Sin duda hay cosas que no pueden expresarse en palabras.
Se manifiestan solas. Son algo místico.
Ludwig Wittgenstein
La existencia del ser no es un paisaje
a describir, a analizar;
para llegar a su centro
se necesita sustraer
todo aquello que es accesorio,
distrae la atención,
lo que impide, lo que aleja.´
La dimensión del Ser
es el espacio del no-lugar,
el tiempo sin relojes,
el aire detenido,
el flujo remontando
el río a contracorriente
alejándose del mar.
Y la quietud del Ser,
allá donde sea forma
construida por el pensar,
no es sino profundo sentir
del alma descarnada
—con serenidad, sin esfuerzo—,
quedando la síntesis
intocable, inefable
de aquello que se comenzó
a buscar con pasión.
El bosque no es un muro
de protección, sino fondo
de paisaje engañoso
—pues oculta y no enseña—,
el arbusto es estorbo
que ralentiza la marcha,
refrena el pensamiento.
Los senderos no son rutas,
sino bifurcaciones que alejan
al turbado individuo
de su búsqueda capital.
El claro del bosque
está allá donde el viento
acaricia la mano,
donde el silencio inerme
se enfrenta al reflejo
de los árboles distantes.
El claro del bosque
es reconocible solo
por quien ha abandonado
el rastro del cazador,
la exploración del suelo
carente de señales en la tierra.
Solo está al alcance,
para quien desprovisto
de afanes secundarios,
esté dispuesto a mirar
con otros ojos a la luz
y la sombra, y percibir
en su confluencia original
un punto que permanece
sin soporte, desatento
a desvaríos y delirios.
Enrique Arias Beaskoetxea. País de Niebla. Ed. Passer. 2025

No hay comentarios:
Publicar un comentario