El hilo de queso fundido que no abandona
la pizza. La corriente de agua que sigue
el cauce sin desbordarse. La rata aturdida
que no salta del barco. La última hoja, insomne
que cuelga del árbol dormido.
El estertor final de un cuerpo agotado,
abrazado a la vida.
Vínculos irrompibles,
eso que permite a este hilo rojo,
anudado al meñique,
sostener la fe
de que alguien al otro extremo,
aún sujete.
Esther Mañoso

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