Todos estos muertos no son míos.
Tampoco son suyos
los espacios
que dejaron
ni los cubículos
diminutos
que ahora habitan.
En la muerte también hay clases:
puedes criar malvas
en un panteón
familiar de mármol travertino,
o en un hoyo común
sin nombre.
Tampoco son suyas las fosas
de los muertos que son de nadie,
cuerpos que ni saben quiénes son.
Y mientras las cunetas repletas
de memorias sin cara,
con todo el amor y el anhelo de respuestas,
sin flores que cambiar el día
de los santos.
No todos estos muertos tienen flores.
A algunos se las dieron en vida,
en un paseo por el campo,
cuando aún podían olerlas.
¿Quién querría flores
cuando ya no tiene nariz ni ojos?
Todos estos muertos son de alguien,
como los espacios que ocupan
previo pago
anual.
Esther Mañoso. Tanque de tormentas. Ed. Cuadranta, 2025
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