documentos de pensamiento radical
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miércoles, 14 de enero de 2015
martes, 13 de enero de 2015
PEDRO MONTEALEGRE HA MUERTO
Yo, cuando sea mayor, querré ser
poeta chileno. De la estirpe de De Rokha, Neruda, o Huidobro. De la
de Javier Bello y de la de Yanko González…
. …O de la de Pedro Montealegre
(Santiago de Chile, 1975 - 2015). Su poesía –torrencial, tan directa y
cervical como hecha a golpes, a forjadas de cuchillo, como troceando
la carne sótano del mundo. Pedro Montealegre vivió
en España, casi a orillas del Mediterráneo valenciano, durante algunos años, al amor de su inseparable Manuel, y formó parte de la Unión de Escritores, esa panda de
zíngaros estupendos que se esconde detrás de las conspiraciones de
“Lunas Rojas”, del colectivo Alicia Bajo Cero y del II Foro
Social de las Artes. Algunos lo abrazamos en Moguer, durante los encuentros de Voces del Extremo, que paradógicamente ese año celebraron la Poesía y la Vida con todo su esplendor, y donde Pedro nos cautivó a todos con su verso, con su sonrisa amplia, con su afecto sin límites en una noche de cante jondo y cielo completo.
La editorial Denes publicó su primer libro: “La palabra Rabia”, sirvan sus poemas como el mejor homenaje a quien quiso mucho y nos dejo tan pronto.
Enrique Falcón, Antonio Orihuela
***
Es
la hora. Es la hora. Tracemos el lienzo: dibujemos en marea
–¡tinta
sobre el rostro! –imposible –de la marea. Vivir del espectro
–ser
allí los oscuros –O todos claros: en la boca de lobo
de
la luz. Todos: mal alucinógenos: sello de querubes –lámelo, Lucy
in
the Sky with Diamond. Cocaína
de los espejos. Químico angélico
capaz
de hacer –en el paladar de Dios, nuboso, núbil– imágenes:
niños,
corros
de luciérnagas, padres en corros, proletarios gritando: Risa,
Revolución.
Niños
y golondrinas: ¡Que van ardiendo! –¡Arde, horno –de Bergen
Belsen!
–molestar
con entropía: esta charla de pederasta: escúdame, charla:
asesinado
dragón. Resucitado
perro ¡Qué dientes más lindos! ¿No ves la gloria?,
¿se
reconoce en los dientes? Al revés, tú mismo, ¿ves los dientes?
¿Y
qué gloria es ésta? Raspa, tú, con tu cucharita de plata,
el
marfil ácido de la pared. Dímelo, tú, ¿qué pastilla te comes?
Un
destello de láser: Ah, muero bailando: por un dólar fosforescente,
su
forma de neón –padre, devórale el fémur a tu hijo; mira la
grieta:
es
el hambre, el desierto: arrójate a ella. Niño negro arrojado:
no
es fondo el final, apenas caer: su sola existencia ha desnudado la
plata
–la
forma de la usura cada resto de plástico ¿Cada yo lo es?
¿Lo
es cada tú? Chico dominado ¡Crece! ¡Crece!
*
Hay
uno muerto en la guerra –su herida escribe: Quitar las Dunas
–hay
uno al fondo de una adormidera roja. Se llama ciudad –su teta
destila
una
leche de humo, espesa de uñas –continuo rasguñar
–la
córnea falsa –del poema: si uno muere de hambre ¡Ah, la palabra!
¡Esa
es la palabra! –no logra caber en su propia miseria –un poema es
hambre,
la
letra es consecuencia de la inanición. Yo estoy aquí –¿es pan
otro aquí?– .
Tómate,
tú, esta taza de Té. Tómate tú esta taza fe. Tómate tú esta
taza de sed.
Verás
negaciones, el futuro de tu hijo. Una riada de hijos
–asesinados–
ante El Libro: la fugacidad de su forma, esa inutilidad.
El
diente de una bruja afila un hacha fabricada recién. Por ejemplo, un
obrero
reproduce
una tuerca –la tuerca reproduce lo que sufre él. Tú, reprodúcete,
flor
amarilla ¿Cómo te llamas? Me llamo flor amarilla. Los mendigos
probaron
un
puñado de larvas –momentos antes los han comido a ellos.
Deletreé
lento: i-de-o-lo-gí-a. Una chica negra, deletreada en la ventana,
atrapó
una mariposa –su nocturnidad en un hilo. Hola, mariposa:
yo
me llamo Niña. Me llamo muchachita de vestido azul.
Hola,
nena: tus ojos almendrados: pelo muy fino, hilos de aceite.
Si
hago así con mi dedo, hago el signo –la hoz: si hago así,
otro
signo –el martillo: yo me meo de risa: la sombra chinesca
de
mis manos imitan ¿qué bicho? el colibrí. Un bicho cantárida.
Un
bicho libélula.
*
Estoy
loco. Yo no soy una niña: soy tú: le pregunto al verano ¿bajas de
la sien?:
sangra
un hombre y ¡No! No es: i-de-o-lo-gí-a. Lo dijo mi abuelo
¿es
fondo la idea? Es lienzo –lo profundo no se traza con nada.
Te
hará arder en deseos de huir. Leer es huir: yo leo a Marx
e
incide el verano: Marx es un ángel: cabe, tú mismo,
en
la materialidad de tu letra –Yo soy anarquista –Yo vengo de París
–Marx
envió un telegrama a Hegel: amigo mío, yo me comí, llorando,
la
cal blanca, la pared: una píldora en medio del anapesto imposible:
es
la ciudad en marcha: vi la rosa de la Cábala –se extendía en mi
habitación.
Yo
me llamo lengua de madre –eso dijo la lengua y la niña soñaba.
Proletario
es mi padre –yo te digo: no sabe escribir. Yo me llamo Pedro.
Yo
me llamo tú, dijo el adolescente –la sierpe silbaba al borde del
precipicio
¿le
robaban el prepucio a un niño Pedro, una lengua de tierra,
las
costas de África, el rocío de los diamantes en el bolsillo del
diablo?
*
Yo
te daré esta miel y este mal: ponte ahora a crujir; te daré este
panal
de
abejas asesinas; ponte ahora a cremar y a crujir; mete tus labios
en
la ranura aquélla y di: rajar. Di: despertar
en
otro meridiano –en la aridez de tu cama. Verás un hombre
–troca
en falo a otro–, una mujer rota, su pie en la espuma:
sus
manos son copas. Su materialidad es copa. Dice palabras
¿qué
nombre tienen? En su útero hay niñas –un cisne de celofán,
un
cisne de papel de caramelo rojo – cada 28 días
cambia
el sitio a las urbes. Y tú, allí, con tu máquina de afeitar,
tu
áloe, tu radio irradiando la mesa ¿se trata de la rabia?
No
se llaman muertos –no hay alguna manera. Los ricos son lo otro
–di:
nos termina concerniendo de un modo, asfixiándonos con esdrújulas
llenas
de metal– esas sílabas con que se hace una imagen
–ceros
y unos– fonemas de fuel –arrojada a la playa–
morfemas
de gases invernadero sobre el invernadero
–ínfimo–
de un ojo. Es un ojo y no se llama ballena;
la
pupila es Jonás: grita desde adentro: ¡déjame ir! ¡Déjame ir!
dijo
la muchacha a la otra que la miraba, oh, espejo del gimnasio.
Es
tu currículum: 12 millones 883 mil 827: ¿cómo te llaman,
que
vengo de París? Dime tu apodo al final del trazado.
lunes, 12 de enero de 2015
LA VIDA DAÑADA
Protestamos contra la explotación
pero compramos sus frutos.
Queremos escuelas públicas
pero las dejamos en manos de las
editoriales privadas.
Clamamos por la libertad
pero vivimos atrapados en las redes
sociales.
Suspiramos por una democracia sana
pero votamos a políticos corruptos.
Ambicionamos productos ecológicos
pero no queremos asumir su coste.
Gemimos por una prensa libre
pero no estamos dispuestos a pagar por
ella.
Anhelamos el crecimiento espiritual
pero somos incapaces de amar al
prójimo.
Deseamos recuperar los privilegios
perdidos,
volver al paraíso del consumo, el
trabajo y el dinero,
aun sabiendo que esta sociedad
fragmentada, desvertebrada, mutilada,
no funciona, no cura, no satisface, no
educa,
no ampara.
Seremos derrotados.
Antonio Orihuela. El amor en los tiempos del despido libre. Ed. Amargord, 2014
domingo, 11 de enero de 2015
POLÍTICA EMPRESARIAL
Hace
cien años nos poníamos en huelga
antes
que dar comida en mal estado
en
los restaurantes económicos en los que trabajábamos,
preferíamos
perder el trabajo
a
envenenar a nuestros hermanos.
Hoy,
para que nadie se lleve la comida caducada,
abrimos
los productos y los rociamos
con
amoniaco, lejía o friegasuelos,
la
cosa es que si no se han vendido
tampoco
aprovechen a nadie.
Son
órdenes de arriba, nos justificamos,
no
queremos perder el trabajo,
de
Mercadona nadie se aprovecha
dicen
los que nos mandan.
La
hija, la mujer, el propio Enrique Caño, ya saben
hasta
qué punto se cumple
con
la política de la empresa.
Antonio Orihuela. El amor en los tiempos del despido libre. Ed. Amargord, 2014
jueves, 8 de enero de 2015
COMO NIÑOS
Sé obediente, no pienses,
nosotros lo haremos por ti,
nosotros te diremos
lo que tienes que decir,
mira la tele, huye de problemas,
haz lo que te digo,
es muy fácil
imita a todos los demás,
espera tu golpe de suerte,
sueña nuestras pesadillas,
consume sucedáneos,
aprende que el dinero
es para gastar,
véndete barato,
admite los abusos,
corrómpete si puedes,
los pobres van al cielo
los ricos donde quieren,
aúlla en los estadios,
eructa tu cerveza,
persigue billetitos,
visita Isla Mágica,
compra en Inditex,
babea ante famosos,
aplaude a las estrellas,
agita tu bandera,
espera al rey saludar,
vota a quien te digan,
cómetelo todo,
no contestes, no te indignes,
recuerda, eres un buen chaval,
no te salgas de la fila,
escribe cien veces
la riqueza no da la felicidad,
no te quejes, no te pases,
vete a la cama
que mañana te toca madrugar.
Antonio Orihuela. El amor en los tiempos del despido libre. Ed. Amargord, 2014
miércoles, 7 de enero de 2015
Parábola de Buda sobre la casa en llamas
Gautama, el Buda, enseñaba la doctrina de la Rueda de los Deseos,
a la que estamos sujetos, y nos aconsejaba
liberarnos de todos los deseos para así,
ya sin pasiones, hundirnos en la Nada, a la que llamaba Nirvana.
Un día sus discípulos le preguntaron:
«¿Cómo es esa Nada, Maestro? Todos quisiéramos
liberarnos de nuestros apetitos, según aconsejas, pero explícanos
si esa Nada en la que entraremos
es algo semejante a esa fusión con todo lo creado
que se siente cuando, al mediodía, yace el cuerpo en el agua,
casi sin pensamientos, indolentemente; o si es como cuando,
apenas ya sin conciencia para cubrirnos con la manta,
nos hundimos de pronto en el sueño; dinos, pues, si se trata
de una Nada buena y alegre o si esa Nada tuya
no es sino una Nada fría, vacía, sin sentido.»
Buda calló largo rato. Luego dijo con indiferencia:
«Ninguna respuesta hay para vuestra pregunta.»
Pero a la noche, cuando se hubieron ido,
Buda, sentado todavía bajo el árbol del pan, a los que no le
habían preguntado
les narró la siguiente parábola:
«No hace mucho vi una casa que ardía. Su techo
era ya pasto de las llamas. Al acercarme advertí
que aún había gente en su interior. Fui a la puerta y les grité
que el techo estaba ardiendo, incitándoles
a que salieran rápidamente.
Pero aquella gente no parecía tener prisa. Uno me preguntó,
mientras el fuego le chamuscaba las cejas,
qué tiempo hacía fuera, si llovía,
si no hacía viento, si existía otra casa,
y otras cosas parecidas. Sin responder,
volví a salir. Esta gente, pensé,
tiene que arder antes que acabe con sus preguntas.
Verdaderamente, amigos,
a quien el suelo no le queme en los pies hasta el punto de
desear gustosamente
cambiarse de sitio, nada tengo que decirle.»
Así hablaba Gautama, el Buda.
Pero también nosotros, que ya no cultivamos el arte de la paciencia
sino, más bien, el arte de la impaciencia;
nosotros, que con consejos de carácter bien terreno
incitamos al hombre a sacudirse sus tormentos; nosotros
pensamos, asimismo, que a quienes,
viendo acercarse ya las escuadrillas de bombarderos del capitalismo,
aún siguen preguntando cómo solucionaremos tal o cual cosa
y qué será de sus huchas y de sus pantalones domingueros
después de una revolución,
a ésos poco tenemos que decirles.
Bertolt Brecht. Historias de almanaque. 1939.
martes, 6 de enero de 2015
SÉ TÚ MISMO EN EL SIMULADOR
Como no sé quién son mis vecinos, telebasura.
Como no tengo amigos, facebook.
Como soy incapaz de expresar mis
sentimientos, emoticonos.
Como no tengo nada que decir, watsapp.
Como me creo muy listo, twitter.
Como no tengo a nadie con quien hablar, chat.
Antonio Orihuela. El amor en los tiempos del despido libre. Ed. Amargord, 2014
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