clima 2023 elaborado por la Organización Meteorológica Mundial (OMM), según el cual el ritmo del cambio climático aumentó de forma alarmante entre 2011 y 2020, siendo la década más cálida desde que hay registros. Según este nuevo informe de la OMM, el continuo aumento de las concentraciones de gases de efecto invernadero dio lugar a temperaturas terrestres y oceánicas sin precedentes y potenció una aceleración drástica de la fusión de los hielos y el aumento de nivel del mar. Véase el comunicado de prensa “El ritmo e impacto del cambio climático aumentaron drásticamente en 2011-2020”, 5 de diciembre de 2023; https://wmo.int/es/news/media-centre/el-ritmo-e-impacto-del-cambio-climatico-aumentaron-drasticamente-en-2011-2020 . Véase también Manuel Planelles, “2023, otro año de récords”, El País, 1 de diciembre de 2023.

[5] Si no lo quiere usted llamar colapso, llámelo desmoronamiento: “El encontronazo entre los modos de producir, vivir y consumir propios de las sociedades capitalistas, desarrollistas, ultratecnificadas, petrodependientes y energívoras, y los procesos que permiten sostener la vida –la humana y la no humana– empuja hacia escenarios que la comunidad científica califica de riesgo de colapso ecológico. Existen intensos debates sobre el nombre que debe recibir este momento histórico –antropoceno, capitaloceno, colapso, mutación, largo declive…– y también sobre cuáles son las dimensiones de la crisis que es preciso atajar con mayor urgencia. Sin embargo, todos estos agentes coinciden en que estamos asistiendo al desmoronamiento de un sistema económico y social –cimentado en el crecimiento productivista e industrialista, en la aplicación intensiva de tecnología y en el uso desmedido de recursos naturales– que prometía proporcionar bienestar prolongado al conjunto de los seres humanos.” Alberto Brasero, Jose Luis Fdez. Casadevante “Kois”, Yayo Herrero y Helena Pariente: Transición ecosocial justa. Desde el desánimo a la esperanza activa, Foro Transiciones, octubre de 2024, p. 11.

[6] Informe Transición ecosocial justa, op. cit., p. 10.

[7] Roger Hallam, “A primer on reform and revolution: An open letter to Green Party members”, 3 de julio de 2024; https://rogerhallam.com/reform-and-revolution/

Hallam escribe después: “Dentro de 5 o 10 años, cuando los choques climáticos del tipo Covid-19 se sucedan, el gobierno del Reino Unido se derrumbará y habrá un cambio revolucionario. Eso significa un cambio en el régimen y en la forma de tomar decisiones nacionales: una perturbación social masiva que cambie la constitución. O bien el régimen se hundirá en alguna forma de fascismo o tendremos una revolución democrática que vendrá de fuera del sistema, liderada por gente como Phoebe.” Phoebe Plummer, una chica británica de 22 años organizada en Just Stop Oil, arriesga una severa pena de cárcel por protestas climáticas.

[8] Andrés Actis, “Primero estábamos preocupados, luego alarmados y ahora aterrorizados”, 6 de diciembre de 2023; https://www.lapoliticaonline.com/espana/internacionales-es/primero-estabamos-preocupados-entonces-nos-alarmamos-ahora-estamos-aterrorizados/