documentos de pensamiento radical

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domingo, 2 de marzo de 2025

Vivían dentro de una jaula con paredes electrificadas




Vivían dentro de una jaula con paredes electrificadas
hasta que aprendieran a encontrar la salida.
Después les pusieron un queso por delante
y las obligaron a correr aunque fuera imposible
alcanzarlo. A algunas las llevaron al circo.
A otras menos afortunadas
las observan debajo de un microscopio
con el vientre abierto de par en par sin que nunca
hayan parido. Les inyectan esteroides para mantenerlas vivas.
Una vez por semana, les cambian el agua y la comida.
Y los estudiantes en práctica que las cuidan
y pasan más tiempo con ellas que con sus amigos
levantan la mirada del computador
para comprobar que ninguna esté comiéndose
a sus crías. Después apagan la luz
y vuelven caminando hasta sus dormitorios
cruzando la nieve que rodea el campus
lo cual no quiere decir que hayan dejado de pensar en ellas
cuando se arrojan en sus camas como un bulto
para sacar cuentas antes de dormirse y llegar a fin de mes
La persona que duerme a su lado es la misma que estaba anoche
por lo tanto no es necesario quitarse la ropa interior.
Prefiere apagar la luz porque las clases empiezan temprano.
Recuerda que tiene que lavar, pero ya está oscuro.
Y escribirle a su familia, a la que no ve hace un par de semestres.
Frases como “todo bien por estos lados, el trabajo es increíble,
la ciudad muy linda, no se preocupen por mí:
no he conocido a nadie”.

Cristian Gómez Olivares. El incendio del Reichstag. Ultramarina. 2024

Ilustración: Gabriele Münter

sábado, 1 de marzo de 2025




Esa noche se leyeron varios poemas sobre las madres.
Y se publicaron muchas autoediciones.
Alguien comenzó a leer a Kafka sin mencionar que era judío.
Alguien descubrió que la kriptonita existe. Una noche
te devolviste cinco minutos después de haber salido
reclamando en contra de los cortes en la carretera.
Uno de estos días me voy a encerrar en un convento
fue lo único que salió de tu boca después de cerrar con un portazo.
Los noticieros hablaban de la caída de un avión.
En un país sudamericano, el presidente depuso al
[parlamento.
Uno de esos conventos donde las internas preparan dulces
[y galletas.
Y para comprarlas hay que golpear una cancela
detrás de la cual una de las hermanas
recibe el dinero sin asomar el rostro y entrega
[el pedido
sin que le veamos la punta de los dedos.
Esa será tu vida una vez que los tulipanes sean negros.
Y aunque no los entendamos los cerdos comiencen a hablar.
Esa será tu vida cuando vuelva a crecer el pasto 
y las novicias rebeldes te culpen por hacerlo florecer.
El hábito será tu vida en el mejor y en el peor de los sentidos.
Una mujer que no lo es será tu madre
cuando vayas a encerrarte en un convento
exasperada por el estado en que se encuentran
los caminos interestatales, los puentes
encima de esos ríos que parecen un océano
y los puentes levadizos para llegar hasta un país
defendido por almenas, rodeado de turistas.
Esa noche se subrayó la importancia
de un piano que anime las fiestas
pero no las interrumpa. Nada tienes de qué preocuparte:
ya no podrás asistir con una copa de cristal en la mano
a esas conversaciones que ahora sólo te podrían alejar
del encierro que buscas y mereces: el sol que alumbre
entre los barrotes será el mismo que aquí disfrutas.
 
Cristian Gómez Olivares. El incendio del Reichstag. Ultramarina. 2024
Ilustración: Gabriele Münter - Winter im Murnauer Moos [~1932]

viernes, 28 de febrero de 2025




 

 

Uno quisiera creer que no tiene la culpa.
Lo criaron viendo a su padre pegándole a su mamá
mientras estaba encima de ella moviéndose en la cama.
Hasta que se fue. Uno quisiera creer que delinquió por primera
vez a los catorce como una forma de hacerse amigos.
Es más fácil pensar que las lavadoras con las que se ganaba
la vida en el pabellón de reos peligrosos son metáfora postrera
que nos dejaría dormir tranquilos. Uno quisiera uno preferiría
pero tampoco hay que recoger espigas cuando se pueden sacar
guijarros desde el fondo del cauce de los ríos. Allí donde
las estaciones de trenes han sido manoseadas hasta el hartazgo
por la falta de talento de los administradores de la última década
y la complicidad de los guardianes del mito, allí donde las madres
tampoco tienen la culpa por casarse otra vez, el cable alrededor
[del cuello
de un niño no mayor de nueve años y lo demás mejor, en fin, ya
se sabe, semen derramándose por la pobreza, edulcorado el crimen
y la maldad más absoluta, un reo que no ha sido rematado sigue
siendo un reo, yo me pongo del lado de los que piensan
que el paraíso es nuestra única alternativa, sinceramente
yo prefiero embaldosar el parqué de las cocinas

 a tener que enjuagar los calzoncillos de los narcos,
yo me quedo haciendo clases para los muchachos del medio oeste
los mismos que están dispuestos a salir a dispararle a los tornados
y no tener que ponerme de rodillas ante los sicólogos
que vienen en busca de señales: cuántas veces te perdiste
antes de cumplir los cinco años, te daba miedo la noche
o preferías almorzar apoyándote en la pared, escribías
con un cuaderno sobre las piernas o lo apoyabas en la falda
de tu esposa, pelotón de fusilamiento o ver la luz del día.
Pongamos las manos al fuego. Los dueños del púlpito
saben mucho más que nosotros. Yo soy de los que piensan
con una cuchara en la boca, con un martillo en la mano.


 Cristian Gómez Olivares. El incendio del Reichstag. Ultramarina. 2024

 

jueves, 27 de febrero de 2025


 

 

Dice que está muy preocupada
por la forma en que enseñan Historia
en la secundaria donde están sus hijos.
Un botón de su blusa está desabrochado,
pero los ríos han vuelto hacia sus cauces
y la nieve huye para que las copas
retornen a la cima de los árboles.
Los brotes se desparraman por todas partes
y el verano está a la vuelta de la esquina.
Trato de ponerle atención, pero me pregunto
si los que deciden estas cosas agregarán
un mañana a este día para recordar que conversamos
alguna vez después de una reunión de profesores
aunque a la salida de la ciudad de Burgos
no cambien de rumbo las cornejas. Podríamos comentar
alguna de esas películas donde los protagonistas se dirigen
a la cámara para comprobar que seguimos allá afuera.
Sin embargo la están esperando para que cumpla
con ese rol que dice estar muy contenta de cumplir
y por el cual no recibe más emolumento que ocho horas
de sueño por las noches y libros de poesía

con una página menos cada año: nunca llegó a abrirlos
por miedo a que los bomberos del futuro
hicieran con ellos una pira y metía sus dedos
en los agujeros de bala del palacio de gobierno
para comprobar que los soldados dispararon
y comprobar que de adentro respondieron.
Qué, tras esos muros, se preguntaba a veces
recordando a un poeta magallánico que nunca
quiso saber el nombre de la ciudad en que vivía,
uno de esos arquitectos capaces de trazar en las servilletas
los planos de todo aquello que estaba detrás de esos muros
y ofrecerlos en un restorán a cambio de la próxima ronda
para sus amigos: la están esperando para que cumpla
con un contrato que firmó porque ya se estaba haciendo tarde
para seguir de pie delante de esos cuadros que no estaban
a la intemperie pero tampoco en una galería: en esta ciudad
donde los impuestos que nos cobran sirven para financiar
la vergüenza de tener que recordarlo todo como si lo hubiéramos
vivido, una mariposa se posó sobre su hombro. Tenía las alas
de múltiples colores y la actitud de querer decirnos
algo aun sabiendo que no lo entenderíamos.
Su aleteo despreocupado era el mensaje.
Alejarse hacia el cielo sabiendo que la miraríamos alejarse
su forma de advertirnos.

 

 Cristian Gómez Olivares. El incendio del Reichstag. Ultramarina. 2024

miércoles, 29 de enero de 2025

Elogio del horizonte

 




Miro todos lo días los ojos de un hombre que está en el agua, no hay ni uno solo que no celebre quien se llevó la bala de aquella casa,

mantener el equilibrio sin poder decir mi nombre, no se me olvida que solo soy polvo,

tampoco aquello que nos dijiste cuando uno está contra las cuerdas

ni el gesto que hay que poner para lanzar una piedra.


Acá dando de comer a los pájaros,

escuchando como respiran las paredes,

mirando por la ventana,

todos los días,

nada más amanecer,

un hombre se lanza al agua,

sea agosto,

sea enero,

corre por el río,

por las calles,

dando señales de sí mismo,

gritando al aire:


—¡Dadle una patada en el culo a vuestra infancia!

—¡Que nadie más se atreva a convertiros en tinta!


Los niños y niñas siguen un hilo,

las guerras siguen un pañuelo blanco,

el prestidigitador nunca se fue,

a la luz del fluorescente mosquitos y polillas.

En Berlín hubo un muro que ya no está,

en Dakota del Sur corren los caballos por las llanuras de Oglala,

en Mathausen cuando llegaba el sábado los rapaban a cero,

con el pelo se forraban las botas de los soldados,

no confundas cambiar titulares con cambios,

en el matadero res y verdugo son lo mismo,

carne de la que alguien se alimenta.

Todas las mañanas quien salta al río,

lo leo en sus ojos,

busca en las aguas el perdón de los hombres,

nunca el perdón de Dios,

harto de construir una civilización ajena,

vuelve a gritar:


—¡Devolvedle al papel su condición de árbol



Siempre hay un camino de regreso a casa,

un tren que no incluye pilas,

un estío en una isla,

un punto que nos ancla,

aquello que conservamos del naufragio,

el arte de hacer bronce,

la trayectoria de una honda que vence a Goliat, escribir lo vivido.



Desde mi ventana,

cada mañana,

veo los ojos de un hombre que se lanza al río, que corre por las aguas,

que salta la alambrada que separa la escuela del ejército y

se va tras el horizonte volviéndose un niño.


Esta mañana,

al abrir la ventana vi una cometa,

bajo ella se escuchaba una voz:


—¡Tú, poeta,

no se te ocurra nunca ponerte a disparar o dejar que otros lo hagan por ti contra los pájaros de tu cabeza!

 

 

Andrés Izu. En: Un abrazo fuerte. Homenaje al poeta David González. Ed. Pregunta, 2025

Ilustración: Carmen Pascual. s/t. por gentileza de la Galería Fernando Serrano.



martes, 28 de enero de 2025

FUNDIDO DE CONCIENCIA

 



 

¿Qué echarás más de menos

en la megamazmorra del alba del infinito,

a mi madre o a tu gorra roja?

 

Ya, no te hacen falta ninguna de las dos,

es lo que tiene estar fuera del mundo

y haber perdido todo interés

por los documentales de bichos

o las películas del oeste.

 

Pero, ¿en qué orden

se producen las cosas?

 

¿Qué será lo primero que se pierde,

la inocencia, una bicicleta azul,

una camiseta del Barcelona

o aquel perro que sigue ladrando

en el puente de Brooklyn?

 

Supongo que es que empiezas a perder

y cuando te quieres dar cuenta

ya estás perdido del todo.

 

Tal vez por eso tu memoria era prodigiosa,

pensabas que quien recuerda

no puede morir,

porque quien no recuerda nada

es como si ya estuviera muerto,

 

pero la realidad es que

no todo depende de ti,

solo cuando alguien te observa

tu forma se consolida

y puedes entonces volver a la vida.

 

¿En qué sueño andarás

pensando que todo lo que vives es real?

 

¿Chamariz volando sobre los naranjos del huerto de La Carnicera,

rosa amarilla del corral en trencadís de la casa de la Friseta,

mota de polvo iluminada por el proyector del cine Central,

mojarrita del primer sol del verano que se deja llevar hasta la orilla

donde mi madre me sostiene mientras estoy chapoteando en un charco,

niño que vienes de la mano de la tuya para que conozca al anciano que eres,

arcilla, buey pío, grano de sal, aquella hoguera, lluvia sobre el bosque,

carbonilla gris de un tubo de escape?

 

No, yo te veo de piel roja,

cabalgando a lomos de un caballo aleatorio,

acercándote entre gritos hasta este mundo,

en medio de una gran polvareda,

tirar de las riendas del corcel cuántico,

echarnos un rápido vistazo

y a continuación decirles a tus amigos:

 

-¡Vámonos, están todos muertos!


 

Antonio Orihuela. El fuego desde el otro lado. Ed. La tortuga búlgara, 2024

 

lunes, 27 de enero de 2025

9 ARIFALOSCOPIOS de RAFAEL ALCALÁ


 

ARIFALOSCOPIOS, POEMARIO DE RAFAEL ALCALÁ

Penúltima entrega; siempre es la penúltima, del ilustre poeta Rafael Alcalá. Ni aforismos ni greguerías, ni sentencias ni máximas ni dichos. Arifaloscopios, así denomina el autor a las precisas miniaturas rebozadas de ironía, misterio y un destello de poesía. En el prólogo se explica con detalle el origen de tan peculiar denominación. Resultados de su observación diaria, de su lucidez poética, del afán de comprensión de sus iguales y contemporáneos, de una fina sensibilidad que abarca un surtido generoso de temas, siempre con un leve toque social, como nos tiene acostumbrado el bardo. En otras ocasiones el fruto del desencanto, de la tristeza, de la necesaria amargura que conlleva la experiencia. Sabia combinación que nos invita a la reflexión, siempre con una contenida sonrisa en los labios.

Obra personalísima, de una madurez exquisita, de arriesgado virtuosismo, un servidor diría que casi suicida, más aún en los tiempos que corren. Merecen la pena dedicarles una tarde de apasionada lectura. Un estupendo remedio contra el aburrimiento y la mediocridad imperantes.

                                          Manuel Pozo




26
El tiempo pasa emitiendo rugidos, pero sólo al final se oyen con claridad

29
¡Gracias al móvil hemos llegado a Babia!

113
Amar es un verbo que se conjuga con altibajos

117
Se casó un veintiocho de diciembre y la novia dijo ¡sí!

139
La soledad no existe mientras yo esté conmigo

192
La desesperación desesperada: “Todos nuestros agentes están ocupados.

197
Juan alicata un cuarto de baño a ciegas. Pero jamás podrá estrechar la mano de un presidente de gobierno, y quizá tampoco la de un rey o reina.

253
Se desplaza, sangrando, de un sitio a otro, como si sufrieses una tragedia hispana. Y no encuentra morada donde poder cobijarse.

254
Ese hombre posee una inmensa fortuna y no lo sabe; abre cada mañana un grifo por el que sale un luminoso chorro de agua.
 
 
 
Rafael Alcalá. Arifaloscopios. 2024