Otra
vez ante nuestros ojos las incisivas y suculentas propuestas del poeta Rafael
Alcalá, dueño de una capacidad innata para aventurarse, igualmente por las más
serenas playas que por los más pavorosos acantilados que la vida nos pone
delante.
Esta
vez, se inventa una pandilla de 10 jóvenes para hacernos un alegato contra la
áspera y desabrida sociedad actual, cuyo entorno artificial los ahoga como un
envoltorio de crujiente celofán.
Recurriendo
a paisajes y personajes inventados, utilizando un lenguaje directo y repleto de
recursos, como la jerga más de germanías o el contrapeso de la ironía, Rafael
nos hace llegar las vivencias (reales o soñadas) por esa pandilla que
representa la rebeldía, el desacuerdo con las propuestas éticas y morales
heredadas, y ofreciendo otras cuyo final, en realidad, desconocen.
Rafael
esparce el libro en 20 lo que él llama inmersiones una serie de expresiones,
totalmente novedosas y expresivas, repletas de humor: “Y a la muy sana Misda de
la cunita blanca o al san Clovaldo Martir” (ambos personajes inventados). “Que
ni siquiera el Valium nos devuelve la sonrisa”.
“La
nostalgia nos hunde/en un estado de memez sin par/ y duro abombamiento, /que no
lo restablece ni el tinto de Asunción”
“Los
perros y felinos que, sin piedad, miccionan en su quicio”. (esta vez, todo
ocurre en torno a un prostíbulo)
“Nosotros
procedemos de la escoria y de la pensión barata”.
“Alternamos
de noche y dormimos de día, excepto los festivos y fines de semana”.
“Estamos
saciados de mentiras. Somos analfabetos, a muchísima honra”.
Son
situaciones y aseveraciones novedosas e inesperadas que llevan al lector a unos
paisajes sorprendentes, Rafael siempre tiene esas cosas.
Por si
pudiera parecer superficial, el poeta nos acerca desde diversos ángulos al
brocal de la Muerte en varias estrofas: Entonces, no dudamos, nos quitamos la
ropa, /nos encomendamos a nuestros muertos/...”
“y que
cuando despertemos tengamos/ la certeza total de si la Muerte/ se lleva a
nuestros fieles enemigos,..”
“Transcurrió
el domingo visitando/ el cementerio. Lo pasamos fetén”.
“Sólo
la Muerte sedará, al fin, su dolor milenario”.
Como
vemos, incluso la muerte recibe su dosis de ironía. Rafael, siempre huyendo de
lo retórico, nos alerta, nos despierta ante una realidad que pretende
engañarnos; nos pone en guardia ante la Vida.
Recomendable,
por supuesto este nuevo libro, sugerente y enriquecedor de este poeta/escritor,
o viceversa, al cual siempre esperamos con alto interés.

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