"Ya sabes, aquí comes o te comen"; todos los pececitos de la precariedad repitiendo las metáforas de los tiburones, participando de los juegos suicidas de las selección natural diseñados en sus casinos, en sus clubes de golf, en sus residencias de campo.
Ser explotado no garantiza la conciencia de serlo, ni de sentirse explotado. "El sentimiento de explotación, que constituye uno de los motores de la identidad obrera, sigue vigente. Pero se vive ahora de modo individual, sin conexión con la colectividad". El poder consigue que desaparezca de la subjetividad obrera cualquier vestigio de clase. Son mayoría los precarios que se sienten clase media, que alejan su autoidentificación de cualquier referencia que huela a obrero o sueñan incluso con el éxito individual del pequeño jefe... Los contestatarios molestan...
Manuel Cañada. Tiempos precarios o la seducción del nuevo capitalismo. Ed. Baladre. Málaga.
documentos de pensamiento radical
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jueves, 15 de julio de 2010
jueves, 8 de julio de 2010
EL APARTAMENTO
Volví para leer tu nombre.
Y sólo por eso mereció la pena
el esfuerzo, el tedio de la vida en las aceras.
Mereció la pena regresar desgastado e inútil
una vez más, porque al atravesar nuestro parque
la nostalgia me condujo a este portal,
como el cauce acompaña al río:
Lo hice para leer tu nombre junto al mío
en el buzón antiguo y oxidado,
a veces los tristes hacemos cosas así,
aunque casi nunca las contamos.
Juan Pardo Vidal. La mujer sin brazos. 4 de Agosto. Logroño, 2007.
Y sólo por eso mereció la pena
el esfuerzo, el tedio de la vida en las aceras.
Mereció la pena regresar desgastado e inútil
una vez más, porque al atravesar nuestro parque
la nostalgia me condujo a este portal,
como el cauce acompaña al río:
Lo hice para leer tu nombre junto al mío
en el buzón antiguo y oxidado,
a veces los tristes hacemos cosas así,
aunque casi nunca las contamos.
Juan Pardo Vidal. La mujer sin brazos. 4 de Agosto. Logroño, 2007.
lunes, 5 de julio de 2010
BUSCANDO LEÑA
Cansancio de ser.
De no ser sería alguien
al que no conozco.
Me pincho para ser.
Ese dolor sencillo, agudo,
te recoge en un punto.
Ilumina un ojo.
-No te dejes barba
sino sombra-
Te extrema.
No soy más que unos zapatos
en los pies de otro.
Entro despacio en la casa,
así desaparezco del mundo,
o entrar en el negro para siempre.
-No estar-
cuervos ardiendo.
Ser rozados por ellos.
Ver nada.
Apenas algo más negro.
Tocar los cuervos.
Este girar, buscar leña
donde solo hay excrementos del poder,
o quemar un hilo.
Miguel Ángel Núñez.
De no ser sería alguien
al que no conozco.
Me pincho para ser.
Ese dolor sencillo, agudo,
te recoge en un punto.
Ilumina un ojo.
-No te dejes barba
sino sombra-
Te extrema.
No soy más que unos zapatos
en los pies de otro.
Entro despacio en la casa,
así desaparezco del mundo,
o entrar en el negro para siempre.
-No estar-
cuervos ardiendo.
Ser rozados por ellos.
Ver nada.
Apenas algo más negro.
Tocar los cuervos.
Este girar, buscar leña
donde solo hay excrementos del poder,
o quemar un hilo.
Miguel Ángel Núñez.
domingo, 4 de julio de 2010
AL FINAL
Que pocas cosas duelen. Digamos, por ejemplo,
que se puede no amar de repente y no duele.
Duele el amor si pasa
hirviendo por las venas.
Duele la soledad,
latigazo de hielo.
El desamor no duele. Es visita esperada.
No duele el desencanto. Es tan sólo algo incómodo.
Somos así, mortales
irremediablemente,
sin duda acostumbrados
a que todo termine.
Irene Sánchez Carrón. Porque no somos dioses
que se puede no amar de repente y no duele.
Duele el amor si pasa
hirviendo por las venas.
Duele la soledad,
latigazo de hielo.
El desamor no duele. Es visita esperada.
No duele el desencanto. Es tan sólo algo incómodo.
Somos así, mortales
irremediablemente,
sin duda acostumbrados
a que todo termine.
Irene Sánchez Carrón. Porque no somos dioses
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