documentos de pensamiento radical

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martes, 4 de agosto de 2026

LA PRIMERA CITA




Con suerte, acabaremos convirtiéndonos en amigos,

haciéndonos desde esas consultas

propias de la adolescencia,

hasta las más sesudas.

Puede que terminemos montando un negocio,

o sosteniéndolo, al menos.

Pasándolo mal juntos,

apoyados el uno en el otro.


Con el tiempo,

nos veremos en actitudes ridículas

con total normalidad.

Trasmutaremos de lo tierno a lo franco,

en ocasiones, de lo franco a lo tosco,

sin venir a qué,

lo mismo que si fuéramos buenos hermanos,

lo mismo.

Nos limpiaremos la baba, la caca, los mocos;

nos echaremos en falta, nos recordaremos

si algo ocurre, cuando suceda.


Pero antes de eso, seguramente,

seremos

los dueños de un imperio,

el nudo de un árbol,

con brotes que tendrán tu nariz, mis pómulos

y unos ojos en los que mirarnos:

esa pavada gigantesca que te convierte en otra persona,

como una mella en los incisivos


o una leve cojera que se acentúa.


Y seremos, sobre todo, capaces de sentirnos felices

apenas estando tranquilos,

solo porque nos telefonearon para contarnos

que todo está bien,

que ya regresaron de su viaje.

Nada que ver con esto:

sin música, sin velas;

tú, en un sillón,

yo, en otro,

con suerte, frente al mismo televisor.




Andrés Ortiz Tafur. Traigo noche en los zapatos. Ed. La isla de Siltolá, 2023

lunes, 3 de agosto de 2026

4 poemas de TRAIGO NOCHE EN LOS ZAPATOS de ANDRÉS ORTIZ TAFUR






Perros de presa


Me quedan menos polvos por echar que los que ya he echado,

menos noches de farra con los amigos,

menos salidas al mar o a la montaña,

pocas ilusiones,

apenas esperanzas.

Ningún beso de mis padres.

Ninguno.

Ningún día.

Nunca.

Jamás.

Pero he de decir que estoy bien,

en la mejor época de mi vida

o en la más hermosa o en la más fructífera.

Y no de cualquier manera:

con convicción,

como un mandato divino,

para no situarme o sentirme por debajo de la media.


Los nuevos cuarenta,

los nuevos cincuenta,

los nuevos sesenta;

creer esa estúpida historia que solo sirve para envilecer la de los que ya pasaron por allí

y puede que para que se me emborrone la idea de rajarme las venas.


¿Qué nos diferencia?

¿Los pantalones de pitillo,

la barba desaliñada,

los piercings,

los tatuajes en idiomas que desconocemos,

la pulsera en el tobillo,

los viajes a Tailandia o Punta Cana?

Apretamos los dientes,

eso es todo,

y nos sacamos los mocos a escondidas y seguimos pedaleando,

como hizo el primer perro de presa que vio nacer a su vástago

y cayó entonces en la cuenta de que ese era el único momento idóneo de la existencia,

antes del primer beso siquiera,

justo antes del primer azote,

con todo por comer,

por beber,

por follar,

por sentir,

por hacer.




Con su paso


Cuando veo a una pareja de adolescentes dándose el lote

tomo conciencia de que el futuro es un tiempo

que va perdiendo sentido y fuelle antes de ser vivido,

la prueba irrefutable de que si algo nos enseña la vida

—con su paso—

es justamente a no saber vivir,

a confundir ocho con ochenta,

un Mercedes con un beso.




Veraneante accidental


Esta tarde he soñado

que vivía en un lugar sin nombre,

como uno de esos cantos rodados que,

por azar, termina en nuestro bolsillo

tras un baño en el arroyo del pueblo.

Me he visto en una estantería

mucho tiempo después,

junto a otros guijarros,

delante de unos libros.

Y he echado de menos el arroyo, el pueblo

y al veraneante accidental que me eligió.




Amores muertos


Hay amores que mueren

antes de haber nacido,

después de un buen polvo,

tras el último beso

que obedece al gusto.

Seguro que por esa manía tonta

de llamar amor

a lo que viene después,

cuando vamos juntos a la compra,

al médico,

o a la reunión con el maestro del chiquillo;

cuando el primer beso

que obedece al gusto

lo damos con los ojos cerrados

y pensando en otra u otro

al que no amamos todavía.


Andrés Ortiz Tafur. Traigo noche en los zapatos. Ed. La isla de Siltolá, 2023

domingo, 2 de agosto de 2026

EPIGRAMAS



 

I

 

Conócete a ti mismo y sé tú mismo.

Pero que no te baste.

Si eres un mangante,

un canalla, un chorizo, 

no digas: soy yo mismo.

Trata de mejorarte.

 

 

II

 

Según Baruch Spinoza, 

todas las cosas quieren persistir en su ser.

Y eso explica el porqué, 

inexplicablemente,

queremos seguir siendo nosotros, 

pese a ser,

en millones de casos,  

un desastre, un fracaso,

una calamidad.

O, dicho mal y pronto, 

un asco.

 

 

III

 

¿Un año nuevo? 

¡Ojalá! Yo los veo 

todos tan viejos 

y tan iguales...

Siempre la misma historia, 

los mismos males.

 

 

IV

 

Conócete a ti mismo.

Qué remedio te queda,  

si los demás se esconden, 

se ocultan, no se dejan.

Conócete a ti mismo

que te tienes más cerca

y a ti mismo no puedes

engañarte, aunque quieras.



 

Conócete a ti mismo.

Qué remedio te queda

si tendrás que aguantarte 

hasta el día que te mueras. 

Conócete a ti mismo.

Qué remedio te queda 


Javier SalvagoUna mala vida la tiene cualquiera. Ediciones de la Isla de Siltolá, 2014

sábado, 1 de agosto de 2026

COPLAS DE CUATRO VERSOS



 

 

I

 

¿A quién sorprende este clímax, 

si el cuento empieza matando,

por celos o por envidia,

un hombre a su propio hermano?

 

 

II

 

El problema del amor

es que exige a los humanos 

que sean como no son:

fieles, constantes y claros.

 

 

III

 

Qué impotencia contemplar 

un universo tan grande:

tantos mundos, 

tantos seres sin poder comunicarse.


 

 

IV

 

Érase un extraterrestre 

que hasta la Tierra llegó 

y dijo que era de Io.

Y aquí lo llamaron dIos.

 

 

V

 

Cualquier humano que acepta 

ser como un dios adorado

–aunque viva como Dios– , 

es un pobre desgraciado.

 

 

VI

 

Observo que cada día 

está más rara la gente 

y no si seré yo

o ellos los extraterrestres.


 

 

 

 

VII

 

Tiene un peligro muy grande 

“la máquina de trovar”

y es que si se pone en marcha 

no sabes cuándo parar.








Javier SalvagoUna mala vida la tiene cualquiera. Ediciones de la Isla de Siltolá, 2014