documentos de pensamiento radical

documentos de pensamiento radical

martes, 27 de octubre de 2026

Opositar




                           A Raquel

Opositar, de oppositio,
ponerse en frente,
dice el diccionario etimológico.
En frente de qué,
en frente de quién.
Es un orden del mundo,
representar, competir, acumular,
la trampa de la meritocracia,
la escuela de lo bello-lo bueno-lo verdadero
al revés.

Ningún análisis certero,
ningún diagnóstico honesto,
de una escuela que sangra
y grita,
sismógrafo de la realidad psicosocial.
Una escuela
que optimiza, clasifica en celdillas y etiqueta,
una administración que
expulsa y segrega,
que clama aburrimiento,
y egos instruidos de aislamiento,
silencio y empantallamiento,
depresión,
falta de relato,
de imaginación,
de diálogo,
de experiencia,
de deliberación,
de investigación,
de colaboración,
de sensibilidad,
de ayuda mutua,
de subjetividad colectiva,
de deseo,
o si quiera,
del atreverse a pensar
de hace tanto,
del atreverse a actuar,
y llorar,
y reír,
y fracasar juntas,
en un aprender
a decir yo,
y a decir nosotras.

Es el lenguaje y la gramática gris,
el capital humano,
que se impone.
Mejor en inglés,
como en las finanzas y las ciudades globales.
Arma de destrucción masiva,
del que no habla el telediario,
rodillo burocrático,
suma de competencias,
naderías del autoengaño y la apatía
a nómina y paga extra.

No existes ante un número en la lista,
aunque te otorguen medallas,
ni te haces persona
en los incuestionables veredictos o
en las llamadas reclamaciones materiales,
ante esas rúbricas apresadas
de tribunales autorizados,
editadas en los despachos tristes
girando la rueda de la repetición,
sin más luz ni temblor
que las notificaciones digitales.
Es el día a día de los asimilados,
dispuestos en sillas con reposa pies
para que el mecanismo funcione,
sin preguntas, ni pausas,
sin sonrisa, ni orgasmo alguno en la piel,
son las consignas de la servidumbre
las que mandan,
la seguridad del hombre autosatisfecho
a molde patriarcal,
colono y capital,
igual mujer que chique.

Porque solo tú,
no lo olvides,
superas las cumbres
sin embestir,
y aprendes de la herida propia
y ajena,
sin hacer daño.
Porque la cobardía no es suspender,
ni ser eliminado
de este viscoso laberinto.
La cobardía es plegarse
ante la corona del palacio,
dejar de escuchar, cantar y gemir,
libre,
ante la música y letra
de la vida.
Volver a vivir de nuevo,
volar,
tomando después tierra,
desarrollando agallas,
mientras haces,
como pocas,
un mundo más bello, más tierno, más sincero.




Feliciano Castaño Villar    

No hay comentarios:

Publicar un comentario