Señor antidisturbios,
¿usted puede dormir
después de agredir
a quien defiende sus derechos?
¿Y puede, al llegar a casa,
dar a sus hijos un beso,
sin que la vergüenza
le carcoma por dentro?
¿Qué pasaba por su mente
al elegir su profesión?
¿O es que acaso
no le quedaba otra opción?
¿No se avergüenza su abuela
cuando colabora
en otro desahucio?
¿No le destroza a su madre
cuando golpea a mujeres
que se levantan
frente a sus agresiones?
¿No se escandalizan sus hijos
en las manifestaciones
de estudiantes
cuando a sus compañeros
golpea con su bate?
¿No se pregunta su padre
qué es lo que hizo mal
cuando colabora con aquellos
que los derechos de los obreros
quieren recortar?
En la comida de Navidad,
¿le habla algún familiar?
María Mahíllo

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