Torna a ser nit
i torno a sentir
que he vençut
un altre dia
a la Parca.
L’Esquirol, 15 de desembre de 2024.
Pep Castells Casellas. M'en lliurarà la Parca. Ed. Talón de Aquiles, 2026
documentos de pensamiento radical
Torna a ser nit
i torno a sentir
que he vençut
un altre dia
a la Parca.
L’Esquirol, 15 de desembre de 2024.
Pep Castells Casellas. M'en lliurarà la Parca. Ed. Talón de Aquiles, 2026
He estat dies i dies
sota el temor,
pendent de les anàlisis,
esperant que el metge....,
l’angoixa, la por dansant amb l’esperança
em priven de respirar.
I quan truca Hipòcrates
per dir-me càncer descanso.
L’angoixa filla de la incertesa
m’abandona
i torno a assumir l’existència.
Doncs sí, la incertesa,
els jocs entre bastidors,
la repetició un cop i un altre
de promeses que cal confirmar,
els anuncis d’una nova governança
encara angoixen més
que la comprovació propera
del càncer que es fa
elecció darrera elecció
metàstasi en el vostre vot.
L'Esquirol, 18 de juny de 2024
Son forasters!
Com la meva sang
trasplantada
o les lletres manllevades
i els signes mal apresos.
Són de fora
tots els altres que no soc jo.
Soc de fora
per tots els altres que no soc jo.
L’Esquirol, 2 de setembre de 2024
Se n’han anat en orris
aquells dies
en que paraules i raó
combregaven
el nostre dir.
Ara menteix
i la raó
vindrà amb el poder.
L’Esquirol, 3 de setembre de 2024
Ja sé que no és poesia,
que no plau a l'acadèmia.
Tant se val!
És el crit, sense esperança,
contra el meu propi silenci.
Ni vull vèncer ni convèncer!
Només no ser-hi!
L’Esquirol, 15 de desembre de 2024
Pep Castells Casellas. M'en lliurarà la Parca. Ed. Talón de Aquiles, 2026
Persisteixen en l’error
i avui, un altre cop,
els he vist entre els estels.
Son senyors ben educats
i vesteixen com cal
però en els seus ulls
els estels s’hi reflecteixen
en forma de dalla.
Anuncien la mort,
la dels altres sempre.
L’Esquirol, 4 de febrer de 2024
En parlen darrera meu
quan es troben enclaustrats
en els somnis del poder.
Van distribuint la mesura
total de sang que sacrificaran
entre dues opcions fatals.
Ells hi posaran les vies
però la sang serà tota nostra.
L’Esquirol, 24 de febrer de 2024
Pep Castells Casellas. M'en lliurarà la Parca. Ed. Talón de Aquiles, 2026
Supe
de la luz que vive en los mitos
y
que retorna a cada brote de lo que invoca.
Supe
de Ulises remando hacia una isla
que
tal vez solo exista en la imaginación de Homero,
de
James Joyce y de Leopoldo Marechal.
Supe
de los Argonautas y las Simplégades,
de
Circe y la isla de los lotófagos,
del
Preste Juan y Cipango,
de
Salomón y el oro de Ofir,
de
El Dorado y el país de Cucaña,
de
la Blanca Landa y el Caballero de la Carreta,
del
cuerno de Amaltea y el País de Nunca Jamás,
porque
para el niño el mundo entero es fábula e ilusión.
Supe
de la laguna Estigia que los griegos encontraron
en
la desembocadura del Tinto hace tres mil años.
Supe
de la isla de Paros por la poesía,
no
por una agencia de viajes o una inmobiliaria.
Supe
que la palabra, si llega adolescente, ya no se va nunca,
y
apuntala los cimientos del mundo con la piadosa mentira.
Supe
del perro que ladra en el Monturrio
y
de la esquina de las pulmonías de mi calle Rascón, conmigo,
en
el tiempo fragmentado y roto del mar tercero
que
no olvido.
Supe
del árbol distinto entre los árboles iguales.
Supe
de ángeles escondidos entre nubes rosas
con
conciencia de pleamar y pleacielo.
Supe
que aunque las bacías seguirían siendo yelmos,
nunca
más volveremos al campo vestidos de pastores
perseguidos
por una ristra de gatos
camino
de las colinas del río rojo del tiempo.
Supe
de la tarde dormida, la fuga cruel de los colores,
y
en la música de Elgar,
mis
veinte años.
Supe
de bares con barras parejas donde brotó el amor.
Supe
del cometa Halley que no volveré a ver.
Supe
de vidas sin dirección, sin rumbo, sin propósito,
y
de aventuras a la vuelta de la esquina.
Supe
de amigos a los que una mano de nieve
sacó
a bailar al centro de la discoteca.
Supe
de una ciudad que creció, creció
y
se fue volviendo otra hasta dejar de ser mía.
Supe
de viajes que empezaron en el corazón y aún perduran.
Supe
de los que cayeron por causa de la belleza,
ciegos
de luz, enfermos de ilusión,
mientras
ella pasaba de largo, indiferente.
Supe
reír, cantar, brindar por la vida más que insensata.
Supe
de los que empezaron a faltar en las fotografías.
Supe
del camino que había que tomar para triunfar como político,
como
profesor universitario, como escritor,
y
tomé la dirección contraria.
Supe
que es imposible escapar de un mundo hecho de redes.
Supe
que la vida consiste en serrar barrotes,
intentar
no sangrar, y que no haya heridos.
Supe
que el lenguaje era un bien escaso y carísimo
y
que había que medir muy bien con quién quería gastarlo.
Supe
encontrar a quienes en silencio y sin hacer ruido
amasan
el pan de la resistencia.
Supe
que la libertad acojona
porque
su práctica nos hace responsable de nuestros actos.
Supe
de palabras que con el uso
fueron
perdiendo todo significado.
Supe
que el amor embellece lo amado,
hace
un hueco al añil de diciembre,
espuma
el deseo con un verano sin límites.
Supe
que mi primer amor pasó
pero
mi corazón continúa.
Supe
que tu cuerpo sería mi única patria.
Supe
que la poesía es compañera, vieja madre,
ayer
de las cosas, piedra en el camino,
faro
del puerto, sueño vano, hoja de hierba,
sol
que se va, isla solitaria, refugio y trinchera,
fuego
y consuelo, espiral incierta,
cuerda
del multiverso que unos pocos aprenden a tañer
para
que siga sin fin la danza de los fenómenos
que
todos estamos invitados a bailar.
Antonio Orihuela. En la ceremonia de la cremación de Antonio Orihuela. Ed. Páramo. 2026
Esa mirada perdida llena de luz y cristales se alza hacia el cielo y recoge la lluvia de las nubes. Ya que no queda sol, ya que no queda luna a la cual visitar nocturnamente con nuestros más íntimos sueños.
Desfiguró tu cuerpo aquella niebla oscura, lo hizo pequeño y diminuto. Gritabas entre la gente ¡cuidado aquí estoy yo! Tus piernecitas se volvieron de oro y tus piececillos también rascaban adoquines de piedra desgastada.
Tú inventabas tu sonrisa pero ya no se abría tu boca, tampoco clareaban tus ojos con aquel brillo especial que iluminaba tu calle y tu barrio.
No, de repente tu alma volaba, dicen tus amigos que la vieron, la amistad había roto las estrellas de tu alma, como tantas veces, y preguntabas susurrando entre la niebla ¿dónde está el ser humano?
Se ha vuelto tan frágil, ha olvidado el corazón por las esquinas del mundo y por los lugares donde habita el dinero. En la niebla también pudimos ver y contemplar cuerpos enfermos, ya no podían agarrar la vida porque esta se les estaba negando entre esa niebla gris y negra. Luchaban por subir escaleras, cuestas para ellos montañas que se transformaban en junglas urbanitas.
La neblina también trajo la luz, apareció en la hermosa cara de aquella joven mujer que vio a un ser humano perdido y caído con su sonrisa y dulzura, le vio así en el duro granito: este era árido hostil y duro.
Una espléndida mujer ya octogenaria la levantó del suelo y a la joven mujer que estaba al lado de ella le produjo una emoción fina y suave como la lluvia llena de colores, llena de esperanza.
Volver aunque la niebla te agarre la cintura y no veas más que tus pies en el suelo.
Volver aunque todo siga deprisa el sol la niebla los esteroides el ser humano corre a veces en masa va quizá deprisa de un lado a otro que muchas veces ni tan siquiera ellos saben a dónde van.
Pero pienso en el significado de las grandes palabras y emociones de la existencia humana tales como AMOR CARIÑO EMPATÍA la niebla las envolvió y no podían verse.
De repente apareció el brazo de un niño chiquito agarrando al abuelete que era grande alto peinaba canas y era de piel cetrina. Ese niño salió de la niebla y sintió en su corazón pequeño un amor eterno para ayudar a los seres humanos.
Yo sonreí había futuro la niebla se iba tornando en algo etéreo y el sol empujaba y peleaba para llegar cuanto antes a tu alma a la mía a la de ellos a los del miedo pasivo y a los que nunca se movieron.
Sonríe Sonríe Sonríe que la niebla se llevó la pena la impotencia y la falta de solidaridad.
El empuje de la vida permanece y al final apostemos por él.
Ana María Peláez Tapia