documentos de pensamiento radical

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miércoles, 7 de septiembre de 2016

HURACANA de AMBAR PAST -fragmentos-



Dedico este poema a los hombres que nunca se acostaron
[conmigo
a los hijos que no tuve
a los poemas que nadie escribió

Dedico este poema a las madres que no amaron a
[sus hijos
A las que murieron en hoteles
sin que nadie las acompañara

Lo dedico al autor de las pintas en los muros
Al hombre y a la mujer
Al torturado anónimo
Al que nunca dijo ni su nombre

Dedico este poema a los que gritan de dolor
y también a las parturientas
A los que gritan en la terminal de autobuses
en los portales del mercado

Lo dedico a los suicidas
A los poetas
que viven olvidados en alguna antología
Al que lava cadáveres
A las mujeres que se acuestan con todos
A los que siempre duermen solos

Dedico este poema a las comadres y a los compadres
que hacen el amor y se convierten en piedra
A los que se bañan con jícara
en Viernes Santo y se vuelven peces
Al hombre que quiso ser zopilote
y a los que sueñan que pueden volar

Dedico este poema al Señor de la Noche Estrellada
A la Guacamaya de Fuego
Al Llanto de las Moscas
A la Lluvia Verde
Al que Guarda la Miel
A la Hermandad de los Hermanos Menores
Al de la Máscara que Llora
Al Rugoso Caracol de Tierra
Al Vertedor de los Cuatro Rincones
A los Juntadores de Corteza para Preparar el Vino
{Ceremonial.

Lo dedico al que toca la flauta y el tambor cuando van a lavar
[los paños en el ojo de agua
A la que chapotea en las cascadas y se moja el pelo con
[agua de lirios
A la que da el pecho a su hijo en el cañaveral
A los que buscan el arco iris en el aceite de los charcos
A los remeros que inventan el canto con sus brazos
A los que lavan el nixtamal bajo la lluvia
A las que acarrean el agua en cántaros
y caminan por la carretera
A la niña viendo luciérnagas
A la niña con el candil en la mano
A los chamacos que saltan con el rastrojo en llamas
A los que corren sobre el fuego
entierran a sus muertos en la cocina
y cantan entre los escombros
Al que engaña a su muerte en las camas de los
[moribundos
Al que baja de los cerros para no quemarse con las
[estrellas
Al que agarra la mano de la muerte y baila con ella
A las que tienen muchas nueras y cargan iguanas
[en sus cabezas
A los colochos que venden nieve en tierra caliente
A los camaroneros divisando el cometa de madrugada
Al que arremanga su camisa y pide un hacha
A la que vende tamal de bola, de mumu y chipilín
A los que cortan elote tierno para comerlo crudo
y amarran la pata del perro que roba pollo
A los que hacen las maracas
y matan por amor
A los que se avientan al hoyo en el entierro de un amigo
Al poeta que no puede bajar del techo por estar
[tan enamorado
Al que hace lo que puede

Dedico este poema a los que no frecuentan cafés
ni piscinas ni saben hablar por teléfono
A los que no entran en los bancos
ni salen en la tele
A las de la primaria vespertina
que reciben declaraciones de amor con faltas de ortografía
A los poetas que nunca empiezan a escribir
A los meseros que tragan su dignidad
A las viejas que lavan ajeno
A las que no se atreven a opinar
ni a levantar la voz
A las que no pueden estar felices sin el consentimiento
[del macho
A los que se tiran al suelo y tragan su lengua entre la
[multitud
A las que duermen con sus delantales puestos
y piensan en el quehacer mientras sus maridos eyaculan
[prematuramente
A las que se levantan a oscuras en galeras de palma
A las que tortean en jacales
A la que se quemó su pelo
y manchó de tizne su falda
A los que asolean chilacayotes en su tejado
y no tienen sillones
A los que arrullan a sus hijos en tzotzil
y traen mugre bajo las uñas
A los pepenadores
A los que chaporrean
A los que siembran nopales y comen tortilla con sal
Al sereno que también trabaja de día
A la de la chancla rota que tiende cien camas cada
[mañana
Al viejo sin dientes que merca chicle en la playa
A los que viajan parados a la tierra del cacao
A las que traen las caras negras
y la cicatriz del llanto en su sordera

Dedico este poema al hombre encadenado
A los niños golpeados
A los hijos de alcohólicos
A las que cuidan a las criaturas de otros y ven a las suyas
[cada quincena
A la que trapea en el colegio y no sabe firmar su nombre
A las que comen en la mesa del hospicio
A los tullidos que se acurrucan junto al horno en alguna
[panadería
A los que atienden los baños públicos
y barren las calles al amanecer
A las que bailan en cabaretes
y están hartas

Dedico este poema al amasador de adobes que muere en la
[casa que construyó para otro
Al poeta en su velorio con la boca cerrada para siempre
A los que se escaparon de noche cuando el volcán
[sepultó su iglesia
A los vecinos que ya enterraron a sus hijos
uno tras otro como los años que pasan
A los que han tenido que vender a sus hijos su sangre
[y su sexo
A los que nada tienen que perder

Dedico este poema a los peones acasillados que invaden
[las tierras del patrón
A los que cavan túneles debajo del dinero
A los que prenden lumbre al ingenio
A los que no echan sombra y sin luna contemplan
[los puentes
A los niños de trece años que se alzan a la guerrilla
y conocen mujer por primera vez en la montaña
Para los dos heridos
Para Las Pelonas
Al tacuazín de Olga
A los chuchos apaleados
A niños que nacen en países donde la verdad está prohibida
[por ley
A los que han adoptado otro nombre
y llevan años sin saludar a la familia
A los que nunca durmieron en la misma cama
y comparten la fosa común

Dedico este poema a la madre que busca a su hijo
[en el anfiteatro
entre otros poemas decapitados
A la que no puede decir cuál cadáver es el suyo
y se despide de cada uno con un abrazo.


***



NOCTURNO PARA LEÑATEROS


I
Como no encuentra mujer,
el hombre sale a cortar leña;
así ya no siente frío
y la lumbre no le hace falta.

*
Había un hombre que se enamoró de una mujer en el bosque
Él tenía que irse y decidió dejarla embarazada,
para acordarse de que la quería.
Cuando regresó, había muchas mujeres y todas estaban
[embarazadas.
Ya no supo cuál era la suya.

*
Un hombre y una mujer hacían el amor en el bosque.
La mujer tenía frío; no había leña y el hombre fue a traer su
[machete.
Cuando regresó, todas las mujeres estaban en el bosque,
todas desnudas, todas embarazadas.
El hombre empezó a echar filo a su machete.

*
Un leñatero hace el amor con su mujer en el monte.
La mujer quiere prender una fogata pero no trae con qué
[cortar leña.
Él va a conseguir hacha y se olvida de su mujer.
Cuando la encuentra por casualidad ya no la reconoce
y se enamora de ella.

*
Un hombre fue a casa con su carga de leña.
No estaba la mujer, entonces no estuvo seguro de si era su
[casa o no.
Y salió a cortar más leña.

*
Un hombre va a casa de noche y decide cortar camino por
[el monte.
Una mujer lo espera bajo un árbol.
Él la abraza, la besa, engendra hijos con ella y luego se da
[cuenta
de que es un tronco podrido lo que tiene entre sus brazos.

*
El hombre vio una mujer en el bosque y quiso tenerla.
La mujer corrió y él corrió tras ella.

*
Ya no la alcanzó
y se dio cuenta de que estaba perdido.
Empezó a cortar árboles para salir de ahí.

*
Una mujer se escondió dentro de un árbol
y el hombre tuvo que cortar
todo el bosque para hallarla.
La encontró preñada.

*
La mujer fue con otro.
Así la leña nunca le faltaba
y jamás se apagó su fogón.

*
El hombre pegó a la mujer y ella regresó a su casa.
Los hijos se convirtieron en tuzas
y empezaron a roer las raíces de los árboles.
*
Ella era ciega y él sordo.
Ninguno de los dos se dio cuenta cuando el otro se fue.

*
Un hombre vive en el bosque perseguido por soldados.
Tiene un solo brazo y visita a su prometida
sólo cuando el camino está libre
de la nieve que muestra sus pasos.

*
El hombre no quería acostarse con todas las mujeres.
Pero no dejó en pie ni un solo pino
y ya no tiene dónde esconder su sombra.

*
Amarró un tercio de mujeres a su mecapal,
y apenas si llegó a casa.

*
Las mujeres prenden lumbre con el mango de su hacha.
–Aquí no hay árboles –dicen–,
ya no hace falta cortarlos.

*
La mujer no tiene hijos.
Siembra pinos y espera
la llegada de los leñateros.

*
Las mujeres vivían en el bosque.
Los leñateros iban allá y hacían el amor con ellas sobre la
[juncia.
Cuando acabaron con todos los árboles, las mujeres no
[tuvieron
ni en dónde hacer el amor ni leña para echar tortilla.
Los leñateros partieron hacia otros bosques.

*
Era de noche y la mujer fue a orinar al bosque.
Se asustó mucho cuando se asomó un hombre cargando
[machete.
El hombre se asustó más todavía que ella.
Cuando se dio cuenta de que el hombre estaba temblando,
[mirándola
bajo la luna con el pelo suelto, ella le dijo que se fuera.
Y el hombre huyó de ahí para contar que se le había
[aparecido una virgen.

*
El hombre iba de noche a solas.
Encontró una casa y una mujer que le reclamaba por haber
[llegado tan tarde.
Él no sabía de quién era la casa.
La mujer tampoco sabía.

*
Todavía era de noche
y encontró a su mujer en el camino.
–Vente –le decía ella,
y él la siguió hasta cansarse.
Cuando abrió los ojos,
ya era de día y estaba en su cama
con una mujer que jamás había visto antes.

*
Cuando despertó, había caído la noche
y estaba todavía en el bosque.
Lo llamaba una mujer y él la siguió por el monte.
Hasta que amaneció pudo ver bien su cara y era su mujer.
Ella también había pensado que él era otro.

*
Para ella, él era uno de los que cortaba su bosque.
Uno que dejaba hijos en todas las tierras.
Las hijas van a dar a luz.
Bajo las ceibas siembran sus placentas.

*
La mujer tejía al pie de una ceiba.
El leñatero estaba ciego y no sabía cuál árbol cortar.
—Déjame siquiera la ceiba –le pidió la mujer–,
porque a ella ato mi telar.
Le quitó el machete y se fue a parir.

*
Con machete partió el cordón.
Y con lana de ceiba vistió a sus hijas.

*
Arrullan al niño en su canoa
Lo entierran en el río
cuando deja de llorar
El niño ya no vuelve
porque jamás pisó la tierra
y no podemos volver
a donde nunca hemos caminado.

*
Las mujeres vivían en el bosque a solas,
porque no tenían hijos
ni hombres para engendrarlos.
Con el tiempo se acabó toda su ropa
y así estaban desnudas.
Prendieron lumbre al bosque para calentarse.

*
Se embarraron de hollín y bailaron sobre las brasas.

*
Sólo el humo quedó. No había leña,
ni siquiera una astilla de roble
para la cuña del hacha.

*
Las mujeres llenaron sus ollas de ceniza.
Se acostaban con hambre
entre las piedras del arroyo seco.
Dejaron de soñar.

*
Había un leñatero
que se enamoró de todas las mujeres del bosque.
Debajo de cualquier palo
abrazaba a la que se le ponía enfrente.
Ni un ratito le quedaba para hacer leña.

*
Un hombre se perdió en una arboleda de floripondios.
Había muchas mujeres y él se enamoró de todas.
Tumbaba las matas hasta que quedó sin filo su hacha.

*
Entonces las mujeres le hicieron leña
y prendieron fuego a él y a todos los árboles.
¿Tiendo esta noche nuestra cama?,
pregunta ella después de morir.
Él dice que quiere tener una culebra
con piernas de mujer.

*
El amatero se prendó de la piel de un árbol.
Se la llevó a casa.
Se tendió sobre ella para soñar.
La culebra del cuento se estiró,
tan lejos como la memoria,
tan largo como la espera.
Con gises del río trazó para sus dioses:
encantamientos,
plegarias.

*
Escribió en la corteza los nombres de su amada:
canoa de sabino que sigue el curso del agua.
Batea de ceiba donde se enjuaga los hilos.
Palo de los caminos.
Palo dulce del olvido.
Tan cerca como la muerte.
Tan corto como el último día.

*
El leñatero tardó en regresar.
Mientras le esperaba,
la mujer tejió canastas de juncia
y las llenaba con hojas que soltaba el madrón.
Cayeron todas las hojas antes de que llegara el hombre.

*
Cuando regresó el bienamado, ya era otoño.
Les traía paja y liquen a sus hijos
y canciones de la pradera.

*
A la mujer ya no la reconoció.
La confundía con todas sus hijas
y ninguna estaba embarazada.

*
No había espinas.
No nos preocupábamos del final
ni por los nombres de las cosas / la alegría,
el olor de quienes nos acarician.
No nos acordábamos de nada.

CUXTITALI, 1988-2003


Ambar Past. Huranaca. Ed. Amargord, 2016

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