documentos de pensamiento radical

documentos de pensamiento radical

jueves, 7 de febrero de 2019

4 poemas de JIMMY JIMMY




PUREZA

Quédate así. Asumido en tu propia luz.
No quieras tocar las orillas
que en invisible vaivén  de transparencias
consuman tus ojos en un halo puro.
Que en tu pecho herido por la rosa inclinada de la tarde
la palabra no sea sino una hoja suspendida en el claro de la tormenta,
una forma luminosa de unos labios exhalada;
y que los cuerpos deriven junto a ti en silencio,
como un bosque arrasado por la luna.
Que alguien ciegue las miradas que resbalan en el vidrio de la madrugada
y en su rayo frío doblan al corzo adolescente.
No sepas nunca el miedo de los sotos
que queman  las sombras de los trenes.
Voces caliginosas
con lentos relámpagos
te cruzaban el pecho,
mas ya tú amabas a un muchacho muerto
con los ojos abiertos en la niebla.
El deseo era un tibio cristal
en el que un árbol desnudo flotase
mientras alguien  pasa,
y no roza,
pero queda.
Una lluvia de espaldas
reposaba dulce en tu retina,
mas desde  tu frágil  tiempo de amor
rehusabas ver sus rostros.
La noche te envolvía en sus olas de yodo
y pasaban los amantes en el contraluz de una nube cárdena
haciendo denso el aire oscuro de río.
Luego, el silencio cercaba puentes
a los que arribabas descalzo en el sueño.
Una mano que no sabes quiere ahora quebrar el pulso de tu mirada.
No digas nada. No regreses.
Quédate así. Bella pasión sola.

***


                FUE SIN  SABERLO

                Fue sin saberlo.
                Las copas e los árboles ardían
                y ramas incandescentes
                como ráfagas se reflejaban en las pupilas,
                mientras un aire consumado de presencias
                me acercaba cuerpos
                nunca tocados. Sí desvelados
                en el lúcido vapor de la fiebre.
                Luego, con los años, escuché promesas;
                no ciertas, resbaladas por el borde de la música
                y los vasos de ginebra.
                Inventé amor en cristaleras que te hacían bellamente extraño.
                como un brillo al que me entregase.
                Me consumí en el cículo tenso que el abrazo deja
                y quise tocar limpia carrera hacia el río,
                el despertar del deseo, lo que no será,
                en el aroma mojado de un cuerpo desnudo
                que no proyectó.
                Cuando te pensaba, el dolor
                hacía traslúcido el paisaje
                calcinando la mirada
                que inútilmente buscaba en él tu rostro.
                A veces hubo cuerpos no consentidos
                en naves donde la culpa era un olor húmedo suspendido en la luz,
                mientras se oían las voces de los muchachos fuera.
                Hoy he puesto tu vida
                al rito del fuego y el agua
                para hacerte extenso olvido
                y amarte todavía en el límite.


***


HACE FALTA…
                                                            
                                         No sois vosotros, los que vivís en el mundo,
                                         los que pasáis o dormís entre blancas cadenas,
                                         los que voláis acaso con nombre de poniente,
                                                                                o de aurora o de cénit,
                                         no sois los que sabréis el destino de un hombre.
                                                                   (Vicente Aleixandre)

                 Hace falta una habitación de hotel
                 su despertar ambiguo en el que
                 los objetos de revelan a la conciencia
                 con la carga de un mano que resbaló por un rostro,
                 de una palabra que sonaba torpe
                 porque muchos años esperó;
                 del ascensor en el que
                 las miradas se cruzaban
                 con la debilidad de un perfume.
                 En las cortinas ahondado
                 el cansancio sin secreto
                 del que se entregó  y duerme,
                 mientras el amanecer es una pálida claridad
                 desde dentro alentada
                 que se refleja en la tela.
                 Y la memoria de un cuerpo prolongado allí
                 entre el frasco de jabón espumoso y la ducha,
                 en el vapor tocable.
                 Al salir a la calle los ojos se empañaban
                 de una tenue lluvia
                 que, como un mar reverberante,
                 conocido sólo por sus límites,
                 hacía borrosos los edificios.
                 Íbamos mudos, sabiendo que esta luz
                 no era sino el dolor de un tiempo
                 que destruyó nombres y fechas
                 para así evitar el recuerdo
                 que a una playa a veces lleva
                 donde escuchar un rostro familiar.
                 Pulpa de una música
                 por el pecho repetida
                 que hiciese los años furtivos;
                 de palabras con contorno de alga
                 que dejaban en los labios una tristeza
                 derramada hasta un cielo gris
                 apenas ya tocado por un relámpago.
                 Te miraba…
                 Parecías un desterrado
              al que el aroma de una dalia
             pudiese causar la muerte en una puerta giratoria.
             Con tu alegre camisa abierta
             como una vela que en visos cortase el aire
             pretendías vencer al destino,
             pero pronto unas manos encendían un bajío
             y en su extraño flujo quedaba enredada…
             … Cuando fuiste a abrir la muerta
             un viento iluminó tu espalda
             y un instante de vi desconocido y libre;
             mas volviendo la cabeza dibujaste
             un pesado humo que ni siquiera fue olvido
             y dijiste: Ven. Entra. Nadie nos espera.

             
 ***


 NO SIEMPRE

      No siempre la luz nos acerca a la verdad de un rostro.
      pues, soberana, desconoce esas  manchas humanas
      que, dolorosas, se contraen
      bajo su foco inclemente.
      No siempre la palabra nos acerca a la verdad de un labio,
      pues unas burbujas sonando nunca alcanzan un corazón.
      No siempre la mirada nos acerca a la verdad de unos ojos,
      pues unas ruinas recorrieron y desde entonces una flor
      no puede romper con su claridad
      la turbia tela de aire que los unifica indiferentes.
      No siempre el abandono nos trae una respuesta,
      ni el silencio nos corta como aspas entreabriéndonos un paisaje.
      No siempre. No nunca. Por eso todavía nos engañamos.
      Y cogemos una cuartilla. Y vamos uniendo palabras.
      Aunque sabemos que la verdad tampoco es ésta.
      Fuera o dentro: soledad siempre. He aquí el poema
                       


   Javier Lostalé. Jimmy, Jimmy
                                                                     

                                                                          


martes, 5 de febrero de 2019

Helena y la varita- lápiz




En un lugar muy lejano y desconocido para nosotros, donde siempre era primavera y los niños jugaban en la calle con una varita mágica cambiando el aspecto físico de las cosas, vivía una sonriente y guapísima niña que se llamaba Helena.
Ella también poseía su varita mágica, pero a diferencia de los demás niños la utilizaba, no para cambiar el aspecto físico de las cosas, sino para cambiar, podríamos decir, su historia. Me explico: Helena había descubierto que le gustaba inventar historias y, en un país en que no era costumbre escribir y contar leyendas, a ella le apetecía, no se sabe por qué extraña razón, escribir y escribir sin parar. Con la varita había encontrado miles de libros infantiles que todos conocemos y había podido llegar a ver cosas del futuro que en su país ignoraban y jugaba a mezclar tiempos y mundos diferentes. Su mayor sorpresa fue cuando descubrió un libro que contaba la Batalla de Troya y conoció el significado de su nombre y la capacidad de los hombres para inventar artilugios que pudieran cambiar el destino.
Y comenzó a escribir como habían escrito todos esos autores que ella leía. Para esto, en un país en que no había muchos lápices ni papel, porque nadie los necesitaba, ella había hecho que el palo de su propia varita se convirtiera en un lápiz afilado que nunca se gastaba y que una de las cortinas de su casa, cuando ella lo necesitaba, se transformara en una especie de cuaderno que se enrollaba y desenrollaba y sobre el que ella escribía.
A veces sus amigos no entendían por qué no salía con ellos continuamente a jugar, a convertir a los sapos en pájaros o a las flores en grandes árboles para que reconocieran la primera luz del sol. La verdad es que les resultaba extraño entender que Helena prefiriera quedarse en la sombra de su habitación, ¿qué podía hacer allí?
Pero Helena había encontrado su mejor entretenimiento en leer cuentos y cambiarlos a su antojo con todos los conocimientos del futuro que ella había aprendido. Así consiguió que la madrastra de Blanca Nieves recibiera un regalo endemoniado: un espejo con 10 aumentos que le mostró todas las mentiras que su “espejo, espejito mágico” le había contado. Sí, un día se asomó a ese extraño espejo y vio todas sus arrugas y el reflejo en sus ojos de todo el daño que había causado a su reino y a su familia y vivió martirizada para siempre. En esa misma historia, Blanca Nieves, que todos sabemos que vivía con los Siete Enanitos, había sumado a su equipo de pequeños seres a uno más, un robot llamado R2D2 cuyo tamaño no era mayor que el de sus amigos Enanos pero que permitía que Blanca Nieves estuviera en continua comunicación con su padre a través de unas imágenes (hologramas) que R2D2 proyectaba y que los dos (padre e hija) decidieran que el mejor sitio para crecer fuera esa cabaña con sus amiguitos. Allí Blanca Nieves, se dedicaba a estudiar leyes, humanidades, psicología, justicia social, historia… para ser, en el futuro, una Reina ecuánime, sin necesidad de pensar en que un Príncipe pudiera salvarla porque ella se había salvado solita. Tenía toda la información del mundo a su alcance, ya que entre el robot, los enanitos y ella habían construido un ordenador para acceder a ella. Ellos eran los que habían mandado el espejo a la malvada bruja y sabían que el Rey, después de que la bruja se hubiera mirado, estaba más tranquilo y conocía todo lo sucedido antes y después de que la bruja se empezara a marchitar. Además, Blanca Nieves había encontrado, durante tantas horas de investigación, a otros personajes de cuentos infantiles que, como ella, podían cambiar su vida: Cenicienta, Hansel y Gretel, Caperucita,… y entre todos, habían creado La Liga de Héroes de Cuentos Infantiles para cambiar sus historias y las de otros personajes de narraciones que no eran felices. Hansel y Gretel nunca llegaron a la casa de la bruja porque señalaron el camino con coordenadas GPS de un teléfono móvil que les construyó Blanca Nieves antes de que salieran de su casa. La bruja que pensaba comérselos se aburrió tanto de esperarlos que salió volando en su escoba y nunca más se supo de ella.
Cenicienta, después de estar varios años bajo las órdenes de su madrastra y hermanastras, coincidió en un mercado con Blanca Nieves y le pidió que le enseñara a leer y escribir. Blanca Nieves le envió un pequeño ordenador portátil con internet, así que todas las noches asistía a clases on-line y se convirtió en una excelente profesora. Un día salió de su casa de madrugada, dejando una carta de despedida a sus hermanastras y madrastra; se fue a un reino cercano y fundó una escuela pública para enseñar a todos los niños y niñas del reino. Fue una gran profesora que sacó de la ignorancia a muchas personas de varias generaciones y consiguió que su idea de tener escuelas se extendiera por varios reinos. El príncipe del reino se enamoró de ella, no sólo por su belleza sino por su sabiduría y se casaron, pero Cenicienta nunca dejó de dar clases en su escuela, además de ejercer de consejera del Rey, su marido.
En cuanto a Caperucita, el lobo vive en casa con ella y la cuida como un perro fiel. Sigue viviendo en la casita aislada de su familia, pero su abuela se murió de viejecita y ella se gana la vida en una pastelería en que el más famoso de los pasteles es la Tarta Lobo. Blanca Nieves cambió la historia amaestrándolo, con ayuda de los enanitos, para que no se comiera a la abuela y simplemente la protegiera de un cazador un poco borracho que merodeaba por los alrededores de la casa. El lobo consiguió asustarlo y el cazador se escapó ante sus aullidos. Así que Caperucita, pasó varios días de vacaciones con su abuela y lobo bueno, y consiguió aprender a hacer la tarta de fresa que su madre había hecho, pero con un ingrediente secreto que su abuela le enseñó y desde entonces la llamaron Tarta Lobo. Cuando terminó el colegio, decidió estudiar repostería y montó su propia empresa de pasteles, a la que va todos los días acompañada de su fiel amigo peludo.
Después de mucho tiempo, practicando y practicando sin parar, Helena decidió que por fin había escrito hermosas historias y que, ahora, podía competir con las maravillosas transformaciones de las varitas mágicas de sus amigos. Transformaciones que sólo duraban 5 minutos y que ella había conseguido que durasen para siempre si quedaban escritas.
Una tarde, después de ensayar cómo explicárselo a sus amigos, los reunió a todos y les prometió contarles su secreto y el porqué se había encerrado tanto tiempo en su habitación. Les leyó sus historias. Bueno, primero les leyó los cuentos tradicionales de los que ellos nunca habían oído hablar pero que no les interesaron mucho, porque con sus varitas podrían haberlos modificado a su antojo, es decir, Hansel y Gretel podían haber señalado el camino con elementos que no hubieran desaparecido o, simplemente, convertir a la bruja en un hada buena. Cenicienta, por ejemplo, podía haberse convertido en mariposa y haber salido volando de su casa. Blanca Nieves, podía haber convertido, con la varita, a la reina mala en estatua de sal y haber regresado a su castillo y Caperucita, podía haber convertido al lobo en un inofensivo gatito que no tuviera ganas de comer a la abuela.
Lo cierto es que la varita hacía que todos los cuentos resultaran un poco inimaginables, eran situaciones que para los niños carecían de veracidad. Así que Helena, les explicó que la varita le había permitido no sólo leer esos cuentos sino aprender de infinitas cosas del pasado, del presente y del futuro y les contó sus historias modificadas. Al principio no eran capaces de prestar la atención suficiente, porque no estaban acostumbrados a escuchar historias, pero ella, modulando la voz convenientemente, consiguió que, por fin, se callaran y la escucharan sin parpadear. Todos, cuando ella terminó, se quedaron extasiados y, mirando a sus varitas mágicas, sólo desearon una nueva transformación: poder seguir oyendo historias como esas y, si fuera posible, aprender a escribirlas.
A partir de ese momento, Helena, se reunía todas las tardes, debajo del árbol-osoamistoso (un árbol que tenía cara y brazos de oso amistoso y que siempre los protegía del frío) con sus amigos y, pidiéndole a sus varitas que se convirtieran en lápiz y papel, hacía que todos leyeran historias tradicionales, las reescribieran y las contaran. Pero ahora, al ser escritas, sabían que podrían ser leídas por muchas personas del futuro y que así nunca se terminarían, no sólo porque las iban a poder disfrutar leyendo, sino porque las iban a poder transformar hasta el infinito y más allá según les apeteciera o les pareciera mejor. Recuerdos, historias, vivencias,… todo cabía en las hojas inagotables que tenían y todo se convertía poco a poco en leyendas compartidas para siempre.

Montserrat Villar González


lunes, 4 de febrero de 2019

1984




os individuos autocríticos
eran comunnmente transportados
en coches patrulla e ambulancias



Corporación Semiótica Galega. Facer Sen Mans. 
contacto:  Corporación Semiótica Galega
Casas Novas, 2
15912. Rois. 

domingo, 3 de febrero de 2019

FACER SEN MANS tres poemas de la CORPORACIÓN SEMIÓTICA GALEGA






Corporación Semiótica Galega. Facer Sen Mans. 
contacto:  Corporación Semiótica Galega
Casas Novas, 2
15912. Rois. 

sábado, 2 de febrero de 2019

OBITUARIO LÍRICO


Alguien murió por mí.
Attila József
Joven poeta se inmola con
el nudo corredizo de un verso alejandrino.

Un día [3] de diciembre, al atardecer, Attila József se dirige hacia las vías del ferrocarril en las proximidades del lago Balaton. Años atrás, tendido sobre los raíles, había aguardado el paso de un tren, que quedó detenido a escasa distancia de allí por haber atropellado a otra persona. Esta vez, a los treinta y dos años, József dejaba la vida y sus anhelos “definitivamente para otros”.
Antología de poetas suicidas [1770-1985]
José Luis Gallero


De Al Qarafa, 2014.

Javier Pérez Walias. Otrora (Antología Poética 1988-2014), Calambur Editorial, 2014. Selección y prólogo de Eduardo Moga.

viernes, 1 de febrero de 2019

HE NADADO DE ESPALDAS




En los atardeceres de verano junto al río
he visto
a jóvenes
que apuestan por la vida
—a cuerpo descubierto
y cuerpo a cuerpo—
bajo el abrazo de los libros y los chopos.
He sentido una lengua líquida de besos
alzándose hacia el cielo rasante de mi boca
y un camino en forma de escalera
hacia lo hondo
y una nube de bogas fondeando
en las entrañas marrones de tus ojos.
He nadado de espaldas y a contracorriente
para ver
cómo se pasa la vida tan nadando,
para ver
cómo tan nadando se pasa el amor
y cómo
se
viene
tan nadando…
De Largueza del instante, 2009.
Javier Pérez Walias. Otrora (Antología Poética 1988-2014), Calambur Editorial, 2014. Selección y prólogo de Eduardo Moga.

jueves, 31 de enero de 2019

ES EL TACTO AGRIO Y AMOROSO AL FIN



Es el tacto agrio y amoroso al fin
de dos amantes que se hablan caricias
a quemarropa.

Es la espalda cosida por los besos,
vencida
              ya la luz.

Fantasmas de apariencia circulares.

Has buscado estrellas fugaces
de mar
en sudarios
vacíos.

De Versos para Olimpia, 2003.


Javier Pérez Walias. Otrora (Antología Poética 1988-2014), Calambur Editorial, 2014. Selección y prólogo de Eduardo Moga.