documentos de pensamiento radical

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domingo, 29 de marzo de 2026

ESTULTISOFÍA (fragmento II)

 


bajo la perspectiva necia de lo SOCIAL en la Estultisofía:

Desafío a la sacralización del orden social: La Estultisofía cuestiona la

idea de que la sociedad necesita un orden rígido, coherente y permanente para

funcionar. Frente a la obsesión por la estabilidad, la seguridad y la normalidad,

propone una mirada que celebra la inestabilidad, la contradicción y el azar

como motores colectivos. Lo social no se entiende como un edificio sólido, sino

como un castillo de naipes permanentemente a punto de caer, cuya belleza está

precisamente en el derrumbe y en la reconstrucción.

Revalorización de lo inútil en lo comunitario: La vida en común no se mide

por la eficiencia de sus instituciones ni por la utilidad de sus normas, sino por la

capacidad de generar espacios absurdos de convivencia: Plazas para no hacer

nada, asambleas para discutir sobre lo indiscutible, celebraciones sin motivo

alguno. La comunidad deja de ser una maquinaria funcional para convertirse en

un carnaval perpetuo de la improductividad compartida.

Crítica a la lógica de la cohesión social: Mientras el pensamiento tradicional

celebra la cohesión, la unión y la armonía social, la Estultisofía reivindica el

desacuerdo, el malentendido y la contradicción como formas más honestas de

estar juntos. La comunidad no se forja en la unanimidad, sino en el equívoco, el

disparate y la imposibilidad de llegar a conclusiones comunes. La descohesión

se convierte en el verdadero cemento social.

Desjerarquización de las instituciones: En lugar de venerar al Estado, al

Parlamento, a la Iglesia o a la Universidad como depositarios de autoridad,

la Estultisofía los reimagina como escenarios de payasada institucional. Un

ministro puede equivocarse en verso, un juez puede emitir sentencias en forma

de trabalenguas, una catedrática puede dar clase con un zapato en la cabeza y

un clérigo o clériga debe contener la carcajada por la sandeces que dice. Así se

expone que el poder no es trascendente, sino un teatro ridículo que puede ser

reescrito en clave de farsa.

La sociedad como teatro del absurdo: Las convenciones sociales, los

protocolos y las normas de urbanidad se entienden como coreografías absurdas

que se repiten sin que nadie recuerde su origen. Dar la mano, votar, esperar

turno, aplaudir un discurso: Todo puede verse como una puesta en escena sin

sentido. La Estultisofía invita a exagerar, parodiar o sabotear estas rutinas hasta

que se haga visible el vacío que las sostiene.

Transformación de las identidades colectivas: Las identidades sociales

(nación, clase, género, partido, equipo de fútbol…) son entendidas no como

esencias, sino como disfraces. La Estultisofía propone jugar con ellas,

intercambiarlas o inventar nuevas (ser «ciudadano de la República de la

Compasión» o «militante del Partido de los Desorientados»). La identidad social

deja de ser un destino y se convierte en una orgía de máscaras inestables.

La política como juego inútil y mutante: Lejos de entender la política como

gestión seria y trascendental, la Estultisofía la concibe como un juego inútil donde

las decisiones pueden ser reversibles, contradictorias o ridículamente arbitrarias.

Votar puede equivaler a lanzar un dado, legislar a escribir poemas automáticos,

y gobernar a improvisar una salmodia. Así, se desarma la solemnidad del poder

político y se abre la posibilidad de la política como performance.

Aceptación del conflicto y la fragilidad social: En lugar de ocultar los

conflictos bajo discursos de armonía, la Estultisofía propone habitarlos como

parte constitutiva de lo social. La violencia simbólica, la frustración colectiva o

la precariedad del lazo social no se niegan, sino que se exponen en toda su

desnudez absurda pero sincera. La fragilidad, más que un defecto, se convierte

en la única verdad posible de lo común.

Reinvención de la protesta social: La protesta deja de ser solo oposición frontal

al poder para convertirse en experimentación desorientada: Manifestaciones

que marchan en círculos, pancartas en blanco, cánticos en idiomas inventados,

ocupaciones poéticas de espacios públicos... Estas acciones no solo reclaman

derechos, sino que cuestionan la seriedad misma del orden social, desarmando

su pretensión de legitimidad.

En resumen, desde la Estultisofía, la sociedad deja de ser un organismo

racional destinado a la eficiencia y al control, para convertirse en un campo de

experimentación absurda, carnavalesca y dislocada. No se trata de perfeccionar

las instituciones, sino de burlarse de ellas; no de reforzar la cohesión, sino de

aceptar el conflicto; no de buscar la utilidad común, sino de gozar del sinsentido

compartido. La verdadera dignidad social no reside en obedecer las normas,

sino en desobedecerlas de manera creativa, poética y ridículamente colectiva.

«Lo que nos une no es el consenso, sino el conflicto, el disenso». Chantal

Mouffe (filósofa y politóloga)

«El hombre es un ser para la contradicción.» Albert Camus (filósofo)

 

 

Manel Costa. Estultisofía. Ed. Estulta, 2026

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