…bajo la perspectiva necia de lo SOCIAL en la Estultisofía:
■ Desafío a la sacralización del orden social: La Estultisofía cuestiona la
idea de que la sociedad necesita un orden rígido, coherente y permanente para
funcionar. Frente a la obsesión por la estabilidad, la seguridad y la normalidad,
propone una mirada que celebra la inestabilidad, la contradicción y el azar
como motores colectivos. Lo social no se entiende como un edificio sólido, sino
como un castillo de naipes permanentemente a punto de caer, cuya belleza está
precisamente en el derrumbe y en la reconstrucción.
■ Revalorización de lo inútil en lo comunitario: La vida en común no se mide
por la eficiencia de sus instituciones ni por la utilidad de sus normas, sino por la
capacidad de generar espacios absurdos de convivencia: Plazas para no hacer
nada, asambleas para discutir sobre lo indiscutible, celebraciones sin motivo
alguno. La comunidad deja de ser una maquinaria funcional para convertirse en
un carnaval perpetuo de la improductividad compartida.
■ Crítica a la lógica de la cohesión social: Mientras el pensamiento tradicional
celebra la cohesión, la unión y la armonía social, la Estultisofía reivindica el
desacuerdo, el malentendido y la contradicción como formas más honestas de
estar juntos. La comunidad no se forja en la unanimidad, sino en el equívoco, el
disparate y la imposibilidad de llegar a conclusiones comunes. La descohesión
se convierte en el verdadero cemento social.
■ Desjerarquización de las instituciones: En lugar de venerar al Estado, al
Parlamento, a la Iglesia o a la Universidad como depositarios de autoridad,
la Estultisofía los reimagina como escenarios de payasada institucional. Un
ministro puede equivocarse en verso, un juez puede emitir sentencias en forma
de trabalenguas, una catedrática puede dar clase con un zapato en la cabeza y
un clérigo o clériga debe contener la carcajada por la sandeces que dice. Así se
expone que el poder no es trascendente, sino un teatro ridículo que puede ser
reescrito en clave de farsa.
■ La sociedad como teatro del absurdo: Las convenciones sociales, los
protocolos y las normas de urbanidad se entienden como coreografías absurdas
que se repiten sin que nadie recuerde su origen. Dar la mano, votar, esperar
turno, aplaudir un discurso: Todo puede verse como una puesta en escena sin
sentido. La Estultisofía invita a exagerar, parodiar o sabotear estas rutinas hasta
que se haga visible el vacío que las sostiene.
■ Transformación de las identidades colectivas: Las identidades sociales
(nación, clase, género, partido, equipo de fútbol…) son entendidas no como
esencias, sino como disfraces. La Estultisofía propone jugar con ellas,
intercambiarlas o inventar nuevas (ser «ciudadano de la República de la
Compasión» o «militante del Partido de los Desorientados»). La identidad social
deja de ser un destino y se convierte en una orgía de máscaras inestables.
■ La política como juego inútil y mutante: Lejos de entender la política como
gestión seria y trascendental, la Estultisofía la concibe como un juego inútil donde
las decisiones pueden ser reversibles, contradictorias o ridículamente arbitrarias.
Votar puede equivaler a lanzar un dado, legislar a escribir poemas automáticos,
y gobernar a improvisar una salmodia. Así, se desarma la solemnidad del poder
político y se abre la posibilidad de la política como performance.
■ Aceptación del conflicto y la fragilidad social: En lugar de ocultar los
conflictos bajo discursos de armonía, la Estultisofía propone habitarlos como
parte constitutiva de lo social. La violencia simbólica, la frustración colectiva o
la precariedad del lazo social no se niegan, sino que se exponen en toda su
desnudez absurda pero sincera. La fragilidad, más que un defecto, se convierte
en la única verdad posible de lo común.
■ Reinvención de la protesta social: La protesta deja de ser solo oposición frontal
al poder para convertirse en experimentación desorientada: Manifestaciones
que marchan en círculos, pancartas en blanco, cánticos en idiomas inventados,
ocupaciones poéticas de espacios públicos... Estas acciones no solo reclaman
derechos, sino que cuestionan la seriedad misma del orden social, desarmando
su pretensión de legitimidad.
■ En resumen, desde la Estultisofía, la sociedad deja de ser un organismo
racional destinado a la eficiencia y al control, para convertirse en un campo de
experimentación absurda, carnavalesca y dislocada. No se trata de perfeccionar
las instituciones, sino de burlarse de ellas; no de reforzar la cohesión, sino de
aceptar el conflicto; no de buscar la utilidad común, sino de gozar del sinsentido
compartido. La verdadera dignidad social no reside en obedecer las normas,
sino en desobedecerlas de manera creativa, poética y ridículamente colectiva.
• «Lo que nos une no es el consenso, sino el conflicto, el disenso». Chantal
Mouffe (filósofa y politóloga)
• «El hombre es un ser para la contradicción.» — Albert Camus (filósofo)
Manel Costa. Estultisofía. Ed. Estulta, 2026

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