Su sonrisa es como la música,
tiene cuartos de tono,
intervalos y sostenidos,
además de armónicos,
aparentemente atemperados,
aunque en un extremo equilibrio,
lleno de fugas polifónicas,
de cien hogueras por banda
y octavas desbordantes,
siempre mirando a la tormenta
de cara.
Se nota que la vida pasa,
hasta para un poeta como él,
pero no pasa inadvertida,
porque hasta la misma vida
sabe dónde caerse muerta
y donde dejarse caer.
Compañero paralelo,
maestro entre iguales,
poeta poliédrico,
historiador incansable,
honesto, tierno
del pueblo al pueblo
de pueblo en pueblo,
un invitado ilustre
en cualquier corazón
que se precie,
y que se use.
Me alegra no conocerlo tanto,
así como lo añoro y quiero,
porque si fuera al contrario,
podría escribir un libro,
pero no estos humildes versos.
* Dedicado al maestro, historiador, poeta y ensayista Antonio Orihuela (Moguer, Huelva)
Gul. Solo el arte libera al arte. Ed. Cuadranta, 2025

No hay comentarios:
Publicar un comentario