documentos de pensamiento radical

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viernes, 23 de septiembre de 2016

EL REINO DE LOS MONÓCROMOS




En las exposiciones 0’10 y Tramway V, ambas celebradas en Petrogrado durante 1915, Malevich y Tatlin se enfrentan en una discusión (en algunos momentos no sólo dialéctica) sobre la funcionalidad del arte revolucionario que los alejará paulatinamente en los años siguientes.

En el manifiesto de 1915 escrito en colaboración con el poeta Maiakovski, Del cubismo al suprematismo, Malevich considera el cubofuturismo, el rayonismo, el constructivismo y el arte abstracto de Kandinsky como totalmente superados. «Mi filosofía, destruir cada cincuenta años pueblos y ciudades viejas, proscribir la naturaleza de los límites del arte, suprimir el amor y la sinceridad en el arte, pero en ningún caso acabar con la fuente viva del hombre (la guerra)... El suprematismo es el inicio de una nueva civilización... os digo... ridícula e insignificante es vuestra sabiduría en la nueva civilización».

En 1917 Malevich funda el grupo UNOVIS, Innovadores del arte, comunidad comprometida bajo juramento contra el academicismo y por la remodelación de la realidad cotidiana. Los UNOVIS pintan tranvías, almohadas, vestidos, bolsos; diseñan teteras, tazas, platos y otros objetos de porcelana en las fábricas de San Petesburgo; también imprimirán rótulos y carteles que cuelgan en las calles de Vitebsk. Continuando esta línea de renovación estética y distinción social, los miembros del UNOVIS se distinguen del resto de los mortales, cosiéndose en sus ropas cuadrados negros, emblema del arte y la comunidad suprematista.

Entre 1917 y 1932, Lenin, Trostki, Stalin o Hitler, por poner sólo algunos ejemplos, consideran que todoel arte abstracto está totalmente superado. Reivindican un arte fácil de entender por el pueblo, que sea útil para agitar a las masas y que tome para ello los cánones de la antigüedad y el realismo del siglo XIX.

En 1919 Lenin cierra la revista El Arte de la Comuna y disuelve la asociación Proletkult, vocero y órgano, respectivamente, de la vanguardia rusa, cerrando a continuación varios talleres de artistas afines a ella (Gabo, Pevsner, etc.). A finales de ese año, Malevich consigue expulsar a Marc Chagall del cargo de director de la escuela de arte de Vitebsk donde ambos trabajan, sustituyéndolo en el cargo. Al año siguiente, Chagall, junto a Wassily Kandinsky, hasta entonces director de la Academia de Ciencias Artísticas de Moscú, y algunos otros artistas con problemas inician el camino del exilio berlinés.

En 1927 Malevich es despedido del Instituto de Historia del Arte de Leningrado. Viaja a Alemania intentando ponerse a salvo de la censura y la represión estalinista, pero tiene una fría acogida en la Bauhaus de Dessau, a donde le acompaña en calidad de cicerone el poeta y crítico de arte polaco Tadeusz Peiper. Kandinsky, disgustado por los textos de Malevich sobre su obra, se niega a servirle de traductor y no le recibe. Por su parte, Walter Gropius le informa de la imposibilidad de contratarlo como profesor, en parte por motivos económicos, pero también por sus ideas, la mayoría de las cuales están en franca contradicción con los principios de la escuela. Malevich es para ellos un romántico espiritualista. Ante la fría acogida, fracasada su idea de exiliarse, decide regresar a la URSS, donde es inmediatamente arrestado.

Desde 1930 la VOPRA (Unión de Artistas Proletarios) intensifica con apoyo institucional sus ataques contra lo que consideran arte burgués. En 1930 se suicida Maiakovski: «La barca del amor se ha estrellado contra la vida corriente» –dejó escrito-. En 1933 son disueltas por decreto todas las agrupaciones de artistas de laURSS y se prohíbe, de forma tácita, todo arte que no sea realista. Tatlin vuelve a la pintura figurativa ese año y sobrevivirá pintando escenarios de teatro, circos y payasos hasta su muerte en 1953.

En Alemania la situación no es mucho mejor, la política de censura y destrucción de lo que los nuevos inquilinos del Reichstag han dado en llamar arte degenerado lleva al cierre por los nazis de la Bauhaus en 1933. La Academia Prusiana de las Artes ha sido purificada de elementos izquierdistas. Igualmente se ha despedido por motivos políticos a veintisiete directores de museos estatales, sustituidos por elementos del partido nazi que han comenzado la caza del artista degenerado. Ese mismo otoño se crea la Reichskulturkammer (Cámara Nacional de Cultura) con el propósito de unir a los elementos creativos de todos los campos para llegar, bajo el liderazgo del Estado, a una voluntad única. Sólo eran admitidos en ella los artistas racial e ideológicamente aceptables. Cerca de 100 000 profesionales formaban parte de ella un año después, incluyendo 15 000 arquitectos, 14 300 pintores, 2 900 escultores y 6 000 diseñadores.

A partir de 1935, Otto Dix, Paul Klee, Haussmann, Grass, Heartfield, Freundlich, Beckmann, Schlichter, etc. inician la aventura del exilio o el sin retorno desde los campos de concentración. Los cuadros vanguardistas son amontonados y expuestos a la burla en salas de los museos que se anuncian como Cámaras de los Horrores. La música de jazz es prohibida en las radios alemanas. En las universidades, columnas de humo negro se levantan desde las pilas de los libros quemados.
En 1939 el influyente crítico Clement Greenberg sintetiza, en su libro Vanguardia y kitsch, la que vendrá a ser la postura extraoficial del Gobierno norteamericano tras la II Guerra Mundial. Los artistas deben centrarse en conceptos puramente artísticos y dedicarse al desarrollo progresivo de sus cualidades formales y la creatividad natural del espíritu humano. Por lo tanto, lapintura debía consagrarse a explorar las relaciones de color, textura, composición y plenitud de la superficie pintada. El arte debía evitar la literalidad, no debía intentar enviar mensajes políticos o sociales. Los artistas debían hacer un arte abstracto que fuera inmune a la explotación política. Un arte puro y libre, subvencionado estatalmente a través de la CIA, que oponer a la retórica del realismo socialista. Desde 1945 caben en él desde antiguos nazis conspicuos, empezando por Herbert von Karajan o Wilhelm Furtwängler, a troskistas desencantados como George Orwell, pasando por personajes más o menos comprometidos con la izquierda socialdemócrata como André Gide, Isaiah Berlin, T. S. Eliot, Karl Jaspers, André Malraux, Aaron Copland, Benedetto Croce o Igor Stravinsky. Comienza la batalla más ambiciosa de la guerra fría: ganar a la intelectualidad occidental, en su mayor parte fascinada por el marxismo y el comunismo, para el modelo norteamericano.

Estetizar la vida. El gran proyecto moderno emprendido por todos los artistas políticos y todos los políticos artistas desde la revolución francesa. Neutralizar la experiencia individual cosificándola como mercancía. Hacerla circular en el mercado, a través de los media, como ofertas de sus nuevos dominios.


Antonio Orihuela. La caja verde de Duchamp y otras estampas cifradas. Ed. El Desvelo. Santander, 2016

contacto: http://www.eldesvelo.com/

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