TRAMPANTOJO
¿Qué advierte el vigilante
más allá de lo que muestra el
paisaje?
¿Qué guarda quien protege
el emblema que da nombre
a los desaparecidos?
Velar por lo arrancado,
picar para ver
lo que bajo los escombros
aún respira.
Agrietar. Punzar. Taladrar.
Agujerear hasta dar
un mal paso y encontrarse
en el corazón del aire
con la raíz del sentido.
¿Qué golpe de luz,
qué destello en la noche
hará blanco en la belleza?
¿Qué realidad oculta la mirada
que en rigor no sea un
trampantojo?
HUMEDAD TRAS LA LLUVIA
No te intrigue lo que encuentres
sino lo que desaparezca cuando
mires.
Que no sea la palabra que te
arrastre
al hueco en que aún respires
el lugar seguro que habías
imaginado.
Que no sea el tiempo que pase
ni el espacio recorrido
lo que te nombre.
Que lo que te nombre
sea la lágrima que caiga,
la humedad tras la lluvia.
No seas tú quien camine. Bajo las
piedras,
seas tú el sendero que unos pasos
tracen cuando avancen.
LA CALLADA
Si se trata de quebrar la
opacidad
a través de lo que callan
los nombres,
¿cómo descifrar
el blanco aleteo del pájaro
cuando el sol
se da por vencido tras las
montañas?
Escarbar en el enunciado
hasta desc
ompon
erl
o,
hurgar en él
y abrir un hu eco
para que el silencio respire
y estalle el conflicto
que da nombre a lo real,
prestar una oportunidad a la
callada,
ese escenario a tenaza do
por el delirio en el que,
por no haberse afirmado nada,
todo puede ser dicho,
todo,
es un decir,
de hecho,
se dice.
¿Qué margen de sentido
se oculta al caer la noche
en el dobladillo del lenguaje?
¿Por qué barrancos se precipita
la palabra
cuando con su manto el frío
asuela el territorio de las
piedras?
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