documentos de pensamiento radical

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martes, 17 de octubre de 2023

OBRAS COMPLETAS

 



 

Me vio botando un balón de plástico

tratando de encestarlo en un aro que sólo existía en mi cabeza.

Me dijo que si yo quería me compraba una canasta y un balón de reglamento.

 

Era mi tío José, Papá Noel que también venía a mitad de primavera

cargado de relojes de pared con forma de animales que movían los ojos,

exprimidores y cuchillos eléctricos,

relojes digitales que se iluminaban en la noche,

burros de plástico que cagaban cigarrillos,

cosas entonces extrañas y absurdas

anunciando a las marías la buena nueva de la sociedad de consumo

que acabaría dejándonos preñados a todos.

 

Mi tío celebraba su llegada llevándonos al Parador Nacional Cristóbal Colón,

un lugar al final del asfalto, frente a la playa,

preludio de especuladores sin plan de ordenación urbana

que se pasarían por el forro todas las declaraciones de espacio protegido.

 

Mi tío me paseaba por el pueblo en su SEAT 1500,

una esmeralda verde en movimiento restallando cal en sus cromados,

cuando casi nadie tenía coche,

esquivando baches, burros, campesinos que salían de las tabernas

y se paraban en mitad del barrizal para saludarle.

 

Mi tío era alto y el ser más elegante que jamás vieron mis ojos,

pero le dije que no, que no quería su canasta importada de Taiwan,

ni su pelota de marca

y se echó a reír, confuso, mirando a mi madre.

 

Acuérdate, le dijo, éste poeta

y si me apuras, anarquista, como mi compadre, el pobre Barbosa.

 

No volví a verlo nunca más,

su coche se cruzó con el primer supermercado que abrían en el pueblo

y desapareció envuelto en una nube de polvo y olvido.

 

Ese verano murió mi tío José y a mí se me desinfló la infancia,

descubrí el amor y en una librería de Casas Ibáñez

un libro de poemas de Miguel Hernández que copié entero

esperando que de aquellos versos nacieran los míos.

 

Años después, cuando todo esto parecía estar muy lejos de mi memoria,

encontré en mi buzón un regalo,

un libro con las obras completas de un tal Diego Barbosa

y entre las fotos de su biografía, una junto a mi tío, los dos muy jóvenes,

en un mitin pro-amnistía del Ateneo Libertario de Chiclana,

una foto como un silencio,

un sueño roto

o un manantial.



Antonio Orihuela. Sin fin. Ed. Gato Encerrado. 2023

lunes, 16 de octubre de 2023

IDEA VERTICAL DE TI

 





 

Por la ventana,

en la tarde de este invierno

miro pájaros que me recuerdan mi dolor por ti.

 

El mar,

tu pijama de la casa,

y tus caderas, que parirán robustos peces,

os volvéis

un dolor ancho, como oscuros tus ojos,

y el enigma se cierra por un doble horizonte de labios.

 

No sé si volveré en mí

y habitaré la casa, nuevamente.

 

Sumergido,

intento guardar esta imagen, tuya, para siempre.



Antonio Orihuela. Sin fin. Ed. Gato Encerrado. 2023

domingo, 15 de octubre de 2023

LEJOS




Lejos

 

 

la tarde de trigo

 

y los pájaros que escaparon

 

de la cáscara mortal de nuestra juventud.

 

 

 

Sólo la lluvia a mi lado,

 

como yo,

 

pensativos. 


Antonio Orihuela. Sin fin. Ed. Gato Encerrado. 2023

sábado, 14 de octubre de 2023

MOVIMENTISMO




Recuerdo los círculos

 

había allí ilusión colectiva,

propuestas de la gente,

contrato social,

mundo sostenible,

democracia fiscal,

proyecto de comunidad

y hasta patriotismo de izquierdas…

 

droga dura, vamos, sin cortar,

cien por cien de pureza,

 

pero llegó el gran capo

y se acabó el menudeo,

desaparecieron los camellos de poca monta,

se impuso su ley,

el mercado volvió a quedar

en manos de los grandes traficantes…

 

repartieron cargos, limosnas, cementerios,

burocracia, duda, enchufes, purgas,

 

nos cambiaron los cantos de sirenas

por sirenas de la policía

 

y, finalmente, hicieron campaña

 

contra las drogas.   




Antonio Orihuela. En: Infierno Suave. nº 20. Especial verano, 2023


 

viernes, 13 de octubre de 2023

9 poemas de REGRESO A LAS AZOTEAS VERTICALES de JAIME COVARSÍ


 

XXIII

DURAR (DEUD-)


No pertenecemos al tiempo por mucho tiempo,

solo duramos.

Puede hacérsenos largo. Con la piel seca

de nuestros pasos,

historia leve y silenciosa.

Solo duramos, no pertenecemos

al tiempo. Solo pulsamos

su cuerda tensa e infinita,

su desprecio sin memoria.



XXVII


Esos atardeceres

tan familiares siempre

entre los versos.

Esa insistencia

sutil de la memoria.



XXIX


Y recordar (cor, cordis),

traer a la memoria

el llanto claro

de aquellos labios

que tocaban un nombre.


XXX

Cuando todo esté hecho

acaricia mi frente

cuanto tú quieras,

que mi cabello

sea tuyo. Ese siempre.


XXX.1


Cuando todo esté hecho

quedará aún todo

entre tus manos

de arena blanca

que tan lentas se vierten.


XXX.2


Cuando todo esté hecho

acaricia mi frente

de agua blanca.

Que nada agite

el jardín de la muerte.


XXXII


Esperaré sentado

sin molestar a nadie,

solo conmigo;

mientras, el vuelo

presto de tu vestido…


XXXII.1


Esperaré sentado

sin molestar a nadie;

solo conmigo

en el silencio

presto de tu vestido…



XXXII.2


Esperaré sentado

sin entregarme a nadie,

solo contigo

aguardaré,

acaso tu vestido…



Jaime Covarsí. Regreso a las azoteas verticales. ERE, 2023

Grabado de  Hiroshige Ukiyoe. Noche y fuegos artificiales.

jueves, 12 de octubre de 2023

Un poema de REGRESO A LAS AZOTEAS VERTICALES de JAIME COVARSÍ

 



XII


Me llamo Françoise, de lo cual me pesa,

nacido en París, cerca de Pointoise,

y atado a la punta de una cuerda gruesa,

mi cuello sabrá si mi culo pesa.

«Copla hecha cuando fue condenado a

muerte», Poesías, F. Villon.


Pensar en la lotería es un acto ontológico integral. Sin suceder, revuelve el futuro, lo abarca

adivinatoriamente, dibuja unos contornos gruesos, estables y bien definidos adelantando algo

muy poético: «lo que podría ser», que, por un momento, y para que nadie dude de su veracidad,

se hace tan real como el hombre del saco (¿irá vestido de rojo, tendrá la barba blanca y reirá a

carcajadas?).

Al respecto, podría decir que si a mí me tocara la lotería, guardaría el dinero un año, al menos, o

quizá dos. Esperar no le haría demasiado mal a mi nueva vida (la lotería también es una

resurrección) antes de gastarlo.

Tendría que hacer numerosos cálculos antes de cobrar el codiciado premio. Lo mejor sería

empezar por el final y volver hacia el presente, hacia esa irrealidad vivida tantos años, tan

histórica ya (reducción decimonónica): la vejez, la jubilación, mis últimos cursos en el instituto.

De trabajo no me queda tanto, si me tocara la lotería, pienso, o simplemente si pienso en que me

tocara la lotería. Veamos: la juventud ya la he agotado; la adolescencia y la infancia volaron…

Si me toca la lotería, sabré ahorrar el dinero, no el tiempo. Renacer es lo que tiene, uno vuelve

con una conciencia cronológica incorporada. La lotería es ineludible, una maestra de distancias

imposibles que se hacen añicos en un santiamén. Hay que hacer cuentas: X dinero dividido

entre treinta, por si acaso. Lo primero, como digo, será imaginarme viejo: necesitaré

bastón, una gorra para la cabeza y pañales, muchos, no sé cuántos…

Y si me tocara enamorarme —también circunstancia muy poética, tan de «lo que podría

ser», según el Estagirita—, esperaría igualmente un año, o quizá dos antes de agotarlo

(me pregunto cuándo y cómo se gasta). En cualquier caso, ahora, con la cabeza todavía

fría, en este invierno todavía de los sentimientos no azotados por una tormenta de

verano, he de hacer algunos cálculos. Me sorprende comprobar que se parece a una

lotería (pero ahora quiero ser el hombre del saco). También he de empezar por el final:

la vejez y sus arrugas, la jubilación, mis últimos cursos de instituto.

Ya no me quedan ni tiempo ni ganas: el interés y el sexo volaron. Estas son las cuentas:

X de algo dividido entre cinco, por si acaso. Lo primero, como digo, será imaginarnos

viejos: los dos agarrados de la mano (no del pescuezo) hablando de literatura o de arte, luego,

con una sonrisa, ayudarnos con los pañales, muchos, no sé cuántos…

Lotería y amor, sopeso. Me convierto en una trutina, con sus dos platillos expuestos: en

un lado, el amor lascivo (porque amar a mi edad es siempre un acto impúdico, irreal,

poético, un «lo que podría ser», ya saben) y del otro, la costumbre y su lotería. Como en

los Carmina Burana: eligo quod video, esto es, el dinero, seguir jugando: al fin y al cabo, podré pagar

(si me toca la lotería) a alguien para que, por un módico precio (X divido entre pocos años), 

compruebe, con una sonrisa, «si mi culo pesa».



Jaime Covarsí. Regreso a las azoteas verticales. ERE, 2023

miércoles, 11 de octubre de 2023

2 poemas de REGRESO A LAS AZOTEAS VERTICALES de JAIME COVARSÍ


 

 

 IV


…el latido íntimo de la caída

idéntica...,

Diario de un poeta reciencasado,

J. R. Jiménez


Salgo hacia Mérida, regreso del viaje, regresamos,

yo conduzco, tú duermes, y el sol cae;

las nubes lo cubren parcialmente, lo sonrojan

y él pone colorete a las mejillas de la tarde.

Tú duermes. Yo pienso y te miro por el espejo.

Si estuvieses despierto, señalaría el horizonte

por donde el sol se esconde. El otro, no

(solo ahora reparo que hay otro), por donde la luz

ya ha dejado de ser luz. ¿No te imaginas

que te digo: «¡Mira!, ya no se ve nada»?,

mientras el sol deja sus arreboles de muerte

en el otro lado. Tú duermes, yo conduzco, regresamos.

Has jugado toda la tarde con la abuela. Es lo primero

que le has dicho a tu madre,

que esperaba en Mérida tu regreso

(solo el tuyo), regresamos.

Yo conduzco, tú duermes,

porque tanto salto en la cama, tanto globo

y tantos besos

te han dejado agotado, y caes

en tu sillita, porque has dejado colorete en las mejillas

de tus viejos. No hay nada

al otro lado, ni siquiera la muerte.

Tú duermes, yo conduzco, regresamos,

como siempre que venimos a Cáceres.

Cuando hayamos llegado, podré esperarte.

Yo conduzco, tú duermes, regresamos.

En Ucrania, una madre llora —lo dice el telediario

(lo dice un reportaje)— la muerte de su hija

de seis años.

Los médicos no hicieron nada. No

pudieron. También lloran.


Las balas sí hacen


algo.

Yo conduzco, tú duermes, regresamos…


y el sol cae idéntico a otras veces.

 


V


Los ojos no pueden verse a sí mismos. No pueden,

por sí mismos, reconocerse positivamente.

Alguno quizá sepa —según creo los mejores son los negros—,

que ven, hacen del mundo otro objeto:

ellos miran y un orden atraviesa

las calles, los coches, los jardines con sus flores. Descubren

una notoriedad de marioneta

y un anhelo como de cueva.

Pero se cruza un gato, ¡ah, del gato!, se dicen,

porque se detiene un instante:

también tiene ojos. Se preocupan,

algunos incluso entienden (en esto ganan los azules —según creo—,

se asustan los marrones). ¿Qué estará viendo?,

preguntan los ojos

y miran…

Luego pasa y maúlla.

Los ojos no pueden verse a sí mismos. No pueden,

por sí mismos, reconocerse positivamente.

Alguno, sin embargo, quizá sepa,

solo quizá—según creo—.

Que se lo pregunten a los espejos.

 


Jaime Covarsí. Regreso a las azoteas verticales. ERE, 2023

Ilustración. La mar amarilla de George Lacombe