Cuando me
desperté
una mañana
después de un sueño
intranquilo
me encontré
convertido
en un
monstruoso
insecto.
Respiré
hondo y recordé
que me había
quedado dormido
con el
equipo de combate
puesto.
Mi mono
negro de kevlar,
mi
exoesqueleto,
mi casco con
sus ojos
de visión
digital,
mis garras
negras
afiladas.
Tal vez si
sí me haya vuelto un gran insecto.
Un tipo
nuevo de hormiga guerrera.
Un soldado
del siglo XXI.
En
nuestro ejército
todos somos
iguales
y a nadie se
le niega
el derecho a
una muerte
noble o a
una muerte.
Seas hombre
/mujer /trans,
lo que
quieras
siempre que
aceptes ser
de los que
matan juntos.
Una vez
dentro del equipo
de combate
tu sexo
da igual,
se cae
disuelto en
el sudor.
Y dan igual
tus sueños
tus
querencias
tus
fantasías
porque al
poco
de estar
con nosotros
solo hay
pesadillas.
Creo
que se me
está acabando el tiempo.
Toda mi
unidad la componemos veteranos
y creo haber
detectado una pauta:
no gustamos,
los
veteranos.
No gusta
saber lo que
hemos visto
ni gusta
nuestra
profesional
desconfianza
que detectan
en los mensajes que cruzamos
y que
sabemos que escuchan,
ni el
conocimiento que acumulamos.
Nuestra
obsolescencia está programada
y uno de
estos días -—lo he visto antes-—
nos mandarán
a una misión sin vuelta.
Tal vez
habría
que al fin
perder
el miedo
a que el
miedo
nos señale
quién es
el enemigo

No hay comentarios:
Publicar un comentario